El Papa se despide


 

– Papa se despide ante 200 mil fieles, recordando que vivió momentos difíciles

– Benedicto XVI intentó llevar Iglesia a sus raíces

– TEÓLOGO BOFF: RENUNCIA DE BENEDICTO XVI “DESMITIFICA LA FIGURA DEL PAPA”

– ¿Una Iglesia con dos papas?

– La nueva vida del papa emérito

– Controversias y escándalos del papado de Benedicto XVI

– Benedicto XVI, el Papa intelectual que supo mostrar su rostro más humano

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Papa se despide ante 200 mil fieles, recordando que vivió momentos difíciles

“El Señor nos regaló días de sol y brisa ligera, pero también aguas agitadas y viento contrario”, dijo.

por Lucía Magi, desde Roma – 28/02/2013 – 

“No voy a abandonar la cruz, me quedo cerca del Señor crucificado de una forma distinta”. Benedicto XVI mostró ayer su cara más humana y paterna a los casi 200 mil peregrinos que se apiñaban en la Plaza de San Pedro, donde celebró su última Audiencia general. Los tranquilizó, sonrió, se conmovió. Varias veces ensanchó los brazos como para abrazarlos a todos.

Eran jóvenes y adultos que cantaban y rezaban en varios idiomas y ondeaban banderas de todo el mundo. Tomaban fotos y tendían las manos cuando el Papa dio una lenta gira por la plaza montado en su auto. Su discurso volvió a explicar las razones de su renuncia. Un gesto “grave y nuevo” -lo definió- que decidió “emprender con profunda serenidad y con gran confianza en la Iglesia”.

En una Plaza de San Pedro que se prepara para el cónclave, los peregrinos se agolparon. Muchos se preguntaron cómo pudo un Papa renunciar, aunque entienden las razones humanas de un hombre cansado, que no tiene fuerzas para ser el jefe del catolicismo. A ellos les dedicó Benedicto su última audiencia, que en los casi ocho años de Papado celebró cada miércoles por la mañana, pero ayer, día especial, convocó al aire libre, en la explanada de San Pedro y no en la sala Pablo VI. “Agradezcamos al Señor este sol que nos regala, gracias, son muchísimos. ¡Veo a la Iglesia muy viva!”, señaló. “La de dimitir no fue una elección fácil -admitió-, pero amar la Iglesia significa también tener la valentía de tomar decisiones difíciles, sufridas, adelantando siempre el bien de la Iglesia y no de sí mismos”. Benedicto XVI recordó cuando en 2005 fue llamado a instalarse en la silla de San Pedro. “En aquel momento las palabras que resonaron en mi corazón fueron: Señor, ¿por qué me pides esto? ¿Qué me pides? Es un peso muy grande que no puedo satisfacer. Pero si tú me lo pides, acepto seguro de que tú me guiarás, a pesar de todas mis debilidades”.

Benedicto XVI trazó su balance: “Puedo confirmar que el Señor sí me condujo. Percibí su presencia cotidiana. Juntos recorrimos un trozo de camino de la Iglesia, que tuvo momentos de felicidad y de luz, pero también momentos nada fáciles. A veces, me sentí como San Pedro con los apóstoles en el barco en el lago de Galilea”, dijo, recurriendo a la misma metáfora que usó antes de su elección para definir los tiempos ajetreados de la Iglesia. “El Señor nos regaló días de sol y brisa ligera, pero también momentos de aguas agitadas y viento contrario. El Señor parecía dormido. Pero yo siempre supe que El estaba allí y que el barco de la Iglesia no es mío, no es nuestro, sino suyo. El Señor no deja que se hunda”.

Delante de los fieles y de los cardenales -que hoy encontrará para despedirse personalmente, antes de tomar el helicóptero rumbo a Castelgandolfo- transmitió confianza: “Mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque nunca me faltó su luz y su amor. Nunca me sentí solo”. “Un Papa acepta su compromiso con el Señor y pierde cualquier dimensión privada, así es que es imposible para mí volver a mi vida privada, a los viajes, encuentros, conferencias. Me quedaré sirviendo con la oración”, señaló. Una nueva vida que empieza hoy, a las 20 horas.

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Benedicto XVI intentó llevar Iglesia a sus raíces

Nuestras Historias – Jueves, 28 de Febrero de 2013 

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[Reuters] El papa colocó discretamente a la Iglesia católica de regreso en un camino conservador y tradicional. AP Cuando el papa Benedicto XVI se traslade el jueves en un helicóptero hacia su jubilación, dejará tras de sí una Iglesia en crisis, asediada por el escándalo sexual, las divisiones internas y una grey menguante.

Pero el papa de 85 años puede contar con un sólido legado: Si bien su renuncia misma fue su acción más importante, Benedicto XVI también puso discretamente a la Iglesia de vuelta en un camino conservador y tradicional.

El pontífice tenía la firme convicción de que muchos de los males que afligen a la Iglesia tenían su origen en una lectura errónea de las reformas logradas en el II Concilio del Vaticano.

Insistía en que las sesiones de 1962-1965 que llevaron a la Iglesia a una era moderna no constituyeron una ruptura radical con el pasado, tal como pretendían demostrar muchos liberales, sino más bien una continuación de las mejores tradiciones de la milenaria Iglesia.

Benedicto XVI fue el papa maestro, un catedrático de teología que convirtió sus audiencias generales de los miércoles en clases magistrales sobre la fe católica y la historia, sobre santos y pecadores que contribuyeron a ella.

Entre sus enseñanzas, trató volver a la esencia misma de la cristiandad. No produjo volúmenes de encíclicas como su predecesor, sólo tres: sobre la caridad, la esperanza y el amor.

Ha sido considerado por muchos como el más grande teólogo de los últimos tiempos, habiendo escrito más de 65 libros, desde el clásico “Introducción al Cristianismo” de 1968 hasta el último volumen de su tríptico “Jesús de Nazaret”, del año pasado.

Pasó muchos años en las aulas, como estudiante y después como maestro de dogma y teólogo fundamental en las universidades de Bonn, Muenster, Tuebingen y Regensburg, Alemania.

Benedicto XVI nunca aspiró al papado y no adoptó con facilidad los rigores del cargo. Fue elegido el 19 de abril del 2005 después de uno de los cónclaves de menor duración en la historia. A los 78 años, se convirtió en el pontífice de mayor edad en 275 años y el primer alemán en casi un milenio.

Inicialmente era muy rígido.

Giovanni Maria Vian, director editorial del diario del Vaticano L’Osservatore Romano, recordó que, en sus primeros días, Benedicto XVI solía saludar a las masas con un incómodo gesto victorioso “como si fuese un atleta”.

“Alguien le aconsejó que ese no era un gesto papal”, dijo Vian. Benedicto XVI cambió de gesto, optando por una postura más abierta y con un movimiento de dedos casi afeminado como una manera de conectarse con la multitud.

“Nadie nace siendo papa”, agregó Vian.

Y Benedicto XVI aprendió lentamente.

El público que se había acostumbrado a un cuarto de siglo con el superastro Juan Pablo II, aprendió a querer al erudito Benedicto XVI, de voz suave.

Viajó menos que su predecesor, el papa viajero, y ofició misas cargadas de latín y cantos gregorianos, con vestimentas de seda brocada que se usaban antes del segundo concilio vaticano.

A Benedicto XVI le sorprendió la cálida recepción que tuvo al igual que la dura crítica que provocó toda vez que las cosas no fueron bien, como cuando levantó la excomunión a un obispo que llegó a negar que el holocausto judío hubiera existido.

Para alguien como él, un teólogo que durante décadas trabajó hacia la reconciliación entre católicos y judíos, la indignación fue virulenta y dolorosa.

El papa también se sintió abrumado por lo que calificó de “inmundicia” de la iglesia: los pecados y los delitos de sus sacerdotes.

En su calidad de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Benedicto XVI vio de primera mano el abuso sexual desde la década de 1980, cuando trató infructuosamente de persuadir al departamento legal del Vaticano que permitiera destituir rápidamente a los sacerdotes abusivos.

Pero fue finalmente en el 2001 cuando logró ordenar que todos los casos de abusos fuesen enviados a su oficina para revisarlos.

“Solíamos hablar sobre los casos los viernes, que él llamaba el viernes de penitencia”, comentó el obispo Charles Scicluna, que trabajó con Ratzinger antes de que se convirtiera en el papa Benedicto XVI y fue el fiscal para delitos sexuales desde el 2002 hasta el 2012.

Hasta la actualidad, Benedicto XVI no ha sancionado a un solo obispo por encubrir los abusos sexuales.

“Desafortunadamente, el legado del papa Benedicto XVI es uno de énfasis erróneo, oportunidades perdidas y gestos laterales en vez de cambios desde el centro”, destacó Terrence McKiernan, que dirige el sitio BishopAccountability.org, una fuente cibernética que documenta el abuso.

Benedicto XVI también obtiene malas notas de los católicos liberales, que se sintieron abandonados por un papa que parecía revertir las reformas modernizadoras del Vaticano II y sancionó a las monjas del Vaticano que parecían haberse descarriado de su doctrina ortodoxa.

Algunos sacerdotes actualmente viven en rebelión abierta con la enseñanza eclesiástica, instando a un cambio de pensamiento sobre toda clase de tópicos, desde la homosexualidad y la ordenación de mujeres hasta el celibato sacerdotal.

Pero Benedicto XVI ya no estará en el Vaticano para contarlo. Su trabajo ha terminado.

Y el papa les dijo a las 150,000 personas que acudieron a escuchar su último discurso: “Amar a la Iglesia significa tomar decisiones difíciles y dolorosas, tengan siempre en mente el bienestar de la Iglesia, no de uno mismo”.

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26/02/2013

Teólogo Boff: Renuncia de Benedicto XVI “desmitifica la figura del Papa”

TEÓLOGO BOFF: RENUNCIA DE BENEDICTO XVI “DESMITIFICA LA FIGURA DEL PAPA”

Experto brasileño aseguró que la decisión de Joseph Ratzinger fue “un gesto de desesperación personal” respecto a su propia salud y a los problemas que sufre la Iglesia Católica. Pero estimó que esta decisión de dimitir fue una advertencia a la curia vaticana y se convertirá el gran legado de su Pontificado.

Martes 26 de febrero de 2013| por EFE – foto: leonardoboff.com

El teólogo brasileño Leonardo Boff afirmó este martes que la renuncia de Benedicto XVI es “el gran legado” de su Pontificado por su carácter inédito y por haber “desmitificado la figura del Papa”.

En una entrevista publicada hoy por el diario mexicano Reforma, Boff indicó que la renuncia fue “un gesto de desesperación personal” de Benedicto XVI “conjugado con sus limitaciones físicas y psicológicas” ante los problemas que enfrenta la Iglesia Católica.

PEDOFILIA, FILTRACIONES, ESCÁNDALOS

Entre los problemas que turbaron al Papa alemán, mencionó los impedimentos que halló para permitir que los sacerdotes pedófilos fueran entregados a la justicia civil, las filtraciones de documentos del “Vatileaks” y los escándalos del Banco del Vaticano.

Al final, dijo, Benedicto XVI “recibió un balance, altamente negativo, de la situación de la curia, en la cual se había instalado prácticamente un gobierno paralelo de la Iglesia” y “el mundo se le vino abajo”.

“Se dio cuenta de que ya no conseguía conducir la Iglesia. Otro debería venir para arreglar la situación. Renunció con elegancia, sin denunciar a nadie y solamente refiriéndose a sus limitaciones de salud. Pero fue una advertencia fortísima a la curia vaticana, que debe ahora esperar profundas reformas”, apuntó.

CONTRA LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Boff consideró que Benedicto XVI entrará en la historia como “una persona que mientras era presidente del ex Santo Oficio condenó a más de cien teólogos, de los mejores, especialmente de la Teología de la Liberación”, una corriente de pensamiento que “nunca entendió”.

Le reprochó que en su análisis de dicha corriente aceptara “la versión de sus detractores”, “los militares y las élites opulentas (latinoamericanas) que acusaban cualquier intento de cambiar la realidad social, en la línea de rescatar a los pobres de su pobreza, como cosa de comunistas”.

IGLESIA “PATRIARCAL Y ANTIFEMENINA”

Este experto, uno de los más destacados representantes de la Teología de la Liberación y que terminó abandonando la Iglesia por sus divergencias con el Vaticano, considera hoy a la Iglesia Católica “demasiado occidental, patriarcal, machista” y “antifeminista”, y señala que está tremendamente necesitada de “dialogar con el mundo”.

El ex fraile franciscano llegó a ser castigado con el silencio por la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano cuando era dirigida por el entonces obispo Ratzinger, actual jerarca del catolicismo que culminará su pontificado el jueves.

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¿Una Iglesia con dos papas?

Las misteriosas palabras de despedida de Benedicto XVI

 Río de Janeiro 28 FEB 2013 

Ha sido el papa Benedicto XVI quien ha decidido personalmente que seguirá llamándose “su santidad Benedicto XVI”, o “Papa Romano Pontífice emérito”.

No es una formalidad. Los cardenales no sabían cómo podría seguir llamándose un papa que ha renunciado a serlo. El que debería haberse llamado a partir de las ocho de la tarde de hoy “cardenal Ratzinger”, ha decidido que seguirá con el nombre de “papa Benedicto XVI”, que escogió el 19 de abril de 2005, cuando el cónclave lo proclamó nuevo obispo de Roma y jefe de la Iglesia Universal.

Seguirá también vistiéndose de blanco, como el nuevo papa y no de negro como los cardenales. Y su anillo papal, el llamado “anillo del Pescador”, no será esta tarde destruido como cuando un papa muere. Lo hacen pedazos con un martillo de oro y marfil y con esos restos se construye el anillo del próximo papa.

El anillo de Benedicto XVI que él mismo se hizo labrar por un orfebre italiano, será sólo “anulado”, no destruido. Aún no se sabe si continuará o no en la mano del papa dimisionario. Se despojará solo de los zapatos rojos para calzar unos marrones, regalo de los cristianos mexicanos.

Los anillos papales se destruyen a la muerte del pontífice porque antiguamente los papas sellaban con ese anillo los documentos papales. Se destruían para que nadie pudiese usarlo ilegalmente firmando documentos falsos.

Se ha dicho que Benedicto XVI fue mejor intelectual que gestor del gobierno de una Iglesia que se le habría escapado de las manos. Lo cierto es que ha sabido gestionar hasta en los más mínimos detalles su renuncia y su futuro.

Además de decidir el día y la hora en que dejará de ser formalmente papa, también decidió dónde pasará los dos próximos meses: en la finca de veraneo de los papas, el castillo de Castel Gandolfo

Ratzinger podría vivir donde quiera, en su casa natal en Alemania, o en un país del tercer mundo pobre o donde quisiera. Pero ha decidido seguir viviendo dentro del Vaticano, a menos de cien metros del nuevo papa, en un convento de monjas ubicado en los Jardines vaticanos.

De esta forma, la Iglesia tendrá que convivir con dos papas: uno formal, el que saldrá del cónclave y otro “emérito”, que se ha despedido con unas misteriosas palabras que deberán analizar con lupa los teólogos. Dijo en su último discurso a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro: “Mi deseo de renunciar al mandato petrino no revoca la decisión que tomé el 19 de abril de 2005. No regresaré a la vida pública. No abandonaré la cruz”.

¿Qué significan esas palabras? ¿Qué fue lo que decidió el día en que fue elegido papa y a lo que hoy no renuncia? ¿Qué significa que “no abandona la cruz”? La cruz que él tomó sobre sus hombros el día de la elección a la que afirma no renunciar es la de cargar con el peso y la responsabilidad del gobierno de la Iglesia Universal.

A los teólogos doy la palabra.

Ahora el mayor problema para el nuevo papa será como convivir con su antecesor aún vivo, vestido de blanco como él, que ha querido vivir a su lado y que ha dado a entender que no descuidará lo que decidió el día en que fue elegido obispo de Roma.

Todo dependerá de la personalidad del nuevo elegido. Si, como se espera, su sucesor será de alguna forma indicado por él, con sus mismos principios teológicos y visión del mundo y de la Iglesia, la misión del nuevo papa será relativamente fácil. De alguna forma reinarían juntos sobre la Iglesia.

Si el cónclave ofreciera una sorpresa y nombrara a una personalidad con deseos de abrir caminos nuevos con decisiones inesperadas, el problema se agudizaría. Como ha señalado el escritor brasileño Frei Betto, gran conocedor de la Historia de la Iglesia, que pertenece al movimiento de la Teología de la Liberación, al nuevo papa le será muy difícil, mientras viva su antecesor, tomar decisiones sobre cambios en la Iglesia que él no tomó y que nunca hubiera tomado.

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La nueva vida del papa emérito

Benedicto XVI conservará su nombre papal y seguirá vistiendo de blanco

Un solideo blanco en el escaparate de la sastrería papal. / A. PIERDOMENICO (BLOOMBERG)

“Estaré siempre con vosotros, pero permaneceré escondido para el mundo”. Benedicto XVI se despidió así el pasado día 14 de los párrocos de Roma. Días después, en su último ángelus como pontífice en la plaza de San Pedro, confirmó su intención de dedicarse a la oración, aunque, precisó, eso no significa “aislarse del mundo”. Sin embargo, hay decenas de detalles desconocidos sobre cómo será su nueva vida una vez que se haga efectiva la renuncia.

A las 16.30 partirá en helicóptero hacia la residencia papal de Castel Gandolfo, donde los pontífices suelen pasar sus vacaciones. A su llegada allí, poco tiempo después, seguirá siendo papa, pero a las 20.00 perderá su condición de Sumo Pontífice y, con ella, muchas otras cosas.

Cuando el reloj marque las ocho de la tarde, la guarnición de la Guardia Suiza —cuerpo encargado de custodiar al Papa— destinada en Castel Gandolfo será relevada de su puesto y sustituida por miembros de la gendarmería vaticana. Será algo simbólico, teniendo en cuenta que a esa misma hora la vida de Benedicto XVI sufrirá cambios de mucha más trascendencia: Joseph Ratzinger dejará de ser el líder espiritual de cientos de millones de personas. Además, en ese momento le abandonará también la infalibilidad papal en temas de doctrina, como confirmó en su día el portavoz vaticano, Federico Lombardi.

El pontífice emérito se dedicará principalmente a la oración, pero es probable que  continúe sus estudios y ensayos

Pero Benedicto XVI no dejará de existir para dar paso de nuevo al cardenal Joseph Ratzinger. Dejará de ser Papa, pero conservará su nombre papal, Benedicto, y seguirá teniendo tratamiento de santidad. Lombardi aclaró el martes que su título a partir de ese momento será el de “papa emérito” o “romano pontífice emérito”, como ocurre con los obispos o incluso con los profesores universitarios que mantienen su cargo o dignidad cuando se retiran de la actividad.

El ya papa emérito tampoco tendrá que cambiar radicalmente de vestuario. Podrá seguir vistiendo una sotana blanca, aunque, según Lombardi, será una versión simplificada del atuendo papal. La modificación más importante será la desaparición de la pequeña capa que el pontífice suele llevar sobre los hombros. En cambio, Benedicto sí tendrá que renovar su calzado, ya que no podrá ponerse los emblemáticos zapatos rojos conocidos como las sandalias del pescador. Al parecer, a partir de ahora calzará los zapatos que unos artesanos le regalaron en un viaje a León, en México. “El Papa continuará usándolos porque son muy cómodos y muy confortables”, indicó Lombardi el martes.

Otra cosa que tendrá que dejar en el Vaticano será el Anillo del Pescador, símbolo del poder papal, que será anulado, en lugar de destruido —como se hace cada vez que un papa muere y comienza el período de sede vacante—. Un anillo episcopal como el que llevaba cuando era cardenal ocupará su lugar en el dedo anular de Ratzinger. El sello pontificio con el que ha firmado todos sus documentos será desfigurado para evitar falsificaciones.

Las funciones y responsabilidades eclesiásticas de Joseph Ratzinger también finalizarán cuando su renuncia al papado sea efectiva. No tendrá ningún deber oficial ni administrativo por cumplir toda vez que, como cardenal mayor de 80 años, no participará en el cónclave.

Salvo que la elección se alargue mucho más de lo previsto, el pontífice emérito podrá ver por televisión desde Castel Gandolfo como su sucesor saluda al mundo desde el balcón de la basílica de San Pedro. Benedicto permanecerá cerca de tres meses en la residencia, a 24 kilómetros de Roma, antes de regresar al Vaticano para instalarse en el convento Mater Ecclesiae.

La Fontana dell’Aquilone, delante del convento Mater Ecclesiae en el que vivirá Benedicto XVI. / FILIPPO MONTEFORTE (AFP)

Se espera que para entonces haya finalizado la renovación del convento que acogerá al papa retirado. Allí, según sus propias palabras, Benedicto se dedicará a la oración –“escondido para el mundo”–, aunque su hermano, Georg Ratzinger, ha apuntado que Benedicto estaría encantado de asesorar a su sucesor si este le pidiera ayuda. Además, teniendo en cuenta que el antiguo cardenal Ratzinger no renunció a seguir con sus estudios y ensayos cuando fue elegido papa en 2006, parece más que probable que ocupe parte de su tiempo en ellos.

En el convento Mater Ecclesiae, un edificio de cuatro plantas en medio de los jardines vaticanos, el pontífice emérito estará acompañado de su secretario personal, Georg Gänswein. El papa Ratzinger, que ya ha mostrado su predilección por el convento, en cuya capilla ha celebrado misa en varias ocasiones, disfrutará allí con la huerta de la que dispone y con los limoneros, naranjos y el jardín de rosas que lo rodean. El arzobispo Gänswein, en principio, también quedará encargado de la atención del nuevo papa, por lo que está por ver cómo combinará ambas tareas.

La cuenta de Twitter @pontifex, con 39 tuits publicados, quedará en hibernación hasta que el próximo pontífice comience a utilizarla. No parece probable que el papa emérito abra una nueva cuenta personal, de acuerdo con su intención de permanecer escondido y su poca afición a las nuevas tecnologías. Sin embargo, Benedicto XVI también apuntó que retirarse a la oración no significa “aislarse”, así que habrá que esperar para ver cómo se maneja en una situación totalmente novedosa en la milenaria historia de la Iglesia.

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Controversias y escándalos del papado de Benedicto XVI

(AFP)

CIUDAD DEL VATICANO — Benedicto XVI dejará de ser Papa el jueves 28 de febrero a las 19H00 GMT, cuando cobre efecto su histórica renuncia, tras ocho años de un Pontificado en el que tuvo que encarar abrumadores escándalos y controversias.

– El nazismo y Alemania (Auschwitz, mayo de 2006): durante su peregrinación al campo de exterminio de Auschwitz, Benedicto XVI atribuyó la responsabilidad de los crímenes del nazismo a “un grupo de criminales” que “abusaron” del pueblo alemán para servirse de él “como instrumento de su sed de destrucción y de dominación”. Esta frase en boca del Papa, de origen alemán, con la que parece eximir a su pueblo, creó polémica.

– El islam y la violencia (discurso de Ratisbona, septiembre de 2006): el tema de la conferencia del Papa en una universidad bávara se centra en los vínculos entre la fe y la razón. Pero la cita de un emperador bizantino del siglo XII sobre los lazos entre el islam y la violencia provocó una ola de indignación en el mundo musulmán. Esta crisis condujo a Benedicto XVI a multiplicar sus llamamientos al diálogo entre las religiones, “respetando sus diferencias”.

– Pueblos autóctonos y conversión (Brasil, mayo de 2007): durante su viaje a Brasil, el Papa afirmó que la evangelización de los pueblos autóctonos de América “no conllevó en ningún momento una alienación de las culturas precolombinas y no impuso una cultura extranjera”, guardando silencio respecto a las matanzas que acompañaron la evangelización de América. Diez días después, tras la polémica levantada por sus declaraciones, Benedicto XVI evocó los “sufrimientos e injusticias” de aquellos pueblos durante la conquista del continente.

– Aborto y política (Brasil, mayo de 2007): a bordo de un avión que lo llevaba a Brasil, el Papa justificó las amenazas de excomunión de ciertos obispos contra los políticos que legalizan el aborto. El presidente brasileño, Luis Inacio Lula da Silva, hostil al aborto “como ciudadano”, subrayó que debía responder “como jefe de Estado” a un problema “de salud pública”.

– Misa en latín y Vaticano II (julio de 2007): Benedicto XVI liberalizó por decreto papal la misa en latín, o Misa Tridentina acorde a la liturgia romana anterior a la reforma del Concilio Vaticano II, dando curso a la reivindicación de los católicos tradicionalistas, lo que inquietó a los progresistas dentro de la Iglesia. El Papa afirmó que el Concilio Vaticano II se inscribió en la continuidad de la historia de la Iglesia católica, aunque los progresistas lo interpretan como una ruptura.

– Integrismo y negacionismo (enero de 2009): un decreto papal levanta la excomunión de cuatro obispos integristas, de los cuales uno, el británico Richard Williamson, mantuvo públicamente posturas negacionistas del Holocausto de los judíos por los nazis. Esta decisión generó una enorme controversia, así como profundas tensiones con el mundo judío y malestar con parte de los católicos, lo que obligó al Vaticano a rectificar.

– El preservativo y el sida (marzo de 2009): en un avión que lo llevaba a África, el Papa declaró que no se podía “arreglar el problema del sida (…) con la distribución de preservativos” que, “al contrario, agravaban el problema”. La indignación por estas declaraciones fue general, desde los responsables políticos hasta representantes de asociaciones civiles.

– Pío XII (diciembre de 2009): Benedicto XVI proclama venerable al papa Pío XII, cuestionado por su silencio durante el Holocausto perpetrado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, lo que suscitó fuertes protestas de las comunidades judías de Berlín y Roma, entre otras.

– Pedofilia (principios de 2010): la revelación de la magnitud de los casos de pedofilia en el clero irlandés, conocida durante el otoño de 2009, a la que se sumaron nuevas revelaciones en numerosos países de Europa, así como en Estados Unidos, comenzaron a salpicar al Papa con artículos en la prensa alemana y estadounidense que cuestionaban su silencio e inacción frente a esas denuncias.

– Lobby gay: Las escandalosas denuncias, publicadas por dos medios de comunicación de Italia ensombrecieron la última semana del pontificado. Según esas publicaciones, el Papa decidió renunciar al cargo tras recibir un informe ultrasecreto de 300 páginas, realizado por tres ancianos cardenales, en el que se describe las luchas en la Curia Romana por el poder y el dinero, así como el sistema de “chantajes” internos basados en debilidades sexuales, el llamado ‘lobby gay’ del Vaticano, lo que fue desmentido oficialmente y con firmeza por la jerarquía de la Iglesia.

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Benedicto XVI, el Papa intelectual que supo mostrar su rostro más humano

Por Kelly Velásquez (AFP)

CIUDAD DEL VATICANO — Benedicto XVI, que este jueves abandona el pontificado, fue un papa intelectual y un refinado teólogo que en sus últimas intervenciones supo mostrar una humildad y una sencillez que los fieles le desconocían.

“Nos ha dejado un gran testamento espiritual. Una reflexión con todas las claves de su pontificado”, explicó a la AFP el religioso mexicano Sergio Tapia, profesor de la Universidad romana de la Santa Croce.

“Cada día lo descubrimos más. Poco a poco la imagen y prejuicio que se tenía del teólogo severo desaparece y aparece aquella de la persona que toma la decisión de romper los esquemas de todos y no sólo de la Iglesia”, sostuvo Tapia, en referencia a la renuncia del Papa, un hecho sin precedentes en siete siglos en la Iglesia Católica.

Para numerosos prelados, obispos y cardenales que asistieron el miércoles a la histórica catequesis en la Plaza de San Pedro, algunos con los ojos empañados por las lágrimas, la última lección del Papa demuestra la densidad de su misión y, sobre todo, cuestiona el modelo centralizado de gobierno de la Iglesia.

“Es un discurso importante, bello y dramático, con el que cierra su recorrido de pontífice y llama a la Iglesia a purificarse y a renovarse, tal como hizo antes de ser elegido pontífice en 2005, en una memorable homilía”, comentó a la AFP el vaticanista Ignazio Ingrao, de la revista Panorama. “El Papa dice a la Iglesia: Soy sólo un obispo entre los obispos”, explicó Ingrao.

Una imagen que confirmó este jueves, en su último encuentro con los cardenales, al ofrecer su “incondicional obediencia” a quien sea elegido su sucesor.

El tímido y anciano pontífice, a punto de cumplir 86 años, que en los últimos días de su pontificado ha abandonado las gafas y soporta con más resignación el protocolo de las ceremonias públicas, eligió el Evangelio para expresar el miércoles, con palabras sencillas, su confianza en una Iglesia aquejada por los escándalos y las luchas de poder.

— Relajado y sonriente —

“Tengo confianza en el Evangelio que purifica y renueva. Estoy conmovido, veo a la Iglesia viva”, dijo.

“La barca de la Iglesia no es mía, ni vuestra, es Suya”, dijo Benedicto XVI, que citó a San Pablo, el Apóstol de las naciones, para explicar el peso que han significado para él durante los ocho años de su reino los viajes, las recepciones y las conferencias.

Relajado, sonriente, casi feliz, se dirigió a la gente común con menos timidez, agradeció las cartas, mensajes y oraciones que ha recibido de todo el mundo y hasta se refirió, sin mencionarlos explícitamente, a los escándalos, las controversias, en sustancia, los males de la Iglesia.

“El Señor nos ha dado muchos días de sol y ligera brisa, días en los que la pesca fue abundante, pero también momentos en los que las aguas estuvieron muy agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia [cuando] el Señor parecía dormir”, afirmó.

“El corazón del Papa se agranda para todo el mundo”, dijo a los embajadores que lo han saludado, convencido de que Dios “no dejará que su barca se hunda”.

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