El conflicto armado en Colombia deja 220.000 muertos desde 1958


  • El conflicto armado en Colombia deja 220.000 muertos desde 1958
  • “Las cifras del conflicto colombiano son el récord de la ignominia”
  • Cuentas y horrores del conflicto
  • Memorias del conflicto armado: cifras de la guerra en Colombia en los últimos 54 años

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El conflicto armado en Colombia deja 220.000 muertos desde 1958

176.000 de las víctimas eran civiles, según el informe del Grupo de Memoria Histórica

El documento será entregado este miércoles al presidente 

 Bogotá 24 JUL 2013 – El País.com (España)
Funeral de 20 granjeros asesinados por paramilitares en 1999 en Yolombo. / AFP

Los colombianos que han nacido en los últimos 60 años lo han hecho en un país en guerra. Son pocos los que pueden afirmar que recuerdan a una Colombia sin violencia. Pero contar la historia de ese conflicto no ha sido fácil y se ha hecho de forma fragmentada. Por eso, desde hace seis años el Centro Nacional de Memoria Histórica se dio a la tarea de reconstruirla, de explicar el origen y la evolución de los actores armados ilegales en Colombia, para tener por fin la memoria de un conflicto tan viejo que supera las cinco décadas, pero también por la dignidad de sus víctimas.

El resultado es un informe desgarrador que ayer fue entregado al presidente Juan Manuel Santos. Es el ¡Basta ya! —como ha sido titulado— “de una sociedad agobiada por su pasado, pero esperanzada en su porvenir”. Así se lee en su presentación. Es la radiografía de una guerra profundamente degradada, un rompecabezas finalmente armado con datos y testimonios que reflejan la brutalidad de lo que ha sucedido en Colombia y del sufrimiento acumulado.

Estremece, por ejemplo, saber que el conflicto ha dejado unos 220.000 muertos entre 1958 y 2012, de los cuales el 81,5% por ciento eran civiles. Y que por cada combatiente han muerto cuatro civiles. También, que de cada 10 colombianos que murieron en los últimos 54 años, tres perdieron la vida por causa de la guerra.

Fuente: Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia.

El grupo de Memoria Histórica calcula que la cifra de desaparecidos llega a 25.000, algo que rebasa los crímenes de las dictaduras del Cono Sur. Además, hay un saldo de 6.000 niños reclutados, 10.000 personas amputadas por las minas antipersona y casi cinco millones de desplazados. La cantidad de personas que tuvieron que abandonar su hogar a punta de bala y miedo dobla la población de Medellín, que es la segunda ciudad más poblada de Colombia, después de Bogotá.

La lista de horrores es larga. Entre 1980 y 2012 ocurrieron 1.982 masacres, el 59% cometidas por paramilitares, el 17% por las guerrillas y el 8% por agentes del Estado. En total, dejaron más de 11.000 víctimas. Los investigadores también concluyeron que los asesinatos selectivos han sido la modalidad de violencia que más muertos ha dejado, cerca de 150.000. Esto quiere decir que nueve de cada 10 homicidios fueron asesinatos selectivos. Lo más grave es que el 10% los cometieron miembros de la fuerza pública. Ahora también se sabe que a los cuerpos de 1.530 personas sus victimarios les dejaron marcas de sevicia y fueron exhibidos públicamente como una estrategia para infundir terror. Se llegó a la crueldad tal de despedazar los cuerpos con motosierra y machete, a tener hornos crematorios y escuelas de tortura y descuartizamiento, como fue el caso de los paramilitares.

En este periodo se han registrado 4,7 millones de desplazados internos, casi la población de Irlanda o Costa Rica

“Después de amarrarlos les llenaban la boca de agua y ahí comenzaban con una motosierra a cortarles todos los miembros del cuerpo. También llegaban y los cogían con unas navajas y les cortaban el cuerpo, los miembros, les echaban ácido, y de ahí con un soplete les quemaban las heridas”, dice una víctima de la masacre de Trujillo (valle del Cauca), uno de tantos testimonios que recoge el informe.

Se suma la práctica del secuestro protagonizada principalmente por las guerrillas, que llegó a convertirse en una especie de epidemia. 27.000 secuestros se cometieron en el marco de la guerra. “Vivimos como animales, encadenados (…), dormimos en el piso por años, sin poder limpiarnos, enfermos, sin saber a qué horas lo van a matar a uno”, dice otro testimonio de un exsecuestrado.

El filósofo e historiador Gonzalo Sánchez, director del informe y una de las personas que más ha estudiado la violencia en Colombia, resume así esta avalancha de barbarie: “Las cifras que nosotros ahora oficializamos van más allá de los registros que tenían las propias víctimas. Uno va sumando cifras y todos son récords ignominiosos”.

El informe también explica las formas de violencia utilizadas por cada uno de los actores del conflicto. “Los paramilitares asesinan más que las guerrillas, mientras que los guerrilleros secuestran más y causan más destrucción que los paramilitares”, dice. Y agrega que la prolongación y degradación que han empleado los grupos armados deja al descubierto uno de los rasgos característicos del conflicto: “La tendencia a no discriminar sus métodos y sus blancos”.

El extenso informe se concentra en las dimensiones y modalidades de la guerra, en lo que la motivó y las transformaciones que ha tenido a lo largo de 50 años, en la impunidad y en el gravísimo impacto que ha tenido sobre las víctimas. A estas últimas, este reporte les da por primera vez el espacio que se merecen, luego de haber sido ignoradas. “Las víctimas han tenido que contarse su dolor entre ellas mismas”, dice Sánchez, que trabajó con un grupo de especialistas en el conflicto colombiano.

A la soledad de las víctimas se suma que, por haber sido una guerra que se ha concentrado en el campo colombiano y por tan largo tiempo, parece haber sido olvidada. Para quienes viven en las ciudades se trata de una guerra lejana, que está metida entre las montañas. Esto ha provocado una actitud de indiferencia que se ha alimentado por una cómoda percepción de que al país le está yendo bien y de que, a pesar de todo, hay institucionalidad.

Al final, este gran examen de la violencia colombiana no se trata de una historia lejana sino de una “realidad anclada al presente”, que busca, como dice el director del informe, convertirse en una herramienta de reflexión para construir —con todos— esa memoria que tanto necesita Colombia.

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“Las cifras del conflicto colombiano son el récord de la ignominia”

Gonzalo Sánchez, director del informe Basta ya, Colombia: Memorias de guerra y dignidad, habla de por qué se degradó el conflicto colombiano 

 Bogotá 24 JUL 2013 – El País.com (España)

¿Cómo es posible? se pregunta una y otra vez el filósofo e historiador Gonzalo Sánchez (1945) a medida que explica lo que el grupo de académicos de Memoria Histórica –que él dirige– encontró a lo largo de seis años. Esta es una entidad pública que se creó cuando ni siquiera se vislumbraba la posibilidad de una salida negociada al conflicto y cuyo objetivo era elaborar este informe que cuenta el origen y la evolución de los actores armados ilegales.

Sánchez aclara que lo que le están entregando hoy al país se aparta totalmente de la idea de una memoria oficial y que lo que busca es generar debate. Hoy Colombia recorre otro camino. “Es una afortunada coincidencia. Se materializó aquello que pensábamos desde el principio y era que el informe se pudiera inscribir en algún momento en un horizonte de paz”, dice.

Pregunta: ¿Colombia y el mundo se sorprenderán por la dimensión de la violencia?

Gonzalo Sánchez: Con una particularidad, las cifras que nosotros ahora oficializamos van más allá que los registros que daban las propias víctimas.

P: El prólogo del informe arranca afirmando que el conflicto colombiano rompe todos los cánones de los países en conflicto. ¿Por qué?

R: Por el acumulado de expresiones de victimización. En todas hay récords tremendos, dolorosísimos. Cuando decimos que en Colombia hay proyecciones –porque no tenemos los datos exactos- de 39 mil secuestrados, de los cuales 27 mil están relacionados con el conflicto armado, esa es una cifra grande comparada con cualquier conflicto en el mundo. O cuando proyectamos que hay 25 mil desaparecidos. Argentina se sacudió con una tercera parte. Y si se habla del desplazamiento forzado también estamos con otro record con más de 5 millones. Uno va sumando y todos son récords ignominiosos que van más allá de la complejidad de cualquier otro conflicto.

P: Se suma la larga duración.

R. Es el conflicto –no negociado– más largo en el mundo. Cuando arrancó la investigación tuvimos toda una discusión para definir por dónde arrancábamos. Decidimos por 1958, para decir que esta violencia de hoy está anclada en la de los años 50. Es un conflicto demasiado largo, con demasiadas víctimas y eso hace muy difícil negociarlo.

P: ¿Cuáles son las causas del conflicto colombiano?

R: El tema agrario es uno de ellos y hay que celebrar que sea tema central en los diálogos de paz. El otro es la exclusión política. Colombia tiene un enorme formalismo democrático, pero que a la hora de la verdad no se practica. Nos cuesta mucho asumir que la diferencia, que la controversia, que el pensar distinto debe ser algo consustancial y natural al debate político. La tercera causa, que hoy se está reconociendo, son los altos niveles de desigualdad. Colombia es un país que prospera pero para muy pocos y eso provoca irritación.

P: Una de las grandes conclusiones del informe es que la sociedad civil terminó en el medio ¿Por qué?

R: Las guerrillas centroamericanas y las de muchos países se montaron, de alguna manera, más o menos consecuente, con la idea de que eran expresiones de la voluntad de sus pueblos, de sus campesinos. Pero en Colombia el discurso rebelde, que inicialmente fue así, gradualmente se fue desdoblando en apoyo forzado de las poblaciones. Primero acudieron al secuestro y luego a otras formas, como el narcotráfico, que le generaron un flanco de ilegitimidad. Se suma la duración del conflicto. Una comunidad local soporta a un grupo armado dos y hasta cinco años, pero cuando empieza a volverse un conflicto de 10 y más años, ¿cómo aguanta? Los actores armados empiezan a sostenerse a costa de la población, que obviamente reacciona en contra.

P: Se suma la degradación de la guerra. ¿Cada grupo lo ha hecho a su manera?

Es como una competencia de horrores. Todos masacran, también secuestran y desaparecen a sus víctimas. Pero sí hay unas zonas dominantes de unos sobre otros. Uno de los rasgos de la violencia colombiana es esa multiplicidad de actores y la transformación de unos en otros. Por ejemplo, guerrilleros del EPL y miembros del Ejército se pasaron a ser paramilitares. Aun así hay diferencias. Los ‘paras’ masacran más, mientras la guerrilla secuestra más. Sin embargo, a la opinión pública en este país le irrita más la acción de la guerrilla que la de los paramilitares. Creería que por la fatiga con la insurgencia y el desespero porque el Estado no las atendía.

P: ¿Por qué Colombia se demoró tanto tiempo en reconocerlas?

R: Me pregunto, cómo es posible que, cuatro o cinco años atrás, no admitiéramos que hubiera conflicto armado cuando las cifras son de ese tamaño. Se necesitaba un cambio mental, un viraje en la manera de ver políticamente lo que estaba pasando. Lo que teníamos en Colombia era un universo gigante de víctimas ignoradas por la institucionalidad, que se contaban su dolor entre ellas mismas. Nos vamos a demorar para entender el sentido del viraje de lo que se materializó con la Ley de Victimas.

P: ¿Qué hacer con tanta barbarie?

R: El momento (proceso de paz) le da a uno esperanzas. Este conflicto ha llegado a un nivel tal que si se ponen en un contexto latinoamericano resulta totalmente fuera de contexto. El país quiere pensar en otras cosas, hay esta luz política de las negociaciones y uno piensa que aunque no lo va a resolver todo, de pronto si nos puede poner en la ruta de comenzar a asumir de manera distinta los conflictos que vivimos.

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Cuentas y horrores del conflicto

El Centro de Memoria Histórica presenta hoy informe sobre la guerra interna en Colombia.

Por DANIEL RIVERA MARÍN JUAN CARLOS MONROY |24 de julio de 2013 – El Colombiano

Aunque se ha vuelto manida la frase de que hay generaciones en Colombia que no han tenido ni un día de paz, su verdad cobra valor al ver cifras como que en 50 años se ha asesinado, por el conflicto armado, a 220.000 personas o que desde 1980 a 2012 se han cometido 1.982 masacres.

Las cifras las revela el informe ¡Basta Ya… que el Centro de Memoria Histórica presentará hoy y dejan entrever que la cotidianidad reciente de Colombia ha sido la de cientos de masacres, desaparecidos, secuestros, torturas y asesinatos.

Una muestra: “El reloj de la violencia no letal registra, según datos acumulados, que entre 1985 y 2012 cada hora fueron desplazadas 26 personas en el país como consecuencia del conflicto armado, mientras que cada doce horas fue secuestrada una persona. El periodo 1996-2005 fue más crítico: una persona fue secuestrada cada ocho horas, y un civil o un militar cayeron cada día en una mina antipersonal”.

Y en la guerra las víctimas han sido los civiles, pues de los 220.000 asesinatos, cometidos desde el primero de enero de 1958 al 31 de diciembre de 2012, el 81,5 por ciento civiles, el 18,5 por ciento, combatientes.

El Centro de Memoria Histórica ha publicado 21 informes de casos representativos del conflicto armado colombiano, entre ellos están la masacre de El Salado, las masacres de Segovia y Remedios, el desplazamiento forzado en San Carlos, las consecuencias de la Operación Orión en la comuna 13 de Medellín; sin embargo, con ¡Basta Ya… se pretende un análisis que permita explicar los factores que dieron origen a esta guerra y las dinámicas que la han regido y los impactos que ha dejado en 50 años.

Así lo dijo Martha Nubia Bello, coordinadora del informe, quien precisó que después de siete años y de lo ya publicado, se pretende mostrar información más consolidada y sistemática. “Se hizo un trabajo de 1958 a 2012. Incluimos las cifras de la Unidad de Atención y Reparación a las Víctimas, fue necesario revisar periódicos, bases de datos”.

La investigadora precisó que, aunque el informe da cifras y hace hincapié en ellas, no se pretende decir que fue eso lo que ocurrió: “El costo de la guerra no lo podemos contar. Los colombianos no vamos a saber, con exactitud, cuantos muertos, desaparecidos, secuestrados ha dejado esta guerra, porque el conflicto se ha degradado, porque los actores armados han llegado a estrategias para cubrir, ocultar. Las cifras no dicen qué pasó”.

El conflicto armado, sus consecuencias, siguen siendo un enigma para muchos, por lo queGonzalo Sánchez, director del Centro de Memoria Histórica, precisa en el prólogo de la investigación: “Colombia apenas empieza a esclarecer las dimensiones de su propia tragedia. Aunque sin duda la mayoría de nuestros compatriotas se sienten habitualmente interpelados por diferentes manifestaciones del conflicto armado, pocos tienen una conciencia clara de sus alcances, de sus impactos y de sus mecanismos de reproducción”.

Por su parte, el fotógrafo Jesús Abad Colorado, quien hace parte del grupo investigador, señaló que 21 informes y aún este “no son suficientes para contar los centenares de hechos violentos que han ocurrido en el país. A veces ese asesinato de una sola persona mata el alma de una comunidad”.

Además, Abad Colorado recalcó que es importante reconocer que “este país ha sido muy indolente con el dolor de los demás. Aquí no se busca decir quién es el más cruel, aunque con los datos se van a dar cuenta cuáles son los autores con más responsabilidad, pero sí hay que decir que esto sucedió con el apoyo de muchas élites de la sociedad”.

El investigador León Valencia, que también hizo parte del informe, precisó: “Si este informe es asumido por la sociedad, se van a encontrar con el horror, con una historia de muerte de 50 años”.

Por otro lado, Valencia dijo que la trascendencia de ¡Basta Ya… es que es un documento de memoria que se realiza en medio del conflicto, a diferencia de lo que ha sucedido en otros países, por lo que servirá “como un documento para la mesa de paz de La Habana (Cuba) y para la posible negociación con el Eln, para que vean el horror que ha causado toda esta guerra”.

Pero el conflicto continúa, pese a la paz que se busca con las Farc, lo que no garantiza el consolidado de las cifras, lo que no garantiza la verdad completa, dijo Martha Nubia Bello, ya que “la existencia de ese conflicto impone el silencio en las víctimas”.

ASESINATOS SELECTIVOS: 150.000 VÍCTIMAS

El estudio del grupo de Memoria Histórica revela que no menos de 150 mil víctimas de asesinatos selectivos ha causado el conflicto desde 1980. De estos, existe un autor identificado para 23.161 homicidios entre 1981 y 2012: 8.902 muertes por los paramilitares; 6.406 por grupos no identificados; 3.906 fueron por los grupos guerrilleros, mientras que 2.340 de miembros de la Fuerza Pública. Otros 1.511 crímenes se atribuyen a “desconocidos” y 83 muertes a acciones conjuntas con paramilitares. El 85 por ciento de asesinatos se concentró en 322 municipios.

Masacres: estrategia de terror y control

Una conclusión del estudio es que las masacres se convirtieron en una estrategia de terror para controlar a la población civil en las zonas de injerencia de los grupos armados ilegales, así como para dominar esos territorios sin oposición ni influencia del bando rival. En ese sentido, fueron documentadas 1.982 masacres, que le costaron la vida a 11.751 personas. Las autodefensas cometieron 1.166. De las matanzas 343 atribuidas a las guerrillas, 238 son autoría de las Farc, 56 del Eln, 18 del Epl, 7 por grupos insurgentes conjuntos y tres entre el M-19 y Quintín Lame.

Ataques a bienes civiles y terrorismo

El conflicto colombiano no se  limita al enfrentamientos entre los grupos armados ilegales y la fuerza Pública. El estudio revela la gran afectación a los bienes de la población y la infraestructura para su vida normal. Entre 1988 y 2012 se perpetraron 5.138 casos de daños a estos bienes como destrucción de puentes, escuelas, fincas, torres de energía, quema de vehículos. También se cometieron 95 atentados terroristas, en los que murieron. De estos, 77 fueron cometidos por las guerrillas, 16 por grupos no identificados y dos por las autodefensas.

Violencias menos visibles: abuso sexual

El conflicto armado también ha ocasionado otro tipo de violencias y crímenes que han permanecido más invisibilizados que los hechos masivos. Es el caso de la violencia sexual que, según el informe, ha sido uno de los menos denunciados por parte de las víctimas. De las 1.754 víctimas de violaciones cometidas entre 1985 y 2012, se concluyó según las denuncias hay autores identificados para 748 casos. De estos, 370 son responsabilidad de guerrilleros (49,5 por ciento), mientras que 344 (46 por ciento) por paramilitares. La violencia sexual es hoy una práctica de los grupos postdesmovilzación (bacrim).

EN DEFINITIVA

Las cifras que revela la investigación del Centro de Memoria Histórica muestran una guerra que no vimos: 220.000 asesinatos, 1.982 masacres y más de 5 millones de desplazados.

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Memorias del conflicto armado: cifras de la guerra en Colombia en los últimos 54 años

Conozca las impresionantes cifras del informe ‘BASTA YA: Memorias de guerra y dignidad’, por medio de este especial multimedia realizado por Verdadabierta.com

Por: Elpaís.com.co Miércoles, Julio 24, 2013 –

220.000 personas asesinadas, 25.007 desaparecidas, 5.712.506 desplazados, 16.340 asesinatos selectivos, 1.982 masacres, 27.023 secuestrados, 1.754 víctimas de violencia sexual y 6.421 casos de reclutamiento forzado, son algunas de las impresionantes cifras que ha dejado el conflicto armado en Colombia durante los últimos 54 años, de acuerdo con un informe presentado por el Centro Nacional de Memoria Histórica.

El documento, llamado ‘BASTA YA: Memorias de guerra y dignidad’, recoge en 430 páginas las cifras y dinámicas de la confrontación armada y sus víctimas entre 1958 y 2012 y fue entregado este miércoles al presidente Juan Manuel Santos, quien reconoció que con este conflicto “tocamos fondo. La guerra se deshumanizó y nos deshumanizó. Hablando en voz alta, sin eufemismos, con la verdad pura y dura”.

El estudio analizó 21 casos emblemáticos del conflicto armado colombiano “donde se abordaron las masacres de Trujillo, Valle; El Salado, Bolívar; Bahía Portete, Guajira; Bojayá, Chocó y el Tigre y el Placer, Putumayo, entre tantas otras que se entienden como hitos representativos de las 1982 masacres cometidas por los grupos paramilitares, guerrillas y miembros de la Fuerza Pública desde 1980 hasta el 2012”.

De las 1900 masacres, 1.166 fueron responsabilidad de los paramilitares, 343 de los grupos guerrilleros, 295 de grupos desconocidos y 158 de la Fuerza Pública, además de 20 cometidas por grupos conjuntos entre paras y agentes del Estado.

La investigación, explica el informe, busca “más que ser un relato del conflicto, una catarsis para las víctimas que han clamado desde 1958 para que cese la violencia en Colombia”.

“El reloj de la violencia no letal registra, según datos acumulados, que entre 1985 y 2012 cada hora fueron desplazadas 26 personas en el país como consecuencia del conflicto armado, mientras que cada doce horas fue secuestrada una persona. El periodo 1996-2005 fue el más crítico: una persona fue secuestrada cada ocho horas, y un civil o un militar cayó cada día en una mina antipersonal”, sostiene el informe.

“La violencia se ha vuelto una rutina”

Durante la entrega del documento al presidente Santos, en la que participaron víctimas de Bojayá, San Carlos, Segovia, Mampuján y otras poblaciones cercanas a los Montes de María, habló el director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez Gómez, quien afirmó que el documento se presenta como desagravio a las víctimas “que durante más de 50 años han vivido la angustia de una violencia constante, que no cesa”.

Según Sánchez, una de las razones por las cuales este conflicto ha durado tanto en el país es que la violencia se ha vuelto una rutina. Para él, “cuando las autoridades, el Estado y la misma hacen de la violencia una rutina, ayudan a perpetuar el conflicto armado en el país”.

El director del Centro de Memoria Histórica contó que en el informe se muestra que los actores armados que más gente han asesinado en Colombia son los grupos paramilitares. Sin embargo, esto no deja de lado a los diferentes grupos guerrilleros quienes han sido los responsables del mayor número de secuestros en Colombia, así como de la mayor destrucción de infraestructura por cuenta de los combates y tomas de municipios.

Con respecto a la Fuerza Pública, Sánchez afirmó que “los soldados y policías que han dado su vida o su integridad física en cumplimiento de su deber, en defensa de la sociedad civil, merecen un gran reconocimiento, porque son héroes de la patria”.

Por otro lado “aquellos miembros de la Fuerza Pública que, ignorando sus órdenes y compromiso, se han excedido en el uso de la fuerza, o han cometido crímenes de Estado, deberán responder ante la justicia, contar la verdad y pedir perdón a sus víctimas”.

Aclaró que “el conflicto no se supera mediante el ocultamiento de los hechos, sino a través del reconocimiento de los mismos y la construcción de la memoria histórica”. También explicó que la construcción de la memoria no debe ser hegemónica” es decir, basada en lo que dicen los grupos en el poder, “sino que debe ser diversa”, basada en los aportes colectivos en la que participen todos, especialmente las víctimas.

Sánchez concluyó su intervención agradeciendo a las víctimas por sus testimonios, a partir de los cuales se construyó el informe y que constituyen ahora parte de la memoria del conflicto armado en el país.

En representación de las víctimas, Pastora Mira, habitante del municipio de San Carlos, Antioquia, uno de los más afectados por el conflicto entre la guerrilla y los paramilitares, dijo que espera que el informe “no sea letra muerta, no se reduzca a un archivo en una biblioteca pública del país”, sino que sirva para iniciar una tarea de reivindicación a las víctimas.

Pastora Mira enfatizó que “la entrega de este informe no es la conclusión de una tarea, sino que es apenas el comienzo de una en que se buscará la verdad, la reparación y, sobre todo, la no repetición de los hechos de violencia que hemos padecido”.

Terminó su intervención diciendo que la elaboración de informe “no se basa en la memoria como un lastre del pasado”, sino que se usa “como un faro de luz hacia el futuro”.

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