Siria: una guerra civil en la que se juegan otros intereses


Por Marcelo Cantelmi

Mientras Bashar al Assad sigue contando con el apoyo de Irán y de Rusia  para resistir en el poder, Turquía redobla su respaldo a los rebeldes  buscando ampliar su radio de influencia.

Beirut. Corresponsal – 11/08/12

La crisis que muy cerca de aquí desangra a Siria, no se acaba en el choque entre una parte del pueblo alzado en armas de un lado y el régimen decidido a retener el poder del otro. Hay muchos otros jugadores en este arenero, que son más visibles que sus movimientos y objetivos. En ese enredo de sombras puede hallarse una de las explicaciones de la sobrevivencia del gobierno del sirio Bashar al Assad cuya caída y consecuencias importan a muchos más actores que lo que sucedió previamente con otros capítulos de la Primavera Árabe.

Siria, es cierto, no podía escapar de la oleada de rebeliones republicanas que se han extendido en un territorio que tradicionalmente negó la democracia y la libertad. Pero el régimen de Damasco ha obtenido un fundamental apoyo de Rusia, y en segunda línea de China, para avanzar en las ciudades donde se libra esta sangrienta guerra civil.

El otro bando, conformado por un racimo de grupos rebeldes poco estructurados está respaldado visiblemente por Turquía,  que ha armado un virtual santuario para los sublevados en sus fronteras. Estas alianzas, en una primera mirada, se explican en la rivalidad que Ankara, miembro de la OTAN y parte concreta de Occidente, mantiene con la rígida teocracia iraní, que es el principal y único socio nacional con que cuenta Damasco.

La mirada incluye, aunque en menor medida, la condición sunnita del poderoso estado turco contra la variante shiita que domina en Irán y que caracteriza a la minoría en el poder en Siria. Turquía, cuyo crecimiento económico va en proporción inversa a la decadencia europea, se ve a sí misma como la potencia destinada a extender su influencia por un renovado orbe árabe  como lo fue Gran Bretaña tras el colapso geopolítico que produjo la Primera Guerra Mundial.

Convertir a la Primavera Árabe en una herramienta de poder, conlleva riesgos evidentes. Una caída del régimen sirio, por su enorme impacto simbólico, profundizaría el efecto dominó  que se viene verificando en la región desde el inicial alzamiento en Túnez, comprometiendo a naciones claves para los intereses occidentales como Bahrein, Arabia Saudita o Argelia. También por el descubrimiento que las masas hacen de su poder. Hoy hay protestas en las calles tunecinas por la asfixia económica, en un aviso de lo que sucederá inevitablemente en los países donde se ha ganado esta pelea por la democracia si los nuevos liderazgos intentan ignorar las demandas populares. Este es quizá el más importante cambio histórico en la región del cual ninguno de sus actores podrá ponerse a salvo.

Países como Líbano han intentando bajar el perfil a esta revolución, en parte porque aquí reside el partido político militar Hezbollah aliado de Irán lo que implicaría en otro caso un involucramiento total en este armado e incluso han evitado que se armen campamentos de refugiados con quienes huyen de Siria. Sin embargo, las condiciones para esas tensiones están presentes: hace poco en la ciudad libanesa de Trípoli, hubo choques sociales de orígenes totalmente locales pero inspirados en las resonancias libertarias de la Primavera Árabe.

Estos costos, en algunas capitales del mundo, son considerados relativos frente a la ambición de amplificar la frontera occidental sobre territorios de alto interés estratégico . Sería por eso que en tanto Damasco avanza sobre los mayores focos rebeldes, crece la posibilidad de una intervención militar directa de Turquía. Lo que la ONU no aprueba por la oposición de Rusia y China, Ankara lo justificaría unilateralmente con el argumento de que movimientos kurdos, que generaliza como terroristas, tomaron el control de al menos cinco grandes territorios del norte sirio. Turquía mantiene un histórico conflicto con ese pueblo apátrida que demanda un Estado nacional y que ha formado una región virtualmente independiente en el norte de Irak. No es un rival menor.

Más de 20 millones de kurdos viven en Turquía, y suman 9% de la población siria y 10% de la de Irán.

El premier turco Racip Tayyip Erdogan afirmó hace poco, tras denunciar ataques kurdos a sus bases militares, que: “Es nuestro derecho a intervenir si esas formaciones terroristas disturban nuestra paz… (Assad) les ha dado cinco provincias a los terroristas”.

Moscú observa estos movimientos con enorme preocupación.

El objetivo geopolítico ruso va mucho más allá de Siria pero no puede excluirla. El gobierno de Vladimir Putin está enfrascado en una sutil reconstrucción del patio trasero que el país perdió tras la destrucción de la URSS. El presidente teje una Unión Eurasiana con partes de otras organizaciones.

El invento cuenta ya con Bielorrusia y Kazakhastán, negocia la integración de Armenia (el presidente de ese país viajó estas horas al Kremlin para firmar un pre-acuerdo con Putin y aceitar una alianza crítica ante el peligro de una nueva guerra en el Cáucaso Sur que podría auspiciar Turquía) y sumará a Kirgistán, Tajikistán y Moldavia.

La idea es que funcione a partir de 2015. Lo que Rusia pretende construir es un espacio de integración económica que aumente tanto su poder político como la dependencia de ese anillo de naciones a su mando.

Eso le permitiría imponer mejores condiciones de negociación con terceras partes como la Unión Europea y  EE.UU.

El panorama es absolutamente complejo. La principal frontera económica occidental en las narices del Kremlin es un gigantesco oleoducto que las mayores empresas de petróleo del mundo construyeron sobre territorio de la ex URSS y que se corona en un puerto turco. Es por eso improbable que Rusia habilite movidas que impliquen una victoria de Ankara y sus aliados occidentales en el norte de África .

De ahí el apoyo decidido que brinda Moscú, incluso con armas con las que Damasco ha construido una montaña de cadáveres. No se trata de que lo prefiera, o que eso importe, sino de una pragmática resignación. La misma que el otro bando dedica. por cierto, a los apetitos libertarios de la gente que muere en las trincheras sin encontrarlos.

Copyright Clarín, 2012.

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