Dossier cosmos – investigación


– La Luna se convierte en una mina de oro… y otros metales

– Nasa anuncia dos nuevas misiones espaciales para el 2017

– Inician búsqueda de vida extraterrestre fuera del Sistema Solar

– Increíblemente lejos

– Plan presupuestario de Obama incluye fondos para que NASA capture asteroide

– Planean enviar humanos a Marte en una nave propulsada por fusión nuclear

– Viaje ‘express’ a Marte en sólo 30 días

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La Luna se convierte en una mina de oro… y otros metales

Regan Morris BBC

 Domingo, 7 de abril de 2013
La Tierra desde la Luna

Hace mucho que la exploración espacial se ha centrado en alcanzar destinos muy lejanos, pero ahora hay una carrera para explotar nuevas fronteras con la extracción de sus minerales.

La primera caminata de Neil Armstrong sobre la Luna en 1969, fue parte de una estrategia para vencer a los soviéticos en la carrera espacial, una victoria de la imaginación e innovación, no un intento de extraer metales preciosos.

Nadie sabía si había agua en ese polvoriento cuerpo celestial. Qué diferencia hace una generación…

Misteriosa y bella, la Luna ha sido una fuente de admiración e inspiración para la humanidad durante milenios. Ahora es el centro de una carrera espacial para extraer minerales para impulsar nuestro futuro: teléfonos inteligentes, paneles solares y posiblemente incluso una colonia de terrícolas.

“Sabemos que hay agua en la Luna, lo cual cambia el juego para el Sistema Solar. El agua es combustible para cohetes. También para la vida y la agricultura. De manera que explorar la Luna comercialmente es un primer paso para hacerla parte de lo que la humanidad considera nuestro mundo”, dice Bob Richards, director ejecutivo de Moon Express, una de las 25 compañías aspirantes a ganar los US$30 millones que ofrece el premio Lunar X de Google.

La compañía californiana está entre las tres primeras en la carrera. Las otras son Astrobiotic, de Pittsburgh, y Moon Team, de Barcelona.

Bob RichardsBob Richards espera con ansias el día en que la Luna albergue una colonia de robots mineros.

El primer premio de Google, de US$20 millones, será otorgado a la primera empresa privada que ponga un robot en la Luna, que explore con éxito la superficie trasladándose al menos 500 metros y envíe video de alta definición a la Tierra.

El segundo premio, de US$5 millones, es para la segunda empresa que complete la misma misión, con premios adicionales para los equipos que viajen más de 5 kilómetros o encuentren agua. El plazo es 2015.

Pero US$30 millones es un monto relativamente pequeño para financiar una misión lunar. Las compañías que compiten tienen modelos de negocio mucho más allá del premio Google, siendo el premio real el potencial tesoro escondido de minerales valiosos.

¿Tiene dueño la Luna?

“Lo más importante sobre la Luna probablemente es lo que ni siquiera hemos descubierto”, afirma Richards. “Pero lo que sabemos es que podría haber más metales del grupo del platino en la superficie de la Luna que en todas las reservas de la Tierra”.

¿Pero puede alguien ser propietario de la Luna, y qué pasa si múltiples compañías y países logran llegar allá?

¿Qué puede haber en la Luna?

Cápsula del Apollo 11 en la Luna

  • Los llamados minerales de tierras raras, que se usan en una gama de tecnologías. En la actualidad, se refinan casi exclusivamente en China.
  • Agua congelada en los oscuros recovecos de los cráteres polares, que según la NASA se puede dividir en hidrógeno para combustible para cohetes y oxígeno para respirar.
  • Helio-3 (He-3), que aparentemente existe en abundancia en la Luna. Algunos creen que el He-3 podría ser una fuente de energía en el futuro.
  • Valiosos depósito de titanio.

Según el tratado del espacio exterior de 1967 ninguna nación puede adueñarse de la Luna, y la mayoría de la gente cree que eso se extiende a individuos y compañías. Pero los aspirantes a mineros lunares pueden tener algo así como derechos de propiedad. Y hay una ventaja en llegar primero y reivindicar derechos.

“El tratado no permite apropiación, pero se estimula la explotación de libre acceso”, señala el abogado espacial James Dunstan. “No puedes ser dueño, aunque puedes usarla, ¿pero cómo llegamos a un equilibrio?”.

China tiene planes para enviar una sonda a la Luna este año y astronautas en 2020. Como los planes lunares de China son más ambiciosos que la mayoría, algunos temen que podría obtener demasiado control.

Dunstan no cree que China se burle del derecho internacional para dominar el espacio.

“Las sanciones comerciales serían muy duras si un país o corporación se apropiara de bienes ajenos”.

Si Moon Express y otros aciertan, es concebible que en el futuro la superficie lunar albergue una colonia de robots mineros y astronautas que la usarían como base para una mayor exploración del sistema solar.

Richards cree que los humanos descubrirán formas de vivir permanentemente en la Luna.

“Nos estamos convirtiendo en una especie multimundo. Las primeras huellas de seres humanos en Marte llegarán en nuestra era, en los próximos 10 a 20 años”, agrega.

“Las personas serán transformadas. Se fusionarán con sus tecnologías. Y lo que llamamos humano se redefinirá conforme buscamos reprogramar nuestros cuerpos para vivir más y encontramos máquinas capaces de trabajar simbióticamente con nosotros para curar enfermedades”.

“Así que lo que hoy consideramos humano continuará evolucionando”.

La Tierra desde la Luna

Un espacio sin contaminación

Moon Express, cuyas oficinas quedan en el centro de investigación Ames de la NASA, es financiada por el empresario Naveen Jain.

Jain dice que la locación es clave, porque queda en el Valle del Silicio, que él cree se convertirá en hogar de los pioneros espaciales.

“Nosotros somos esos locos que pensamos que cada idea es una locura, hasta que la concretamos y entonces la gente dice ‘por supuesto'”, puntualiza.

Entonces, si algún día viviremos en la Luna, ¿No debería preocuparnos contaminarla? ¿Los ejércitos de robots no arruinarán nuestro futuro inmobiliario?

Margarita Marinova, científica planetaria de la NASA, cree que no cometeremos los mismos errores en el espacio que los que hicimos en la Tierra y que el hombre no se puede dar el lujo de explorar el espacio sin aprovechar los recursos locales para sobrevivir.

“Para mí es duro, porque veo estos planetas tan hermosos y prístinos como ya no lo es la Tierra, así que la idea de la minería es un poco difícil”, admite.

Los recursos potenciales de la Luna son vastos. M. Darby Dyar, profesor de astronomía en Mount Holyoke College, Massachusetts, dice que las reservas de hielo en las regiones polares de la Luna probablemente vienen de cometas que chocaron con la Luna en los últimos 4.000 millones de años, y que los futuros mineros lunares podrían hacerse ricos con metales preciosos en antiguas rocas lunares.

Pero incluso si ninguna compañía cumple el plazo de 2015 para ganar el premio Google, Dyar afirma que éste ya ha producido frutos.

“Viví la emoción de la era de Apollo, mi padre ayudó a diseñar propulsores en los módulos de alunizaje, y aquellos sentimientos recordados de patriotismo y asombro sobre el universo me llevaron a la ciencia lunar en primer lugar”.

“Cuando le doy a una niña un meteorito y le digo que tiene 4.000 millones de años, todo su marco de referencia cambia, y eso es lo que debería hacer la ciencia. No todos desean ser científicos, pero a todos les emociona aprender a respetar y entender sus avances.

“Competencias como ésta llevan la ciencia a los ojos del público. ¿Dónde mejor que en la Luna, que parece quedarnos tan cerca?”.

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Nasa anuncia dos nuevas misiones espaciales para el 2017

Las misiones, bautizadas como TESS y NICER, tendrán como objetivo buscar planetas terrestres en zonas habitables y descubrir los estados de materia y la composición interna y externa de las estrellas.

08/04/2013 – La tercera
Ilustración de TESS.© MIT KAVLI INSTITUTE FOR ASTROPHYSICS & SPACE RESEARCH
Ilustración de TESS.

El Programa de Exploración de Astrofísica de la NASA ha seleccionado dos nuevas misiones para ser lanzadas el 2017: Un satélite buscador de planetas y un Instrumento observador de rayos-X de estrellas para laEstación Espacial Internacional.

El Transiting Exoplanet Survey Satellite (TESS) y el Neutron Star Interior Composition Explorer (NICER) estaban dentro de los cuatro conceptos que la agencia espacial analizó y que fueron presentados a la Nasa en septiembre del 2012. La Nasa determinó que estas dos misiones tenían el mayor valor científicos y los planes de desarrollo más viables para ser llevados a cabo.

TESS utilizará varios telescopios para realizar análisis del cielo y descubrir así exoplanetas del tamaño de la Tierra hasta gigantes gaseosos transitando. El objetivo principal de esta misión es descubrir planetas terrestres en zonas habitables en estrellas cercanas.

NICER por otra parte estará montado en la Estación Espacial Internacional y será capaz de medir la variabilidadad de los rayos-X cósmicos y explorar los distintos estados de materia dentro de las estrellas de neutrones para revelar su composición interna y externa.

El Programa de Exploración de la Nasa es el más antiguo de la agencia espacial, y hasta ahora se han realizado más de 90 misiones. Comenzó por primera vez en 1958 con el Explorer 1, el cual descubrió la existencia del cinturón de radiación de la Tierra.

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Inician búsqueda de vida extraterrestre fuera del Sistema Solar

El Mundo   Lunes 08 de abril de 2013

La NASA anuncia que financiará con 200 millones de dólares la misión TESS, que se encargará de rastrear planetas habitables y posible vida extraterrestre fuera del Sistema Solar.

Antón Osolev (Flickr)

La NASA ha anunciado la financiación del proyecto TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite), una misión que se encargará de la búsqueda de planetas habitables y posible vida extraterrestre en ellos, fuera del Sistema Solar.

Este proyecto ha sido ideado por un equipo multidisciplinar, compuesto por investigadores del MIT, la propia NASA, el Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics y otras entidades relacionadas con la investigación aeroespacial. Su objetivo principal se basa en el estudio de características importantes como la masa, el tamaño o la atmósfera de planetas fuera del Sistema Solar. A través del rastreo de una gran diversidad de planetas, que pueden ser del tamaño de la Tierra (planetas rocosos) o de otro tipo, como los planetas gigantes gaseosos, la misión TESS dará nueva información sobre el estudio de zonas del Universo aún no exploradas.

Sin embargo, la búsqueda de planetas habitables y posible vida extraterrestre fuera de la Tierra no es una novedad para la NASA, ya que cuenta con el proyecto Kepler, que ya inició una iniciativa similar. La diferencia entre el rastreo de planetas habitables y vida extraterrestre que hace Kepler y la que realizará TESS reside principalmente en la mayor capacidad de esta segunda misión, pues será capaz de tomar datos de una región del espacio cuatrocientas veces mayor que cualquier otra iniciativa anterior.

El proyecto TESS está liderado por científicos de gran prestigio, como Josh Winn, profesor asociado de Física en el MIT, y Sara Seager, docente e investigadora del mismo centro. En palabras del propio Winn, “la misión TESS corresponde al siguiente paso natura en la investigación exoplanetaria”. Seager va más allá, afirmando que “la selección del proyecto TESS por parte de la NASA acelera las oportunidades de encontrar vida extraterrestre en la próxima década”.

La misión TESS, que recibirá doscientos millones de dólares por parte de la NASA, no es la única que recibe apoyo por parte de la agencia aeroespacial de los Estados Unidos. Otros proyectos seleccionados en la misma convocatoria incluyen el denominado Neutron Star Interior Composition Explorer (NICER), un telescopio que utilizará rayos X y que será acoplado a la Estación Espacial Internacional (ISS).

Un paso más, sin duda, para mejorar la investigación espacial, y que puede que nos depare grandes sorpresas en el futuro. La búsqueda de planetas habitables y la posibilidad de que exista vida extraterrestre son dos de los grandes retos de la próxima década.

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Una nueva era de exploración / Exploración espacial

Increíblemente lejos

¿Emprenderemos alguna vez la locura de viajar a las estrellas?

Por Tim Folger, National Geografic

En las afueras de un aparcamiento del Centro de Vuelo Espacial Marshall, en Huntsville, Alabama, hay una reliquia de una época en la que nuestro futuro como especie navegante del espacio parecía inevitable, obvio, y tan espléndido como un cohete en ascenso sobre Cabo Cañaveral.

«No es una réplica –dice Les Johnson, físico de la NASA, mientras contemplamos el montaje de diez metros de altura de tubos y toberas, con su escudo protector–. Es un auténtico y genuino motor nuclear para cohete.» Hace mucho tiempo, la NASA se propuso enviar a Marte una docena de astronautas a bordo de dos naves es­­paciales, cada una de ellas propulsada por tres de estos motores. Wernher von Braun, entonces director del Marshall, presentó el plan en agosto de 1969, apenas dos semanas después de que su cohete Saturn V llevara a los primeros astronautas a la Luna. Sugirió el 12 de noviembre de 1981 como fecha del despegue hacia Marte. Los motores nucleares habían superado todas las pruebas en tierra y estaban listos para volar.

Treinta años después del viaje a Marte que nunca se produjo, en una húmeda mañana de junio, Johnson contempla con nostalgia el mo­­tor de 18 toneladas que hay frente a nosotros. Dirige un pequeño equipo encargado de evaluar la viabilidad de «conceptos avanzados» en tecnología espacial, y el NERVA, el viejo motor nuclear, podría entrar en esa categoría. «Si queremos enviar seres humanos a Marte, tendríamos que reconsiderar este motor –dice Johnson–. Consume la mitad que uno convencional.» Ahora la NASA está diseñando un cohete convencional para sustituir el Saturn V, que fue retirado en 1973, poco después del último vuelo tripulado a la Luna. No se ha de­­cidido adónde irá el nuevo cohete. El proyecto NERVA también finalizó en 1973, sin una prueba de vuelo. Desde entonces, durante la era del transbordador espacial, ningún ser humano ha estado a más de 600 kilómetros de la Tierra.

Teniendo en cuenta todos esos antecedentes, la pregunta que Johnson y yo llevamos toda la mañana debatiendo (¿viajará el ser humano a las estrellas?) suena un poco fuera de lugar.

¿Por qué parecía más razonable hace medio siglo? «Desde luego, en cierto modo estábamos locos», reconoce el físico Freeman Dyson, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. A finales de la década de 1950 Dyson trabajó en el Proyecto Orión, cuyo propósito era construir una nave tripulada que pudiera viajar a Marte y a las lunas de Saturno. En lugar de usar reactores nucleares que expulsaran hidrógeno supercaliente, como hacía el NERVA, la nave Orión sería impulsada por una serie de explosiones de pequeñas bombas atómicas expulsadas por la cola cada cuarto de segundo más o menos. «Habría sido enormemente arriesgado –conviene Dyson, quien pensaba ir personalmente a Saturno–, pero estábamos preparados. La actitud era completamente distinta entonces. La idea de una aventura sin riesgos no tenía sentido.» Unos años después del fin del Orión, Dyson explicó en la revista Physics Today cómo una nave espacial impulsada por bombas atómicas podía viajar a las estrellas.

En la actualidad es más fácil explicar por qué no iremos nunca. Las estrellas están demasiado lejos y no tenemos dinero. Las razones por las que tal vez vayamos a pesar de todo son menos evidentes, pero están ganando peso. Los astrónomos han detectado planetas alrededor de muchas estrellas cercanas. Pronto descubrirán uno semejante a la Tierra, situado a la distancia justa de su estrella para que haya vida, y en ese instante habremos encontrado un destino poderosamente atractivo. Además, nuestra tecnología ha avanzado desde los años sesenta. Aquella mañana en su despacho, Les Johnson me mostró algo que parecía un pedazo de telarañas entrete­jidas. En realidad era una muestra de un tejido de fibra de carbono para la vela gigantesca de una nave espacial, una nave capaz de llevar una sonda más allá de Plutón impulsada por la ra­­diación solar o por un láser. «Tenga cuidado –me dijo–. Este material podría ayudarnos a llegar.»

Para llegar a las estrellas necesitaremos mu­­chos materiales y motores nuevos, pero también parte de la actitud de los exploradores científicos del pasado, que no se ha desvanecido del todo. De hecho, parece estar resurgiendo en el espacio de la imaginación que dejó libre el transbordador espacial, cuando en 2011 pasó a ser una pieza de museo junto al Saturn V. En la conversación de algunos soñadores, sobre todo fuera de la NASA, se oyen ecos de la antigua aspiración y el afán de aventuras, de la vieja pasión por el espacio.

La primavera pasada, tres semanas antes de reunirme con Johnson, SpaceX, una empresa privada radicada cerca de Los Ángeles, utilizó uno de sus cohetes para lanzar una cápsula no tripulada que se acopló a la Estación Espacial Internacional. SpaceX va a la cabeza de las compañías que compiten por sustituir el transbordador como vehículo de abastecimiento de la estación espacial. Un mes antes Planetary Re­­sources, empresa respaldada por inversores mul­timillonarios como Larry Page y Eric Schmidt, de Google, anunció sus planes de usar naves espaciales robóticas para extraer metales preciosos de los asteroides. «Esperamos identificar nuestros objetivos iniciales y empezar las prospecciones antes de que acabe esta década», dice Peter Diamandis, cofundador de la empresa.

«Cuando miremos atrás, veremos esta década como el amanecer de la era del comercio espacial –afirma Mason Peck, jefe de tecnología de la NASA–. Todo tipo de empresas, grandes y pe­­queñas, están intentando encontrar maneras de hacer negocio con el espacio. El espíritu emprendedor que hay ahora (la motivación económica para ir al espacio) no lo había antes.»

La economía ha sido durante mucho tiempo el estímulo para la exploración en la Tierra. Los mercaderes de la Edad Media desafiaban todos los peligros de la Ruta de la Seda para llegar a los mercados de China, y en el siglo XV las carabelas portuguesas navegaron más allá de los límites del mundo conocido, no tanto en pos de conocimientos como en busca de oro y especias. «Históricamente, el motor para abrir nuevas fronteras siempre ha sido la búsqueda de recursos –dice Diamandis–. La ciencia y la curiosidad son motores débiles comparados con la generación de riqueza. La única manera de abrir realmente el espacio es crear un motor económico, y ese motor es la extracción de recursos.»

Uno de los recursos que él y Eric Anderson, cofundador de la empresa, tienen en mente es el platino, un elemento químico tan escaso en la Tierra que actualmente cuesta 1.560 dólares la onza (unos 43 euros el gramo). Para enviar a más de un millón de kilómetros de distancia robots capaces de extraer mineral de un asteroide y refinarlo en un entorno de gravedad próxima a cero, o de remolcar el asteroide hasta las inmediaciones de la Tierra, se necesitará una tecnología que todavía no existe. «Hay probabilidades significativas de que fracasemos –reconoció Anderson en una rueda de prensa en abril de 2012–. Pero creemos que intentarlo y apuntar hacia el espacio es importante. Por supuesto, esperamos ganar un montón de dinero.»

Elon Musk, de 41 años y fundador de PayPal, Tesla Motors y SpaceX, ya ha ganado un montón de dinero y está dedicando una parte importante de esa fortuna a su programa espacial. Según dice, el nuevo cohete que está desarrollando SpaceX, el Falcon Heavy, podrá transportar el doble de carga que el transbordador espacial, a la quinta parte del precio aproximadamente. El objetivo de Musk es reducir los costes del lanzamiento mediante el desarrollo de los primeros cohetes completamente reutilizables. «Es algo extremadamente difícil. La mayoría de la gente cree que es imposible, pero yo no», asegura.

Para él ese esfuerzo forma parte de un plan mucho más ambicioso: establecer una colonia permanente en Marte. La NASA ha tenido un gran éxito con los vehículos robóticos enviados a Marte, entre ellos el Curiosity, pero ha aplazado en repetidas ocasiones una misión tripulada. Musk cree que SpaceX podría llevar astronautas a Marte en un plazo de 20 años, y seguir llevándolos durante decenios a partir de entonces.

«Lo que de verdad se necesita no es enviar una pequeña misión a Marte –afirma–, sino llevar millones de personas y millones de toneladas de equipamiento para desarrollar en el planeta una sociedad autosuficiente. Sería la tarea más difícil que la humanidad haya llevado a cabo en su historia, y no es en absoluto seguro que suceda. Debo insistir en que la idea no es huir de la Tierra, sino conseguir que la vida sea multiplanetaria. Se trata de salir al espacio y explorar las estrellas.»

La nave más rápida jamás construida (la sonda Helios 2, lanzada en 1976 para estudiar el Sol) alcanzó una velocidad máxima de 253.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, una nave dirigida a Próxima Centauri, la estrella más cercana, tardaría más de 17.000 años en completar el tra­yecto de 40 billones de kilómetros. Esos hechos ineludibles llevan incluso a los más acérrimos defensores de los vuelos espaciales a la conclusión de que los viajes interestelares, a excepción de las sondas robóticas, se quedarán para siempre en el ámbito de la ciencia ficción.

Sin embargo, para algunos científicos la perspectiva del confinamiento eterno en dos pequeños planetas de una galaxia enorme resulta deprimente. «Si empezamos ahora, y ya hemos empezado, creo que podríamos alcanzar alguna forma de exploración interestelar en los próximos cien años», dice Andreas Tziolas, físico y exinvestigador de la NASA. Actualmente es director de Icarus Interstellar, una organización sin ánimo de lucro cuyo propósito es «hacer realidad los viajes interestelares antes de 2100».

Tziolas cree que podríamos desarrollar un motor para viajes interestelares que aprovechara la fusión nuclear, que es la fuente de energía de las estrellas y de las bombas de hidrógeno. Cuando se fusionan los núcleos de átomos pequeños como los de hidrógeno, liberan una cantidad enorme de energía, muchísimo mayor que la liberada por la fisión nuclear de átomos grandes como los de uranio, que son la fuente de energía de las centrales nucleares y del antiguo NERVA. Los físicos han construido reactores de fusión, pero aún no han logrado hacer uno que genere más energía de la que consume. «Tengo fe en nuestro ingenio», dice Tziolas. Solo transcurrieron 70 años entre el descubrimiento de las partículas subatómicas y la fabricación del NERVA, señala. En su opinión, antes de 2100 deberíamos estar en condiciones de construir un motor de fusión capaz de propulsar una nave interestelar que alcance entre el 15 y el 20 % de la velocidad de la luz.

A esa velocidad una nave podría llegar a la estrella más cercana en unos decenios, si la ma­­quinaria durara lo suficiente. Y según dice Les Johnson, «no es posible responder por el funcionamiento correcto de una nave espacial más allá de los 20 años.» La NASA le encargó que estudiara una posible misión de 20 años de duración hasta el borde del espacio interestelar, la región conocida como heliopausa. «No podíamos considerar un viaje a la estrella más cercana –dice Johnson–, que está a más de cuatro años luz.» Su tarea era planificar una misión realista con tecnologías que estuvieran próximas a existir: un primer pequeño paso hacia las estrellas.

En este momento, los motores de fusión ni siquiera están próximos a existir; un motor nuclear como el NERVA sería demasiado caro, y los cohetes químicos podrían llegar a la heliopausa, pero no podrían cargar suficiente combustible para alcanzar una estrella en un plazo de tiempo razonable. (Si la sonda Voyager viajara en esa dirección, llegaría a Próxima Centauri en 74.000 años.) Al final el equipo de Johnson se decantó por la tecnología más romántica: una vela solar. La luz del Sol, como toda luz, consiste en partículas llamadas fotones, que ejercen presión sobre todo lo que tocan. A la distancia que se encuentra la Tierra del Sol, la presión de la luz es solo de unos tres gramos extendidos sobre una superficie igual a un campo de fútbol. Pero una lámina fina y extensa de tejido reflectante, desplegada en el vacío del espacio, se llenaría de esa fuerza sutil y lentamente iría acelerando.

La NASA lanzó en 2010 una vela de nueve metros cuadrados que sobrevivió varios meses en órbita terrestre baja, y espera lanzar en 2014 otra que mide unos 1.000 metros cuadrados y pesa 30 kilos. Unas veletas móviles en las esquinas permitirán maniobrar desde el control en tierra la nave, llamada Sunjammer, que en su misión de un año de duración navegará más de tres millones de kilómetros «a contraviento» en dirección al Sol. Una misión de 26.000 millones de kilómetros hasta la heliopausa requeriría una vela discoidal de 450 metros de diámetro. Al cabo de un año o dos de navegación, la nave superaría los 150.000 kilómetros por hora.

Próxima Centauri se encuentra 1.500 veces más lejos que la heliopausa. «Para ir a otra estrella –dice Johnson–, necesitaremos una vela del tamaño de Alabama y Mississippi juntos. Aún no sabemos cómo fabricarla.» Y la radiación solar por sí sola no podría impulsarla hasta una estrella en el plazo de una vida humana, ni de varias vidas humanas. Para eso se necesitarían potentes láseres instalados en el espacio. «Si concentramos toda la producción de energía de la humanidad en un láser montado en un satélite –prosigue–, podríamos reducir el tiempo de viaje a Próxima Centauri a unos cuantos decenios.»

¿Y qué hay de la posibilidad de enviar humanos? «Cuando empezamos a pensar en todo lo necesario para mantener a una tripulación –responde–, en el tamaño que debería tener la nave y en la cantidad de energía que consumiría, en­­tramos en el terreno de la ciencia ficción.»

Para fabricar una nave interestelar, lo primero es construir un futuro que convierta la ficción en realidad, y eso es mucho más complicado que proyectar un cohete. Ahora mismo la tarea no es encontrar la manera de construir una nave interestelar, sino seguir desarrollando la civilización que algún día logrará construirla. Presentada de esa forma, la idea empieza a parecer menos imposible. Pero es un proyecto para los próximos 100 años, o tal vez 500, según el nivel de locura del que lo emprenda. El nivel de Johnson no es muy alto.

«Yo ignoro cómo será el mundo dentro de 500 años –dice–. Si tenemos centrales de fusión nuclear y paneles solares en el espacio que envíen energía a la Tierra, y si además explotamos los recursos minerales de la Luna y tenemos una base industrial en órbita terrestre baja, quizá podamos hacerlo. Tendremos que ser una civilización que pueda abarcar el sistema solar antes de pensar siquiera en un viaje interestelar.»

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Plan presupuestario de Obama incluye fondos para que NASA capture asteroide

La propuesta destinará 105 millones de dólares al desarrollo de un robot que permita capturar un pequeño asteroide  para su estudio, todo a partir de 2017.

por EFE – 06/04/2013 – 

El plan presupuestario que presentará el presidente de EE.UU., Barack Obama, la próxima semana incluye fondos para que la NASA construya una nave robótica con la misión de capturar un asteroide y estudiarlo, según dijeron hoy un senador conocedor del proyecto y fuentes de la agencia espacial.

La propuesta de Obama es destinar 105 millones de dólares a esa misión de la NASA, que se dividiría en dos etapas, de acuerdo con el senador Bill Nelson, demócrata por Florida y presidente del subcomité de Ciencia y Espacio del Senado.

Se trata en primer lugar de construir un robot que sería enviado al espacio para capturar un pequeño asteroide a partir de 2017.

Ese asteroide sería luego arrastrado hacia la Luna para que un grupo de astronautas comenzara a tomar muestras y a estudiarlo a partir de 2021, de acuerdo con un informe presentado por la NASA ante el Congreso la semana pasada.

La NASA debe estudiar en los próximos meses si el proyecto es viable.

Obama ha marcado como próximos objetivos para la exploración espacial un asteroide para 2025 y llegar a Marte en 2030.

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Planean enviar humanos a Marte en una nave propulsada por fusión nuclear

J. DE JORGE@JUDITHDJ / MADRID, ABC.es
Día 08/04/2013

Investigadores estadounidenses pretenden utilizar la misma energía que enciende al Sol y a las estrellas para llegar al Planeta rojo en menos de tres meses. Aseguran que sus primeros experimentos han tenido éxito

Viajar a Marte es probablemente el próximo «gran paso» en la historia de la exploración espacial. Pero este proyecto todavía está plagado de obstáculos: es increíblemente largo, tiene costes exorbitantes y supone numerosos riesgos para la salud de las personas que tengan el valor de emprenderlo. Investigadores de la Universidad de Washington creen que la hazaña puede ser posible gracias a una fuente de energía mucho más potente que las convencionales, la de fusión nuclear, la misma que utilizan el Sol y las estrellas. Con la ayuda de una compañía de fabricación de componentes para cohetes ubicada en Redmond, los científicos están construyendo un motor de fusión para una nave que en el futuro pueda convertir en realidad los viajes interplanetarios.

«Utilizando los combustibles de cohetes existentes es casi imposible para los seres humanos a explorar más allá de la Tierra», afirma John Slough, investigador de aeronáutica y astronáutica de la Universidad de Washington. La NASA estima que una expedición de ida y vuelta a Marte llevaría más de cuatro años con la tecnología actual. La gran cantidad de combustible químico necesario para mantener un cohete en el espacio durante ese tiempo sería muy costosa. Tan solo los costes de lanzamiento superarían los 12.000 millones de dólares.

Slough y su equipo creen que el viaje puede ser mucho más corto y barato si se utiliza un cohete propulsado por energía de fusión: solo llevaría de 30 a 90 días. Según explican, han realizado pruebas en laboratorio (financiadas por la NASA) que demuestran el éxito de todas las partes del proceso. Ahora, la clave, dicen, será la combinación de cada prueba aislada en un experimento final que produce la fusión utilizando esta tecnología.

El equipo de investigación ha desarrollado un tipo de plasma que está encerrado en su propio campo magnético. La fusión nuclear se produce cuando este plasma es comprimido a alta presión con un campo magnético. El equipo ha probado con éxito esta técnica en el laboratorio. Solo una pequeña cantidad de fusión es necesaria para alimentar un cohete; un pequeño grano de arena de este material tiene el contenido de energía que casi cuatro litros de combustible para cohetes.

Metal supercaliente

Para encender un cohete, el equipo ha desarrollado un sistema en el que un poderoso campo magnético provoca grandes anillos de metal para implosionar en torno a este plasma, comprimiéndolo a un estado de fusión. Los anillos de convergencia se unen para formar una cáscara que enciende la fusión, pero solo por unos pocos microsegundos. A pesar de que el tiempo de compresión es muy corto, libera suficiente energía para calentar rápidamente e ionizar el combustible. Este metal supercaliente es expulsado fuera de la tobera del cohete a una velocidad muy alta. Este proceso se repite más o menos cada minuto, propulsando la nave espacial.

«Esperamos poder interesar a todo el mundo con el hecho de que la fusión no está a 40 años de distancia y ni a un coste de 2.000 millones de dólares», señala Slough. Ahora, el equipo está trabajando para ponerlo todo junto utilizando la tecnología para comprimir el plasma y crear fusión nuclear. Slough espera tener todo listo para la primera prueba a finales del verano.

En un viaje real al espacio, los científicos utilizarían litio metálico para alimentar el cohete. El litio es muy reactivo, y para realizar pruebas de laboratorio, el aluminio funciona igual de bien, según explican. La fusión nuclear puede parecer arriesgado debido a su uso en bombas nucleares, pero su empleo en este escenario es muy diferente. La energía de fusión para la alimentación de un cohete se reduciría por un factor de 1.000 millones de una bomba de hidrógeno, demasiado poco como para crear una explosión significativa. Además, el concepto de Slough utiliza un campo magnético fuerte para contener el combustible de la fusión y guiarlo con seguridad lejos de la nave y los pasajeros en su interior.

De momento, tan solo es una propuesta, pero quizás estos científicos hayan dado con la fórmula para llevarnos mucho más lejos que la Luna.

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Proyecto de la NASA

Viaje ‘express’ a Marte en sólo 30 días

Imagen del planeta Marte. | ArchivoImagen del planeta Marte. | Archivo

Europa Press | Madrid

lunes 08/04/2013 

Investigadores de la Universidad de Washington han construido todas las piezas de un cohete de motor impulsado por fusión nuclear, que podría conseguir llevar a una tripulación a Marte en 30 días. Según ha explicado el director del proyecto, John Slough, ahora “solo hay que unir los procesis desarrollados para comprobar que funciona”.

El viaje de un ser humano a Marte ha sido, durante mucho tiempo, el objetivo de los programas de las agencias espaciales. Para Slough,utilizar la misma energía que utilizan el sol y las estrellas es estar “un paso más cerca” del planeta vecino. Según ha explicado, la energía nuclear puede eliminar muchos de los obstáculos que bloquean el viaje espacial profundo, incluyendo los largos tiempos de tránsito, los costes exorbitantes y los riesgos para la salud del hombre.

“El uso de combustibles existentes hace que sea casi imposible para los seres humanos explorar más allá de la Tierra”, ha señalado el investigador, quien ha explicado que este es el motivo por el que comenzó a experimentar con “una fuente de energía mucho más potente“.

En los estudios realizados por la NASA se estima que, con la tecnología actual, una expedición de ida y vuelta a Marte llevaría más de cuatro años y la gran cantidad de combustible químico necesario para el cohete en el espacio sería de más de 12.000 millones de dólares. El equipo de Slough han presentado documentos que señalan que su cohete impulsado por fusión nuclear permitiría realizar una misión al planeta rojo en un periodo de entre 30 y 90 días. Esto, según han destacado los científicos, haría que el viaje fuera más práctico y menos costoso.

En este sentido, han explicado que para alimentar su cohete, solo es necesaria una pequeña cantidad de fusión, como “un pequeño grano de arena de este material”.

Para esta misión, el equipo de investigación ha desarrollado un tipo de plasma que está encerrado en su propio campo magnético. La fusión nuclear se produce cuando este plasma es comprimido a alta presión con un campo magnético.

Además, para encender el cohete han creado un sistema en el que un poderoso campo magnético provoca grandes anillos de metal para implosionar en torno a este plasma, comprimiéndolo a un estado de fusión. Los anillos de convergencia se unen para formar un armazón que enciende la fusión, pero sólo por unos pocos microsegundos. A pesar de que el tiempo de compresión es muy corto, se libera la suficiente energía de las reacciones de fusión para calentar rápidamente y ionizar este armazón. Este material es expulsado fuera del cohete a una velocidad alta. Este proceso se repite cada minuto, propulsando la nave espacial.

Primera prueba antes de verano

“Creo que todo el mundo estaba encantado de ver la confirmación del mecanismo principal que se está usando para comprimir el plasma”, ha señalado Slough, quien ha apuntado que una misión con este sistema podría tener un coste en combustible de 2.000 millones de dólares.

Ahora, el equipo está trabajando en aunar todos los procesos usando la tecnología para comprimir el plasma y crear fusión nuclear. Slough espera tener todo listo para la primera prueba a finales del verano.

El proyecto, que está financiado por la NASA, fue presentado en el simposio de Programas Innovadores sobre Conceptos Avanzados, en donde el equipo mostró los primeros resultados experimentales realizados a través de simulaciones informáticas.

Todos los datos de la investigación han sido demostrados con éxito en pruebas de laboratorio. Ahora, “la clave será la combinación de cada prueba aislada en un experimento final que produce la fusión con esta tecnología”, ha señalado Slough.

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