Carta: La masoneria chilena expresa su preocupación al país


La Gran Logia de Chile, desde su Asamblea de Octubre del año 2012, hace un solemne llamado a Chile para encontrar los caminos hacia los mejores días que todos los chilenos merecemos. Llamamos al mundo político a que asuma su preponderante rol conductor en la sociedad chilena para así enfrentar las indispensables tareas que nos deben llevar a ser un país desarrollado, dominado por equidad y respeto íntegro por la dignidad del ser humano. 

 

LA MASONERIA CHILENA EXPRESA SU PREOCUPACION AL PAIS

Carta Abierta a Chile

Como institución que defiende la libertad de pensamiento y de expresión y se preocupa del presente y futuro de la Nación, la Masonería chilena manifiesta al país su preocupación ante el momento actual.  Sobre la base de la tolerancia y la fraternidad como pilares de la sociedad a que aspira, desde mediados del siglo XIX la Masonería chilena ha colaborado en la construcción de la institucionalidad y del ambiente de respeto y progreso que requiere la democracia y el ideal de un desarrollo económico humano y equitativo.  Presente en los momentos felices de la Patria, como asimismo en los más tristes vinculados a la pérdida del necesario respeto que nos debemos todos los chilenos, la Masonería acumula una larga experiencia en su análisis y proyecciones de la sociedad chilena.   El momento actual nos preocupa y hacemos un llamado a Chile a reflexionar y actuar sobre las fuentes de las tensiones presentes.

Chile disfruta de los buenos resultados de las exportaciones de cobre, y así ha logrado también desarrollar una infraestructura física y una tecnología comunicacional moderna y efectiva, que le destaca entre muchos otros países en desarrollo.  El ingreso per cápita promedio se ha triplicado en pocos años y domina un ambiente de expansión económica y estabilidad de precios que lleva a mirar distante hacia atrás días de pobreza, desequilibrios económicos y notoria escasez. La cobertura de la educación alcanza hoy cifras comparables a los países más avanzados, la salud se moderniza crecientemente y las inversiones pronostican un mayor desarrollo de los servicios y de muchas actividades beneficiosas al crecimiento del país. Se nos distingue internacionalmente entre los países con mayor estabilidad, mejor ambiente para la inversión y también dentro de aquellos caracterizados por una destacada competitividad económica. Todos esos logros se sitúan dentro de una generación, la cual ha tenido la oportunidad de ver el salto social y económico que nuestros antecesores no pudieron experimentar. Y…, sin embargo, al parecer ¡no somos felices!

En efecto, prevalece una protesta que se ha venido generalizando, y que no es sólo una expresión de rebeldía o insatisfacción generada por intereses políticos puesto que prima un descontento ciudadano en diversos ámbitos y contextos. Nuestra juventud reclama acerca del futuro que le acecha, resiente lo poco representativo del sistema político actual y subraya su desaliento por la calidad de la educación que recibe. La clase media se siente desprotegida, obligada a pagar por los bienes públicos otrora gratuitos y, sin embargo, carente de los medios necesarios puesto que los salarios y su evolución no están acordes a sus propias expectativas y necesidades. Hay un reclamo fuerte y creciente que proviene de las regiones del país, que ven que la mayor parte de las decisiones benefician principalmente al centro, donde radica también el mayor volumen de electores, manteniendo a muchas de ellas relegadas a un pasado que el país en su conjunto desea superar. Hay descontento porque la distribución del ingreso de Chile está entre las peores del mundo, aún contando el país con tan buenos resultados económicos generales, permitiendo así la coexistencia de dos realidades: la del éxito y la modernidad y aquella de la marginalidad y el retraso. También hay insatisfacción porque el daño medioambiental que ha conseguido el ritmo de expansión económica arriesga la sustentabilidad del crecimiento.  Existe una abierta reprobación de la ciudadanía a instituciones claves del país, como el Parlamento de la República y a políticos, partidos y coaliciones, lo cual refleja una preocupante situación agravada por la ausencia de formación cívica en nuestra educación y que refleja sus nefastos resultados en la recientemente observada abstención electoral.

Aunque no está en medio de una crisis política ni institucional, Chile parece encaminarse hacia ello.  Asegurar la estabilidad social y construir un ambiente de encuentro, tolerancia y paz requiere encauzar la insatisfacción existente en un sentido positivo, comprometiendo adecuadas reformas.  No se trata de dar conformidad precaria a una ciudadanía que reclama sus derechos y que volverá a levantar su protesta acrecentada si lo medular no es atendido. Se trata de adquirir una mirada nacional y trascendente, con liderazgos que den cauce a los sentimientos que dominan a nuestros compatriotas hacia los cambios que se anhelan-

A inicios del siglo XX se atribuyó a una crisis moral la causa última de la insatisfacción ciudadana de ese entonces, debido a que el Estado y sus organismos habrían dejado de cumplir en forma cabal con sus responsabilidades. Aunque no se puede objetivamente replicar ese diagnóstico para la situación presente, es procedente indicar que la situación prevaleciente tiene hoy que ver con el debilitamiento de ciertos valores que se refleja, entre otros campos, en la crisis de la actividad política nacional.  En efecto, los partidos no asumen su rol como centros de pensamiento y factores de impulso a la acción cívica y el accionar político parece no salir de la mirada puramente contingente. Los Poderes del Estado, Legislativo y Ejecutivo, no pueden estar puramente atenidos al corto plazo, sin atender con premura las tareas que demanda la construcción del país del mañana y que requiere de una política pública pensada en sus efectos futuros. Nuestros actuales problemas se deben al decaimiento de la política y a la poca voluntad para acoger y encauzar el sentimiento ciudadano en materias programáticas. Un nuevo estilo de conducción es necesario para que la Patria pueda avanzar con unidad, sin descalificaciones, sin violencia y sin temores.

La Gran Logia de Chile, desde su Asamblea de Octubre del año 2012, hace un solemne llamado a Chile para encontrar los caminos hacia los mejores días que todos los chilenos merecemos. Llamamos al mundo político a que asuma su preponderante rol conductor en la sociedad chilena para así enfrentar las indispensables tareas que nos deben llevar a ser un país desarrollado, dominado por equidad y respeto íntegro por la dignidad del ser humano.  Llamamos a la ciudadanía a conservar un espíritu constructivo que permita definir los días mejores que envuelvan mayor justicia, mayor seguridad, y mayor encuentro entre todos los chilenos.  Llamamos a construir un país con equidad, igualdad de oportunidades y condiciones, en que todos seamos parte del mismo proyecto y de sus éxitos. Llamamos a rescatar los valores e ideales republicanos que en estos días deben recordarnos nuestra responsabilidad con el futuro y el progreso de la Patria.

• Previo a su publicación, esta carta fue entregada a S:E. el Presidente de la República, al señor Presidente de la Excma . Corte Suprema de Justicia y al H. Senador Presidente del Senado de la República.

Santiago, Octubre de 2012

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