La oposición rusa sale a la calle al cumplirse un año de la reelección de Putin


  • La oposición rusa sale a la calle al cumplirse un año de la reelección de Putin
  • Moscú le echa otro pulso al Kremlin
  • La economía, nuevo dolor de cabeza para Vladimir Putin
  • Putin ha amordazado a la oposición desde su regreso al Kremlin
  • Detenido por desplegar una pancarta en favor de los presos políticos
  • Las voces amordazadas en Rusia

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La oposición rusa sale a la calle al cumplirse un año de la reelección de Putin

Miles de manifestantes piden la liberación de los “presos políticos” encarcelados tras los disturbios postelectorales

 Moscú 6 MAY 2013 – El País.com (España)
Miles de rusos se manifiestan en Moscú este lunes. / YURI KOCHETKOV (EFE)

Varios miles de personas han respondido este lunes en Moscú a la convocatoria de la oposición a Vladímir Putin y han participado en un mitin en el que se ha pedido la liberación de los detenidos por los enfrentamientos que marcaron el retorno del líder a la presidencia del Estado, hace ahora un año. El acto, celebrado en la plaza de Bolótnaia, ha congregado a 8.000 personas según la policía y a 30.000 según los manifestantes. La realidad, en opinión de varios periodistas asistentes, está entre estas dos cifras y ronda tal vez las quince mil personas.

La afluencia al acto indica que la capacidad de convocatoria de la oposición ha menguado —aunque no tanto como algunos temían— en relación a las protestas en las que decenas de miles de asistentes denunciaron las irregularidades en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2011 y en las presidenciales de marzo de 2012.

Esta convocatoria ha estado precedida por una desgracia, que ha obligado a alterar el emplazamiento y las características de la tribuna de oradores. Por la mañana, cuando se estaba montando el escenario, el operario Maksim Melkov ha muerto al caérsele encima uno de los amplificadores de sonido. El accidente no ha provocado la cancelación del mitin, pero ha proyectado una sombra lúgubre sobre él. Detrás de la modesta camioneta desde donde se han visto obligados a intervenir los líderes de la oposición se alzaba, a medio montar, el gran andamiaje metálico de lo que debería haber sido la tribuna de oradores.

Entre los oradores estaban el ex primer ministro Mijaíl Kasiánov, el ex vicejefe del Gobierno, Borís Nemtsov, el exdiputado de la Duma Estatal, Guennadi Gudkov, los diputados de la Duma en activo —pero con dificultades en Rusia Justa, su partido—, Dmitri Gudkov y Iliá Ponomariov, así como el bloguero Alexéi Navalni —contra quien se está celebrando un proceso por supuesto robo de material forestal—, y el escritor Dmitri Bykov, entre otro. Uno de los puntos centrales de las consignas de los manifestantes y de los discursos ha sido “la liberación de los presos políticos”, en referencia a los acusados por los “disturbios masivos” ocurridos el 6 de mayo de 2012 en la plaza de Bolótnaia, en vísperas de la toma de posesión de Putin. Los defensores de derechos humanos, incluido el defensor del pueblo Vladímir Lukin, discrepan de la calificación de “disturbios masivos” que se ha dado a aquellos enfrentamientos entre manifestantes y policías, en los cuales actuaron provocadores. De los 28 acusados, 18 han sido encarcelados, y en solidaridad con ellos se creó el Comité 6 de Mayo, que ha recogido donativos durante el mitin.

Los manifestantes han portado, sobre todo, pancartas criticando a Putin y denunciando la corrupción. Grandes carteles con las fotos y los nombres de los activistas detenidos decoraban los jardines de la plaza Bolótnaia, densamente acordonada por la policía y fuerzas antidisturbios y vigilada desde el aire por helicópteros. Desde la tribuna, Kasiánov ha exhortado a exigir nuevas elecciones y un cambio de rumbo político mientras Guennadi Gudkov ha insistido en la necesidad de ampliar el trabajo propagandístico y de aunar fuerzas. Por su parte, Navalni llamado a continuar las protestas.

Un clima restrictivo para el ejercicio de las libertades ciudadanas caracteriza el año transcurrido desde que Putin asumió de nuevo formalmente la jefatura del Estado, tras un interinato de años en el que el puesto fue administrado por Dmitri Medvédev. Con Putin en la presidencia, la Duma Estatal de Rusia, controlada por el partido Rusia Unida, aprobó una ley que incrementa las responsabilidades y las multas por la celebración de mítines. Asimismo, las injurias y calumnias han sido tipificadas de nuevo como delitos incluidos en el código penal y desde noviembre se está obligando a las ONG con actividades políticas y financiación internacional a registrarse como “agentes extranjeros”, sin definir de forma clara qué se entiende por actividades políticas. La situación ha llegado al absurdo de que una ONG fundada por un prestigioso ornitólogo que cuida de un parque natural especializado en cigüeñas en las orillas del río Amur, en el Lejano Oriente ruso, ha sido considerada como “agente extranjero” por recibir becas de la Fundación Internacional de las Cigüeñas.

Desde su vuelta a la presidencia, Putin también ha estrechado sus vínculos con los sectores obreros de la industria pesada, que son incentivados para integrarse en el Frente Popular, una organización creada para apoyar al líder. El presidente también ha lanzado una campaña contra la corrupción, que se cobra víctimas en puestos intermedios de la Administración, pero que de momento no ha tocado a ningún alto cargo, ni siquiera al exministro de Defensa Anatoli Serdiukov, que figura como testigo en el escándalo de ventas fraudulentas de las propiedades inmobiliarias del ministerio. En el marco de la campaña contra la corrupción, se ha prohibido a los funcionarios tener cuentas corrientes en el extranjero, aunque se les permite tener propiedades inmobiliarias que deben declarar.

Pese a que la figura de Putin se ha desgastado con el tiempo, el presidente sigue teniendo un buen apoyo social y en marzo un 57% de los rusos confiaban en él en diversa medida (frente al 84% que lo hacían en mayo de 2008), según el centro Levada.

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Primera manifestación autorizada en cuatro meses

Moscú le echa otro pulso al Kremlin

Miles de rusos se manifiestan frente al Kremlin en Moscú. | ReutersMiles de rusos se manifiestan frente al Kremlin en Moscú. | Reuters

  • Miles de rusos se manifiestan un día antes del aniversario de la vuelta de Putin
  • También protestan contra el arresto de los prisioneros del año pasado

Xavier Colás |

lunes 06/05/2013 – El Mundo.es

Moscú parecía esta tarde la patria de los que están hartos del Kremlin. La nueva oposición rusa, la misma que apareció súbitamente por la indignación popular antes de las elecciones que y se ha visto arrinconada durante el último año por el desánimo y las nuevas leyes de la Duma, necesitaba esta demostración de fuerza. Mañana se cumple un año de la vuelta a la presidencia de Vladimir Putin, cuyo poder sigue prácticamente intacto.

Unas 8.000 personas han acudido al mitin, según la policía. Los organizadores hablan de más de 30.000. La manifestación protestaba no sólo contra el aniversario de mañana, sino contra el atropello que los opositores aseguran haber sufrido doce meses atrás. Los congregados mostraron su apoyo a los “prisioneros del 6 de mayo“, más de una veintena de activistas acusados de organizar disturbios durante una protesta en el mismo lugar exactamente hace un año.

El último de ellos, Alexei Gaskarov, fue arrestado hace solo una semana. Todos aguardan un juicio que llegará en verano. Algunos esperan ese momento en la cárcel. Otros, en arresto domiciliario, sin acceso al teléfono o al correo. Entre los incomunicados está Serguei Udaltsov, el líder del Frente de Izquierdas, la vertiente más ‘roja’ de los ‘indignados’ rusos. Se le acusa de organizar desórdenes masivos con apoyo desde el extranjero.

Otro hombre en el punto de mira del obediente sistema judicial ruso es Alexei Navalny, bloguero anticorrupción, abogado, nacionalista y líder natural de los disidentes rusos. El Comité de Investigaciones ha abierto una causa contra él por un supuesto caso de corrupción de hace años.

Desde el escenario colocado junto a la plaza Bolotnaya de Moscú se ha dirigido al público: “Hace un año tenía cero causas pendientes, en septiembre tenía una. En octubre, cuatro. Pero, aunque sean 124, seguiré hablando como pienso”, ha dicho desafiante entre aplausos tras criticar los privilegios de la casta política, el sobrecoste de todas sus obras sus manejos para “dispersar” a los que se unen para protestar. “No nos rendiremos, no tengo otro país al que ir, no tengo otro Moscú ni otra gente con la que estar”, ha gritado Navalny.

Por todos los presos políticos

Ha habido cánticos contra Putin, al que de nuevo han llamado “ladrón”. Pero el lema principal de la manifestación de hoy era ‘Por la libertad’, no sólo en referencia a los imputados por los desórdenes del 6 de mayo de 2012 (que se saldaron con decenas de heridos y unos 400 detenidos) sino para todos los “prisioneros políticos”. De hecho, la manifestación de hoy es otro jalón en el camino de las protestas que comenzaron en Rusia en diciembre de 2011, después de las elecciones legislativas que la oposición tildó de sucias y no representativas del estado de ánimo ruso.

La respuesta policial ha sido, igual que hace un año, sobrecogedora. Los soldados han tomado el centro de la ciudad y los manifestantes han quedado recluidos en el espacio designados por las autoridades. Imposible salirse del guión impuesto. “Tiene mucho de simbólico ver el Kremlin rodeado por la policía y el ejército, cuando en realidad sabemos que hoy no hay nadie dentro”, reflexionaba en voz alta un manifestante.

El mitin ha comenzado con un minuto de silencio en homenaje al voluntario Maxim Melkov, que murió esta mañana en la plaza Bolotnaya aplastado por un altavoz que se desplomó durante el montaje del escenario. Bajo el zumbido de los helicópteros, los descontentos, igual que hicieron ante la cita electoral de 2012, exigieron poder participar en elecciones limpias, el fin de la arbitrariedad judicial y el cese de la persecución policial ilegal.

Aunque los ‘indignados’ rusos no han conseguido hacer valer su fuerza todavía, con marchas como la de hoy esperan certificar que sus demandas siguen más vigentes que nunca, mientras la popularidad de Putin sufre el lento desgaste del desencanto de la clase media.

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La economía, nuevo dolor de cabeza para Vladimir Putin

Por Germain MOYON (AFP)

MOSCÚ — Un año después de su llegada al Kremlin, la economía, en plena desaceleración, se está convirtiendo en el nuevo dolor de cabeza del presidente ruso, Vladimir Putin.

En este año, el panorama se ha nublado tanto que los observadores más pesimistas temen un regreso del escenario de 2008-2009, años en los que la crisis mundial y la bajada del precio del petróleo llevaron a la economía rusa a una caída en picado.

El crecimiento económico, que ya se redujo al 3,4% en 2012, se estancó a principios de año y alcanzó en el primer trimestre un 1,1% interanual gracias a una recuperación inesperada en marzo.

La producción industrial se contrajo por primera vez desde 2009. El consumo, apoyado por una tasa de desempleo históricamente baja (bajo el 6%), se desaceleró.

El Gobierno redujo recientemente su previsión de crecimiento para 2013 del 3,6% al 2,4%. A ese ritmo, la economía rusa está lejos del 7 u 8% de crecimiento anual que vivió durante los dos primeros mandatos de Vladimir Putin (2000-2008).

Estos resultados son aún más decepcionantes si se tiene en cuenta el hecho de que Vladimir Putin regresó al Kremlin con la promesa de que la economía crecería más del 5% anual a largo plazo. “La economía está en recesión. Las promesas sociales se ven amenazadas (…) Rusia se vuelve cada día menos competitiva”, escribió en su ‘blog’ el multimillonario Mijaíl Projorov, que obtuvo el tercer lugar en las elecciones presidenciales. “Es un año perdido. No hay ningún movimiento, ningún indicación clara sobre la dirección a tomar, ningún plan de acción”, estimó por su parte Nikolai Petrov, politólogo del centro Carnegie.

El poder culpa de esta situación a la crisis de la zona euro, donde se encuentran sus principales socios comerciales, y a las elevadas tasas de interés impuestas por el banco central y las entidades financieras. No obstante, en los círculos económicos y financieros la preocupación principal es el clima poco propicio para los negocios, debido a la corrupción y a la burocracia, y muy dependiente de las fluctuaciones del precio de los hidrocarburos.

Los inversores están también al albur de una política económica que alterna señales de liberalización (integración a la Organización Mundial del Comercio, privatizaciones) y decisiones intervencionistas (absorción de la petrolera TNK-BP por el gigante público Rosneft). “Putin posterga (la adopción de medidas) debido a la situación económica mundial y porque no quieren tomar medidas impopulares. Pero cuanto más espere, más difícil será adoptarlas”, estima Nikolai Petrov. “Y ahora, se acerca una crisis económica larga y difícil. Cuando la población empiece a sentir los efectos (de esta crisis) habrá manifestaciones masivas”, predice el experto.

Vladimir Putin pidió al Gobierno que antes del 15 de mayo proponga medidas para reactivar la economía, que hagan hincapié en la importancia de las inversiones en infraestructuras.

Dado el estrecho margen de maniobra presupuestario, el economista Ivan Tchakarov asegura que el poder depende de la reducción de las tasas de interés para estimular la actividad y de las grandes empresas para acelerar la inversión. “Podemos esperar resultados antes de finales de año. Pero no hay ninguna fórmula mágica: a final de cuentas, Rusia necesita luchar contra la burocracia, el marco institucional y la corrupción (…)” advierte.

E incluso si estos puntos mejoran, Rusia podrá contar sólo con un crecimiento máximo del 4 ó 4,5%, según el economista.

Para Julia Tsepliaeva, de BNP Paribas, el presidente sigue aplicando un mismo modelo: “escogemos a los campeones del crecimiento y les damos fondos públicos”. “Por supuesto que esto da resultados, pero de corta duración”, sostiene.

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Putin ha amordazado a la oposición desde su regreso al Kremlin

Por Nicolas MILETITCH (AFP)

MOSCÚ — El resultado más tangible del primer año del tercer mandato presidencial de Vladimir Putin, que regresó al Kremlin el 7 de mayo de 2012, es el control de una oposición amenazadora que logró movilizar en las calles a cientos de miles de manifestantes.

Esta movilización, saludada en el mundo entero como el nacimiento de una sociedad civil en Rusia, creció al calor de las acusaciones de fraude masivo perpetrado por el partido en el poder, Rusia Unida, en las elecciones legislativas y presidenciales que se celebraron en 2012.

Las protestas alcanzaron un nivel nunca visto desde la llegada al poder de Putin, primero como presidente (2000-2008) y luego primer ministro (2008-2012), ante la imposibilidad de encadenar un tercer mandato presidencial consecutivo. La respuesta del Kremlin no se hizo esperar: allanamientos, detenciones de opositores anónimos o de figuras del movimiento.

Actualmente, una treintena de manifestantes que participaron en las manifestaciones antiPutin en mayo de 2012 y que terminaron con enfrentamientos con la policía esperan juicio y pueden ser condenados a diez años de campo por “participar en disturbios masivos”.

Dos líderes de la oposición, el abogado anticorrupción Alexei Navalny y el jefe del Frente de Izquierda Serguei Udaltsov, pueden ser condenados a duras penas. Navalny está siendo juzgado por “malversación de fondos” y se han abierto otras tres causas contra él que podrían suponer una condena de más de 20 años de campo. Udaltsov está en arresto domiciliario en Moscú desde febrero y tiene prohibido usar el teléfono e internet. Está acusado de “participar en disturbios masivos” y puede ser condenado hasta diez años de cárcel. Las actividades de su movimiento, el Frente de Izquierda, fueron suspendidas en abril por tres meses por “infracción a la ley sobre asociaciones”.

La oposición y los interesados dicen que son víctimas de las maniobras políticas gestadas desde el Kremlin para acallar cualquier protesta, de hecho el movimiento está prácticamente muerto. “No queda nada del movimiento de protesta. No hay movilizaciones por el caso Navalny”, dice la politóloga Maria Lipman, del centro Carnegie en Moscú. “Rusia se ha convertido en un estado policial. Y esta tendencia va a reforzarse”, agrega, interrogada por AFP. Para la antigua disidente soviética Liudmila Alexeeva, “asistimos, desde el inicio del tercer mandato de Putin, a un golpe de estado anticonstitucional”.

Amnistía Internacional y Human Rights Watch publicaron en abril informes muy duros sobre Rusia. Amnistía habló de “caza de brujas” contra la oposición y Human Rights Watch afirma que la sociedad civil en Rusia sufrió en 2012 con Putin la peor represión desde la caída de la URSS en 1991. Las dos ONG también denunciaron la adopción de nuevas leyes que limitan las libertades y una campaña contra las ONG que no eran del agrado del Kremlin que estaban apoyadas financieramente desde el extranjero.

Las autoridades rusas exigen que las ONG que se benefician de financiación externa y tengan “una actividad política”, una fórmula imprecisa, se inscriban en un registro de “agentes del extranjero”, a lo que se niegan las ONG acusadas.

En un intento de responder a esas críticas, Putin dijo la semana pasada en su tradicional sesión de preguntas y respuestas con la población rusa que en su forma de gobernar “no hay ningún elemento estalinista”, sino que se trata más bien de imponer “orden y disciplina”.

La Unión Europea y Estados Unidos han criticado las medidas adoptadas contra la oposición y las ONG, pero “la reacción de dirigentes occidentales no impresiona demasiado” al Kremlin, dice Lipman. Con Estados Unidos, las relaciones se han visto empañadas desde el regreso de Putin al Kremlin, sobre todo por las críticas sobre la situación de los derechos humanos, más que por las divergencias sobre otros asuntos, como por ejemplo, el conflicto en Siria.

A finales de 2012, Moscú prohibió la adopción de niños rusos por estadounidenses en represalia por la publicación en Estados Unidos de la ‘lista Magnitski’, que da a conocer los nombres de los responsables rusos implicados en la muerte del abogado Serguei Magnitski en una cárcel en Moscú.

Las autoridades rusas están ahora preocupadas por los preparativos de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sotchi, en febrero de 2014, un acontecimiento que pretende contribuir al prestigio del país, así como el Campeonato del Mundo de Atletismo en agosto, en Moscú.

Esto deja en segundo plano las preocupaciones de los economistas que recuerdan la desaceleración del crecimiento en Rusia y temen una recesión. Aunque Putin también habla ya de “señales alarmantes” observadas en la economía rusa.

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EN EL ANIVERSARIO DE LA MARCHA ANTI PUTIN

Detenido por desplegar una pancarta en favor de los presos políticos

MOSCÚ, 6 May. (Reuters/EP) –

   La Policía rusa ha detenido a un hombre después de que varios manifestantes desplegaran una gran pancarta en la que solicitaban la liberación de los “presos políticos”, dando así el pistoletazo de salida a una tarde de protestas contra el presidente de Rusia, Vladimir Putin, en la capital del país, Moscú.

   La pancarta, en la que se podía leer “¡Libertad para los prisioneros del 6 de mayo!”, ha sido desplegada en la fachada de un edificio, ocupando tres plantas del mismo, situado en una de las calles más bulliciosas de Moscú. La pancarta ha sido retirada rápidamente y un hombre ha sido detenido.

Este gesto de desafío no es más que el preludio de una tarde de manifestaciones previstas en la plaza Bolotnaya, donde hace un año se produjeron enfrentamientos entre la Policía y manifestantes anti Putin y que acabaron con cientos de personas detenidas.

En Ekaterimburgo, los activistas opositores han escrito los nombres de los manifestantes que aún están a la espera de un juicio por las protestas del pasado año en las calles de la ciudad.

La oposición espera reunir esta tarde a las miles de personas que respaldaron la manifestación contra el presidente ruso el año pasado, a pesar de que la oposición, desarticulada y caótica, ha perdido el apoyo de muchos de sus simpatizantes. La emisora de radio liberal Ejo Moskvy ha abierto incluso una línea telefónica para que sus oyentes respondieran a la pregunta de si existe algún motivo para llevar a cabo la protesta.

Ayer tuvo lugar una manifestación, concebida como previa a la de hoy, a la que acudieron unas 400 personas, según la Policía, unas mil, según las estimaciones de los corresponsales la agencia oficial rusa RIA Novosti. Durante la protesta no se produjo ninguna detención.

Los grupos de defensa de Derechos Humanos y los activistas de la oposición aseguran que todavía hay 28 personas que se enfrentan a cargos relacionados con la manifestación del año pasado. Muchos de ellos permanecen detenidos mientras esperan ser juzgados y algunos se encuentran bajo arresto domiciliario, acusados de incitar a la violencia.

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Las voces amordazadas en Rusia

Las agresiones contra la libertad de expresión, asociación y reunión que se están cometiendo en Rusia han sido el sello de distinción del presidente Vladimir Putin. Sin embargo, nada de esto ha llegado al conocimiento de las grandes audiencias de televisión en el país, donde parece que las noticias reales apenas tienen cabida.

Lydia Aroyo – Periodista de Amnistía Internacional para Europa y Asia Central

06/05/2013 eldiario.es

Dos policías detienen a un cámara durante una manifestación de la libertad de expresión, Rusia, 2010 © Tomasz Kizny

Dos policías detienen a un cámara durante una manifestación de la libertad de expresión, Rusia, 2010 © Tomasz Kizny

El centro de prensa de la agencia de noticias rusa Interfax enseguida empezó a llenarse de periodistas, y el montón de dossieres de prensa que habíamos preparado estaba descendiendo a toda prisa.

Me sentía pletórica. La rueda de prensa conjunta organizada por Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) estaba consiguiendo un número récord de asistentes. Ambas organizaciones se disponían a presentar sus informes respectivos, Freedom under threat yLaws of Attrition, en los que ponen al descubierto las constantes agresiones contra la libertad de expresión, asociación y reunión que se están cometiendo en Rusia, abusos que han cobrado impulso bajo la autoridad del presidente Putin durante el primer año de su tercer mandato presidencial.

En los 10 años que llevo trabajando con Amnistía Internacional, en los que he hecho frecuentes viajes a Moscú para presentar informes, jamás había visto una decena de cámaras juntas en el mismo lugar, así que imaginé que pasaría la velada cambiando de un canal a otro, disfrutando de la cobertura informativa dedicada a este esfuerzo conjunto de dos organizaciones de derechos humanos para hacer llegar el mensaje de que la libertad de expresión se está extinguiendo progresivamente en Rusia. Tenía la esperanza de que, contra todo pronóstico, la cobertura informativa de ambos informes por parte de las cadenas de radio y televisión rusas –y también de los medios de comunicación impresos– demostrara que nuestra visión de la situación actual estaba equivocada.

Pero una simple mirada a la lista de inscritos hizo decaer mi entusiasmo. En efecto, medios como Reuters, AP, Al Yazira y ORF estaban allí, pero sólo dos de las cámaras pertenecían a canales rusos, y ninguna a NTV, por ejemplo, una de las cadenas de televisión más importantes de Rusia. En los últimos años, NTV ha realizado reportajes brillantes sobre información publicada por Amnistía Internacional, pero ahora ayuda al gobierno a difamar a los grupos de derechos humanos. En lugar de difundir lo que estas ONG afirman, la cadena ahora se dedica a seguir a los fiscales y a los inspectores de Hacienda cuando practican registros en las oficinas de estos grupos. Cuando los inspectores de Hacienda acudieron a la oficina de Amnistía Internacional en Moscú, había reporteros de NTV en la puerta, y esa oportuna coincidencia sigue siendo inexplicable si hemos de creer la versión de los inspectores de que la presencia de NTV no tenía nada que ver con ellos. Sólo cabe una explicación, y es que actualmente tienen un papel significativo en los esfuerzos de las autoridades para estigmatizar y desacreditar a las ONG ante la opinión pública.

Antidisturbios rusos reprimen a los manifestantes en el centro de Moscú, 2012 © REUTERS/Denis Sinyakov

Antidisturbios rusos reprimen a los manifestantes en el centro de Moscú, 2012 © REUTERS/Denis Sinyakov

Lectores de conocidos periódicos como Kommersant, Vedomosti y Novye Izvestya saben que Amnistía Internacional y Human Rights Watch consideran que la verdadera finalidad de las últimas iniciativas jurídicas de Rusia –como la ley federal sobre reuniones, utilizada para prohibir manifestaciones, o la ley “Dima Yakovlev”, que impone restricciones sobre la financiación de las ONG procedente de Estados Unidos– es amordazar a personas destacadas que critican al gobierno.  Tienen como fin sofocar las voces de la oposición, organismos reguladores y personas corrientes que quieren denunciar asuntos muy diversos.

Muchas de esas voces ya han sido silenciadas. Nunca se ha esclarecido quienes estuvieron detrás del asesinato de la reputada periodista de investigación Anna Politkovskaya ni se han revelado los motivos reales. Los responsables del secuestro y asesinato de la periodista y activista de derechos humanos Natalia Estemirova en Grozni (Chechenia) en 2009 todavía no han comparecido ante un tribunal y ni siquiera han sido identificados, dado que los resultados provisionales de la investigación oficial plantean más preguntas que respuestas. Mikhail Beketov murió a principios de abril.  Era un periodista ruso que hacía campaña contra la corrupción del gobierno y sufrió una lesión cerebral debido a un ataque en 2008. Nunca fueron identificados sus agresores.

La conferencia de prensa se celebró el 24 de abril, el mismo día que se reanudó el juicio contra el bloguero y activista de la oposición Aleksei Navalny en Kirov, ciudad situada unos 800 kilómetros al noreste de Moscú. Navalny, dedicado a la denuncia de casos de corrupción, está acusado de malversar 510.000 dólares estadounidenses de cargamentos de madera y podría ser condenado a 10 años de cárcel y una multa de un millón de rublos (32.000 dólares estadounidenses) si es declarado culpable. Su caso recuerda a otros que suscitaron dudas en el pasado en cuanto a la motivación política de los cargos y a la independencia de los tribunales.

Nada de esto ha llegado al conocimiento de las grandes audiencias de televisión en Rusia, donde parece que las noticias reales apenas tienen cabida. En el horario matutino se entretiene a los espectadores con boletines informativos intercalados con programas de cocina. Por la tarde pueden disfrutar de la siguiente entrega de una serie de suspense de calidad en la que empresarios corruptos sobornan a la recta directora de un orfanato. Los delincuentes quieren que la directora permita la adopción de niños rusos por parte de extranjeros, mientras que unos audaces policías descubren una trama de los susodichos extranjeros para obtener órganos infantiles.

El momento culminante de la jornada del 25 de abril fue el programa de llamadas en directo del presidente Vladimir Putin, en el que contestó a preguntas de personas que llamaban de todo el país. Mientras decía a la audiencia que las organizaciones que ponían al descubierto la corrupción y otros abusos debían ser valoradas, un tribunal de Moscú condenaba a la ONG independiente Golos (Voz) a pagar una multa de 300.000 rublos (casi 10.000 dólares estadounidenses). Golos desempeñó un destacado papel organizando las tareas de observación electoral e informando de las denuncias de fraude electoral en las elecciones parlamentarias de 2011 y las presidenciales de 2012. Es la primera ONG rusa que se ha topado con la legislación sobre “agentes extranjeros”.

Durante su programa televisivo, el presidente Putin debatió sobre la política del gobierno, la política internacional y la economía tanto exterior como interior. Explicó por qué algunos salarios eran bajos y algunos productos eran caros. Prometió agilizar la burocracia, resolver problemas de vivienda y ayudar a todos y cada uno de los ciudadanos.
Al término del programa, los presentadores de televisión informaron al público de que era el undécimo programa de llamadas al presidente Putin y que había durado 4 horas y 47 minutos.

Una lástima que al parecer no superara los récords establecidos por Fidel Castro en Cuba o el ex dirigente Gadafi en Libia; de haberlo hecho, nos habríamos enterado.

Mientras, los participantes de un grupo de discusión, de edades comprendidas entre 18 y 25 años, respondiendo a una pregunta sobre lo que podían hacer personas individuales en relación con asuntos importantes, afirmaron que solamente alguien con un cargo de autoridad podía cambiar la situación, y que esa persona sólo podía ser Putin. Aun así, el grupo de discusión no pensaba que Putin pudiera resolverlo todo.

Ésta es la situación actual en Rusia: disminución de las voces críticas, reducción del papel de la sociedad civil, y una generación de jóvenes privada de fe en su propia capacidad de generar un cambio en la sociedad. Y así seguirá mientras los medios de comunicación no empiecen de una vez por todas a informar sobre noticias reales.

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