Las maras de Honduras ofrecen una tregua a cambio de reinserción


  • Las maras de Honduras ofrecen una tregua a cambio de reinserción
  • Centroamérica busca una segunda paz
  • Destituido el ministro salvadoreño que promovió la tregua con las maras
  • Pandillas piden perdón a los hondureños por sus crímenes
  • Pandilleros piden perdón por la violencia en Honduras y ayuda para trabajar
  • “Nos va a costar mucho perdonarles”
  • El Gobierno hondureño apoyará «en todo lo que sea necesario» la tregua entre maras
  • El Gobierno creará un comité de seguimiento de la tregua proclamada por las maras

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Las maras de Honduras ofrecen una tregua a cambio de reinserción

Las pandillas dan el primer paso en un proceso similar al de El Salvador, donde se ha reducido la violencia

 San Pedro Sula 29 MAY 2013 – El País.com (España)
Miembros de la pandilla 18 hablan con la prensa. / STR (EFE)

Nadie esperaba que fueran tan lejos. Cero homicidios, cero violencia y no más reclutamientos en todo el país a partir de este martes. Incluso están dispuestos a poner fin a las extorsiones, el llamado impuesto de guerra que arruina a la sociedad hondureña. Así se comprometieron las dos principales pandillas hondureñas, la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 a cambio de que el Gobierno les facilite condiciones para la reinserción.

“Queremos enseñarle a la sociedad que no somos monstruos, y lo vamos a demostrar con hechos, pero queremos que nos apoyen para trabajar, para que podamos mantener a nuestros hijos, no más violencia, queremos un cambio”, dijo Marco, portavoz de la Mara Salvatrucha que apareció ante las cámaras vestido con camisa de cuadros para ocultar los tatuajes, perilla recortada y mocasines. La Salvatrucha o M13 es la pandilla más poderosa del país, con cerca de 7.000 miembros activos, según el recuento del Observatorio de la Violencia y un historial sanguinario a lo largo de la región. Sin embargo, ayer recibió a la prensa en el taller de carpintería que mantienen en la prisión y que ya ha alistado 50 camas y mesitas de noche que van a donar a un asilo de ancianos de la ciudad.

Después de 20 años de existencia, los pandilleros, que aparecieron en Centroamérica después de la guerra fría, herederos de los conflictos armados en la región y de las deportaciones desde los Estados Unidos, ya están mayores, tienen familia y están cansados de vivir con la persecución y el estigma. Tampoco lo quieren para sus hijos. En Honduras, la simple pertenencia a la pandilla es un delito penal y el estar tatuado la prueba. Así que ahora piden paz, trabajo y oportunidades.

Esta iniciativa se enmarca en la estrategia de pacificación de Centroamérica que se ha propuesto la Organización de Estados Americanos (OEA) y que empezó a implementarse en El Salvador hace ya más de un año con el anuncio de tregua entre estas mismas pandillas. Pese a las críticas y la desconfianza de la sociedad, 14 meses después, el Salvador ha reducido las tasas de criminalidad a más de la mitad. De 14 homicidios diarios de media se pasó a 5 y el delito de extorsión ha disminuido alrededor de un 20%.

Ahora podría ser el turno de Honduras. “Es un proceso muy similar al Salvador, primero una tregua con la sociedad y poco a poco llegaron a la tregua entre ellos, no hay una receta mágica, pero la estrategia de mano dura no ha funcionado y aunque este es un proceso frágil, hemos demostrado en El Salvador que es posible”, explicó el subsecretario de Seguridad Multidimensional de la Organización de Estados Americanos (OEA), Adam Blackwell. El funcionario ha participado en ambos procesos de negociación y es la pieza clave junto a Monseñor Rómulo Emiliani del anuncio de ayer. “Es algo histórico para Honduras, es el comienzo de algo nuevo, pero no es fácil”, confesó el prelado que lleva más de diez años trabajando con las pandillas hondureñas en los penales.

Emiliani recuerda que ya se intentó en 2006 y después de dos meses y medio la violencia estalló con más brutalidad. Los homicidios se duplicaron en Honduras en los últimos nueve años y ahora ostenta el triste título de ser el país más violento del mundo con 85,5 muertes violentas por cada cien mil habitantes. España, por ejemplo, no llega al 1%.

Sin embargo, según las cifras de la policía nacional de 2010 citados por el informe de la ONU, solo tres de cada 10 homicidios en el país son cometidas por las pandillas. “En Honduras operan 200 bandas de crimen organizado entre las cuáles se incluyen los principales carteles mexicanos y colombianos y otras agrupaciones que se dedican a delitos tan dispares como extorsión, secuestro o robo de recursos forestales, las maras son solo una partecita”, confiesa Arabesca Sánchez, coordinadora de Seguridad del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Sánchez señala que para acabar con la violencia además de dar oportunidades socioeconómicas y reinserción a los pandilleros es necesario “un rescate institucional del Estado, las instituciones de seguridad y justicia están supercontaminadas por la delincuencia”. La policía hondureña ha sido imputada por vínculos con el crimen organizado y asesinatos extrajudiciales. Solo desde 2011 hasta noviembre de 2012 el Observatorio ha documentado 149 asesinatos a manos de las fuerzas de seguridad. De hecho, el Barrio 18 insistió en que la policía deje de matarlos.

“Tenemos que dejar de ver a estos jóvenes como el problema y verlos como el producto del problema del país. Corrieron esa suerte porque no había más oportunidades en sus comunidades, en sus familias. Pero el estado los trata nada más como un problema a eliminar y no se trata de eso”, concluye Sánchez. La pelota entonces está en manos del Gobierno. El presidente Porfirio Lobo ha celebrado la iniciativa de las pandillas y ha declarado públicamente que “estamos abiertos a cualquier proceso que disminuya la violencia”.

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Centroamérica busca una segunda paz

La tregua de las maras hondureñas abre un proceso de pacificación regional inédito desde las guerras de los ochenta

 Managua 29 MAY 2013 – El País.com (España)
Miembro de la Mara Salvatrucha en la prisión de San Pedro Sula. / REUTERS

Honduras se convirtió el martes en el segundo país de Centroamérica, después de El Salvador, en el que las temidas pandillas juveniles anuncian el inicio de una tregua con el Gobierno para acabar con la alta tasa de homicidios. En este país, el más violento del mundo según la ONU, se registra una media de 20 homicidios al día. Muchos de esos crímenes se achacan al terror sembrado por las dos principales pandillas, la Mara Salvatrucha o M-13 y la M-18, cuyos líderes pidieron perdón a la sociedad, invocaron a Dios y, bajo la mediación del obispo auxiliar de San Pedro Sula, Rómulo Emiliani, acordaron “cero crímenes, cero violencia en las calles”. “Pedimos perdón a la sociedad por el daño que hemos hecho”, dijo un integrante de la Mara Salvatrucha.

Las treguas de El Salvador y Honduras abren el proceso de pacificación más importante en la región desde las guerras civiles de los ochenta. La cuestión ahora es si esta paz puede también ser una realidad en Guatemala y en otros países donde estas organizaciones criminales transnacionales, nacidas en Los Ángeles en los ochenta, tienen presencia. Otra pregunta que se hacen muchos juristas es si a estas bandas criminales se les puede aplicar un proceso de paz de corte político.

El Gobierno de Porfirio Lobo, a través de un comunicado de la Casa Presidencial, agradeció la mediación de Emiliani y dijo que está dispuesto a dar su apoyo “en todo lo que sea necesario”. Sin embargo, Lobo ha tratado de mantenerse distante del diálogo entre pandillas, aunque una reducción en los índices de homicidios podría ser positiva para la deteriorada imagen del mandatario y el oficialista Partido Nacional, en momentos en los que Honduras se encuentra en plena campaña electoral. Las elecciones están previstas para el 24 de noviembre.

El anuncio de las pandillas se produjo en el Centro Penal de San Pedro Sula, localizado a 240 kilómetros al norte de Tegucigalpa. El centro es un infierno cargado de violencia, donde los reclusos viven hacinados en celdas claustrofóbicas y en condiciones de insalubridad. En 2004 la cárcel sufrió un grave incendio que se saldó con 104 reos muertos. En ese escenario, pero por separado, los líderes de las pandillas pidieron perdón a los hondureños y anunciaron el inicio del diálogo con el Gobierno para lograr una tregua, bajo la supervisión de Emiliani y del secretario de Seguridad Multidimensional de la Organización de Estados Americanos (OEA), Adam Blackwell.
“Nosotros lo que queremos es paz”, dijo Marcos, un líder de la M-13. “Lo que queremos es trabajar”, agregó. Todavía no está claro cuáles serán las condiciones para una negociación con el Gobierno, aunque los líderes de ambas pandillas presentaron sus puntos para iniciar el diálogo: piden una tregua con el Estado y que este escuche sus peticiones, quieren que el diálogo sea directamente con las autoridades y que se les garantice la oportunidad para reintegrarse a la sociedad y tener oportunidades de trabajo. “Pedimos este diálogo porque somos perseguidos por la justicia, por la policía. Somos hondureños y queremos que el Gobierno nos escuche”, dijo uno de los pandilleros.

Los líderes dejaron claro que no se trata de un acuerdo entre pandillas rivales, sino del inicio de un diálogo con el Gobierno, aunque explicaron que respetarán los territorios de la organización contraria y, si el diálogo da frutos, detendrán las extorsiones, uno de los principales problemas a los que se enfrentan a diario los hondureños.

“Necesitamos que nos escuchen y damos nuestra palabra de que vamos a reducir el índice de violencia”, dijeron los pandilleros. Para los analistas, se trata de un primer paso clave para reducir la violencia en Honduras, aunque todo dependerá de las bases legales en las que se apoye el Gobierno de Lobo para negociar, dado que se trata de un diálogo con organizaciones criminales.
En El Salvador, la tregua entre pandillas difundida en marzo de 2012, ha caído en la incertidumbre sobre su futuro, dado que la Sala Constitucional de la Corte Suprema decidió anular los nombramientos de los generales David Munguía Payés como ministro de Seguridad y de Francisco Salinas como director de la Policía Nacional Civil (PNC), porque, según los magistrados, violaban la Constitución, que establece que esos cargos deben ser ocupados por civiles. Munguía Payés y sus asesores fueron los principales promotores y negociadores de la tregua, que ha permitido reducir en un 45% los homicidios en ese país, por lo que se teme que su retirada del Gobierno ponga en peligro el acuerdo con los mareros.

Todavía está por verse si el anuncio de las pandillas en Honduras logra el mismo resultado que en El Salvador. “Honduras tiene niveles de violencia más altos que los que tenía El Salvador y, comparativamente hablando, tiene un papel más importante en el tráfico de drogas que lo vuelve más susceptible a la violencia asociada al crimen organizado”, dijo Gema Santamaría, consultora e investigadora del Informe de Desarrollo Humano sobre Seguridad Ciudadana en América Latina del Programa de Desarrollo Humano de la ONU (PNUD), en entrevista telefónica desde Washington. “Lobo ha anunciado que apoya la tregua. Como ocurrió en El Salvador, es probable que la Iglesia haya sido elegida para gestionar el acercamiento, pero el Gobierno debe estar detrás del proceso. Sin su implicación no se lograría nada”, agregó.

“Es indudable que tanto las pandillas como el Gobierno hondureño están dando un paso importante y necesario al pasar de la lógica de la violencia y la confrontación a la lógica de los consensos y de la no violencia. Por otro lado, al igual que pasó con El Salvador, es necesario asegurar que la tregua esté realmente respaldada por una política social sólida y comprometida con un fuerte acento en la creación de empleos. En esta labor, sin embargo, el Gobierno no puede estar solo. Es decir, no puede convertirse en el único y máximo empleador de estos jóvenes. El Gobierno necesita crear alianzas estratégicas con el sector privado y con otros actores de la sociedad civil para lograr que estas medidas sean sostenibles”, concluye Santamaría.

El ángel de los presos

MAJO SISCAR / SAN PEDRO SULA

Dialoga tanto con un asesino múltiple como con un fiscal del Estado. Le llaman el “ángel de los presos”, porque no solo denuncia públicamente los abusos que sufren los reclusos, sino que a cualquier hora está disponible para darles apoyo emocional y espiritual. Desde que llegó a Honduras desde Panamá, el obispo auxiliar de la diócesis de San Pedro Sula, monseñor Rómulo Emiliani, se ha comprometido con los desfavorecidos, los niños, los narcoadictos y los reos. Ahora, después de 10 años de intentar convencer a los pandilleros para que dejen la violencia, ha conseguido su objetivo. Él es el artífice. “Sin el padre Emiliani no hubiera sido posible”, dijeron los mareros al anunciar su tregua.

Un metro ochenta de estatura, ropa y barba blancas, cruz de plata colgada del cuello y un anillo con un sello en el dedo anular de la mano derecha, Emiliani se pasea por la cárcel como si fuera su casa. Va de un pabellón a otro, con presos comunes y mareros. Es de los pocos que conocen las intimidades de las pandillas, pues tanto la M-18 como la mara Salvatrucha acuden a él en busca de apoyo, consejo y soluciones. Algo singular en un país donde llevar un tatuaje de una de las pandillas es un delito y llevar el de la pandilla contraria puede costarte la vida. “Ellos [los pandilleros] también están hartos de tanta muerte. Han muerto cientos y cientos y les preocupa la seguridad de sus familias, porque están muriendo también familiares de ellos y ahora simplemente saben que la paz tiene que llegar”, ha declarado a la prensa sin perder la compostura.

Está convencido de la necesidad de la tregua aunque sabe que “no será fácil” y recuerda que ya en 2006 lo intentó y fracasó estrepitosamente después de dos meses y medio. “La paz vendrá lentamente, se necesitan dos generaciones para erradicar la violencia en Honduras, pero este es un buen paso”.

Cree que el apoyo esta vez de la Organización de Estados Americanos (OEA) es fundamental para darle legitimidad y presupuesto a la iniciativa. De hecho, ayer, mientras él seguía hablando con los pandilleros, la OEA consiguió elaborar una hoja de ruta con el Gobierno hondureño para avanzar en las negociaciones.

Emiliani además no cierra ningún frente. Está coordinando con fondos internacionales la construcción de un penal más digno que acoja a los reos sin hacinamiento y que tenga espacios para la rehabilitación.

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Destituido el ministro salvadoreño que promovió la tregua con las maras

El Constitucional salvadoreño ordena la remoción de dos exmilitares porque los Acuerdos de Paz de 1992 lo prohíben

 San Salvador 18 MAY 2013 – El País.com (España)
David Munguía Payés y Francisco Salinas. / ROBERTO ESCOBAR (EFE)

La política contra el crimen de El Salvador, impulsada por el presidente Mauricio Funes, recibió el viernes un demoledor golpe tras considerar la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) inconstitucionales los nombramientos del ministro de Seguridad, David Munguía Payés y del director de la Policía Nacional Civil (PNC), Francisco Salinas, y ordenó su remoción inmediata por tratarse de militares ocupando puestos civiles en la seguridad pública.

Los exgenerales Munguía Payés y Salinas fueron los encargados de llevar a cabo una estrategia que contempló una polémica tregua entre las pandillas más criminales: la Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18. Nunca quisieron aceptar que el Gobierno estaba detrás de la tregua, únicamente explicaban que el Ejecutivo había “sido facilitador de un proceso que ha sido el único que ha logrado bajar los homicidios de 15 a 5 en la actualidad”.

Sin embargo, la Sala de lo Constitucional no evaluó el éxito o no de la tregua entre las maras, sino la inconstitucionalidad de los nombramientos de las más altas autoridades de la seguridad pública en este violento país y determinó que Munguía Payés y Salinas, ambos generales en condiciones de retiro, transgredieron la Constitución al despojarse de la investidura militar para tomar en sus manos las principales funciones en seguridad pública, cuando existen disposiciones legales para una separación tajante de las funciones de Defensa y de Seguridad, que tienen origen en los Acuerdos de Paz de 1992, los mismos que pusieron fin a una guerra civil de 12 años de duración y que causó 72.000 muertos.

“Fui uno de los que llevó a la Sala de lo Constitucional la referida demanda. Estoy satisfecho con el fallo porque creo que las instituciones comienzan a funcionar como se debe en una democracia. Ahora se puede decir que si el presidente viola una ley, hay posibilidad de demandarlo y la justicia restituye el Estado de Derecho”, dijo a EL PAÍS Benjamín Cuellar, director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (UCA)..

Por su parte, el Secretario de Comunicaciones de la Presidencia, David Rivas, afirmó que el presidente Mauricio Funes acató el fallo del tribunal y nombró al viceministro de Seguridad y Justicia, Douglas Moreno, como ministro interino encargado del despacho.

El ascenso de Munguía Payés en la cartera de Seguridad, en noviembre de 2011, y de Salinas como director de la Policía Nacional Civil (PNC), en enero de 2012, causó conmoción política y una ola de protestas en sectores sociales de izquierda, que criticaban a Funes por “militarizar la seguridad pública”, en contra de la Constitución y los Acuerdos de Paz. También hubo malestar en el seno del partido de Gobierno, la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), dado que implicó la destitución de altos funcionarios que procedían desus filas, como Manuel Melgar, a cargo del ministerio; Carlos Ascencio, director de la PNC y Eduardo Linares, jefe de la Organización de Inteligencia del Estado (OIE).

El Salvador es uno de los países más peligrosos del mundo a causa de las pandillas, un fenómeno que dura ya casi dos décadas. Durante esta guerra el promedio diario de muertes era de 17; las maras eran responsables de 14 y 15 asesinatos diarios antes de la tregua, asevera Raúl Mijango, uno de los mediadores de que califica como “proceso de pacificación actual”.

El ahora exministro Munguía Payés, en un desayuno con corresponsales de la prensa internacional este mismo viernes antes de ser destituido, explicaba que aproximadamente medio millón de personas estarían involucrados directa e indirectamente en las pandillas, si se toma en cuenta a los familiares y a las comunidades donde residen las “maras”. El Salvador es un país de 6 millones de habitantes.

El exministro en ocasiones dejaba asomar su frustración por la aseveración de ciertos sectores, incluida la prensa local, que han despotricado contra la “tregua entre las pandillas” y han hecho creer que ha sido un fracaso. Iniciada en marzo del año pasado la tregua tiene su mejor cara en el descenso de los homicidios, dado que lo pactado fue el cese de los asesinatos entre sí por rivalidades territoriales, así como el fin de los homicidios hacia terceros. Desde entonces, según Munguía Payés, los homicidios se redujeron en un 52%.

“La gran duda ahora es si la tregua se va a mantener. Celebramos la baja de los homicidios, pero consideramos que la tregua no es un proceso integral”, afirmó Benjamín Cuéllar, quien añadió que en su instituto se están recibiendo cada vez más denuncias de personas extorsionadas y amenazadas por los pandilleros, que hasta públicamente no se comprometen con dejar de cobrar “la renta” –extorsión-, porque no se les ha procurado otra forma de bienestar ni cuentan con otras formas para mantener a sus numerosas y pobres familiares, en un país azotado por el desempleo.

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Pandillas piden perdón a los hondureños por sus crímenes

Por Noe LEIVA (AFP)

SAN PEDRO SULA, Honduras — Líderes de las sangrientas pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y Mara 18 (M-18) de Honduras pidieron este martes perdón a los hondureños por sus crímenes y se manifestaron abiertos a una tregua para poner fin al terror que siembran en las barriadas de las principales ciudades.

Cabecillas de ambas pandillas comparecieron por separado ante la prensa en el Centro Penal de San Pedro Sula, segunda ciudad de Honduras, 240 km al norte de la capital, con la presencia de los mediadores, el obispo de la ciudad, Rómulo Emiliani, y el representante de la Organización de Estados Americanos (OEA), Adam Blackwell.

“Queremos ante Dios pedir perdón a la sociedad si en algún momento hicimos daños, pedir perdón también a nuestras autoridades (…) lo que queremos es trabajar, lo que queremos es paz con Dios, paz con nuestra sociedad y las autoridades”, afirmó uno de los miembros de la MS-13, que se identificó como “Marcos”.

Con los rostros ocultos por pañuelos, los líderes pandilleros reafirmaron su voluntad de abrir un diálogo con las autoridades para poner coto a la espiral de violencia, que hace de Honduras el país con el mayor índice de homicidios del mundo.

El diálogo “es una semilla que se está sembrando y se espera que sea un árbol que dé buen fruto”, subrayó otro de los pandilleros, quien dijo llamarse Isaac Rageda, integrante de la MS-13, quien anunció como gesto de buena voluntad la donación a un asilo de ancianos de unas camas fabricadas por ellos en el taller de carpintería de la prisión.

“No pedimos que nos regalen, pero sí que nos ayuden. La tregua, el perdón, es hacia Dios primeramente y luego hacia las autoridades. La sociedad debe ver que nosotros queremos un cambio”, añadió Rageda.

Por su parte, un miembro de la M-18, que rehusó mencionar su nombre dijo que “venimos en son de paz, de pedir perdón a la sociedad”.

“Esto es un principio de todo un proceso de diálogo” para “mermar la violencia”, aseguró otro miembro de la M-18.

“Les damos la palabra de que si el gobierno nos escucha, nos da fuentes de empleo, nos dan nuestros derechos y nos atienden, podemos seguir hablando”, señaló.

El presidente Porfirio Lobo manifestó el lunes a periodistas locales que el gobierno está dispuesto “a apoyar en todo lo que sea necesario” a los mediadores, el obispo Emiliano y el delegado de la OEA, Adam Blackwell.

Con el apoyo de Blackwell, que también apadrinó una tregua entre pandillas de El Salvador, el obispo de San Pedro Sula había iniciado hace unos meses, en forma discreta, un esfuerzo para acercar a las dos pandillas en Honduras.

“Todo esto es un proceso bien extenuante, agotador, de mucha paciencia y de muchas frustraciones”, aclaró Emiliani en una entrevista a la prensa local el lunes.

“La OEA va acompañar el proceso (en Honduras) al igual que aquí (en El Salvador)”, declaró Blackwell el lunes en San Salvador, desde donde viajó a San Pedro Sula.

Según expertos en seguridad, en Honduras la lucha es más cruenta que en El Salvador, por peleas de territorios, cobro de “impuesto de guerra” y vínculos con cárteles del narcotráfico, tráfico de armas, robo de vehículos y sicarios, lo que complica una tregua.

Desde el 2002, con la aplicación de la llamada ley antimaras, los principales líderes y cientos de miembros de las dos pandillas MS-13 y M-18 están recluidos en las principales prisiones de Honduras, incluyendo la Penitenciaría Nacional (PN), situada a 25 km al norte de la capital, y en el penal de San Pedro Sula, donde las autoridades los mantienen en celdas separadas.

Honduras ocupa el primer lugar del mundo en homicidios, con una tasa anual de 85,5 por cada 100.000 habitantes, en gran parte atribuidos al narcotráfico y a las pandillas.

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Pandilleros piden perdón por la violencia en Honduras y ayuda para trabajar

(EFE)

Tegucigalpa, 28 may (EFE).- Líderes de las pandillas “Mara Salvatrucha” (“M-13”) y “M-18”, a las que se les atribuyen múltiples crímenes en Honduras, anunciaron hoy que están dispuestos a detener la violencia y pidieron perdón a la sociedad.

“Queremos pedirle a Dios que nos ilumine (…), que nos ayude en este proceso que nosotros queremos, más que todo ante Dios pedirle perdón por todo, pedirle también perdón a la sociedad si en algún momento hicimos daño, pedirle también perdón a nuestras autoridades”, dijo uno de los integrantes de la “M-13”.

El anuncio de lo que sería una “tregua” para frenar la violencia lo hicieron líderes de las dos bandas, por separado, en el presidio de San Pedro Sula, en el norte del país centroamericano, donde están recluidos.

Junto a los pandilleros estuvo el obispo auxiliar de San Pedro Sula, Rómulo Emiliani, quien desde hace varios años viene intercediendo para que cese la violencia entre los miembros de la “M-13” y la “M-18”, tanto dentro como fuera de la prisión.

Emiliani llegó hoy al presidio junto al secretario de Seguridad Multidimensional de la Organización de Estados Americanos (OEA), Adam Blackwell, quien el lunes recibió en San Salvador, de seis pandillas, 154 armas y artefactos explosivos como parte de una “tregua” que ha contribuido a rebajar los homicidios en ese país.

“Nosotros lo que queremos es paz con Dios, paz con la sociedad, paz con nuestras autoridades, nada más”, dijo un pandillero de la “M-13”, que no se identificó.

Además, solicitó ayuda del gobierno para que los pandilleros dentro y fuera del presidio cuenten con talleres de manualidades para trabajar, ganarse la vida honradamente y reinsertarse en la sociedad.

Otro miembro de la “M-13”, que se identificó como Isaac Morales, señaló que el cese de la violencia que proponen sería “a partir de hoy en todo el país, porque Dios así lo permitió”.

“Buscamos lo mejor para cada uno de nuestros hombres, nosotros lo que queremos es trabajar, queremos sembrar una semilla, queremos enseñar cómo nos podemos ganar la vida”, enfatizó.

Los líderes de las dos pandillas dejaron claro que no es una tregua entre ellos mismos lo que están proponiendo, aunque dejaron abierta la posibilidad de dialogar.

Uno de los representantes de la “M-18”, que tampoco se identificó, dijo que la voluntad de ellos “no sólo es palabra”, sino que quieren demostrar con hechos la disposición de “colaborar para bajar el índice de violencia”.

“Estamos conscientes de que hemos hecho algo malo, por eso estamos pidiendo perdón a la ciudadanía, necesitamos que nos escuchen y nosotros les damos la palabra que vamos a reducir el índice de violencia y vamos a tener un mejor control”, subrayó.

Agregó que el accionar de las pandillas lleva varios años y que ellos han sido “perseguidos policial y judicialmente, lo que ha generado más violencia, pero que ahora están resueltos a “dialogar”.

“No aguantamos tanta violencia hacia nosotros de este gobierno y gobiernos anteriores, somos perseguidos, nos han desaparecido a nuestras familias los policías corruptos”, enfatizó.

En la víspera del anuncio de los pandilleros, el presidente hondureño, Porfirio Lobo, elogió la intervención de Emiliani y dijo que su gobierno está “dispuesto a ayudarles en todo lo que sea necesario”, informó la Casa Presidencial en un comunicado.

Honduras vive una ola de violencia que a diario deja un promedio de 20 muertos.

En 2012 la cifra de muertes violentas fue de 85,5 por cada 100.000 habitantes, según organismos de derechos humanos.

Muchos de los crímenes son cometidos por pandilleros que, entre otras acciones delictivas, cobran un denominado “impuesto de guerra” a autobuses del servicio urbano, taxis, pequeños y medianos negocios, y personas particulares, entre otros.

Al menos cuatro taxistas que cubren rutas en distintos puntos de Tegucigalpa, aseguraron a Efe ser víctimas de extorsión por parte de las pandillas “M-13” y “M-18”, a quienes cada semana entregan entre 250 y 300 lempiras (de 12,5 a 15 dólares).

“Lo peor es que nosotros sabemos que la Policía está bien enterada de cómo y donde funcionan los pandilleros extorsionadores, pero no hacen nada”, expresó uno de los taxistas que habló a cambio de la reserva de su nombre.

En Honduras no existe un registro oficial sobre el número de pandilleros que hay en el país, pero según algunas autoridades superan los 40.000, de los que algunos de ellos forman parte de una nueva generación que se caracteriza por no tener tatuajes en su cuerpo, para evitar ser identificados.

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“Nos va a costar mucho perdonarles”

La sociedad hondureña recibe con recelo la promesa de las pandillas de un cese de la violencia

El Gobierno se muestra favorable al diálogo con las maras

 San Pedro Sula 29 MAY 2013 – El País.com (España)
Un líder de la pandilla 18 permanece al interior de una celda. / EFE

José Arnaldo quería presentar a su novia a su familia el domingo 13 de enero. Fue a recogerla a la salida de la tienda del barrio con un amigo. Nunca regresó. Los vecinos aseguran que una camioneta oscura se los llevó. Dos semanas después su tío, pocos años mayor que él, Ivis Ocegueda, recibió un SMS: “José está muerto, y los próximos son ustedes”.

José habría cumplido ahora los 18 años y trabajaba vendiendo ropa en un mercado. Vivía en una de las colonias más bravas de San Pedro Sula, la Rivera Hernández, uno más de las decenas de asentamientos organizados por los campesinos que llegaron hace tres décadas a trabajar a las maquilas (factorías) de la ciudad más pujante del país. En un campo de fútbol cercano, 14 jóvenes fueron asesinados hace dos años y medio mientras jugaban con la pandilla rival. Es uno de los 51 barrios que permanecen bajo control de las bandas, según registros de la Unidad de Maras y Pandillas de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC).

En Tegucigalpa, la capital, se computan otras 60. “Los que gobiernan aquí son las pandillas”, espeta Rosa Xiomara Ocegueda, tía de José. Después del homicidio, todos los hombres de la casa decidieron emigrar. Solo quedaron el abuelo y las mujeres. La historia se repite en cientos de familias hondureñas.

El cese de la violencia prometido por las pandillas el martes desde el penal de San Pedro Sula es una puerta a la esperanza. Sin embargo, el recelo es inevitable. “Sería muy bueno que dejaran la violencia, pero nos va a costar mucho perdonarles”, confiesa Ocegueda. Honduras es el país con la tasa más alta de homicidios del mundo, y la región colindante a San Pedro Sula es uno de sus focos de violencia.

“No es el momento todavía, las maras y pandillas deben hacer primero una tregua entre ellas para que baje la violencia, y luego, con los hechos en la mano, planteársela a la sociedad”, resume Ernesto Bardales, de la asociación Hondureños Adelante Juntos Avanzamos (HAJA), que lleva 15 años de trabajo con jóvenes en situación de riesgo. Bardales explica que las pandillas han ido mutando en 20 años de vida, pasando de ser un “movimiento de jóvenes” en los noventa, una especie de tribu urbana, hasta convertirse en organizaciones que daban seguridad a sus barrios. En la actualidad, con Honduras convertida en centro estratégico de paso de la droga hacia al norte, se ocupan también del control de las rutas del narcotráfico en el país. Como subraya un estudio de Unicef, las pandillas “se han especializado en narcotráfico, secuestros, sicariato y extorsiones”. En el Valle de Sula, la Cámara de Comercio asegura que entre 15 y 30 empresas cierran cada semana a causa de las extorsiones de mareros. Una tienda de ultramarinos paga unos 15 dólares semanales a las organizaciones criminales en lo que se conoce como impuesto de guerra.

“Eso de la tregua es pura paja”, refunfuña un taxista de la ciudad que prefiere ocultar su nombre. Él y cada uno de los 10 taxis que conforman su agrupación pagan 10 dólares semanales a las pandillas. Y todo eso con la policía al tanto, que deja impunes el 80% de las denuncias y en la que varios de sus miembros están imputados por su vinculación con las pandillas y el narcotráfico. En Honduras, con ocho millones de habitantes, cada día mueren violentamente un promedio de 20 personas. Una cuarta parte de los casos se atribuyen a las maras.

“El Estado se encuentra en una situación excepcional de crisis de seguridad e institucional, así que cualquier avance hacia la paz y la estabilidad viene bien. El problema es que tampoco se ve a la par una recuperación de las instituciones de seguridad y justicia, ni una propuesta de estrategias juveniles. Un país que no tiene desarrolladas estrategias de prevención de la violencia y de oportunidades productivas, no puede llegar a buen puerto”, explica Arabeska Sánchez, coordinadora del Área de Seguridad del Observatorio de la Violencia.

El Gobierno, en cambio, ha celebrado la noticia. El presidente Porfirio Lobo ofreció “todo lo que necesite” al obispo Rómulo Emiliani, mediador con las pandillas, para sacar adelante el diálogo. “Si entre ellos llegan a un acuerdo y también con la sociedad civil, y es avalado por órganos como la Iglesia, me parece que el Estado debe intervenir para que tenga un grado de institucionalidad y de autoridad”, declaró el vicepresidente de la Comisión de Seguridad del Congreso, Germán Leitzelar.

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El Gobierno hondureño apoyará «en todo lo que sea necesario» la tregua entre maras

EUROPA PRESS / MADRID
Día 29/05/2013 –

Las pandillas piden perdón al país y proponen diálogo a cambio de trabajo y rehabilitación. El presidente hondureño, Porfirio Lobo, asegura que apoyará «en todo lo que sea necesario»

El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, ha asegurado que su Gobierno apoyará «en todo lo que sea necesario» la tregua que las dos principales maras de este país centroamericano han alcanzado este martespara poner fin a la violencia. Las maras rivalesSalvatrucha y Barrio 18 han emitido un comunicado para anunciar el cese de su enfrentamiento con el fin de «parar la violencia» y pedir perdón a la sociedad hondureña y «a Dios» por el daño que han causado en todos estos años.

El obispo de San Pedro Sula ha advertido que la tregua «no será fácil»

El acuerdo, que se llevaba barruntando unos días, ha sido posible gracias a la mediación del obispo de San Pedro Sula, Romulo Emiliani, y del secretario de Seguridad Multidimensional de la Organización de Estados Americanos (OEA), Adam Blackwell. «Por la mañana llamé a monseñor Emiliani para expresarle mis felicitaciones y mi agradecimiento en nombre del pueblo hondureño. Le deseo el mayor de los éxitos. Estamos dispuestos a apoyarles en todo lo que sea necesario en este esfuerzo», ha dicho Lobo.

El presidente hondureño ha revelado que Emiliani le ha advertido de que «no será fácil», a pesar de lo cual ha confiado en que «la tregua sea lo mejor». «Lo importante es que todo lo que sea alternativas, hay buscarlas. Ojalá que no hubiera problemas», ha indicado. No obstante, el presidente hondureño ha subrayado que «el Estado no puede perder la capacidad de imponer orden por la fuerza, aunque no es lo mejor, mientras no se den las condiciones» para el fin de la violencia.

Una tregua, Salvatrucha y Barrio 18

Las dos principales pandillas o «maras», la Salvatrucha y Barrio 18,han anunciado el cese de sus enfrentamientos por el control del territorio, en una rueda de prensa que han dado por separado.«Ofrecemos cero violencia en las calles, cero crímenes. Es sólo un primer paso y lo vamos a demostrar con hechos», han dicho.

«La tregua y el perdón es primeramente hacia Dios y después hacia la sociedad hondureña, que merece nuestro respeto, y hacia las autoridades. Nos comprometemos a reducir la violencia y la criminalidad», han anunciado. Además, los líderes de las maras han solicitado el apoyo del Gobierno. «No pedimos que nos regalen nada, pero sí que nos ayuden. Sabemos que no cuentan con ayuda internacional, pero todos debemos hacer conciencia», han argumentado.

«La tregua y el perdón es hacia Dios y hacia la sociedad hondureña»

Interrogados sobre si la tregua se traducirá en un cese inmediato de los cobros extorsivos, han indicado que «eso se verá más adelante» porque necesitan garantizar una fuente de ingresos. «Todo viene paso a paso. Queremos trabajar para mantener a nuestros hijos», han asegurado.

Honduras es uno de los países más violentos de la región y del mundo. Las autoridades atribuyen la violencia a las maras y a los narcotraficantes que pugnan entre sí por el control del territorio y de la ruta de la droga hacia Estados Unidos. El problema de la violencia se ha agravado en los últimos años ante el desplazamiento de los grupos de narcotraficantes que, debido a la presión ejercida por países como México y Colombia, se han asentado en Centroamérica. Según han reconocido las maras, esta tregua pretende imitar a la alcanzada en marzo de 2012 entre las pandillas salvadoreñas, que en este año de vigencia ha conseguido reducir en más de un 45 por ciento el número de homicidios diarios.

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El Gobierno creará un comité de seguimiento de la tregua proclamada por las maras

La Mara Salvatrucha y la M-18 se comprometen a rebajar la violencia

   TEGUCIGALPA, 30 May. (EUROPA PRESS) –

   El Gobierno hondureño creará un comité de seguimiento a la tregua en la violencia anunciada por las maras Salvatrucha y Mara 18 gracias a la mediación del obispo auxiliar de San Pedro Sula, monseñor Rómulo Emiliani, cuyos integrantes se darán a conocer la próxima semana.

   Así lo ha revelado el secretario de Seguridad Multidimensional de la Organización de Estados Americanos (OEA), Adam Blackwell, que también ha mediado para esta tregua, al término del encuentro que mantuvo este miércoles con el presidente hondureño, Porfirio Lobo.

“Hemos discutido lo que yo llamo un proceso de paz y en ese sentido él nos ha reiterado todo su apoyo en la búsqueda de esta paz”, ha explicado el diplomático canadiense.

“He dicho al presidente que esto es un proceso muy frágil, un proceso de muchas partes, un proceso que va a necesitar de mucha paciencia y un proceso que merece seguir adelante y que seguiremos adelante”, ha añadido, subrayando la necesidad de que el Gobierno se implique en el proceso.

“Acordamos que el Gobierno tiene que participar, estamos formando un pequeño comité, vamos a tener un anuncio la semana que viene de quiénes serían sus miembros para darle seguimiento a todo esto”, ha precisado, según informa este jueves el diario ‘La Tribuna’.

Blackwell ha reconocido que el proceso “puede ser largo, inclusive de años” pero todas las partes son “conscientes” de que habrá “compromisos, éxitos, fracasos, que es lo normal de un proceso, pero ya arrancamos con el apoyo del presidente y ya no hay paso atrás”.

TREGUA

Con la mediación de Blackwell y de monseñor Emiliani, los líderes de la Mara Salvatrucha y Mara 18 pidieron perdón este martes a los hondureños por sus crímenes y se manifestaron abiertos a buscar una tregua, como la que esas pandillas hicieron en El Salvador. Honduras es, con 84 asesinatos por cada 100.000 habitantes, el país más violento del mundo, según datos nacionales.

En este sentido, el responsable de la OEA ha pedido no comparar con lo ocurrido en el país vecino y en todo caso no hablar de “fracaso”. “Yo no le llamo tregua, yo le llamo proceso de paz”, ha afirmado, negando que en el caso de El Salvador se pueda hablar de fracaso cuando “bajó la tasa de homicidios por más del 50 por ciento”.

Tampoco los líderes de ambas maras quieren hablar ya de tregua, sino que prefieren que se hable de una reducción de la violencia. “Nosotros no podemos tener tregua con otra persona que no piensa como nosotros”, afirmó uno de los cabecillas de la Salvatrucha el martes al hacerse el anuncio.

Por su parte, uno de los miembros de la M-18 descartó un arreglo con la otra pandilla, defendiendo que deben respetarse sus territorios. No obstante, ambos expresaron sus intenciones de rebajar la violencia contra los ciudadanos.

“Ofrecemos cero violencia en las calles, cero crímenes”, pero “éste solo es el primer paso y lo vamos a demostrar con hechos”, afirmó uno de los miembros de la Salvatrucha. “Queremos ante Dios pedir perdón a la sociedad si en algún momento hicimos daños, pedir perdón también a nuestras autoridades”, añadió

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