Xi Jinping, el nuevo y misterioso líder chino


 
– Xi Jinping, el nuevo y misterioso líder chino
 
– Xi Jinping, próximo presidente de China
 
– Xi Jinping: El creador de un estilo político de bajo perfil
 
– Xi Jinping asume el liderazgo en China
 
– El Dalai Lama dice que Xi Jinping debe apostar por la democracia
 
– Xi Jinping, el «principito» eficiente
 
– Xi Jinping, el enigmático “príncipe rojo” que va a dirigir China

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Xi Jinping, el nuevo y misterioso líder chino

Fuente: CNN en Español.

BEIJING, China (CNN) — Xi Jinping es un misterio. Tanto así que el presunto futuro líder de la nación más poblada del mundo pudo desaparecer durante más de una semana sin que se diera ningún tipo de explicación.

En septiembre de este año, Xi desapareció. Desató una oleada de rumores: que había tenido un ataque al corazón, que había sufrido un derrame cerebral, que había tenido un accidente nadando, y que incluso que se había puesto en huelga.

Xi finalmente reapareció todo se reanudó como si nada. Pero, ¿deberíamos estar tan sorprendidos? Un analista con el que he hablado apenas puede decir que en verdad lo conocen, o qué tipo de líder sería él.

Mike Chinoy, excorresponsal de CNN y ahora investigador en el Instituto China-Estados Unidos de la Universidad del Sur de California ha visto el ir y venir de un sinfín de líderes chinos, sin embargo, reconoce que Xi es difícil de entender.

“Xi Jinping es, en muchos sentidos, un producto desconocido. Ha ascendido a la cima del sistema chino siendo muy cuidadoso de no revelar lo que realmente piensa”, dijo Chinoy.

Pero esta no es una era caracterizada por líderes como Mao Zedong o Deng Xiaoping, añadió Chinoy. La China del siglo XXI no tiene un líder supremo. El Partido Comunista Chino moderno es dirigido por un pequeño colectivo, los nueve integrantes del Comité Permanente del Politburó, del cual se espera que Xi sea el próximo líder.

Es un sistema opaco. Es una transición construida tras bambalinas, nada se deja al azar y se da a conocer poco al pueblo chino.

Mientras que Estados Unidos se prepara para elegir esta semana a su próximo presidente, una “democracia” muy distinta, más selectiva, está teniendo lugar en China. El 18 º Congreso del Partido Comunista se reunirá el 8 de noviembre para trazar un nuevo rumbo para el país, para decir adiós a los viejos liderazgos y dar paso a una nueva generación.

Más de 2,200 delegados de toda China se reunirán para el Congreso, y a su vez ellos elegirán a 200 miembros más del Comité Central del partido, quienes a su vez designarán al Politburó y, finalmente, al todopoderoso Comité Permanente del Politburó –quienes tomas las decisiones del país. Sin embargo la mayoría de los resultados, si no es que todos, están predeterminados.

El propio Congreso se reúne cada cinco años. Está diseñado para evaluar los avances del país, y establecer nuevas directrices. Cada diez años selecciona el nuevo liderazgo.

Este año, el legado de los años de Hu Jintao está bajo el microscopio. Durante el gobierno del presidente Hu y su primer ministro, Wen Jiabao, la economía china ha seguido creciendo, sacando a decenas de millones de personas de la pobreza.

Ahora China está afianzada como la segunda mayor economía del mundo y rápidamente acercándose a la de Estados Unidos. Pero hay decepciones, y la “sociedad armoniosa” tan pregonada por Hu está dando señales de resquebrajamiento.

“Estos 10 años en que han logrado nada excepto seguir las viejas costumbres sin innovación podrían ser descritos como de atraso político. Podrían ser visto como momento vergonzoso en la historia del Partido Comunista”, dijo Zhang Ming, analista de la Universidad de Renmin, en China.

El historiador Zhang Lifun es aún más devastador en su evaluación. Cree que el futuro del propio partido está en riesgo.

“Alguna vez le dije a alguien del partido, ‘si tu partido fracasa algún día, cuando busquen la razón del fracaso, este período será una parte fundamental’”, dijo.

Sin duda ha sido un año tumultuoso. El velo de secretismo en torno al propio partido ha sido levantado, con reportes de divisiones y luchas al interior. La purga del agente de poder del partido, Bo Xilai, desató el mayor escándalo político en China en las últimas décadas.

Bo, alguna vez jefe del partido de la metrópoli de Chongqing, actualmente está en espera de juicio. Su esposa, Gu Kailai, está en la cárcel, sentenciada por el asesinato de un socio británico de negocios.

El caso del activista de derechos humanos, Chen Guangcheng, ocupó los encabezados noticiosos a nivel mundial. El activista ciego escapó del arresto domiciliario y se refugió en la Embajada de EU en Beijing, antes de escapar a Estados Unidos, donde ahora vive con su familia.

China está pisando muchas líneas peligrosas: una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, el creciente malestar por todo, desde la contaminación hasta la confiscación de tierras, y una desaceleración en la economía que algunos dicen necesita de una verdadera reforma.

Para algunos observadores de China, Xi tendrá que ser traicionar a su propia clase si quiere tener éxito. Los críticos dicen que el partido y la elite de China han perdido el contacto con la gente y se enfrentan a una crisis de legitimidad. Pero otros advierten en no buscar un cambio radical por parte de Xi, ya que, ante todo, él es hijo del partido.

“Él es parte de un consenso para mantener al Partido Comunista como el único partido gobernante. Cualquier así llamada libertad tiene que estar bajo la condición de la supervivencia de una dictadura unipartidista”, dijo el historiador Zhang.

Lo que pasa en China ya no solamente se queda en China. En un mundo que sigue atrapado en la crisis económica, China es un motor de crecimiento. Cuando la economía china se desacelera, suenan las alarmas.

China también está sacudiendo a los países de su propia región. Las disputas territoriales con sus homólogos de Japón y Filipinas han puesto nerviosos a los vecinos de China.

Mientras tanto, EU están cambiando su política geoestratégica de las guerras en Iraq y Afganistán hacia el este de Asia, fortaleciendo alianzas clave e incluso aumentando su presencia militar en la región, para la consternación de Beijing.

Luchas internas y las tensiones externas, esta es la China que Xi va a heredar. Kevin Rudd, exprimer ministro de Australia y en alguna ocasión diplomático en Beijing, ha estado con Xi y dice que es un hombre “con el que puedes hacer negocios”.

Sin embargo, Xi se mantiene como una gran incógnita, un hombre que pudo desaparecer sin explicación.

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Xi Jinping, próximo presidente de China

Fuente: RPP Noticias, Perú.

Como vicepresidente del país y ´número dos´ en el Comité Militar Central se da por seguro que el Congreso le nombrará nuevo secretario general del Partido Comunista chino.

El vicepresidente chino, Xi Jinping, al que se espera que el XVIII Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) consagre como su próximo líder, es un candidato de consenso entre las facciones de poder que, sobre todo, ha sabido agradar a unos y a otros.

Como vicepresidente del país y “número dos” en el Comité Militar Central -el organismo al cargo de las Fuerzas Armadas- se da por seguro que el Congreso le nombrará nuevo secretario general del Partido, para relevar a Hu Jintao, a quien en los próximos meses también sustituirá como jefe de Estado y al frente del Comité Militar Central.

Alto, de carácter abierto y seguro de sí mismo, ha sabido hacer carrera en las provincias, lejos del centro de poder en Pekín, y se ha creado una imagen de pragmático, capaz de resolver problemas difíciles, y discreto, hasta el punto de que hasta hace muy poco se le conocía, más que por sus cargos, por estar casado con Peng Liyuan, una famosa cantante folclórica china.

En sus contactos con el exterior ha dejado la impresión de ser un hombre con quien se puede dialogar.

Aunque Xi no ha dado aún pistas acerca de cómo piensa gobernar, para no crear enemigos antes de tiempo entre las distintas facciones del régimen, sí hay indicios de que su estilo de mando será distinto del tecnócrata Hu Jintao.

Recientemente se filtró a la prensa que se había reunido el pasado julio con el prominente reformista Hu Deping, hijo de Hu Yaobang, el secretario general del PCCh bajo cuyo mando durante los ochenta China conoció un significativo periodo de apertura.

Los analistas destacan también que a diferencia de Hu Jintao -del que no se conocen con certeza ni siquiera datos tan básicos como su lugar preciso de nacimiento- se hayan proporcionado numerosos detalles biográficos sobre el nuevo líder, desde su gusto por las películas de acción de Hollywood hasta su ausencia del nacimiento de su hija, Xi Mingze, por motivos de trabajo.

“Ha habido un esfuerzo por crear una narrativa” en torno a Xi, destaca Kerry Brown, catedrático de Política China en la Universidad de Sidney, para quien puede ser un signo de que cabe esperar “un tipo de líder más humano”.

Nacido en Pekín en 1953, Xi es uno de los “principitos” o hijos de familias de altos dirigentes del régimen. Su padre, Xi Zhongxun, fue uno de los fundadores del PCCh.

Pero en 1962 la fortuna familiar daría un vuelco, cuando Xi Zhongxun, entonces viceprimer ministro, cayó en desgracia y acabó en prisión. Su hijo, como otros tantos jóvenes durante la Revolución Cultural, fue enviado al campo, a la provincia norteña de Shaanxi, a reeducarse y “aprender de las masas”.

La soledad que allí vivió y el duro trabajo físico hicieron que siempre haya criticado la Revolución Cultural. Pero, al mismo tiempo, durante su etapa en Shaanxi decidió -según cables filtrados por Wikileaks- “sobrevivir siendo más rojo que nadie”.

A su regreso a Pekín, estudió Ingeniería Química en la Universidad de Tsinghua. En 1974 ingresó como miembro en el Partido Comunista, que le trasladó como secretario local de la formación a la provincia de Hebei.

Durante los años ochenta, como mando intermedio en Hebei, visitó el Estado agrícola de Iowa en Estados Unidos, un viaje del que ha hablado con calidez y que reviviría un cuarto de siglo después, en su primera visita oficial como vicepresidente a la primera potencia.

Desde Hebei fue promovido a puestos de cada vez mayor relevancia en las provincias de Fujian y Zhejiang, en la próspera costa este del país.

En Fujian, Xi, divorciado de su primera esposa, Ke Lingling, tras tres años de matrimonio, conoció a Peng, ya entonces una cantante de renombre y con quien se casó en 1987 en el aniversario de su primera cita. Su hija, Xi Mingze, estudia en la Universidad estadounidense de Harvard bajo un seudónimo, según la prensa norteamericana.

En 2007 fue nombrado secretario del PCCh en Shanghái, la segunda ciudad del país, después de que su predecesor, Chen Liangyu, fuera cesado por corrupción.

Ese mismo año pasó a formar parte del Comité Permanente del Politburó, el máximo órgano del Partido. Un año después se convertía en vicepresidente.

Al frente del país permanecerá los próximos diez años, una etapa clave en la que se espera que China se convierta en la primera economía mundial. Xi tendrá que decidir cómo imprime su sello a este decenio.

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Xi Jinping: El creador de un estilo político de bajo perfil

Nominado como el probable futuro presidente de China, el actual vicepresidente se ha quejado de los discursos y escritos llenos de jerga partidaria y ha demandado una manera más directa de comunicación.

Fuente: La Tercera

Xi Jinping (derecha) y Hu Jintao / AP

Hace tres años, en México, el probable futuro presidente de China, Xi Jinping, se salió del protocolo esperado para un líder que nació en la aristocracia revolucionaria, pero se forjó en el tumulto de la Revolución Cultural de Mao Tse Tung.

Xi generalmente luce el traje oscuro y la máscara de cautela pública que impone como uniforme de la dirección del Partido Comunista de China. Pero, en México, bajó la guardia en una defensa férrea de su país frente a las críticas del extranjero.

“En medio de la crisis financiera internacional, China todavía fue capaz de resolver el problema de alimentar a sus 1.300 millones de habitantes, y esa ya fue nuestra mayor contribución a la humanidad”, dijo en comentarios que pronto arrancaron los aplausos de los usuarios de internet chinos.

“Algunos extranjeros con sus panzas llenas y nada mejor que hacer, se dedican a apuntarnos con el dedo”, prosiguió. “En primer lugar, China no exporta revolución; en segundo lugar, no exporta hambre ni pobreza; y tercero, no se mete con ustedes.

Entonces, ¿qué más hay que decir?”dijo Xi.

Xi volverá a ponerse la máscara de funcionario el jueves cuando tome su lugar en la primera fila de un congreso clave en el que asumirá el mando de jefe del Partido Comunista, de manos del mandatario Hu Jintao.

Xi, de 59 años, es hijo del ex viceprimer ministro reformista y ex vicepresidente del Parlamento Xi Zhongxun, lo que lo convierte en un “principito”, uno de los hijos e hijas de los privilegiados líderes retirados o fallecidos de China.

Creció entre la elite del partido, pero luego vio como su padre fue purgado del poder antes de la Revolución Cultural. Entonces, Xi se trasladó a una zona rural, desde donde se las arregló para ir a la universidad y luego ascender en la escalera del poder.

Considerado como un reformador prudente, después de haber pasado un tiempo en las primeras posiciones en Fujián Zhejiang, Xi ha sido señalado como el probable sucesor de Hu.

Hu debe dejar la conducción del partido y la presidencia a inicios del 2013.

ESCALANDO POSICIONES

Casado con una cantante famosa y brevemente a cargo de Shanghai, la ciudad más rica y más glamorosa de China, Xi ha creado un estilo político de bajo perfil. Se ha quejado de los discursos y escritos llenos de jerga partidaria y ha demandado una manera más directa de comunicación.

En septiembre, Xi convulsionó al pueblo chino y a la comunidad internacional por igual cuando desapareció de la escena pública sin explicación durante unas dos semanas, lo que provocó rumores desde que padecía una enfermedad grave hasta de problemas en la sucesión.

Las fuentes consultadas por Reuters dijeron que Xi se lastimó la espalda mientras nadaba y que había estado obedeciendo órdenes de los médicos de hacer reposo y someterse a fisioterapia.

Xi fue a trabajar a las pobres zonas rurales del noroeste chino durante el caos de la Revolución Cultural de 1966-76, y se convirtió en un funcionario comunal.

Estudió ingeniería química en la Universidad de Tsinghua, en Beijing, una escuela de elite donde Hu también estudió. Más tarde, obtuvo el doctorado en la teoría marxista de Tsinghua.

Xi saltó a la fama en la década de 1980 como jefe del partido de un condado rural en la provincia de Hebei, próxima a Beijing. Entonces, tuvo un acceso inusual al jefe nacional del partido, Hu Yaobang.

Nacido en la remota provincia de Shaanxi, hogar de los guerreros de terracota, Xi fue promovido a gobernador de la provincia suroriental de Fujian en agosto de 1999, después de que una serie de funcionarios se vieron involucrados en un escándalo de corrupción.

En marzo del 2007, el alto y corpulento Xi consiguió el mayor puesto de la capital comercial de China, Shanghái, cuando su predecesor, Chen Liangyu, se vio envuelto en otro caso de corrupción. Xi ocupó ese puesto hasta octubre del 2007 cuando fue promovido al Comité Permanente del Partido, el círculo máximo del poder.

Xi está casado con Peng Liyuan, una cantante de renombre que supo ser sin duda alguna más popular en China que su marido, hasta que el partido la obligó a mantener un perfil bajo a medida que el hoy vicepresidente escalaba hacia la cima del poder.

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Xi Jinping asume el liderazgo en China

Xi hereda una China en pleno cambio, que pretende mantener su rango de segunda economía mundial, detrás de Estados Unidos, y que forma parte de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Fuente: Página 12, Argentina.

El vicepresidente Wen Jiabao, uno de los líderes chinos que se retira en el congreso.

Los herederos de Mao Zedong designan esta semana al hombre que dirigirá los destinos de China: un país convertido en una formidable potencia económica y controlado con mano de hierro por el Partido Comunista, poco dispuesto a ceder poderes a una sociedad ávida de cambios en la era de Internet. Xi Jinping, de 59 años, un hombre del aparato del partido, desconocido por el gran público, tomará el relevo de Hu Jintao, diez años mayor que él, al frente de un partido único de 82 millones de miembros, que se reunirá a partir de mañana en su 18º Congreso en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing, junto a la plaza Tiananmen.

Xi, designado como sucesor, es vicepresidente del Estado chino desde 2008. Su esperado nombramiento como secretario general del Partido Comunista Chino (PCC) lo convierte ipso facto en el próximo presidente de la República Popular, una formalidad prevista para marzo de 2013, en la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular (ANP, Parlamento). Xi hereda una China en pleno cambio, que pretende mantener su rango de segunda economía mundial, detrás de Estados Unidos, y que forma parte de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, organismo insoslayable en la búsqueda de acuerdos en conflictos abiertos como los de Siria, Irán o Corea del Norte.

Potencia marítima en ascenso, China hace oír de manera firme sus reivindicaciones en litigios de fronteras marítimas con Japón, Vietnam, Filipinas o Brunei, en el marco de una rivalidad creciente con Estados Unidos en el Pacífico. Ningún diplomático espera un giro repentino del nuevo líder: la diplomacia china mantendrá sus prioridades, entre ellas la de evitar un empeoramiento de la crisis financiera en Europa, primer mercado para sus exportaciones.

En materia de derechos humanos, la China que Hu Jintao legará a Xi Jinping continúa siendo objeto de críticas. Una primera prueba será saber si Xi liberará al Premio Nobel de la Paz 2010, el intelectual y disidente Liu Xiaobo. Xi no tendrá las manos libres. Al igual que su predecesor, tendrá que buscar permanentemente el consenso entre los miembros del comité permanente del Buró Político, el órgano supremo del PCC.

El número de integrantes de este comité podría reducirse de nueve a siete para facilitar la toma de decisiones, al disminuir los riesgos de conflicto entre conservadores y reformistas. Xi es generalmente presentado como un hombre aceptado por las dos partes. Será secundado por Li Keqiang, quien sucedería en marzo a Wen Jiabao en el cargo de primer ministro.

Mayor incertidumbre reina sobre la situación económica, donde la “década de oro” de Hu Jintao dio paso a un crecimiento desacelerado al 7,5 por ciento, el más bajo desde el estallido de la crisis financiera asiática de 1997-1998.

Una situación que ya genera una agitación social recurrente, dada a conocer por usuarios chinos de Internet a pesar de la censura. Además, Xi accederá al poder al término de un annus horribilis para el PC chino, marcado por el caso Bo Xilai, el mayor escándalo de estos últimos años, las revelaciones sobre fortuna de su propia familia y sobre la que presuntamente amasó el primer ministro Wen Jiabao.

Bo Xilai, miembro del Buró Político hasta abril, será juzgado por corrupción y abuso de poder, implicado en el caso del asesinato del empresario británico Neil Heywood por la esposa del dirigente comunista. La corrupción masiva de los círculos dirigentes chinos figura entre las mayores preocupaciones del congreso y de sus cerca de 2200 delegados, cuyo trabajo avalará, salvo sorpresa, en aproximadamente una semana las decisiones del comité central que le precedió la semana pasada.

Si se respeta la tradición, Xi efectuará dos mandatos de cinco años. A pesar de su partida, Hu Jintao podría conservar la presidencia de la poderosa comisión militar del PCC y mantener de ese modo su influencia. Los miembros del nuevo comité permanente serán presentados al final del congreso.

Esta transición será la primera que conduzca al poder a un responsable nacido después del comienzo del régimen, en 1949. Xi será el sexto dirigente máximo de la República Popular China después de Mao Zedong (1949-1976), Hua Guofeng (1976-78), Deng Xiaoping (1978-92), Jiang Zemin (1992-2002) y Hu Jintao (2002-2012).

Declaraciones grabadas por casualidad en México en 2009 dejan entrever la forma de pensar de Xi Jinping. Ante compatriotas que viven en el extranjero destacó los avances de su país, que da de comer a 1300 millones de chinos. “Hay un par de extranjeros con la barriga llena que no tienen nada mejor que hacer que señalar con el dedo a China”, lanzó. La expresión “con la barriga llena” es, para los chinos, bastante despectiva. Y continuó: “China, primero, no exporta ninguna revolución; segundo, no propaga ni el hambre ni la pobreza y, tercero, no da ningún tipo de dolor de cabeza. ¿Qué más quieren?”, se preguntó.

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El Dalai Lama dice que Xi Jinping debe apostar por la democracia

Pekín califica al líder religioso de “lobo disfrazado de cordero”

Fuente: El País.

El Dalai Lama a su llegada al aeropuerto de Narita, en Japón. / TOSHIFUMI KITAMURA (AFP)

El próximo presidente de China, Xi Jinping, no tendrá otra opción que embarcarse en cambios políticos si quiere dejar una huella duradera de la misma forma que los líderes actuales han hecho con las reformas económicas, según dice el Dalai Lama, líder espiritual de los tibetanos. Xi sustituirá a Hu Jintao en la secretaría general del Partido Comunista Chino (PCCh) en el congreso del partido, que comenzó este jueves, y en la jefatura del Estado en marzo.

“La era Hu Jintao ha pasado. Ahora, Xi Jinping se va a convertir en presidente. Creo que no hay otra alternativa que emprender algunos cambios políticos”, dijo el Dalai Lama el lunes pasado en Yokohama, en el tercer día de una visita a Japón de 12 días. “Hu comenzó a construir una sociedad armoniosa, una sociedad estable. Para crear una sociedad estable, debe ser reducida la brecha entre ricos y pobres. También necesitas un sistema judicial independiente, una prensa libre. Estos son muy, muy importantes”, aseguró, informa France Presse. “El objetivo armonía, maravilloso. Estabilidad, maravilloso. Pero la utilización del secreto, la censura y el abuso… Hay algo erróneo en su sistema. Para crear una armonía genuina, necesitas franqueza”.

El monje tibetano reconoció que las reformas económicas que emprendieron los dirigentes de Pekín hace tres décadas han producido beneficios en China, pero advirtió que el recurso a la fuerza por parte de las autoridades está reñido con su propósito de crear una “sociedad armoniosa”. El uso de la fuerza genera desconfianza, miedo. Eso es lo contrario de armonía”. El líder religioso, de 77 años, insistió en que la democracia es el mejor sistema que China podría adoptar para resolver sus problemas.

Pekín ha llamado al Dalai Lama “lobo disfrazado con piel de cordero” y “separatista”, y le ha acusado de incitar las protestas contra el gobierno chino de Tíbet, incluidas las 69 inmolaciones a lo bonzo de tibetanos ocurridas en diferentes regiones de China desde marzo del año pasado, en protesta contra Pekín. El líder religioso lo niega.

El monje reconoció que las reformas económicas han producido beneficios.

Las autoridades han intensificado en los últimos años el control en los templos tibetanos por todo el país. El Premio Nobel de la Paz no hizo referencia directa en Yokohama a las inmolaciones ni a las declaraciones la semana pasada de Navi Pillay, máxima responsable de derechos humanos de la ONU, que pidió a China que ponga fin a la represión de los derechos de los tibetanos.

El Gobierno chino, sin embargo, criticó el informe realizado por la ONU sobre la crisis. “Nos oponemos totalmente”, dijo Hong Lei, portavoz de Exteriores. “La camarilla del Dalai Lama ha embellecido gravemente las recientes inmolaciones ilegales en las áreas tibetanas, que son una conducta extrema que viola las costumbres religiosas”. Las conversaciones entre China y el Dalai Lama se rompieron en 2010.

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Xi Jinping, el «principito» eficiente

Hijo de un héroe de la Revolución purgado por Mao, el próximo presidente de China es un neoliberal que organizó los Juegos Olímpicos de 2008.

Fuente: ABC, España.

Xi Jinping

Antes de ser finalmente aceptado en el Partido Comunista de China en 1974, su solicitud fue rechazada hasta nueve veces porque su padre, un héroe de la Revolución, era uno de los millones de apestados políticos que había dejado la «Revolución Cultural» de Mao Zedong. La próxima semana, aquel joven idealista y frustrado será nombrado secretario general de dicho Partido y, en marzo, sucederá a Hu Jintao como presidente de China.

A sus 59 años, Xi Jinping encarna la «Quinta Generación» de dirigentes comunistas y, por sus orígenes familiares, es uno de los denominados«principitos» del régimen al igual que Bo Xilai, el popular secretario del Partido en Chongqing caído en desgracia por corrupción.

Licenciado en Ingeniería Química y Leyes por la prestigiosa Universidad de Tsinghua, Xi Jinping ha seguido los pasos típicos de los burócratas chinos, los camaradas del siglo XXI que más bien parecen trajeados ejecutivos expertos en administración y gestión de empresas en lugar de ideólogos de la lucha de clases. Tras formarse en los años 80 y 90 en las industrializadas provincias costeras de Fujian y Zhejiang, donde alcanzó la jefatura del Partido gracias a sus ideas neoliberales, reemplazó en 2006 a Chen Liangyu, el influyente secretario local de Shanghái también defenestrado por corrupción.

A partir de ahí, su ascenso fue meteórico y en octubre de 2007, con motivo del anterior Congreso del Partido Comunista, entró en el todopoderoso Comité Permanente del Politburó, el órgano que maneja los designios de China. «El favorito del presidente Hu Jintao era Li Keqiang, quien relevará al primer ministro Wen Jiabao, pero en esa época el expresidente Jiang Zemin aún tenía influencia entre varios miembros salientes del Comité, que optaron por Xi Jinping en una votación secreta», explica a ABC Wen-Cheng Lin, profesor del Instituto de Estudios sobre la China continental en la Universidad Sun Yat-sen de Taiwán. Un año después, pasó una crucial prueba de fuego alencargarse con éxito de la organización y seguridad de los Juegos Olímpicos de Pekín.

Enemigo de las estridencias y los personalismos, el régimen chino opta por el continuismo con Xi Jinping, un tecnócrata mesurado pero gris, casi sin carisma y más famoso por su mujer, la popular cantante Peng Lijuan, que por sus intervenciones públicas. De hecho, sólo se le conoce una salida de tono: cuando ante la comunidad china de México se le escaparon unas furibundas críticas a los extranjeros. «Algunos extranjeros están tan aburridos que no tienen nada mejor que hacer que meter sus dedos en los asuntos de China, que no exporta revoluciones, ni pobreza ni les causa problemas innecesarios», declaró sin saber que estaba siendo grabado por una televisión de Hong Kong.

En la lucha de poder desatada antes del Congreso, incluso llegaron a circular rumores de un golpe de Estado y un intento de asesinato contra Xi Jinping, quien en septiembre disparó todas las especulaciones al desaparecer misteriosamente durante dos semanas y cancelar sendas reuniones con la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, y el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong.

Con Xi Jinping, que tiene amplia experiencia internacional, el régimen chino seguirá profundizando en el capitalismo de Estado para mejorar la economía, pero deberá hacer frente a las cada vez mayores demandas de derechos, de momento más sociales que políticos.

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Xi Jinping, el enigmático “príncipe rojo” que va a dirigir China

Fuente: Terra

El emblema del Partido Comunista decora la entrada del Gran Palacio del Pueblo durante el segundo día del XVIII Congreso del Partido Comunista de China (PCChn), en Pekín, China.

Salvo sorpresa mayor, Xi Jinping va a gobernar China durante los próximos 10 años, y será el primer dirigente nacido después de la fundación del régimen comunista fundado por Mao Tsetung en 1949, pero la personalidad de este cuadro del partido que ha esperado el poder a la sombra de su predecesor, Hu Jintao, sigue siendo un enigma.

Xi Jinping es hijo de un “héroe revolucionario” y, por lo tanto, uno de los “príncipes rojos”, la aristocracia que gobierna China, un país convertido en la segunda potencia mundial bajo el liderazgo del Partido Comunista Chino (PCC), cuyo congreso sesiona desde el jueves.

Más bien robusto y de rostro mofletudo, con el cabello negro separado por una raya impecable, Xi Jinping debe ser consagrado al término del congreso del PCC, el 15 de noviembre, un acontecimiento que será transmitido en vivo por televisión para los 1.300 millones de chinos.

Xi, 59 años, es probable que se mantenga por diez años como secretario general del PCC que va a heredar, como ya ocurrió con Hu Jintao, a quien también sucederá en el cargo de presidente de la República Popular China en marzo.

Diez años, es también la diferencia de edad entre ambos líderes: demasiado poco para representar a una generación, pero tal vez lo suficiente para hablar de una “sangre nueva”, capaz de afrontar los retos de una China en plena mutación.

En el extranjero, los nuevos líderes chinos son vistos como presuntos reformadores cuando asumen la función. Fue el caso de Hu Jintao, quien presidió un formidable auge económico, pero también un pesado inmovilismo político. Este podría ser también el caso de Xi.

El primero es conocido por su aire austero, por la rigidez de sus gestos, casi “robóticos”, según algunos. Xi Jinping sería más afable, sería hasta jovial y se le ve más relajado en la televisión.

Más allá de la fachada, sin embargo, el hombre sigue siendo básicamente un enigma.

Algunos expertos lo consideran un conservador sin carisma que no cambiará para nada el rumbo actual. Otros, más numerosos, admiten que no disponen de muchos indicios de cómo va a gobernar.

Su esposa, Peng Liyuan, una famosa cantante que tiene el rango de general del ejército, es más popular que él en China, y la pareja tiene una hija que estudiaría en Estados Unidos, en la Universidad de Harvard, bajo un nombre falso.

El secreto que rodea a su familia, al igual que la de todos los líderes chinos, fue socavado en junio por una investigación de la agencia Bloomberg, que reveló que los allegados a Xi tenían una fortuna acumulada de varios cientos de millones de dólares. Una investigación que fue de inmediato censurada en China.

En 2009 sorprendió a todos, durante un viaje a México, al referirse con tono mordaz a “los extranjeros que, con el estómago lleno, no tienen nada mejor que hacer que señalar con el dedo” a China.

Según un telegrama revelado por WikiLeaks, Xi confió a diplomáticos estadounidenses que le gustaban las películas de guerra de Hollywood. “Salvar al soldado Ryan”, de Steven Spielberg, sería su favorita.

Su padre, Xi Zhongxun, fue uno de los fundadores de las guerrillas comunistas en el norte de China. Víctima, como tantos otros, de la Revolución Cultural de Mao (1966-1976), fue rehabilitado en los años 80 con el retorno al poder de Deng Xiaoping.

Como millones de escolares y estudiantes universitarios, incluidos los ex “guardias rojos” de la Revolución Cultural, Xi Jinping fue enviado a los 15 años al campo, a Shaanxi (norte), para ser “reeducado” por los campesinos. Fue allí que fue admitido en las filas del Partido, en 1974.

Seguirá siendo “campesino” hasta 1975, año en que fue admitido en la prestigiosa Universidad de Tsinghua, en Pekín, donde también estudió Hu, y donde se graduó en ingeniería química.

Lo que siguió fue la carrera clásica de un cuadro comunista, que sin llamar la atención y evitando los peligros, se vale de alianzas diversas para acceder a funciones cada vez más importantes: gobernador de Fujian en 2000, jefe del Partido en Zhejiang en 2002, dos provincias costeras que están entre las más destacadas del “milagro económico” chino.

En 2007 fue llamado por Hu Jintao para que ponga orden en la ciudad de Shanghai, donde el líder del Partido, Chen Liangyu, a quien sustituyó, fue barrido por un vasto escándalo de corrupción.

En octubre de 2007, durante el 17mo Congreso del PCC, entró en el Comité Permanente del Buró Político, en el “centro de poder”, luego que Hu Jintao y su antecesor, Jiang Zemin, se pusieran de acuerdo al respecto.

Tras ser el sexto de los nueve miembros del Comité Permanente, en marzo de 2008 es promovido a vicepresidente del Estado chino, y, en octubre de 2010, a vicepresidente de la poderosa Comisión Militar del PCC, una promoción que lo confirma como heredero de Hu Jintao.

En septiembre pasado, él mismo aumentó el misterio al desaparecer sin explicaciones durante doce días, los que provocó una ola de especulaciones sobre su salud.

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