Dossier descubrimientos en el cosmos


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– La NASA alerta de una mancha solar de enormes dimensiones

– Investigadores descubren por primera vez un planeta extrasolar más pequeño que Mercurio

– Espectacular lluvia de fuego sobre el Sol

– Los «gemelos» de la Tierra, más cerca de lo que se creía

– Astrónomos observan cómo planetas gigantes y su estrella crecen a la vez

– ¡Sorpresa! En Mercurio hay hielo y compuestos orgánicos

– La NASA descubre 700 nuevos posibles planetas fuera del Sistema Solar

– La NASA confirma la existencia de un planeta que podría ser habitable

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La NASA alerta de una mancha solar de enormes dimensiones

Mancha Solar

Imagen de la gran mancha solar. (NASA / SDC)

La NASA ha informado sobre la aparición de una gran mancha solar, cuyas dimensiones son suficientes “para tragarse seis planetas como la Tierra”, que ha captado el Observatorio de Dinámica Solar (SDC) y que podría desencadenar erupciones solares esta semana.

Pueden conducir a erupciones de radiación, más conocidas como llamaradas solares. La portavoz de la agencia espacial, Karen Fox, ha explicado que la mancha “ha crecido hasta superar en seis veces el diámetro de la Tierra, pero su extensión es difícil de juzgar desde el punto en que está situada, ya que está en una esfera, no en un cuerpo plano”. Además, ha aclarado que la mancha es en realidad un conjunto de ellas, que han crecido con gran rapidez entre los pasados días 19 y 20 de febrero.

Estas manchas solares se originan a partir de los campos magnéticos cambiantes en la superficie del Sol, y son más frías que el material circundante. Así, en las zonas donde han aparecido, los campos están apuntando en direcciones opuestas, por lo que son propicios para la actividad solar. “Esta es una configuración bastante inestable que los científicos saben que pueden conducir a erupciones de radiación, más conocidas como llamaradas solares”, justificó Fox.

Se espera que el Sol, que está en medio de una fase activa del Ciclo Solar 24, alcance su pic de actividad durante 2013, cuando algunos científicos han alertado de que se producirá la mayor llamarada solar detectada hasta ahora. Además, en 2010, el SDO puso en marcha una flota de naves espaciales que mantienen una estrecha vigilancia sobre el Sol en busca de signos de erupciones solares y otros fenómenos meteorológicos espaciales.

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Investigadores descubren por primera vez un planeta extrasolar más pequeño que Mercurio

Científicos del Centro de Astrobiología y del Observatorio Astronómico Hispano-Alemán de Calar Alto han hallado por primera vez un planeta extrasolar más pequeño que Mercurio, más similar al tamaño de la Luna, gracias a la gran precisión del telescopio espacial Kepler, con el que se había detectado planetas de las dimensiones de la Tierra e incluso bastante menores.
EUROPA PRESS. 21.02.2013

Científicos del Centro de Astrobiología y del Observatorio Astronómico Hispano-Alemán de Calar Alto han hallado por primera vez un planeta extrasolar más pequeño que Mercurio, más similar al tamaño de la Luna, gracias a la gran precisión del telescopio espacial Kepler, con el que se había detectado planetas de las dimensiones de la Tierra e incluso bastante menores.

Según informan ambos centros, desde el descubrimiento en 1995 del primer exoplaneta, los investigadores han completado un amplio escenario de sistemas planetarios muy diferentes. Los primeros descubrimientos daban cuenta de planetas mucho más grandes y calientes que Júpiter y a distancias muy cercanas a su estrella.

El telescopio espacial Kepler, lanzado en el año 2009, pretende determinar la abundancia en la Vía Láctea de planetas rocosos en zonas habitables alrededor de estrellas similares al Sol. Kepler monitoriza de manera constante unas 150.000 estrellas en busca de los tránsitos de sus cuerpos planetarios, esto es, acontecimientos equivalentes a los eclipses en el Sistema Solar.

EL 70% Del tamaño del sol

Durante 978 días, Kepler obtuvo estas señales de tránsito, indicadoras de la existencia de tres planetas, en las series temporales de datos fotométricos de una estrella parecida al Sol, aunque más fría, denominada Kepler-37, la cual, según las estimaciones, tiene el 70 por ciento del tamaño del Sol.

El planeta ahora descubierto, Kepler-37b, es el más interno de este sistema de tres. Según David Barrado, director del Centro Astronómico Hispano-Alemán situado en Almería, “debido a su tamaño extremadamente pequeño, similar al de la Luna, y a su superficie altamente irradiada, Kepler-37b es, muy probablemente, un planeta rocoso sin atmósfera ni agua, similar a Mercurio”.

Para confirmar que los cambios de brillo aparente se debían a planetas orbitando alrededor de Kepler-37 no sirvieron, al contrario que en otros casos, las velocidades radiales ni las variaciones en los tiempos de tránsito, por lo que los investigadores exploraron posibles escenarios astrofísicos —llamados ‘falsos positivos’— que podrían imitar el tránsito de un planeta entorno a Kepler-37.

Imágenes de muy alta resolución

Para ello, los investigadores se sirvieron de un programa informático específico y de gran complejidad denominado Blender así como otra técnica observacional con el instrumento ‘AstraLux’, instalado en el telescopio de 2.2 metros del Observatorio de Calar Alto, que brindó imágenes de muy alta resolución de esta estrella, de calidad similar a las que se pueden obtener con el telescopio espacial Hubble.

El investigador del CAB y miembro de AstroMadrid Jorge Lillo-Box ha explicado así que “con la técnica utilizada, denominada ‘lucky imaging’ hemos logrado descartar un gran número de falsos positivos, es decir, hemos eliminado configuraciones como la presencia de otras estrellas o las manchas estelares. Estos fenómenos pueden confundirse con un planeta, ya que causan efectos similares en los datos recibidos, por lo que solo con una observación precisa es posible descartar que se trate de objetos estelares en lugar de planetas”.

Parte de las imágenes se obtuvieron durante el tiempo garantizado español del Centro Astronómico Hispano-Alemán (Observatorio de Calar Alto, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC y de su homólogo alemán, la Sociedad Max-Planck MPG), tiempo que gestiona el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Se pone así de manifiesto la eficiencia de los programas dedicados, que hacen uso de manera intensiva del tiempo de telescopio en proyectos que intentan ampliar las fronteras del conocimiento.

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Espectacular lluvia de fuego sobre el Sol

JOSÉ MANUEL NIEVES
Día 22/02/2013

La NASA hace público un vídeo en el que se aprecia con toda claridad una «lluvia coronal» un raro fenómeno en el que el plasma eyectado durante una erupción vuelve al Sol

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Lluvia solar

Las erupciones solares pueden manifestarse de maneras muy diferentes. Algunas llegan en forma de enormes llamaradas, formando arcos y bucles magnéticos que se elevan a cientos de miles de km. para volver después a sumergirse en el Sol. Otras, van seguidas de una súbita expulsión de material (una CME, o eyección de masa coronal) que viaja por el espacio en forma de una ardiente nube de radiación que, si se dan las condiciones, embiste a la Tierra y a los demás planetas de nuestro sistema. Otras, por fin, ejecutan extrañas danzas y dan lugar a complejas estructuras en movimiento que siguen las líneas de los campos magnéticos y que se pierden en la atmósfera solar.

Pero la erupción del 19 de julio de 2012 fue diferente a todas las demás. De hecho, aquél día se produjeron tres erupciones seguidas y en la misma zona de la superficie del Sol. La primera tuvo una fuerza moderada y generó todo un espectáculo de luz y radiación. La segunda produjo una CME y envió una enorme cantidad de plasma al espacio. Y la tercera, consecuencia de las otras dos, dio lugar a un raro fenómeno que los astrónomos llaman «lluvia coronal».

De hecho, justo al día siguiente de las dos primeras erupciones el plasma extraordinariamente caliente de la corona se enfrió, condensándose a lo largo de los fuertes campos magnéticos de alrededor. Campos que, por sí mismos, resultan invisibles, pero que aparecen en el rango del ultravioleta cuando el plasma solar se mueve a través de ellos, a casi 50.000 grados de temperatura.

Fue así cómo, utilizando la sonda SDO (Solar Dynamic Observatory), la NASA consiguió grabar estas extraordinarias imágenes. Tras la erupción del día 19 de julio de 2012 y cuando los arcos magnéticos ya eran totalmente visibles, el citado cambio de temperatura hizo que el plasma «lloviera» de nuevo sobre la superficie solar, dando lugar a un espectáculo de «lluvia de fuego» que resulta muy raro de ver.

La cámara del SDO capturó una imagen cada 12 segundos y el vídeo muestra 30 imágenes por segundo, por lo que cada segundo del vídeo corresponde, en realidad, a 30 minutos de tiempo real.

Para subrayar las enormes dimensiones del fenómeno, los investigadores han incluído una imagen a escala de la Tierra. El resultado resulta realmente sobrecogedor.

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Los «gemelos» de la Tierra, más cerca de lo que se creía

JOSÉ MANUEL NIEVES / MADRID
Día 06/02/2013

Los datos de la sonda Kepler indican que el más cercano podría estar a solo 13 años luz de distancia

Un equipo de astrónomos del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian cree que podría haber exoplanetas habitables muy cerca de la Tierra. La idea se basa en el análisis de los datos de la misión Kepler y revela que el “gemelo” más próximo a nosotros podría estar solo a 13 años luz de distancia.

Estudiando los datos estadísticos del Kepler, el mayor “cazador de planetas” del que dispone actualmente la NASA, los investigadores han descubierto que hasta el 6% de las estrellas conocidas como “enanas rojas” tienen en órbita planetas del tamaño de la Tierra. Y que además esos planetas se encuentran en sus “zonas de habitabilidad”, es decir, en la franja orbital que permite la existencia de agua en estado líquido.

Si tenemos en cuenta que las enanas rojas son el tipo de estrella más abundante de nuestra galaxia, y que la más cercana a la Tierra está solo a 13 años luz de distancia, las posibilidades de encontrar “otra Tierra” cerca de la nuestra aumentan de forma considerable.

“Pensábamos que había que buscar a enormes distancias para encontrar un mundo como la Tierra -asegura Courtney Dressing, autora principal del estudio- . Pero ahora nos hemos dado cuenta de que esas otras tierras podrían estar en nuestro propio patio trasero, esperando a ser descubiertas”.

Las enanas rojas son estrellas pequeñas, relativamente frías y mucho menos brillantes que el Sol. De hecho, una enana roja típica tiene apenas un tercio del tamaño del Sol y su brillo es unas mil veces menor. Por eso, y aunque muchas estén cerca de nosotros, no es posible distinguirlas a simple vista en el cielo nocturno.

Sin embargo, y a pesar de su oscuridad, este tipo de estrellas son excelentes candidatos a tener planetas parecidos al nuestro. Y, como se ha dicho, su número es enorme: tres de cada cuatro estrellas de nuestra galaxia, en efecto, son enanas rojas. En total, unos 75.000 millones.

A estas cifras se añade, además, otra ventaja. Debido a su pequeño tamaño, resulta mucho más sencillo identificar un planeta en tránsito, esto es, un planeta que pase entre la estrella y nosotros, ocultando una parte de su brillo. Una ventaja que aumenta si ese planeta se encuentra en la zona de habitabilidad, que en el caso de las enanas rojas está muy cerca de la propia estrella.

Los investigadores creen que un mundo del tamaño de la Tierra que esté en la zona habitable de una enana roja y que pase por delante de la estrella regularmente es capaz de ocultar casi todo su disco, lo cual, evidentemente, lo hará muy fácil de detectar desde aquí.

Para llegar a estas conclusiones, Dressing y sus colegas han “peinado” la totalidad del catálogo de estrellas objetivos del Kepler (unas 158.000) para identificar cuántas de ellas son enanas rojas. El paso siguiente fue calcular con la mayor precisión sus tamaños y temperaturas, para hallar que, en realidad, son más pequeñas y frías de lo que se pensaba hasta ahora.

Tres buenos candidatos

De esta forma, Dressing identificó hasta 95 candidatos a planetas en órbita de estas enanas rojas, lo cual significa que por lo menos el 60% de estas estrellas cuentan con planetas menores que Neptuno. Y aunque la mayoría no tienen las condiciones de tamaño y temperatura necesarias para ser considerados como gemelos de la Tierra, tres de ellos llamaros poderosamente su atención.

Se trata de KOI 1422.02 (KOI viene de Kepler Object of Interest), que tiene el 90% del tamaño de la Tierra y una órbita de 20 días de duración; de KOI 2626.01, una vez y media mayor que la Tierra y una órbita de 38 días: y de KOI 854.01, que es 1,7 veces mayor que la Tierra y orbita una vez cada 56 días. Los tres están bastante lejos (entre 300 y 600 años luz de distancia) pero son un buen ejemplo del tipo de estrellas en las que hay que buscar.

Estadísticamente, los datos recabados por Dressing y su equipo implican que el 6% de todas las enanas rojas podrían, teóricamente, tener planetas parecidos a la Tierra. “Ahora conocemos el porcentaje de planetas potencialmente habitables alrededor del tipo de estrellas más comunes de nuestra galaxia -afirma David Charbonneau, coautor del estudio-. Y ese porcentaje significa que será mucho más facil de lo que pensábamos encontrar vida más allá del sistema solar”.

Nuestro Sol, de hecho, está literalmente rodeado por un enjambre de enanas rojas, que constituyen el 75% de todas las estrellas de nuestro alrededor. Y si el 6% de ellas puede albergar planetas habitables, la”nueva Tierra” más cercana podría estar apenas a 13 años luz, que es la distancia a la que se encuentra la enana roja más cercana.

Para buscar tan cerca, además, no sería necesario utilizar, como se hace ahora, los mayores telescopios espaciales de los que disponemos, ya que bastaría con un pequeño telescopio, o con una red de pequeños y medianos telescopios terrestres. Una vez localizados los candidatos, los grandes telescopios, como el Magallanes o el James Webb, se podrían utilizar para averiguar cuáles de ellos tienen una atmósfera y una química prometedoras para la vida.

Por supuesto, esos mundos no tienen por qué ser exactamente iguales al nuestro, aunque sí deberían compartir algunas características, como una atmósfera lo suficientemente densa o unos océanos lo suficientemente profundos como para hacer circular calor por todo el planeta. “No necesitamos -concluye Dressing- tener un clon de la Tierra para que en él haya vida”.

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Astrónomos observan cómo planetas gigantes y su estrella crecen a la vez

ABC.ES ABC_CIENCIA / MADRID
Día 02/01/2013

El telescopio ALMA ha permitido captar por primera vez a una etapa clave en el proceso de formación de estos mundos

Astrónomos observan cómo planetas gigantes y su estrella crecen a la vez

El disco y los chorros de gas en torno a HD 142527

Astrónomos han utilizado el radiotelescopio ALMA (the Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) para echar un vistazo por primera vez a una etapa clave en el proceso de formación de planetas gigantes.Los mundos que se forman alrededor de una estrella joven capturan una parte del gas proveniente del disco exterior, imprescindible para que el planeta cobre forma, pero no se lo llevan todo. Al mismo tiempo, dejan escapar otra gran cantidad de gas que también ayuda al astro a crecer durante el proceso.

El equipo internacional, que publica su investigación en la revista Nature, observó la joven estrella HD 142527, localizada a más de 450 años luz de la Tierra, que se encuentra rodeada por un disco de gas y polvo cósmico (los restos de la nube que dio origen a la estrella). Un espacio vacío divide el disco de polvo en dos partes, una interna y otra externa. Se cree que esta división ha sido moldeada por los planetas gaseosos gigantes, de reciente formación, que van despejando sus órbitas a medida que rodean a la estrella. El disco interior se extiende desde la estrella hasta el equivalente a la órbita de Saturno en el Sistema Solar, mientras que el disco externo comienza unas 14 veces más afuera. El disco exterior no rodea a la estrella de manera uniforme, más bien parece una herradura, lo que probablemente ha sido ocasionado por el efecto gravitacional de los planetas gigantes en órbita.

De acuerdo con la teoría, los planetas gigantes crecen al tomar el gas del disco exterior, en corrientes que forman puentes a lo largo de la división en el disco. «Los astrónomos han estado anticipando que estas corrientes efectivamente existen, pero ésta es la primera vez que hemos sido capaces de verlas directamente», dice Simon Casassus, de la Universidad de Chile, quien dirigió el nuevo estudio.

Casassus y su equipo utilizaron el telescopio ALMA para observar el gas y el polvo cósmico alrededor de la estrella, obteniendo mayores detalles, y para alcanzar una perspectiva más cercana del astro, mucho más de lo que se había podido captar con telescopios anteriores. Las observaciones de ALMA, en longitudes de onda submilimétricas, no se ven afectadas por la luz de la estrella, que sí afecta a los telescopios infrarrojos o de luz visible. El vacío de material en el disco de polvo ya se conocía, pero ellos también descubrieron restos de gas disperso en este espacio, además de dos corrientes de gas más densas que circulaban desde el disco exterior, a través del espacio divisorio, hacia el disco interior.

Un planeta oculto

«Creemos que hay un planeta gigante oculto dentro, causando cada una de estas corrientes. Los planetas crecen a medida que capturan una parte del gas proveniente del disco exterior, pero ellos dejan escapar otra gran cantidad: el resto del gas lo rebasa y desemboca en el disco interior alrededor de la estrella», dice Sebastián Pérez, un miembro del equipo, también de la Universidad de Chile.

Otro descubrimiento importante es la detección de gas disperso en el espacio del disco. «Los astrónomos han estado buscando este gas por mucho tiempo, pero hasta ahora sólo teníamos evidencia indirecta del mismo. Ahora, con ALMA, podemos verlo directamente», explica Gerrit van der Plas, astrónomo del equipo. Este gas residual es una prueba más de que las corrientes son causadas por planetas gigantes, y no por objetos aún más grandes, como una estrella compañera.

«Creemos que estos planetas en formación aún se encuentran inmersos en lo profundo de las corrientes de gas, que son prácticamente opacas. Por lo tanto, pueden haber pocas posibilidades de captarlos directamente», dice Casassus. El telescopio ALMA está todavía en construcción, y aún no ha alcanzado su máxima capacidad. Cuando esté completo, su visión será aún más aguda. Entonces, los astrónomos esperan que las nuevas observaciones de las corrientes les permitan determinar las propiedades de los planetas, incluyendo sus masas.

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¡Sorpresa! En Mercurio hay hielo y compuestos orgánicos

JOSÉ MANUEL NIEVES ABC_ES / MADRID
Día 01/12/2012

Tres estudios independientes realizados con varios de los instrumentos de la misión Messenger revelan que en el polo norte de Mercurio, el más interno de los planetas del Sistema Solar, existe una gran cantidad de hielo de agua y una misteriosa “capa oscura” de compuestos orgánicos. El espectacular hallazgo se acaba de publicar en Science

Mercurio es el planeta más cercano al Sol. De hecho, se encuentra solo a 58 millones de km, tres veces más cerca del astro rey que la Tierra. Por eso, las temperaturas alcanzan allí valores realmente infernales: hasta los 450 grados en su ecuador. A pesar de eso, la sonda Messenger, de la NASA, acaba de aportar pruebas inequívocas de la existencia de una gran cantidad de hielo en el planeta, oculto en el interior de profundos y oscuros cráteres en su polo norte. Un hielo que, además, está cubierto de compuestos orgánicos.

No es solo uno, sino tres los estudios publicados hoy en Science los que revelan este descubrimiento sensacional y que parece, en principio, al margen de toda lógica: el primer análisis, para el que se utilizó el espectrómetro de neutrones de la Messenger, midió un exceso de hidrógeno en el polo norte del planeta; el segundo se centró en la reflectancia (la capacidad de reflejar luz) de los depósitos polares de Mercurio en una longitud de onda cercana al infrarrojo; y el tercero llevó a cabo el primer modelo detallado de las temperaturas superficiales del planeta, utilizando los datos topográficos que desde hace ya un año está recogiendo la nave. Las conclusiones son abrumadoras: en Mercurio hay agua en abundancia, y ésta se conserva en forma de hielo.

Dada su proximidad al Sol, Mercurio podría parecer el lugar más improbable del Sistema Solar para un hallazgo semejante. Sin embargo, y debido a que la inclinación de su eje de rotación es de menos de un grado, existen regiones enteras (en las zonas polares) que no reciben nunca la luz del Sol. En esas áreas las temperaturas descienden hasta los 185 grados bajo cero. Desde hace ya varias décadas los investigadores consideran la idea de que podría haber hielo de agua (y otros volátiles) confinados allí. Pero hasta ahora se trataba solo de una teoría.

La idea, sin embargo, recibió un gran impulso en 1991, cuando el telescopio de Arecibo, en Puerto Rico, detectó unas extrañas y brillantes manchas de radar precisamente en los polos de Mercurio. Manchas que reflejaban la luz de la misma forma en que lo haría el hielo. La mayor parte de esas manchas, además, procedían precisamente de una región que había sido fotografiada dos décadas antes, en los años 70, por la sonda Mariner 10. Una región llena de profundos cráteres de impacto. Desafortunadamente, durante su misión la Mariner sólo pudo ver menos de la mitad del planeta. Sus datos eran demasiado fragmentarios como para sacar conclusiones sólidas.

La revolucionaria sonda Messenger

Pero la llegada del Messenger a Mercurio (el año pasado) cambió por completo las cosas. La sonda, en efecto, ha podido verificar sin ninguna duda que aquellas manchas brillantes de hace 20 años en el radar de Arecibo coincidían a la perfección con las zonas de sombra polares, que nunca reciben la luz solar. La hipótesis del “hielo mercuriano”, pues, volvía a cobrar fuerza.

Pero los datos del Messenger han ido mucho más allá. No solo hay hielo de agua en el mundo más caliente del Sistema Solar, sino que ese hielo, además, es extraordinariamente abundante. De hecho, es el mayor de los constituyentes de los depósitos de su polo norte y, además de en el interior de los cráteres, existe también muy cerca de la superficie y justo bajo una capa de un extraño “material oscuro” que aparece en casi todos los depósitos minerales y que permite que el hielo se mantenga estable. “La concentración de hidrógeno en la capa enterrada -explica David Lawrence, del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad John Hopkins y autor principal de uno de los trabajos- es consistente con la existencia de hielo de agua prácticamente puro”.

El hielo es extremadamente abundante

Por su parte, David Page, de la Universidad de California, aclara la naturaleza del extraño “material oscuro”. Se trata, explica el investigador, de una mezcla de componentes orgánicos complejos, llegados hasta Mercurio a caballo de numerosos asteroides y depositados allí tras los impactos. Ese material orgánico podría haberse oscurecido como consecuencia de la tremenda cantidad de radiación (procedente del Sol) que inunda toda la superficie del planeta, incluso las zonas más oscuras.

Para Sean Solomon, investigador principal de la misión, “durante más de 20 años el jurado ha estado deliberando sobre si un planeta tan cercano al Sol podía tener hielo en abundancia en las zonas de sombra permanente de sus polos. Ahora la Messenger ha emitido un veredicto afirmativo y unánime”.

Sin embargo, estos espectaculares e inesperados datos han suscitado, de inmediato, nuevas cuestiones. «¿Está ese material oscuro de los depósitos polares – se pregunta Solomon- formado mayoritariamente por compuestos orgánicos? ¿Qué clase de reacciones químicas ha experimentado ese material? ¿Puede existir en Mercurio alguna zona aislada en la que esos compuestos se mezclen con agua en estado líquido? Solo si seguimos explorando Mercurio de forma continuada podemos esperar hacer algún progreso y responder a estas preguntas».

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La NASA descubre 700 nuevos posibles planetas fuera del Sistema Solar

Detectados por la sonda Kepler, muchos de ellos tienen las dimensiones de la Tierra y Neptuno, idóneos para albergar vida

JUDITH DE JORGE / MADRID
Día 16/06/2010
Hoy puede ser un día histórico en el mundo de la astronomía. El equipo de investigadores de la NASA responsable de la sonda Kepler ha anunciado el descubrimiento de indicios de 700 nuevos planetas fuera del Sistema Solar. De confirmarse, el increíble hallazgo duplicaría el número de exoplanetas que conocemos. Y lo que es más importante,400 de estos mundos parecen tener las dimensiones de la Tierra y Neptuno, una clase de objetos celestes muy raros de encontrar y que, con suerte, pueden ser el objetivo que los científicos persiguen hasta el desaliento: un «gemelo» de nuestra gran «bola azul» donde se repitan las condiciones para la vida tal y como la conocemos. O, al menos, algo parecido. A pesar de la magnitud del hallazgo, la agencia espacial norteamericana actúa con cautela y no hará pública una versión oficial del hallazgo hasta 2011. Todavía hay mucho por analizar.
La NASA descubre 700 nuevos posibles planetas fuera del Sistema Solar

NASA
La sonda espacial Kepler busca planetas habitables fuera del Sistema Solar

La sonda Kepler partió en marzo de 2009 hacia una lejana zona de la Vía Láctea en busca de planetas rocosos similares a la Tierra, donde pueda encontrarse agua en forma líquida, el ingrediente fundamental de cualquier manifestación de actividad biológica. En los últimos 43 días, ha ofrecido datos científicos sobre más de 156.000 estrellas en las constelaciones de Cygnus y Lyra. Estas estrellas representan un rango completo de temperaturas y tamaños. Algunas son estables, mientras que otras pulsan. Algunas muestran manchas estelares, mientras que otras producen llamaras tan fuertes que esterilizarían los planetas más cercanos.

El trabajo del observatorio espacial ha consistido en buscar sutiles cambios de brillo que indicarían la presencia de un planeta en órbita, datos que ahora el equipo científico, compuesto por 28 miembros, debe analizar. Los hallazgos de los que se informa la NASA no incluyen detalles de los 400 planetas más interesantes de los 706 candidatos detectados, los cuales orbitan las estrellas más brillantes que ha estudiado Kepler. Estos casos pueden ofrecer las mejores promesas de encontrar planetas con masas cercanas a la de la Tierra. La información no se hará pública hasta febrero de 2011. Sin embargo, pueden encontrarse artículos científicos sobre el asunto en la web de borradores electrónicos de artículos científicos Arxiv 1 y 2.

Tres años para el milagro

De verificarse, estos sistemas exoplanetarios serían los primeros conocidos en los que cada planeta crea un mini-eclipse cuando transita. «Kepler encontrará docenas -y posiblemente cientos- de estrellas que tienen múltiples planetas», afirma el veterano buscador de planetas y coautor del estudio Geoffrey Marcy, de la Universidad de California en Berkeley. Lia LaPiana, ejecutiva del programa Kepler en las Oficinas Centrales de la NASA en Washington, comparte el optimismo de su colega.«Estoy deseando que la comunidad científica analice los datos y anuncie los resultados de los nuevos exoplanetas en los próximos meses», ha expresado.

Para David Koch, del Centro de Investigación Ames de la NASA en Moffett Field, California, y uno de los responsables del Kepler, «éste es el conjunto de datos más preciso, más largo y de mayor tamaño de fotometría estelar jamás realizado (…) Los resultados sólo irán a mejor conforme el conjunto de datos aumente con el tiempo».

Kepler continuará llevando a cabo operaciones científicas hasta al menos noviembre de 2010, buscando planetas que orbiten estrellas en una zona cálida y habitable donde podría existir agua líquida en la superficie del planeta. Dado que los planetas en tránsito en la zona habitable de estrellas similares al Sol tienen lugar una vez al año y se requieren tres tránsitos para su verificación, se espera que se tarde al menos tres años en localizar y verificar un planeta del tamaño de la Tierra. «Las observaciones de Kepler nos dirán su hay muchas estrellas con planetas que puedan albergar vida, o si podríamos estar solos en la galaxia», concluye el investigador científico principal de la misión, William Borucki.

Hallan seis exoplanetas y una enana marrón

EFE | SANTA CRUZ DE TENERIFE
El telescopio espacial CoRoT ha descubierto seis planetas y una enana marrón más allá del sistema solar, según ha informado el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Con estos hallazgos se eleva a 461 el número de exoplanetas localizados que están confirmados. Estos planetas constituyen una buena muestra representativa, con dos casos interesantes, ya que uno tiene una órbita muy excéntrica y otro es muy masivo, señala Hans Deeg, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias, quien agrega que también se ha descubierto la primera enana marrón por el método de tránsito.
El telescopio CoRoT (siglas de Convección, Rotación y Tránsitos) está diseñado de forma específica para la detección de exoplanetas por método de tránsito y el estudio sismológico de estrellas. Los tránsitos tienen lugar cuando un cuerpo celeste bloquea de manera temporal algo de luz al pasar frente al disco de su estrella anfitriona. Esta especie de eclipse causa una disminución en el brillo de la estrella que permite inducir valiosos parámetros como la masa, el diámetro, la densidad y la temperatura del planeta, se señala en el comunicado.
Una vez que CoRoT detecta un tránsito, el “casting” de planetas se pone en marcha y el telescopio IAC 80, en el Observatorio del Teide (Tenerife) forma parte de una red internacional de seguimiento de los candidatos desde tierra. Tras años en plena operación se han detectado catorce planetas extrasolares con CoRoT, telescopio operado por la agencia espacial francesa CNES y en el que participan varios países europeos, entre ellos España. De los objetos descubiertos en esta ocasión el IAC señala que el exoplaneta CoRoT-8b es el pequeño, con aproximadamente el 70 por ciento del tamaño y la masa de Saturno. Se trata del segundo más pequeño de todos los exoplanetas detectados en tránsito que se conoce, y su estructura interna debería ser similar a la de los planetas gigantes helados, como Urano y Neptuno en el Sistema Solar.
CoRoT-10b es un gigante excéntrico con una órbita notablemente alargada que le acerca mucho a su estrella anfitriona, y la gran variación en la distancia orbital provoca que la cantidad de radiación solar que recibe el planeta se vea multiplicada por diez. Por ello, los científicos estiman que, en apenas trece días, la temperatura en la superficie del planeta puede variar entre 250 y 600 grados centígrados.
CoRoT-11b tiene una estrella que “baila el twist” y gira tan rápidamente sobre su eje que llega a completar una rotación cada 40 horas, y, en comparación, el período de rotación medio del Sol es de 26 días. La detección de planetas alrededor de estrellas de tan rápida rotación es especialmente difícil, por lo que se considera un gran logro para el equipo de CoRoT.
CoRoT-12b, 13b y 14b forman un trío de gigantes que está cerca de su estrella anfitriona pero tienen propiedades muy diferentes. Con un radio 16 veces mayor que el de la Tierra, CoRoT-12b pertenece a la familia de los “Júpiter calientes hinchados”, y lo inusual de su talla se debe probablemente a la intensa radiación estelar que reciben. CoRoT-13b tiene menor tamaño que Júpiter, pero es dos veces más denso, algo que sugiere la presencia de un núcleo rocoso masivo en el interior del planeta. Sorprendentemente, CoRoT-14b, que está incluso más cerca de su estrella, tiene un tamaño similar a Júpiter y sin embargo su masa es 7,5 veces mayor que la de Júpiter, lo que le convierte en un planeta muy masivo y muy caliente; el segundo de este tipo descubierto hasta la fecha.
CoRoT-15b es la enana marrón (estado intemedio entre los planetas y las estrellas) descubierta en esta ocasiones y su masa es aproximadamente sesenta veces la de Júpiter y posee una gran densidad.
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La NASA confirma la existencia de un planeta que podría ser habitable

Es el más pequeño encontrado hasta ahora orbitando en el centro de la zona habitable de una estrella similar a nuestro sol

MARÍA G. PICATOSTE / CORRESPONSAL EN NUEVA YORK
Día 07/12/2011

Los descubrimientos científicos están consiguiendo que, paso a paso, la realidad vaya aproximándose a las historias de ciencia ficción con viajes a otros planetas habitables para el ser humano y formas de vida extraterrestre. En ese límite entre la imaginación y la realidad se ubica el descubrimiento que confirmó ayer la NASA. Se trata del planeta Kepler-22b, el cual podría albergar vida, ya que se encuentra en la zona de habitabilidad de una estrella similar al Sol. Ha sido gracias a la misión Kepler, el laboratorio espacial que desde 2009 busca exoplanetas por toda la Vía Láctea, que se ha podido comprobar que este planeta cumple la condición para poder tener agua en estado líquido en su superficie: estar en la «zona habitable» de una estrella.

De la lista de 54 exoplanetas que la NASA hizo pública en febrero de 2011, Kepler-22b es el primero en el que se ha completado el estudiopara ratificar su clasificación como planeta en una zona habitable. Esta confirmación supone un paso más en el descubrimiento de planetas en los que podrían encontrarse formas de vida extraterrestre. «Este es un gran hito en la búsqueda del planeta gemelo a la Tierra», reconoció Douglas Hudgins, quien forma parte del programa Kepler.

Kepler-22b se encuentra a 600 años luz de distancia de la Tierra, su radio es 2,4 veces mayor al de nuestro planeta y el astro alrededor del que orbita es ligeramente más pequeño y más frío que nuestro Sol. Pero hay datos que aún se desconocen, como si su composición es mayoritariamente líquida, gaseosa o rocosa.

El sistema que Kepler utiliza para encontrar planetas es relativamente sencillo: analiza los cambios en el brillo de una estrella para comprobar si se deben al cruce de un planeta frente a ella. Para verificar que esa señal es un planeta necesita un mínimo de tres tránsitos o cruces y del análisis posterior desde la tierra realizado desde el telescopio espacial Spitzer. William Borucki, investigador principal de la misión Kepler, reconoce que en el caso del Kepler-22b la suerte los sonrió. «El primer tránsito fue capturado tres días después de que Kepler estuviera operativo». Su equipo tuvo que esperar hasta las navidades de 2010 para que el tercer tránsito ocurriera. Además de Kepler-22b, el equipo encargado de esta misión corroboró el descubrimiento de otros 1.094 candidatos a convertirse en planetas, lo que eleva a 2.326 el total de cuerpos celestes que podrían recibir esta clasificación en los próximos meses.

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