Benedicto XVI canoniza a siete nuevos santos, entre ellos la primera amerindia


 
– Benedicto XVI canoniza a siete nuevos santos, entre ellos la primera amerindia
 
– El Papa canoniza a la primera indígena americana
 
– Kateri Tekakwitha, la primera santa mohicana

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Benedicto XVI canoniza a siete nuevos santos, entre ellos la primera amerindia

Con estas nuevas canonizaciones, el Sumo Pontífice habrá canonizado 44 santos desde que asumió en 2005.

Fuente: El Mercurio

Foto: AP

CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Benedicto XVI canonizará este domingo a siete nuevos santos, entre ellos la primera amerindia, convertida por los jesuitas a finales del siglo XVII y considerada un ejemplo para la iglesia católica de todo el continente americano.

La ceremonia solemne se celebrará en la plaza de San Pedro y asistirán entre otros los 262 “padres sinodales” provenientes de todo el mundo que participan en el Vaticano en el sínodo de obispos sobre la nueva evangelización, que quiere reactivar el papel de la iglesia en la sociedad moderna.

Junto a la primera santa amerindia, Kateri Tekakwitha, una nativa americana célebre por su intensa penitencia y amor a la eucaristía, serán canonizados Carmen Salles y Barangueras (1848-1911), española y fundadora de la Congregación Hermanas de la Inmaculada Concepción, que trabajó con jóvenes desfavorecidas y prostitutas y la alemana Marianne Cope of Molokai (1838-1918), que estableció un sistema de cuidados para leprosos en Hawaii.

También serán nombrados santos Peter Calungsod, un laico filipino, mártir el 2 de abril de 1672, en Guam, y el padre jesuita, Jacques Berthieu, de Francia, martirizado el 8 de junio de 1896 en Madagascar, que pasó 21 años en esa isla del Océano Índico en medio a la intensa guerra colonial.

El padre italiano Giovanni Battista Piamarta (1841-1913), fundador de la Sagrada Familia de Nazareth así como la laica Anna Schaffer (1882-1925), la alemana que aceptó sus sufrimientos como una forma de santificación, también serán canonizados.

Al menos 1.500 peregrinos canadienses, mayoritariamente aborígenes, llegaron a Roma para asistir a la canonización de la primera santa amerindia, algonquina por parte de madre y mohawk por parte de padre, que murió a los 24 años y vivió en un territorio cerca de Montreal actualmente perteneciente a Estados Unidos.

Los mohawk atribuyen muchos milagros de curación a la futura santa, de los cuales dos han sido oficialmente reconocidos por el Vaticano, allanando el camino para su canonización.

Kateri Kahnawake, beatificada por el Papa Juan Pablo II en 1980, era también respetada por los amerindios vinculados a las tradiciones animistas y se espera que su canonización contribuya a aliviar las tensiones entre ellos y la Iglesia Católica.

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El Papa canoniza a la primera indígena americana

Por Laura Smith-Spark

Fuente: CNN en Español

(CNN) – El domingo es un día muy importante para los católicos en Norteamérica. A miles de kilómetros de distancia, en Roma, el Papa Benedicto XVI nombró a la indígena mohicana del siglo XVII Kateri Tekakwitha como la primera santa nativa americana.

Otra nueva santa es Marianne Cope, una mujer nacida en Alemania que emigró a Estados Unidos siendo una niña, se convirtió en monja y dedicó 30 años de su vida a ayudar a los leprosos en Hawái.

Su canonización, junto con la de otros cinco santos, fue celebrada en una misa especial en la Plaza de San Pedro.

“Este es un gran fin de semana para Estados Unidos en el Vaticano, y es realmente un gran fin de semana para los indígenas estadounidenses. La santidad es una garantía de que esa persona está cerca de Dios”, dijo el jefe de comunicaciones del Vaticano Greg Burke.

“Hay una vasta historia de personas que la Iglesia Católica ha hecho santos. La santidad es absolutamente un asunto de oportunidad equitativa, pero este caso ciertamente es especial porque marca la primera vez que una indígena estadounidense se vuelve santa”.

La canonización de Kateri Tekakwitha se produce después de lo que ha sido cjuzgado como un milagro por parte de la Iglesia Católica Romana en el caso de un niño que sobrevivió a una enfermedad en 2006.

Jake Finkbonner sólo tenía cinco años cuando quedó infectado por una bacteria que devora la carne después de caerse mientras jugaba basquetbol. La infección se extendió rápidamente por el tejido de su cara, y las drogas y cirugías fueron aparentemente incapaces de detener el progreso.

“Fue terrible”, dijo su madre Elsa Finkbonner. “Fue llevado a un hospital infantil, y luchaba por su vida en ese punto”.

Las fotografías de la familia de ese entonces muestran al niño de Ferndale, Washington, con la cara hinchada y acostado con una maraña de tubos en una cama de hospital.

Un cambio se dio cuando el pastor de la familia sugirió que rezaran en nombre de Kateri Tekakwitha, también conocida como ‘lirio de los mohicanos’. La infección de Jake desapareció rápidamente y después de revisar la evidencia médica, las autoridades del Vaticano declararon el milagro.

Jake, ahora de 12 años, y su madre fueron invitados a viajar a Italia con un grupo para la ceremonia de canonización en Ciudad del Vaticano. “Estoy muy emocionado”, le dijo Jake a King 5 News. “Será el viaje de mi vida”.

Él le presentará una pequeña placa al Papa y le contará al Sumo Pontífice cómo no estaría vivo hoy sin la ayuda de Kateri.

La petición de ayuda de la familia fue guiada por la historia misma de Tekakwitha, pues su cara quedó seriamente afectada siendo una niña tras un brote de viruela que asoló su aldea, quitándoles la vida a sus padres y a su hermano.

Ella se convirtió al catolicismo y dedicó su vida a Dios, viajando al norte para servir como monja en Canadá, según cuenta el Centro Kateri en Kahnawake en Quebec. Cuando murió en 1680 a la edad de 24 años, los testigos dicen que su cara se hizo bella de nuevo, en lo que creyeron era una señal del amor de Dios.

Ella fue declarada venerable por el Papa Pío XII en 1943 y luego beatificada por el papa Juan Pablo II en 1980. Su milagro certificado permitió que fuera canonizada.

“Los milagros son importantes en el proceso de santidad porque muestran que no fue cualquier otra buena persona”, dijo Burke. “Los milagros son una prueba de que Dios ha intervenido en alguna forma, dando el permiso o su sello de aprobación, para la santidad”.

Marianne Cope es admirada por su sacrificio personal en la ayuda a una colonia de leprosos en Molokai, Hawái. Era monja en el estado de Nueva York antes de mudarse al archipiélago, en donde vivió las últimas tres décadas de su vida.

“La madre Marianne cambió la vida de Molokai el llevar las prácticas de limpieza, el orgullo y la diversión a la colonia”, dice el sitio web AmericanCatholic.org.

Los otros santos que son nombrados hoy son el francés James Berthieu, un jesuita que fue ejecutado en Madagascar en el siglo XIX, y otro mártir católico en Filipinas, Pedor Calungsod, así como Juan Bautista Piamarta, Carmen Salles y Barangueras y Ana Schaeffer.

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Kateri Tekakwitha, la primera santa mohicana

Por Cordelia Hebblethwaite

Fuente: BBC Mundo

Desafió a los suyos para unirse al catolicismo

Este domingo un personaje muy particular ingresó al santoral de los católicos. Se trata de Kateri Tekakwitha, el “Lirio de los mohicanos”, la primera nativa estadounidense canonizada por El Vaticano.

La expectativa por la canonización, que tuvo lugar este domingo en el Vaticano, fue particularmente alta en el poblado de Auriesville, ya que allí nació Kateri Tekakwith. Entonces – esto es, hace más de 350 años – esta tierra de hermosas montañas boscosas se llamaba Ossernenony y era territorio mohicano.

Eran tiempos de violencia y enfermedades, dice Allan Greer, profesor de la universidad McGill de Montreal, autor de un libro sobre su vida y su relación con los jesuitas.

Por un lado, las luchas entre las comunidades aborígenes era feroz. La madre de Kateri era una algoquin que había sido capturada por los mohicanos.

Pero además, los colonos ingleses, franceses y holandeses competían por el control del territorio, trayendo consigo armas y enfermedades.

Cuando una epidemia de viruela arrasó con numerosas vidas, incluida la de sus padres y un hermano menor, Kateri sobrevivió, pero la enfermedad le dejó cicatrices visibles y le afectó significativamente el sentido de la vista. La palabra “Tekakwitha” se traduce, más o menos, como “aquella que camina a tientas”.

Los jesuitas

Rodeados de muerte y miseria, los mohicanos se volvieron hacia los misioneros jesuitas franceses, a quienes acusaban de ser la causa de todos sus males.

Pocos años antes de que naciera Kateri capturaron a tres de ellos, a quienes torturaron y mataron brutalmentetal.

Tiempo después, la tribu y los franceses hicieron la paz. Kateri fue bautizada en un pozo de ecos profundos a la edad de 20 años, en 1676.

“Estar en esta tierra es como estar en una iglesia. Es un lugar sagrado”, dice el fraile Mark Steed, a cargo del lugar, conocido como el santuario nacional Kateri Tekakwitha, en el poblado de Fonda, ubicado en el estado de Nueva York.

“Torturaba su cuerpo de todas las formas posibles, con vigilias interminables, ayuno, con frío, con calor, con hierros, con cinturones tachonados de puntas afiladas, con latigazos con los que se abría los hombros varias veces a la semana” Misionero Pierre Cholenec, siglo XVII

Se dice que su conversión al catolicismo, así como la de muchos que se cree siguieron la misma senda, fue una decisión no sólo religiosa, sino práctica y estratégica.

“Los mohicanos estaban haciendo un delicado trabajo de equilibrio, tratando de alinearse con sus aliados, sin volverse dependientes”, señala Allan Greer.

Pero en el caso de Kateri, su fe y su negativa a casarse con un mohicano que su familia había escogido para ella le valieron una especie de destierro, que la llevó a caminar y navegar en canoa una distancia de unos 320 kilómetros, hasta un poblado con presencia jesuita cerca de Montreal, llamado Kahnawake.

Ahí demostró ser piadosa en extremo.

Régimen intenso

La joven hizo un voto de castidad y se sometió a un intenso régimen de autocastigo, que incluyó caminar descalza en la nieve y el hielo, colocarse carbones calientes entre los dedos de los pies hasta que se enfriaban y dormir en una cama de espinas.

“Torturaba su cuerpo de todas las formas posibles, con vigilias interminables, con ayuno, con frío, con calor, con hierros, con cinturones tachonados de puntas afiladas, con latigazos con los que se abría los hombros varias veces a la semana”, escribió el misionero Pierre Cholenec, quien vivió en la comunidad en aquella época.

Algunos investigadores creen que Tekakwitha posiblemente estaba mezclando las pruebas de fuerza y voluntad a que se sometían los mohicanos antes de ir a la guerra con su nueva fe, en lo que Greer llama un “intenso catolicismo indigenista”.

Kateri Tekakwitha murió a la edad de 24 años. Los informes sobre milagros ligados a su persona comenzaron a surgir poco después.

Los jesuitas que la vieron morir y le dieron sepultura dijeron que las cicatrices en su rostro se desvanecieron por completo, y que al cabo de un tiempo se le “apareció” a varias personas.

Dualidad y milagro

La tranquilidad ha rodeado el santuario de Auriesville, pero cada día llegan más curiosos.

Muchos mohicanos hoy en día tienen sentimientos encontrados acerca de la santa, a la que asocian con la amargura de la colonización.

El contingente de católicos nativos estadonidenses asciende a unas 680.000 personas (más de un quinto del total de nativos), según la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU.

Por décadas, uno grupo de estos católicos esparcidos por el territorio norteamericano ha estado orando, primero por su beatificación, que se produjo en 1980, y después por su canonización.

“Ella es uno de nosotros. La gente tiene curiosidad sobre su vida, sobre cómo una joven del siglo XVII ha influido en la vida de tantos en el siglo XXI”, dice la hermana Kateri Mitchell, de la Conferencia Tekakwitha, un organismo que representa a los católicos nativos en Estados Unidos.

“”Ella defendió sus creencias, y lo hizo con fuerza. Es local, es de Estados Unidos. Y nos sentimos muy honrados de tenerla cerca”,” Bob Renaud, artista

La hermana Mitchell tuvo un papel en el milagro que aseguró su canonización. Ella acudió al lecho de un niño de 5 años que contrajo una infección bacterial que se come la piel, con consecuencias fatales. Le pidió a la comunidad que solicitara la intervención de Kateri Tekakwitha y le colocó una de las reliquias de la joven mohicana – un pedazo del hueso de la muñeca – sobre el cuerpo.

El niño, que tiene ahora 12 años, todavía requiere de atención médica, pero se recuperó de una forma que muchos, incluido El Vaticano, consideran milagrosa.

Escépticos y curiosos

En el santuario de Auriesville casi todo el mundo tiene una historia que contar de ayuda o sanación atribuida a Kateri Tekakwitha.

Hay incluso católicos que son escépticos acerca de muchas de estas historias, pero cuando en diciembre el Papa Benedicto XVI anunció que la elevaría a la condición de santa, muchos curiosos comenzaron a visitar el lugar.

El fraile Mark Steed no se acostumbra a tanta agitación, y espera que el sitio siga siendo fiel a sus raíces mohicanas.

“En este lugar hay una sensación especial. Definitivamente puedes sentir el espíritu”, dice el artista Bob Renaude, quien ha pintado imágenes de Tekakwitha.

“Ella defendió sus creencias, y lo hizo con fuerza. Es local, es de Estados Unidos. Y nos sentimos muy honrados de tenerla cerca”, añade.

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