Pese a que hay alimentos, millones sufren hambre : FAO


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Pese a que hay alimentos, millones sufren hambre : FAO

“En el mundo hay mucho más oferta de alimentos que demanda. Sin embargo no todos pueden generar los ingresos suficientes para comprarlos”

FUENTE: LA JORNADA

martes, 14 de mayo del 2013

Foto: Internet

Foto: Internet
San José.- Unos 870 millones de personas del mundo padecen hambre, sin perjuicio de que existe más oferta que demanda de alimentos, aseguró el director regional de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación para América Latina y el Caribe (FAO), Raúl Benítez. Ello obedece a que esos sectores poblacionales no tienen acceso a los alimentos por falta de ingresos para adquirirlos, dijo el funcionario al diario costarricense La Nación.”En el mundo hay mucho más oferta de alimentos que demanda. Sin embargo, aunque existe volumen para alimentar a toda la población mundial (unos 7 mil 84 millones de personas), hay cerca de 870 millones de personas con hambre porque no pueden generar los ingresos suficientes para comprarlos”, aseveró.

El problema del desperdicio

“Otro de los problemas es el desperdicio. Más o menos un tercio de los alimentos se pierden después de la cosecha. Eso es un punto que tenemos que mejorar”, mencionó. Sucede por mal manejo luego de la cosecha, tenemos problemas de cómo almacenamos, a veces tenemos problemas en el transporte y después problemas en que hacemos o preparamos comida de más y eso deviene en desperdicio”, explicó.

En su sede de Roma, la FAO indicó que los bosques, los árboles en las explotaciones agrícolas y los sistemas agroforestales son fundamentales en la lucha contra el hambre y deben estar mejor integrados en las políticas de seguridad alimentaria y uso del suelo, afirmó el director del organismo, José Graziano da Silva.

Al inaugurar en Roma la Conferencia Internacional sobre los Bosques para Seguridad Alimentaria y Nutricional, Graziano resaltó que los bosques contribuyen al sustento de más de mil millones de personas, incluyendo muchas de las más necesitadas del mundo.

En otro aspecto, la FAO indicó que comer insectos, orugas y hormigas podría ayudar contra el hambre, además de ser la principal fuente de proteínas para la población de las zonas forestales, mientras hojas, semillas, hongos, miel y frutas proporcionan minerales y vitaminas.

Más de mil 900 especies de insectos sirven como alimento en el mundo, en su mayoría en África y Asia, pero los occidentales en general rechazan comer saltamontes, termita y otros platos crujientes. Autores de un estudio del Departamento de Silvicultura de la FAO, precisaron que muchos insectos contienen la misma cantidad de proteínas y minerales que la carne y más grasas saludables.

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Fao invita a criar y comer insectos para luchar contra el hambre

(AFP)

ROMA — “Comer insectos” es la original campaña lanzada este lunes por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), tras descubrir a través de un importante estudio que los insectos son nutritivos, varios, económicos y hasta deliciosos.

La entidad de Naciones Unidas, liderada por el brasileño José Graziano da Silva, sostiene que los insectos son “un recurso desperdiciado”, ya que son una fuente importante y fácilmente accesible de alimentos nutritivos, ricos en proteínas, que se encuentra en los bosques.

Según el nuevo estudio presentado por la FAO durante la Conferencia Internacional sobre los Bosques para la Seguridad Alimentaria y Nutricional, que se celebra en la sede central de Roma, los insectos forman parte de las dietas tradicionales de al menos 2000 millones de personas.

“La recolección y cría de insectos pueden generar empleos e ingresos en efectivo, hasta ahora sobre todo a nivel familiar, pero también potencialmente a nivel industrial”, sostiene la entidad especializada en agricultura y alimentación.

El estudio calcula que existen cerca de un millón de especies conocidas de insectos, el organismo más clasificado del planeta.

La investigación de la FAO fue realizada en colaboración con la Universidad de Wageningen (Países Bajos) y estableció que los seres humanos consumen en el mundo más de 1.900 especies de insectos.

Entre los más consumidos figuran los escarabajos (31% ), las orugas (18 %), abejas, avispas y hormigas (14 %), saltamontes, langostas y grillos (13%), indica la entidad.

“Muchos insectos son ricos en proteínas y grasas buenas y tienen un elevado contenido en calcio, hierro y zinc”, subraya el estudio.

“No estamos diciendo a la gente que debe comer bichos”, advirtió Eva Muller, directora de la División de Economía, Políticas y Productos Forestales de la FAO, y coautora del informe “Insectos comestibles: perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y alimentación para el ganado”.

“Lo que decimos es que los insectos son sólo uno de los recursos que brindan los bosques, y que se puede explotar su potencial como alimento, y sobre todo, como pienso”, explicó Muller.

Criar insectos en forma sostenible

Criar insectos de forma sostenible puede ayudar a evitar la sobreexplotación forestal y si la producción estuviera más automatizada, se podrían bajar los costes a un nivel en el que la industria se beneficiaría de la sustitución de harina de pescado, por ejemplo, con harina de insectos en la alimentación del ganado. La ventaja sería un aumento del suministro de pescado para el consumo humano, explicó la FAO.

Los expertos consideran que debido a que son de sangre fría, los insectos no utilizan energía alimentaria para mantener la temperatura corporal, producen una reducida cantidad de emisiones como metano, amoníaco, gases de efecto invernadero -que originan el calentamiento climático- y de estiércol, todo lo cual contamina el medio ambiente.

Inclusive pueden ser utilizados para descomponer los desechos, observan los estudiosos, al pedir “políticas adecuadas” y mayores estudios.

La FAO subraya que si bien existen leyes que a menudo prohíben utilizar insectos en los alimentos para el consumo humano, “un número creciente de tiendas de alimentos y restaurantes novedosos han surgido en los países desarrollados” con esos bichos.

“El sector privado está dispuesto a invertir en la cría de insectos. Tenemos grandes oportunidades por delante”, sostiene Paul Vantomme, uno de los autores del informe, quien considera clave un marco jurídico para el desarrollo de ese nuevo y prometedor sector.

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Los insectos y la dieta de los políticos

OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE
Día 16/05/2013 – ABC.es

Es sólo cuestión de acostumbrarse, aunque si nos hemos acostumbrado a la versión más deteriorada del «fast food» no nos resultará muy difícil meter la lengua en un hormiguero

SEGÚN la FAO , la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, hay que ir pensando ya en que los insectos pueden ser una solución para el hambre en el mundo futuro. En realidad, no se trata más que de actualizar ese refrán que dice que todo lo que vuela, a la cazuela; y lo que se arrastra, y lo que trepa por la pared, y lo que anida en el jardín… Aunque, mientras que unos nos lo vamos pensando, al parecer hay varios millones de personas por el mundo que comprueban a diario el alto contenido en proteínas, fibra y minerales de los escarabajos, orugas, saltamontes, hormigas y hasta moscas.

Por esta parte del mundo tenemos la ventaja de que existe la figura del «restaurador», del profesional que coge un puñado de cigarras, se las trabaja con esto y aquello, y te presenta un plato delante que no baja de los cien euros. No es difícil imaginarse hasta dónde podría llegar la creatividad de los grandes cocineros de la actualidad con un buen terrario delante.

Es sólo cuestión de acostumbrarse, aunque si nos hemos acostumbrado a la versión más deteriorada del «fast food» no nos resultará muy difícil meter la lengua en un hormiguero. Hay que comer de todo, como decían las abuelas de antes y demuestran los políticos catalanes de ahora, que, según un estudio de la SEEDO (Sociedad Española para Estudio de la Obesidad), son los que tienen un mayor porcentaje de sobrepeso de la sociedad, lo cual fue comprobado por el doctor Formiguera mediante el prosaico sistema de medirles la cintura a la mitad de los parlamentarios autonómicos, sólo a los que se prestaron a ello voluntariamente, lo que hace sospechar que algunos, los más orondos, se escabullirían prudentemente de la cinta métrica.

Esto no quiere decir que haya que animar ya a nuestros políticos a seguir los consejos de la FAO se pongan ahora a una dieta rica y variada en «bichos», bastante tienen ya con ese «sapo» que se desayunan cada mañana.

Pero, si les diera por ello, seguro que un corto plazo de tiempo veríamos como en la habitual superpoblación de insectos empezarían a surgir especies en peligro de extinción. Donde ponen el ojo, ponen la bala.

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Insectos para picar

La FAO llama a extender una dieta que ya sigue un tercio de los habitantes ante el aumento de la población mundial. Comer escarabajos es sostenible, barato y nutritivo. Otros creen que el hambre se acabaría distribuyendo bien los alimentos

 14 MAY 2013 – El País.com (España)
La alta cocina no encuentra hueco para los insectos, es un bocado que los occidentales no acaban de tragar. / FRANÇOIS LENOIR

Un aperitivo de escamoles, pan de mopane y una parrillada mixta de picudo rojo y langostas. Podría ser el menú sugerido por la Agencia para la Alimentación y la Agricultura de la ONU (FAO) en su última propuesta para ayudar a combatir el hambre en el mundo. Pero salvo para los devotos de lo exótico, en España, por ejemplo, lo más probable es que tuviera poca aceptación. El jamón está muy bueno, y la idea de sustituirlo, si el hambre aprieta, por huevas de hormigas (el escamole, también llamado el caviar mexicano); pan de larvas de polillas (las del árbol del mopane surafricano) y gusanos de escarabajo y saltamontes (el picudo rojo no es un tipo de centollo, y nos referimos a langostas de las que saltan, no de las que nadan) no parece que vaya a ser muy exitosa.

 

El patrón alimenticio de los países ricos no es exportable

 

Sin embargo, el menú sugerido no es la extravagancia de un chef de la nueva cocina, aunque alguno ha coqueteado con el uso de insectos para la comida. Se trata de una opción más ante un problema inminente: “En 2050 habrá 2.000 millones de personas más en el mundo, y tendrán que comer lo mejor posible”, dice Eduardo Rojas, director forestal de la FAO. Tras explotar al máximo los actuales animales domésticos, llevar al borde de la extinción a la mayoría de los cuadrúpedos salvajes, sobrepescar los mares y amenazar con desertificar las selvas y otros espacios naturales, las algas y los insectos son de los últimos nichos por explorar. Y estos últimos son una fuente abundante, barata y segura de proteínas, grasas y nutrientes. Por ejemplo, un estudio de 2002 del entomólogo Marvis Harris calcula que 100 gramos de hamburguesa tienen menos de la mitad de calorías que la misma cantidad de termitas africanas, un 50% menos de proteínas y un tercio de grasas. “Y los insectos son, además, baratos y ecológicos”, añade Rojas.

“Llevamos años estudiando el aprovechamiento no maderable de los bosques, y por eso creamos un grupo para estudiar otras opciones”, dice Rojas. En el fondo, no han hecho más que recoger lo que ya sucede “en el sureste asiático, en México y en las selvas del Congo”. En total, la FAO calcula que ya hay 2.000 millones de personas que comen insectos de una manera habitual —la mayoría por pura necesidad, eso sí—, y que hay más de 1.900 especies de insectos que se consumen.

 

 

Fuente: FAO. / HEBER LONGAS / EL PAÍS

En el fondo, son pocas. No se sabe siquiera cuántas especies de insectos hay en el mundo. Se calcula que si se pusieran en una balanza todos los existentes, pesarían más que el conjunto de todos los otros animales. “Pero no todas las especies son comestibles, claro”, matiza Rojas. “Por ejemplo, el gusano de seda, que es probablemente el que mejor sabemos criar en cautividad, no lo es; y la procesionaria, tan frecuente en los bosques mediterráneos, tiene un potente veneno”, advierte.

“Hay que aumentar la calidad de la alimentación de las clases medias emergentes de los países pobres”, dice Rojas. Estas “se van pasando a dietas con más proteína animal, pero eso supone un riesgo enorme si repicamos nuestro modelo, incluso aunque opten por las carnes más baratas, la del pollo y la del cerdo”, añade. Y apunta dos peligros claros si se quiere alimentar igual y con las mismas especies a toda la humanidad: la deforestación y la emisión de metano, un gas de efecto invernadero cuya primera fuente son las flatulencias animales. A cambio, las posibles granjas de insectos —alguna hay ya en Laos, Tailandia y Camboya— tienen la ventaja de que ofrecen una proteína “mucho más barata”, “en menos espacio”, más eficaz energéticamente (en algunos saltamontes se produce un kilo de proteína por dos de hierba; la proporción en vacas es de 1 a 20) y además pueden servir también para piensos de otros animales, añade Rojas.

 

El rechazo cultural dificulta el cambio de hábitos en Occidente

 

Claro que no todo son ventajas. Para empezar, hay un problema de aceptación. La FAO da una explicación de por qué los países occidentales no tienen costumbre de comer insectos: “De las 15 especies de grandes herbívoros, 14 [vacas, ovejas, cabras, caballos, cerdos, camellos…] se domesticaron en el Oriente Medio”, por lo que no hizo falta buscar otras proteínas (la otra es la llama andina). Rojas cree, sin embargo, que esa batalla puede ganarse. “Si comemos caracoles —aunque se trate de moluscos—, por qué no vamos a comer saltamontes”, dice.

Además, insiste en que ese no es el objetivo. “En Occidente viven más o menos mil millones de personas, y el número se va a mantener estable; tenemos el suministro asegurado porque somos prácticamente autosuficientes. Aquí, comer insectos es algo exótico. Pero puede conseguirse si los grandes cocineros ponen su creatividad en juego y lo promocionan”. Alguno lo ha hecho, pero, por ejemplo, ni la sociedad Euro-toques de cocineros de nivel internacional ni la de hosteleros de Madrid facilitan algún chef que lo haya hecho y quiera contarlo.

Roberto Ruiz Vélez, jefe de cocina del restaurante mexicano Punto MX, de Madrid, relata lo que cuesta que los españoles acepten comer insectos. “Los escamoles les gustan; incluso hemos tenido que pedir más suministro, pero son como cacahuetes, no tienen ojos ni patas. Cuando les ven los ojitos les cuesta más”. Con ese planteamiento, otra exquisitez mexicana, los jumiles (chinches de monte), que se comen vivos, ni se lo plantea.

 

Más variedad de especies impide a unos pocos controlar el mercado

 

No es solo cuestión de aspecto o gusto. Ying Long, presidente de la Asociación de Estudiantes Chinos de la Universidad Complutense, admite que él nunca ha comido insectos. “Soy del centro de China, y eso depende de la provincia”, dice. Pero no es solo una cuestión territorial. “Mis padres comían, pero ahora hay menos pobreza”. Esa equiparación entre la alimentación con animales de seis patas y la pobreza puede ser también un lastre, y la idea de dignificarlos como propone Rojas puede ser la alternativa (algo parecido a lo que ha sucedido en España con la casquería, abandonada en los años de bonanza y cuyo prestigio se ha recuperado de la mano de grandes cocineros).

De todas formas, el propio Ruiz Vélez admite que cuando lo que se busca es un bocado y no solo alimentarse, quizá la oferta de larvas o himenópteros no sea muy atractiva. “Los chapulines de Oaxaca están muy bien, pero en su entorno, y si es con mezcal mejor”, dice.

Curiosamente, Eduardo Galante, presidente de la Sociedad Española de Entomología y director de Cibio (Centro Iberoamericano de la Biodiversidad) discrepa. “Yo he comido bastantes insectos, y todos son muy agradables; algunos, muy buenos”, dice. Él ha sido el inspirador del menú sugerido al principio de este texto, sacado de sus platos favoritos. “No me costó nada probarlos, quizá porque lo tenía interiorizado”, dice. Pero admite que el rechazo está presente. “Este jueves tenemos unas jornadas y hemos encargado un menú degustación a base de insectos; ya nos han dicho algunos invitados que no saben si se atreverán a probarlo”. Además, hay otro problema para que este tipo de alimento se popularice. “En España hay un vacío legal. Todo lo hemos tenido que traer de fuera porque aquí no había”, dice Galante.

La idea de la FAO también tiene detractores. “El hambre no se soluciona sacándose de la manga alimentos mágicos como los insectos o la quinua”, afirma Javier Guzmán, director de VSF [Veterinarios sin Fronteras] Justicia Alimentaria Global. “Es verdad que ya hay sitios donde tienen esta alimentación, pero el hambre es un problema político. La propia FAO admite que hay alimentos para todos, pero que su distribución es una cuestión política”, dice. “El 30% de la producción mundial de alimentos se pierde”.

 

El 30% de la producción mundial de alimentos se pierde

 

Para Guzmán, la clave de la desnutrición es el sistema mundial de producción y reparto de alimentos. “Al principio, comer era un derecho; ahora es un negocio especulativo. El mercado está desregulado, y tiene todas las de ganar, porque la gente siempre va a necesitar comer”, resume Guzmán.

Lo malo de este tipo de promociones de productos que aparecen de vez en cuando es que enseguida otros se apoderan de ellos. “Por ejemplo, este es el año de la quinua”, apunta Guzmán, “y lo que ha pasado es que el 95% de la cosecha de Bolivia, que el principal productor, se dedica ahora a la exportación, con lo que se ha encarecido y la población que la tenía como alimento principal ahora no puede comprarlo”. Es una historia recurrente, “como que las mejores tierras se dediquen a cultivos para la exportación o para agrocombustibles”.

Las críticas al mercado de Guzmán son compartidas por José Esquinas, ex alto cargo de la FAO y actualmente director de la cátedra de Estudios de Hambre y Pobreza (CEHAP) en la Universidad de Córdoba, pero él les da la vuelta. “Actualmente hay un monopolio o un oligopolio, y todo lo que sea aumentar la diversidad es bueno”. “En el fondo no estamos inventando la rueda. Lo que ha sucedido es que ha habido una uniformización. Por ejemplo, en agricultura, los humanos hemos usado 8.000 especies a lo largo de nuestra historia; hoy solo empleamos unas 150 y cuatro de ellas —trigo, arroz, patata y maíz— aportan el 70% de las calorías. Además, de estas especies cada vez se usan menos variedades. Con lo que hoy se produce se podría alimentar a un 70% más de población, pero hay un problema de acceso. Los alimentos no llegan a la boca de quienes lo necesitan”, analiza.

Y, precisamente, por ser esta la situación es por lo que cree útil que se extiendan las granjas de insectos. “Se trata de fomentar la diversidad. Cuantas más fuentes de proteínas y de alimentos haya en general, más difícil será que unos pocos controlen el mercado. Con la diversidad, las grandes empresas pierden el control, que vuelve a manos de los pequeños productores”, dice. “Los insectos son baratos, tienen una gran productividad; puden ayudar a la solución”.

Como se ve, la propuesta de la FAO no está hecha para todos los paladares. Para algunos es tragarse un sapo. Pero en la ONU no tienen dudas: si a buen hambre no hay pan duro, qué menos que una suculenta brocheta de gusanos.

 

Bichos de temporada

 

E.D.B

• Recolección. Como la fruta, los insectos llegan por cosechas, indica la FAO. Son un alimento antiguo, hasta ahora propio de pueblos de recolectores. La humanidad sabe cómo cultivarlos, pero lo ha hecho, casi siempre, con otros fines, como con los gusanos de seda o las cochinillas. El objetivo sería crear granjas que, como con los invernaderos de los cultivos, produzcan animales durante todo el año para asegurar el suministro de proteína. Además, se evitaría la esquilmación de las especies, como sucede, por ejemplo, cuando en países como España hay un exceso de buscadores de setas.

• México. Es el país latinoamericano donde más insectos se comen. Por ejemplo, el gusano rojo del magüey (muy conocido porque está en algunas botellas) se recolecta en febrero y marzo; el gusano del cazahuate durante todo el año; y el gusano del perul, en agosto.

• Tailandia. El escarabajo rinoceronte se recoge en septiembre; el grillo, en agosto. En junio y julio se capturan ejemplares acuáticos como los belostomátidos (chinches) o los garapitos.

• Otros animales. Además, la lista de la FAO incluye otro animal, como las arañas, que no son insectos. Se comen en Tailandia o Camboya.

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