Periodistas de “Le Monde” aseguran haber presenciado ataques químicos del régimen en Siria


  • Periodistas de “Le Monde” aseguran haber presenciado ataques químicos del régimen en Siria
  • El régimen ha empleado durante meses armas químicas en Damasco
  • Aumentan enfrentamientos en Siria, surgen más reportes de ataques químicos
  • El ataque químico que viví en Siria
  • Entre 180 y 200 franceses han viajado a Siria para luchar contra Al Assad, según ‘Le Monde’

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Periodistas de “Le Monde” aseguran haber presenciado ataques químicos del régimen en Siria

(EFE)

París, 27 may (EFE).- Reporteros del diario francés “Le Monde” contaron en la edición de hoy cómo vivieron ataques con armas químicas lanzados por las tropas del régimen, cuando se encontraban con grupos rebeldes en las cercanías de Damasco.

El fotógrafo Laurent Van der Stockt, en el amplio reportaje titulado “Guerra química en Siria” que dedica al tema “Le Monde”, relató cómo vivió en carne propia los efectos de esas armas en el frente de Jobar el pasado 13 de abril.

El fotógrafo vio que los combatientes rebeldes, que estaban apostados en unas casas en ruinas, empezaron a toser, a vomitar, a dar muestras de ahogo, antes de sufrir algunos síntomas él mismo, que después tuvo problemas visuales y respiratorios durante cuatro días.

Según los testimonios recogidos por Van der Stockt y por el periodista Jean-Philippe Rémy -en particular de médicos del hospital Al-Fateh de Kafer Battna en la región de la Ghouta, que declaran bajo el anonimato- podría tratarse de sarín.

Ese gas inodoro e incoloro neurotóxico produce efectos coincidentes con los observados sobre el terreno por los reporteros, que han estado durante dos meses allí cubriendo el conflicto y tratando de contrastar el uso de armas químicas.

Los reporteros consideraron que las fuerzas leales al presidente Bachar el Asad utilizan gases en los frentes de guerra de forma puntual y evitan las propagaciones masivas, que ofrecerían fácilmente pruebas irrefutables del uso de esas armas.

Un uso que, para algunos gobiernos occidentales como Estados Unidos o Francia, constituiría una línea roja que si se traspasara podría justificar una intervención internacional, en particular si se demostrara que se utilizan contra la población civil.

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SEGÚN ‘LE MONDE’

El régimen ha empleado durante meses armas químicas en Damasco

PARÍS, 27 May. (EUROPA PRESS) –

   Las fuerzas leales al presidente sirio, Bashar al Assad, han utilizado en repetidas ocasiones armas químicas contra las milicias insurgentes y contra la población civil en Damasco en los últimos meses, según denuncia este lunes el diario francés ‘Le Monde’, que asegura que uno de sus fotógrafos se vio directamente afectado por los gases tóxicos.

   “Escuchamos una explosión, notamos el olor e inmediatamente comenzamos a tener problemas para respirar. Se nos nubla la vista y nos duele la cabeza”, relata uno de los combatientes rebeldes, Abdalá, en declaraciones al rotativo francés.

El diario asegura que uno de sus propios fotógrafos ha sufrido los efectos de los gases tóxicos en el barrio de Jobar, cuando acompañaba a los milicianos insurgentes. El 13 de abril el fotógrafo vio a los combatientes toser durante los combates entre las casas en ruinas de Jobar. Inmediatamente se pusieron las máscaras de gas, pero ya habían inhalado el gas, por lo que muchos comenzaron a caer asfixiados y a vomitar. El propio fotógrafo sufrió durante cuatro días de visión borrosa y trastornos respiratorios.

Un médico sirio, identificado como Hassan, ha asegurado que ha tratado a más de una veintena de afectados por los gases procedentes de Jobar. “Decían que tenían problemas para respirar. Tenían sarpullidos, los ojos rojos y las pupilas contraídas. Sufrían náuseas, vómitos y algunos tosían sangre”, ha relatado. El médico ha explicado que han tomado muestras de sangre, orina y cabello para que sean analizadas y se determine qué tipo de veneno se utilizó.

Otro médico, Zamir, ha relatado bajo condición de anonimato que tras la manifestación del 24 de marzo en Adra, otro barrio de Damasco, murieron dos personas y recibieron otros 39 pacientes con síntomas de intoxicación. Todos ellos fueron tratados con atropina, una sustancia que sirve de antídoto al gas sarín y respondieron bien al tratamiento, aunque no se ha podido confirmar el tipo de químico utilizado en el ataque.

“En los dos meses que hemos pasado informando desde las afueras de la capital siria hemos sido testigos de casos similiares en una vasta región”, señala el reportaje de ‘Le Monde’. “Su gravedad, su mayor frecuencia y la táctica de utilizar estas armas demuestra que no es sólo gas lacrimógeno, que ya se usa en todos los frentes, sino productos de un tipo diferente, mucho más tóxicos”, relata.

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27 de mayo de 2013

Aumentan enfrentamientos en Siria, surgen más reportes de ataques químicos

Terra Chile

Fuertes enfrentamientos se produjeron el lunes en los alrededores de la estratégica ciudad fronteriza siria de Qusair y la capital Damasco, mientras aparecieron nuevos reportes de ataques con armas químicas por parte de las fuerzas del presidente Bashar al-Assad contra zonas rebeldes.

El Ejército sirio atacó suburbios orientales de Damasco con incursiones aéreas y artillería y se escucharon fuertes explosiones alrededor de al-Nabak, 80 kilómetros al norte de la capital, donde los combates han cortado una ruta en la ciudad central de Homs, dijo el Observatorio para los Derechos Humanos sirio, a favor de la oposición.

Las ofensivas del Gobierno sirio en las últimas semanas son vistas como una campaña para fortalecer la posición negociadora de Assad antes de una conferencia internacional de paz patrocinada por Estados Unidos y Rusia.

Activistas de la oposición dijeron que soldados sirios respaldados por combatientes libaneses de Hezbollah estaban realizando un ataque sostenido sobre Qusair, una ciudad usada durante mucho tiempo por insurgentes como un centro de armas y otros suministros provenientes de Líbano.

Para Assad, Qusair es un nexo crucial entre Damasco y bastiones leales sobre la costa mediterránea. Recapturar la ciudad, en la provincia central de Homs, podría también complicar las conexiones entre áreas en manos rebeldes en el norte y el sur de Siria.

La profundización del involucramiento de Hezbollah en Qusair ha elevado los temores de una renovada guerra civil en el vecino Líbano, donde dos misiles impactaron un bastión del movimiento chií en el sur de Beirut el domingo y otro fue disparado desde el sur de Líbano hacia Israel.

Los misiles cayeron horas después de que el líder de Hezbollah Sayyed Hassan Nasrallah prometió que sus guerrillas anti-Israel que luchan junto a las fuerzas de Assad ganarán a cualquier costo.

Una fuente de seguridad libanesa dijo que otro misil, que no explotó, estuvo dirigido hacia el aeropuerto de Beirut. El sitio de lanzamiento estaba cerca de Aitat, en las laderas al sur de la capital.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, expresó una “profunda preocupación” durante la noche por la admisión de Hezbollah de su rol de combate y el riesgo de que el conflicto sirio pueda llegar a Líbano y a otros países vecinos.

Ban instó a todos los implicados a “terminar inmediatamente de apoyar la violencia dentro de Siria y en cambio usar su influencia para promover una solución política a la tragedia de Siria”.

“ATAQUE QUIMICO” AFECTA A DECENAS DE PERSONAS

Hasta el momento la diplomacia sólo parece haber intensificado la violencia, especialmente alrededor de Qusair y Damasco.

En Harasta, un suburbio de Damasco mayormente bajo control rebelde, decenas de personas estaban sufriendo los efectos de un aparente ataque químico nocturno, según fuentes de la oposición. Videos mostraron a las víctimas en el piso de una habitación amplia, respirando con máscaras de oxígeno.

Las partes en el conflicto, que ya está en su tercer año, se han acusado mutuamente de usar armas químicas. El diario francés Le Monde publicó el lunes relatos en primera persona de aparentes ataques químicos por parte de fuerzas de Assad en abril.

El periódico dijo que uno de sus fotógrafos tuvo la visión borrosa y dificultades respiratorias durante cuatro días después de un ataque del 13 de abril en el frente Jobar, en el centro de Damasco.

Otro video de Harasta de la noche mostró al menos a dos combatientes siendo trasladados en una camioneta, con sus ojos llorosos y con dificultades para respirar mientras los médicos les ponían tubos en sus gargantas.

No fue posible verificar los videos de forma independiente debido a las dificultades de acceso para los medios en Siria.

Se cree que Siria, que no es miembro de la convención contra las armas químicas, tiene uno de los últimos arsenales de armas químicas no declarados del mundo.

Mientras Washington y Moscú buscan acercar a las partes en conflicto a la mesa de negociación, los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea se reunieron en Bruselas para discutir los pedidos de Gran Bretaña y Francia para suavizar un embargo de la UE sobre proveer armas a los rebeldes sirios.

Las sanciones de la UE sobre Siria podrían colapsar a menos que el bloque de 27 países pueda acordar el destino del embargo de armas antes de que termine el 1 de junio, pero varios miembros se oponen a cualquier cambio.

Gran Bretaña y Austria chocaron el lunes sobre si la UE debería aliviar el embargo de armas para los rebeldes.

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El ataque químico que viví en Siria

Dos periodistas de ‘Le Monde’ cuentan cómo vivieron ataques con armas químicas lanzados por las tropas del régimen, cerca de Damasco

 Jobar, Damasco 27 MAY 2013 – El País.com (España)
Imagen del vídeo de Le Monde en el que se documenta un supuesto ataque con armas químicas por parte del régimen sirio cerca de Damasco.

Un ataque químico en el frente de Jobar, a la entrada de la capital siria, no parece de primeras nada. Nada espectacular. Nada, sobre todo, detectable. Ese es el objetivo deseado: cuando los combatientes del Ejército Sirio Libre en las posiciones más adentradas de Damasco comprenden que acaban de ser expuestos a productos químicos lanzados por las fuerzas gubernamentales, ya es demasiado tarde. Cualquiera que sea el gas utilizado, sus efectos ya se dejan notar a tan solo unos centenares de metros de barrios de la capital siria.

Al principio, sólo se escuchó un ruido modesto, un choque metálico, casi un click. Y en el estrépito de los combates del día en el sector ‘Bahra 1’ del barrio de Jobar, eso no llamó enseguida la atención de la brigada Tahrir Al-Sham (“Liberación de Siria”). “Pensamos que se trataba de un obús de mortero que no había explotado y nadie le prestó mucha atención”, explica Omar Haidar, responsable de operaciones de la brigada, que mantiene esa posición avanzada a menos de 500 metros de la plaza de los Abasidas.

Ni olor, ni humo

Buscando palabras para retratar ese sonido incongruente, lo describe como “una lata de Pepsi que cae al suelo”. No produjo olor, no hubo humo, ni siquiera un silbido que indicara la eyección de un gas tóxico. Después aparecieron los síntomas. Los hombres tosían violentamente. Les quemaban los ojos, sus pupilas se retrajeron hasta el extremo, su visión se oscureció. Pronto sobrevinieron las dificultades respiratorias, en algunos casos agudas, los vómitos, los desmayos. Hubo que evacuar a los combatientes más afectados, antes de que se asfixiaran.

De esto, han sido testigos los enviados especiales de Le Monde varios días en ese barrio a la salida de Damasco, donde los rebeldes penetraron en febrero. Jobar es un enclave crucial tanto para el Ejército Sirio Libre como para el Gobierno. Sin embargo, a lo largo de nuestro reportaje de dos meses en los alrededores de la capital siria, hemos reunido elementos contrastables en una horquilla bastante más grande. La gravedad de los casos, su multiplicación y la táctica de empleo de estas armas demuestran que no se trata de simples gases lacrimógenos utilizados en los frentes, sino de productos de otra categoría, mucho más tóxicos.

En el frente complicado de Jobar, donde las líneas enemigas están tan cerca que los soldados se insultan casi tan fácilmente como se matan, las escenas de ataques con gas fueron puntuales en abril. No fue una difusión masiva sobre kilómetros, sino un empleo ocasional y localizado por parte de las fuerzas gubernamentales, dirigido a los puntos de contacto más duros con un enemigo rebelde muy cercano. El sector es la posición más avanzada de los grupos del Ejército Sirio Libre en el interior de Damasco. Una guerra sin piedad se desarrolla allí.

Primer ataque en abril

En el sector ‘Bahra 1’, uno de los más avanzados en dirección a la gran plaza estratégica de los Abasidas, uno de los cerrojos de Damasco, los hombres de Abu Djihad, conocido como ‘Arguileh’ (‘narguilé’) sufrieron el primer ataque de esta naturaleza la noche del jueves 11 de abril. A todos les cogió desprevenidos. Habían escuchado hablar de “gases” utilizados en otros frentes, en otras regiones de Siria (sobre todo, en Homs y en la región de Alepo), durante los meses pasados, pero ¿qué hacer ahora que se tenían que enfrentar a este fenómeno? ¿Cómo protegerse sin abandonar las posiciones y regalar una victoria fácil al enemigo? “Algunos hombres fueron evacuados, otros se quedaron paralizados por el pánico. Pero no se abandonó la posición. Ordenamos a los soldados del frente que se aprovisionaran de fulares mojados para protegerse la cara”, explica un combatiente.

Entre la multitud, se distribuyeron un puñado de máscaras anti-gas, destinadas sobre todo a los hombre que tenían posiciones fijas, allí donde una simple pared marca a veces el límite del territorio rebelde. Otros se contentaron con la protección insignificante de máscaras quirúrgicas.

Los hombre liderados por ‘Aguileh’ no son los únicos que han sufrido un ataque con gas en esos parajes. Cerca del mercado de carne vecino, donde están estacionados los carros de combate del Gobierno, las “fuerzas especiales” de los rebeldes de Liwa Marawi Al-Ghouta han estado expuestas a concentraciones -sin duda más importantes todavía- de compuestos químicos, a juzgar por los efectos producidos en los combatientes. Los conocimos unas horas después en los hospitales, luchando por su vida.

Hombres vestidos con trajes protectores

En Jobar, los combatientes no han desertado sus puestos, pero aquellos que se quedan en las líneas del frente con las pupilas retraídas respirando con dificultad, están “aterrorizados y tratan de calmarse rezando”, admite Abu Atal, uno de los combatientes de Tahrir Al-Sham. Un hombre de otra brigada ha muerto en un sector vecino. Se llamaba Ibrahim Darwish. Murió el 18 de abril.

En la parte norte de Jobar, contra la que se dirigió también un ataque similar, el general Abu Mohammad Al-Kurdi, comandante de la Primera División del Ejércitio Sirio Libre (que agrupa a cinco brigadas), afirma que sus hombres han visto a militares del Gobierno abandonar sus posiciones momentos antes de que aparecieran hombres “llevando trajes de protección química”, los cuales supuestamente colocaron en el suelo “una especie de bombas pequeñas, parecidas a minas”, que empezaron a emitir un producto químico a la atmósfera.

Según el general, sus hombres mataron a tres de esos técnicos. ¿Dónde están las combinaciones de protección retiradas de los cadáveres? No se sabe… Los soldados expuestos esa noche hablan de un pánico inmenso. No son los civiles o las fuentes independientes quienes van a invalidar o corroborar las afirmaciones: nadie vive en Jobar, aparte de los combatientes apostados en los diferentes frentes de ese barrio.

Eso no impide constatar que el efecto devastador de los gases empleados por el Gobierno sirio a las puertas de su propia capital. Un día en que hubo un ataque químico en una zona del frente de Jobar, el 13 de abril, el fotógrafo de Le Monde vio cómo los combatientes que luchan en la guerra en esas casa en ruinas empezaron a toser y se pusieron a continuación sus máscaras anti-gas, sin aparente prisa, aunque en realidad ya habían estado expuestos. Los hombres se pusieron en cuclillas, sin poder respirar y vomitaron. Tuvieron que huir inmediatamente del sector. El fotógrafo de Le Monde sufrió, cuatro días después, problemas visuales y respiratorios. Ese día, sin embargo, las emanaciones del gas se habían concentrado en un sector vecino.

Línea roja

A falta de testimonios independientes, muchas dudas planean sobre la realidad de las armas químicas, empleadas generalmente por las fuerzas gubernamentales, que poseen importantes stocks, sobre todo de gases neurotóxicos, como el sarín. Muchos países, Estados Unidos, Turquía, Israel, han declarado que tienen elementos materiales que indican la utilización de armas de este tipo, pero no han comunicado la naturaleza exacta de sus pruebas, ni decidido si, como prometió el presidente Obama en agosto de 2012, el hecho de que el régimen de Damasco recurra a dichas armas constituye un traspaso de una “línea roja” susceptible de entrañar una intervención extranjera en Siria contra Bachar el Asad.

Por su parte, el régimen acusa al Ejército Sirio Libre de utilizar igualmente armas químicas, aumentando así la confusión. Para convencerse de la veracidad del empleo de estos compuestos por el Ejército sirio en algunos frentes, hay que interrogar a los médicos que, sobre el terreno, intentan curar o salvar a los combatientes expuestos a esos gases. El 8 de abril, en el hospital Al-Fateh de Kafer Battna, el centro médico más importante de la región de Ghouta, gran enclave rebelde en el este de Damasco, los médicos muestran grabaciones, por teléfono, de escenas de asfixia. Un carraspeo terrible sale de la garganta de un hombre. Era 14 de marzo y, según el personal médico, acababa de ser expuesto a gases en Otaiba, una ciudad al este de Ghouta, donde el Gobierno sirio desarrolla desde mediados de marzo una vasta operación para acorralar a las fuerzas rebeldes y cortar su principal ruta de aprovisionamiento.

Uno de los médicos, el doctor Hassan O., describe con detalle los síntomas de esos pacientes: “Las personas que llegan tienen problemas para respirar. Tienen las pupilas retraidas. Algunos vomitan. No oyen nada, no hablan, sus músculos respiratorios están inertes. Si no les tratamos con urgencia, mueren”. Esta descripción se corresponde en todos los puntos con aquellas realizadas por otros médicos que conocimos a lo largo de varias semanas en los alrededores de Damasco. Hay algunas variantes. Según el lugar, los combatientes que han sido víctimas de los gases afirman que los productos han sido propagados por simples obuses, por cohetes o incluso por una especie de granada.

En el frente de Jobar, en el quinto ataque de este tipo, el 18 de abril, los combatientes del Ejército Sirio Libre, liderados por Omar Haidar, dijeron que vieron caer a sus pies un gran cilindro con un dispositivo de apertura, de aproximadamente 20 centímetros de largo. ¿Se trataba de armas químicas? Y en ese caso, ¿qué tipo de sustancias emitían? Para responder con precisión a esta pregunta, habría que establecer un protocolo de investigación que las condiciones del conflicto dificultan. Habría que hacer pruebas a los combatientes expuestos a esas emanaciones que hayan estado al borde la muerte o que hayan tenido que ser hospitalizados y confiar esas muestras a laboratorios especializados en el extranjero. Ya se han realizado un cierto número de pruebas entre ellos y se están investigando.

Una extraña rutina

Desde entonces, se distribuyeron máscaras anti-gas en Jobar, además de jeringuillas y ampollas de atropina, un producto inyectable que contrarresta los efectos de los gases neutrotóxicos como el sarín. Los médicos de Ghouta sospechan que se utilizó este neurotóxico inodoro e incoloro, cuyo efecto coincide con las observaciones hechas en el lugar. Según una fuente occidental bien informada, eso no impide que el poder sirio haya mezclado productos, especialmente con gases lacrimógenos para quemar las pistas y la observación de síntomas.

Puesto que sería un asunto muy controvertido, si se probara que las tropas de Bachar el Asad han utilizado armas químicas, disimularlo es una cuestión de rigor. Los gases utilizados en los frentes se disimulan de manera puntual, y se evitan propagaciones masivas que podrían constituir fácilmente una prueba irrefutable. El fenómeno se repite: el jueves 23 de mayo, los rebeldes afirmaron que un nuevo ataque con armas químicas había tenido lugar en Adra, zona de enfrentamientos muy duros entre el régimen y los rebeldes en el noreste de Damasco.

En la segunda quincena de abril, los ataques con gas se convirtieron prácticamente en una extraña rutina en Jobar. En las líneas del frente, los rebeldes del Ejército Sirio Libre cogieron la costumbre de conservar cuidadosamente sus máscaras a mano. Se organizaron sesiones regulares para lavarse los ojos, con jeringuillas llenas de sérum fisiológico. El efecto buscado por esos ataques parecía esencialmente táctico: un intento de desestabilizar las unidades rebeldes en los barrios donde los soldados del Gobierno no han logrado desalojarlos y al mismo tiempo un test. Si las fuerzas del Ejército sirio se atreven a utilizar armas químicas en su propia capital, sin desencadenar una reacción internacional seria, ¿no es eso una invitación a continuar con sus experimentos a mayor escala?

Hasta ahora, los casos de utilización del gas no son aislados. El único oftalmólogo de la región, formado en el extranjero, pasa consulta en un pequeño hospital de Sabha, del que desea que no divulguemos la localización exacta. Él solo, ha tratado a 150 personas afectadas en el espacio de dos semanas. Cerca de las zonas más expuestas al gas, ha organizado duchas para que los combatientes expuestos a productos químicos puedan lavarse y cambiarse de ropa para evitar contaminar al personal de los centros de cuidados.

Remedio de caballo

Para salvar a los soldados cuyos problemas respiratorios son más graves, hay que llevarlos por el largo laberinto del interior de las casas, donde las paredes han sido agujereadas, cruzar trincheras y túneles para evitar a los tiradores enemigos, para llegar a una ambulancia, aparcada sobre una pequeña plaza un poco retirada y atravesar las calles expuestas a balas y a obuses para llegar a un hospital del frente antes de que los combatientes mueran asfixiados.

En el hospital islámico de Hamuriya, instalado en un discreto hangar, el doctor asegura, el 14 de abril, que dos horas antes recibió a un combatiente del frente de Jobar que tenía grandes dificultades para respirar, con un ritmo cardíaco “enloquecido”. Para salvarle, dijo que tuvo que ponerle quince inyecciones de atropina, además de hidrocortisona. Un remedio de caballo, para un caso desesperado.

La víspera, por la noche, una de las ambulancias que intentaba evacuar a hombres gaseados fue alcanzada por los disparos de un francotirador. El conductor resultó herido. A la mañana siguiente, los conductores de ambulancias lograron atravesar la carretera a velocidad máxima, bajo los disparos de un tanque y llegaron a la zona del frente, donde acaba de ser lanzada una nueva tanda de productos químicos. “Cuando llegamos, encontramos a todo el mundo en el suelo”, atestigua un enfermero de otro centro hospitalario de Kaffer Batna que no puede dar su nombre por temor a represalias contra su familia, instalada en zona gubernamental.

A lo largo de la mañana, en el pasillo de ese hospital instalado en un párking subterráneo para protegerse de los tiros de los Mig o de la artillería gubernamental, reina el caos. Los soldados están tumbados al lado de los cinco auxiliares médicos que han sido contaminados por estar en contacto con ellos. No hemos terminado el recuento de soldados, que llegan transportados desde el frente, y ya contamos 15. Corremos por las salas del centro para distribuir oxígeno, poner inyecciones.

Medicamentos cada vez más raros

El doctor Hassan, responsable del hospital, está tumbado en su minúsculo despacho con una máscara de oxígeno, mientras que se le administra atropina. Después de una hora trabajando en urgencias, perdió el conocimiento y empezó a asfixiarse. Este hombre lleva meses luchando para mantener activo su centro de cuidados, ayudado por voluntarios, que en algunos casos, son alumnos de instituto, mientras que el bloqueo de la región por parte de las fuerzas gubernamentales provoca una escasez cada vez mayor de medicamentos. Falta anestesia, los cirujanos improvisados se han tenido que limitar a utilizar productos veterinarios, como la quetamina. La morfina ha desparecido. Y los aprovisionamientos de atropina no van a durar mucho más tiempo. El médico ha realizado pruebas con muestras que, pasando mil dificultades, han llegado de contrabando a la región. Será necesario que pasen algunas semanas para conocer el resultado de sus análisis.

En sus ocho visitas a centros médicos de la parte este de Ghouta, los enviados especiales de Le Monde sólo han encontrado dos establecimientos en los que los responsables médicos declaran no haber recibido a combatientes o civiles afectados por gases. En Nashibiyya, los médicos han recibido hasta sesenta casos en un solo día, procedentes del frente de Otaiba, el 18 de marzo. La modesta estructura no contaba con medios suficientes para hacer frente a esa afluencia, faltando sobre todo el oxígeno. Cinco personas murieron por asfixia. Unos días más tarde, conscientes de la gravedad de la situación, los médicos hicieron exhumar los restos de las víctimas en presencia de las autoridades locales y religiosas y procedieron a recoger pruebas del tejido, que han intentado enviar a un país vecino. Algunas de esas muestras han sido confiadas a un pequeño grupo de combatientes que han intentado franquear el cerco impuesto en la región por las fuerzas gubernamentales. Hoy por hoy, los médicos de Nashibiyya dicen que ignoran si las pruebas han llegado a buen puerto.

“Los enfermos se vuelven locos”

A unos 10 kilómetros, en el hospital de Douma, bajo el control de la brigada Al-Islam, los médicos dicen que recibieron 39 pacientes tras el ataque químico del 24 de marzo sobre la ciudad de Adra. Dos hombres murieron en el centro. Uno de los médicos apunta que a los dos días, “los enfermos se empezaban a volver locos”. Marwane, un combatiente presente en la zona del ataque de Adra, afirma que vió “cohetes que llegaron al frente y liberaron una luz naranja”, y que, cuando le trasladaron al hospital, vio a “tres hombres morir en los vehículos en la carretera”. En el contexto de caso que reina en la región de Ghouta, civiles y militares mueren a menudo antes de llegar a un centro médico.

Adra, Otaiba y Jobar son los tres puntos donde la utilización del gas ha sido descrita por las fuentes locales de la región desde el mes de marzo en la región de Damasco. Surge un diferencia: en Jobar, los productos han sido utilizados de manera más prudente y localizada. Por el contrario, en los frentes más alejados, como Adra y Otaiba, las cantidades estimadas en relación con el número de casos que llegan simultáneamente a los hospitales son más significativas.

Pero los ataques químicos no son la única actividad de los hospitales de la región. Dos horas antes de la llegada de los enviados especiales deLe Monde, cuatro niños con el cuerpo lacerado, despedazados por las bombas de Mig, habían sido trasladados de urgencia a Douma. Apenas fueron estabilizados, tuvieron que dejar el hospital, sin esperanza de ser evacuados de Siria. Seguramente, como muchos, murieron por el camino. Los enfermeros han grabado en vídeo cuerpos martirizados, gritos de dolor. “Eso, como veis, pasa todos los días y, para nosotros, es todavía más grave que los ataques químicos. Hemos llegado a este punto”, comenta, con la mirada destrozada por la tristeza, el médico que no puede, él tampoco, decir su nombre.

Copyright ©Le Monde

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Entre 180 y 200 franceses han viajado a Siria para luchar contra Al Assad, según ‘Le Monde’

PARÍS, 25 May. (Reuters/EP) –

   Entre 180 y 200 ciudadanos franceses han viajado a Siria en el último año para sumarse a la insurgencia contra el régimen del presidente Bashar al Assad, según informa este sábado el diario francés ‘Le Monde’, que cita fuentes del aparato de seguridad francés.

   Hasta ahora se había informado de medio centenar de franceses desplazados a Siria, pero el número se ha incrementado notablemente. Algunos se habrían sumado a grupos yihadistas como el Frente Al Nusra, afín a Al Qaeda. Según las fuentes aproximadamente dos docenas de estos milicianos habrían regresado a Francia.

Los servicios de seguridad franceses estarían preocupados por el riesgo de acciones y atentados de los que han regresado a Francia tras estar en la guerra siria. Sin embargo, reconocen que no tienen ningún modo legal para vigilar eficazmente a los retornados, ya que se sabe muy poco sobre los grupos a los que se sumaron y no basta para justificar un interrogatorio.

De estos yihadistas franceses que han regresado a Europa, sólo uno ha sido encarcelado: un individuo de origen coreano de 25 años llamado Flavien Moreau, que se sumó al grupo islamista Ahrar al Cham.

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