Muerte de 81 chiitas en atentado en Pakistán


– Pakistán asiste impotente a la segunda masacre de chiíes en un mes

– Duelo y advertencias al poder en Quetta tras la muerte de 81 chiitas en atentado

– Pakistán.- Luto en Balochistán mientras la Policía eleva a 84 los muertos en el atentado de Quetta

– Crece la indignación en Pakistán ante los atentados religiosos

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Pakistán asiste impotente a la segunda masacre de chiíes en un mes

(EFE)

Islamabad, 17 feb (EFE).- Hoy se elevó a 85 el número de muertos por la masacre sectaria que ayer golpeó a la minoría chií de Pakistán en la ciudad occidental de Quetta, donde hace un mes hubo otra matanza similar que costó la vida a 90 personas.

En un atentado casi calcado al del pasado enero, un suicida del grupo integrista sunita Lashkar-e Jangvi detonó ayer una tonelada de explosivos cargados en un camión cisterna aparcado en un barrio con mayoría chií de la capital de la convulsa provincia de Baluchistán.

La enorme explosión, que provocó el derrumbe de un edificio en el que había viviendas, un comercio y una academia de inglés, causó la muerte de decenas de personas y heridas a cerca de dos centenares, casi todos miembros de esa confesión religiosa minoritaria.

“Es vergonzoso, nada ha cambiado desde la matanza de enero”, denunció a Efe la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Zohra Yusuf, quien afirmó que lo sucedido “no es un problema de los chiíes, sino como una amenaza para todo el país”.

Con alrededor de 40 millones de chiíes, Pakistán es el segundo país con más miembros de esta rama del islam en el mundo, solo por detrás de Irán.

Tras la masacre del pasado diez de enero se produjeron fuertes protestas de la minoría chií, que lograron en Baluchistán forzar la anulación de poderes del Gobierno regional y el traspaso de poderes al gobernador, figura que depende directamente de Islamabad.

La sentada protagonizada por miles de personas en Quetta junto a los cadáveres de la masacre obligó entonces al primer ministro, Rajá Pervez Ashraf, a tomar cartas en el asunto y anunció el inicio de operaciones de seguridad para capturar a los terroristas.

Sin embargo, tras el atentado de ayer, incluso el gobernador que asumió el control de la provincia, Zulfiqar Magsi, se reconoció en declaraciones al diario Dawn impotente para frenar a los violentos: “Hay caos por todas partes y el estado no parece ser efectivo”.

La comunidad chií de Quetta ha anunciado una huelga general de tres días y ha instado a las autoridades a actuar de inmediato contra los responsables de las matanzas sectarias.

Un portavoz del Partido Democrático Hazara -uno de las formaciones de representación de la minoría chií-, Qadir Alí, dijo a Efe que se ha dado al Gobierno “un ultimátum de 48 horas para que empiece a detener a los culpables”.

“Si no se toman en serio nuestras demandas, empezaremos las protestas ante el Tribunal Superior de Baluchistán y ante las oficinas de Naciones Unidas”, amenazó Qadri.

“Las fuerzas de seguridad han fracasado. Los terroristas están en Quetta”, añadió un exsenador y miembro destacado de la comunidad chií, Fasieh Iqbal, quien desveló que hoy se reúnen responsables del aparato oficial de seguridad para decidir qué medidas toman.

Aunque durante 2012 se constató una reducción del número de ataques terroristas en el país -tendencia rota en los últimos tres meses-, la violencia sectaria contra la minoría chií registró un importante aumento, en especial en la provincia de Baluchistán.

Según con un informe de reciente publicación, elaborado por el Instituto Paquistaní de Estudios para la Paz, 537 personas murieron durante el año pasado en ataques contra minorías religiosas.

En lo que va de 2013 ya han muerto cerca de dos centenares de chiíes en atentados y ataques de grupos integristas sunitas ante la impotencia, e incluso la pasividad, de las fuerzas de seguridad.

De acuerdo con analistas, activistas de derechos humanos y miembros de la comunidad chií, el Estado se ha servido de esos grupos radicales en Baluchistán para combatir a facciones armadas nacionalistas sin importarle que los chiíes estén pagando el precio.

Pau Miranda

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Duelo y advertencias al poder en Quetta tras la muerte de 81 chiitas en atentado

Por Maaz Khan (AFP)

QUETTA, Pakistán — Chiitas paquistaníes amenazaron este domingo a las autoridades con organizar manifestaciones masivas si no detienen rápidamente a los autores del atentado contra esta minoría musulmana, que el sábado dejó al menos 81 muertos en la ciudad de Quetta (suroeste del país).

Una bomba oculta en un camión cisterna, activada por control remoto, estalló el sábado por la tarde cerca de un edificio de dos plantas, que se derrumbó en un bazar de Hazara Town, una ciudad chitta situada en la periferia de Quetta, capital de la región de Baluchistán.

El atentado, que dejó 81 muertos y cerca de 180 heridos según el último balance de la policía local, es el segundo más mortífero contra la comunidad chiita en la historia de Pakistán, un país en su mayoría sunita donde en los últimos años el fundamentalismo religioso ganó espacio. El ataque del sábado fue reivindicado por el grupo Lashkar e Jhangvi.

Hace poco más de un mes, más de 90 personas murieron en Quetta en una serie de atentados antichiitas, reivindicados igualmente por Lashkar e Jhangvi, un grupo fundado a mediados de los años ’90 que ha multiplicado los ataques contra esta minoría, que constituye alrededor del 20% de los 180 millones de paquistaníes.

Azidullah Hazara, presidente del Partido Democrático Hazara, una pequeña formación que representa a los chiitas de etnia hazara, también presente en Irán y Afganistán, dio este domingo un ultimátum de 48 horas a las autoridades para que lancen una operación contra los asaltantes, o de lo contrario sacará a la calle a miles de personas.

“Ya habíamos planificado una ceremonia el domingo, en homenaje a los mártires del atentado del mes pasado. Después de esta ceremonia anunciaremos nuestro plan de acción”, añadió Daud Agha, presidente de la conferencia chiita, en una entrevista a AFP.

El primer ministro paquistaní, Raja Pervez Ashraf, pidió a las fuerzas del orden detener a los autores de estos ataques, pero la demanda fue recibida con escepticismo por los chiitas, que acusan al gobierno de incapacidad e incluso de falta de voluntad en su lucha contra el grupo Lashkar e Jhangvi. El jefe de operaciones de este grupo supremacista sunita, Malik Ishaq, fue liberado en julio de 2011 después de 14 años de prisión.

Sayed Qamar Haider Zaidi, portavoz de la comunidad chiita local, acusó también al gobierno de no proteger adecuadamente a los chiitas, y anunció tres días de duelo.

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TODAVÍA QUEDAN ATRAPADOS EN EL LUGAR DE LA EXPLOSIÓN

Pakistán.- Luto en Balochistán mientras la Policía eleva a 84 los muertos en el atentado de Quetta

MADRID, 17 Feb. (EUROPA PRESS) –

   La Policía ha elevado a 84 los fallecidos en atentado perpetrado ayer con más de 800 kilos de explosivos en un mercado cerca de Quetta, la capital del estado de Balochistán, que guarda hoy de luto mientras los servicios de rescate todavía intentan sacar a las víctimas atrapadas en los restos de un edificio que se derrumbó por la detonación.

   El atentado tenía como objetivo a los Hazaras, miembros de una comunidad chií que poblaban el atiborrado mercado en el momento de la explosión de la bomba, que había sido colocada en un tanque de agua. La Policía tiene pocas esperanzas de hallar con vida a los atrapados en el edificio, según confesó un portavoz al diario paquistaní Dawn.

Junto al luto declarado por el Gobierno baloche, la población ha iniciado una huelga de 24 horas en protesta por estos ataques, presuntamente cometidos por suníes afines a la organización miliciana Lashkar-e-Jhangvi (LeJ), responsable de la muerte, el pasado 10 de enero, de 93 personas en un atentado similar.

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Crece la indignación en Pakistán ante los atentados religiosos

lainformacion.com

domingo, 17/02/13

Crece la indignación en Pakistán ante los atentados religiosos
QUETTAPakistán (Reuters) – El impopular gobierno paquistaní, que se prepara para celebrar elecciones en los próximos meses, se vio muy criticado el domingo por no mejorar la seguridad, después de que 81 personas murieran en un atentado religioso en la ciudad de Quetta.

Los líderes del país, que cuenta con armas nucleares, han hecho poco por contener a los grupos suníes que han aumentado su campaña de bombas y asesinatos contra la minoría chií.

El grupo Lashkar e Jhangvi (LeJ), considerado el más despiadado de los grupos armados suníes, reclamó el sábado la autoría del atentado en Quetta, que agravó las sospechas entre los chiíes sobre que las agencias de inteligencia paquistaníes dan la espalda al derramamiento de sangre o incluso apoyan a los extremistas.

“El ataque terrorista en la comunidad chií hazara de Quetta es un fracaso de las fuerzas de seguridad e inteligencia”, afirmó Nawab Zulfiqar Ali Magsi, gobernador de la provincia de Baluchistán, durante una visita a un hospital.

Los líderes de la comunidad chií hazara pidieron al Gobierno que tome medidas decididas y los paquistaníes advirtieron de que la violencia religiosa se está saliendo de control.

“El Gobierno es responsable de los ataques terroristas y muertes en la comunidad hazara porque sus fuerzas de seguridad no han realizado operaciones contra los grupos extremistas”, dijo Aziz Hazara, vicepresidente del Partido Democrático Hazara.

“Damos al Gobierno 48 horas para arrestar a los culpables implicados en la muerte de nuestra gente y después lanzaremos fuertes protestas”, afirmó.

La cifra de muertos del atentado del sábado subió durante la noche. La mayoría de las víctimas estaban en el principal bazar de la ciudad, capital de Baluchistán, cerca de la frontera con Afganistán.

La mayoría de los muertos eran miembros de la comunidad hazara. Un alto cargo de seguridad dijo que la cifra podría seguir aumentando porque 20 personas estaban heridas de gravedad.

El domingo, la gente buscaba supervivientes bajo bloques de cemento arrancados de los edificios por la explosión. Una gran mancha de sangre se veía en una pared cerca del lugar.

Muchas tiendas y bazares permanecían cerrados. Los parientes de los heridos respondieron a la petición de donaciones de sangre de los hospitales.

“El Gobierno sabe exactamente quién está haciendo qué y quién está detrás de todo esto”, dijo Mohamad Imram, un comerciante local. “Si el Gobierno quiere (impedirlo), nadie puede llevar ni un cuchillo de cocina a un mercado”.

POBREZA, CORRUPCIÓN, CORTES DE ENERGÍA

Los detractores del Gobierno dicen que las agencias de espionaje paquistaníes han apoyado en el pasado a grupos como LeJ para combatir a las fuerzas indias en Cachemira y que después no han conseguido controlarlos.

Ahora, los chiíes en Quetta y otras ciudades dicen sentirse bajo asedio. “Nos hemos cansado de recoger los cuerpos de nuestros seres queridos”, dijo Nasir Ali, un funcionario de 45 años. “He perdido a tres parientes hasta ahora en esas explosiones”.

LeJ también ha dicho estar detrás de una bomba el mes pasado en Quetta que mató a casi 100 personas, en uno de los peores atentados religiosos del país.

Después de ese incidente, los líderes chiíes pidieron al Ejército paquistaní que se encargara de la seguridad en la ciudad y combatiera al LeJ.

La creciente violencia religiosa suma presión sobre la Administración respaldada por Estados Unidos, que ya se enfrenta a una insurgencia talibán, para que ofrezca estabilidad.

“Este es un caso de barbarie y crueldad. Esto está pasando porque estamos divididos y no nos apoyamos entre nosotros”, dijo Malik Afzal, un estudiante suní.

“A menos que decidamos unirnos, seguiremos muriendo. Hoy han muerto ellos (los chiíes). Mañana moriremos nosotros (los suníes). Al día siguiente matarán a otros”.

Las autoridades de inteligencia dicen que los grupos extremistas, liderados por LeJ, quieren desestabilizar el país con la violencia y abrir camino a una teocracia suní.

Más de 400 chiíes murieron en incidentes violentos en Pakistán el año pasado, muchos a manos de sicarios o bombas. Algunos grupos chiíes de línea dura han respondido matando a clérigos suníes.

“Si el Gobierno no puede dar protección a nuestra comunidad, entonces dejadnos proteger a los nuestros”, dijo Ghulam Abas, de 32 años, empleado político del Partido Democrático Hazara.

El cisma entre suníes y chiíes se produjo después de que el profeta Mahoma muriera en el año 632, cuando sus seguidores no se pusieron de acuerdo sobre su sucesor.

(Reuters)

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