Francisco rompe moldes con un programa reformista


  • Francisco rompe moldes con un programa reformista
  • Francisco: ‘Es necesaria una presencia femenina más incisiva en la Iglesia’
  • Lea la entrevista completa
  • El Papa sobre homosexuales: “Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición”
  • Papa Francisco: “La Iglesia no puede seguir insistiendo sólo en cosas como el aborto y el matrimonio homosexual”

——————————————————————————————————————————————

Francisco rompe moldes con un programa reformista

Por Kelly VELASQUEZ (AFP)

Ciudad — La entrevista concedida por el Papa a una revista jesuita permite ver por primera vez desde dentro el alma del pontífice, su personalidad, su estilo de gobierno y su proyecto de pontificado, marcado por la apertura inédita en cuestiones como la homosexualidad o el aborto.

“Palabras revolucionarias”, titula este viernes Il Corrierre de Sera, al analizar la larga e inusual entrevista concedida a Civiltá Cattolica en la que impulsa un giro aperturista en el Vaticano.

El Papa, que advierte que las reformas internas no son su mayor prioridad, considera en cambio que la Iglesia debe cambiar urgentemente de “actitud” y dejar de ser tan belicosa sobre temas como el aborto, la homosexualidad, los anticonceptivos o los divorciados.

“No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos”, dijo, rompiendo con las tradicionales posiciones rígidas del pasado y defendiendo lo que llamó “caminos nuevos”.

“Rompe con las condenas de Juan Pablo II y Benedicto XVI”, sostiene el vaticanista Marco Politi, al recalcar que Francisco no pone en cuestión la tradicional doctrina de la Iglesia.

“Ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”, explica el Papa en la entrevista.

Al invitar a los curas a que “acompañen con misericordia” a los homosexuales, a las mujeres que han tenido que abortar, a los divorciados que se vuelven a casar, a aquellos que no quieren tener hijos y usan el preservativo o la píldora, para “curar heridas” y “consolar corazones” y no tanto para condenar, reprobar y castigar, Francisco propone una suerte de revolución interna.

En la entrevista, publicada simultáneamente por 16 semanarios de la Compañía de Jesús en todo el mundo, Francisco defiende también una mayor autoridad para la mujer en la Iglesia (“María es más que los obispos”, “la mujer debe estar donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”), así como más colegialidad o democracia interna, con un gobierno menos centralizado, transformando el modelo de los sínodos.

“Es probable que al relanzar de una manera tan fuerte los principios del Concilio Vaticano II, se desate una ola de protestas dentro de la Iglesia contra las enseñanzas del pontífice”, advierte en un editorial en el diario Il Corriere della Sera el veterano vaticanista Luigi Accattoli.

“Francisco representa las mayorías silenciosas de la iglesia, es decir a la mayoría moderada que no quiere cambiar las enseñanzas, pero sí el tono”, explica por su parte el vaticanista estadounidense John Allen, convencido de que el papa latinoamericano perderá el apoyo de los sectores más conservadores.

Además, la confesión inédita, clara y abierta, en la que se define como “no de derechas”, le costará antipatías y simpatías en muchos países y medios políticos.

Mientras en Estados Unidos probablemente perderán fuerza las campañas contra el aborto y el matrimonio gay, es posible que los sectores más reformistas y liberales presionen para que se autorice la comunión para los divorciados que se vuelven a casar y el sacerdocio femenino.

El célebre teólogo disidente suizo Hans Kung pidió al Papa en una columna publicada por la prensa italiana este viernes que tome las medidas que considera “necesarias”.

Al abandonar el rigor en asuntos sexuales -sin dejar de condenar el aborto como lo hizo este viernes-y hablar con un lenguaje simple, comprensible, distante de los discursos oficiales, el papa cumple otra pequeña revolución, dirigida sobre todo a los jóvenes.

“Aquel que hoy buscase siempre soluciones disciplinares, el que tienda a la seguridad doctrinal de modo exagerado, el que busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, posee una visión estática e involutiva. Y así la fe se convierte en una ideología entre tantas otras”, advirtió, en lo que podría llamarse su entrevista-manifiesto contra los sectores ultratradicionalistas.

———————————————————————————————————————————————————————————————————-

Entrevista de la revista jesuita ‘Civiltà cattolica’

Francisco: ‘Es necesaria una presencia femenina más incisiva en la Iglesia’

José Manuel Vidal |El Mundo.es

viernes 20/09/2013 

En una larga entrevista de 6 horas dividida en tres sesiones, Francisco abre su alma y desnuda su corazón a un compañero jesuita, el padre Antonio Spadaro, director de la revista jesuita ‘Civiltà cattolica’. En lo personal confiesa ser “bastante ingenuo”, “indisciplinado nato” y se retrata como “un pecador en quien el Señor ha puesto sus ojos”, con una clave para ser feliz: “La esperanza”.

Como Papa, pide tiempo para hacer reformas y sueña con una Iglesia capaz “de curar heridas y consolar corazones”, con una presencia mayor del “genio femenino” en puestos de autoridad. También asegura que lo que tiene que hacer la institución con los homosexuales es “acompañarlos con misericordia” y subraya que “no podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos”.

En la entrevista, que será publicada este jueves a la vez por 16 revistas de la Compañía (en España por ‘Razón y Fe’), Francisco, además de definirse como persona y como jesuita, ofrece su visión sobre cuestiones morales, como la homosexualidad, y sobre distintos temas como el gobierno de la Iglesia, el papel de la mujer, el ecumenismo o la experiencia cristiana.

‘Heridos sociales’

Entre los temas más polémicos que le plantea el padre Spadaro, está, sin duda, el de la homosexualidad. En su respuesta, el Papa, comienza apoyándose en el criterio de una Iglesia sanadora. “En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ‘heridos sociales’, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso”.

Y Francisco recuerda lo que dijo sobre el tema en el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro: “Dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo. La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal”.

E ilustra su pensamiento con una anécdota: “Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna”.

La necesidad del ‘genio femenino’

Otro tema espinoso y que levanta ampollas en la Iglesia es el del papel de la mujer. El Papa tiene claro que “es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del ‘machismo con faldas’, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista”.

A su juicio, “las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad”.

Y concluye señalando que hay que “profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer”. Eso sí, avanza también que desea que la mujer pueda estar presente en los puestos de responsabilidad y de autoridad eclesiales. “En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino“.

El ‘castillo de naipes’ de la moralidad

El Papa sabe que, en la anterior etapa, la Iglesia centró su predicación, casi obsesivamente, en la moral. Y quiere que cambie de rumbo. “No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”.

Más aún, Francisco apunta a una especie de revolución moral: “Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio. La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante“.

A su juicio, de lo que se trata es de prescindir de nuestra seguridades y buscar humildemente a Dios, en medio de las dudas y las incertidumbres. “Sí, este buscar y encontrar a Dios en todas las cosas deja siempre un margen a la incertidumbre. Debe dejarlo. Si una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien.Yo tengo esto por una clave importante. Si uno tiene respuestas a todas las preguntas, estamos ante una prueba de que Dios no está con él. Quiere decir que es un falso profeta que usa la religión en bien propio. Los grandes guías del pueblo de Dios, como Moisés, siempre han dado espacio a la duda”.

La Iglesia de todos

Invitado a verbalizar la Iglesia con la que sueña, el Papa habla de una Iglesia “casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad”.

“Veo con claridad –prosigue– que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas… Y hay que comenzar por lo más elemental”.

Una Iglesia de clérigos-pastores. “El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ‘clérigos de despacho’. Los obispos, especialmente, han de ser hombres capaces de apoyar con paciencia los pasos de Dios en su pueblo, de modo que nadie quede atrás, así como de acompañar al rebaño, con su olfato para encontrar veredas nuevas”.

El Papa no quiere funcionarios-cancerberos en el Vaticano: “Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma. Pienso que quien debe estudiar los casos son las conferencias episcopales locales, a las que Roma puede servir de valiosa ayuda. La verdad es que los casos se tratan mejor sobre el terreno. Los dicasterios romanos son mediadores, no intermediarios ni gestores”.

En ese mismo sentido, Francisco quiere hacer evolucionar al propio papado. Primero reconoce que, con su renuncia, “el Papa Benedicto realizó un acto de santidad, de grandeza y de humildad. Es un hombre de Dios”. Y, a continuación, asegura que quiere “proseguir la reflexión sobre cómo ejercer el primado petrino que inició ya en 2007 la Comisión Mixta y que condujo a la firma del Documento de Rávena. Hay que seguir esta vía”.

Francisco reitera que apuesta por una Iglesia que salga a las periferias existenciales y que se encarne con el pueblo, pero de verdad. “Cuando se habla de problemas sociales, una cosa es reunirse a estudiar el problema de la droga de una villa miseria, y otra cosa es ir allí, vivir allí y captar el problema desde dentro y estudiarlo”.

Jesuita y orante

Francisco se confiesa profundamente jesuita, una orden en la que decidió entrar por tres cosas: “Su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso, porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato. Pero su disciplina, su modo de ordenar el tiempo, me ha impresionado mucho”.

Reconoce que llegó demasiado pronto (a los 36 años) a provincial de la Compañía en Argentina y no le duelen prendas a la hora de reconocer sus errores: “Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos… Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas”.

Eso sí, siempre fue un hombre orante: “Rezo el Oficio todas las mañanas. Me gusta rezar con los Salmos. Después, inmediatamente, celebro la misa. Rezo el Rosario. Lo que verdaderamente prefiero es la Adoración vespertina, incluso cuando me distraigo pensando en otras cosas o cuando llego a dormirme rezando. Por la tarde, por tanto, entre las siete y las ocho, estoy ante el Santísimo en una hora de adoración. Pero rezo también en mis esperas al dentista y en otros momentos de la jornada”.

Porque su gusto por la oración le viene de niño, enseñado por su abuela. “En el breviario llevo el testamento de mi abuela Rosa, y lo leo a menudo: porque para mí es como una oración. Es una santa que ha sufrido mucho, incluso moralmente, y ha seguido valerosamente siempre hacia delante”.

—————————————————————————————————————————————————————————————————————

Lea la entrevista completa

http://www.razonyfe.org/images/stories/Entrevista_al_papa_Francisco.pdf

——————————————————————————————————————————————————————————————————————

20 DE SEPTIEMBRE DE 2013

También dice que la mujer es indispensable para la Iglesia

El Papa sobre homosexuales: “Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición”

El Pontífice asegura que jamás ha tenido una postura política, afirmando que “no habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma automática de tomar decisiones la que me creó problemas”, afirmó.

por  / El Mostrador

El Papa Francisco asegura que “Dios en la creación nos ha hecho libres” y que “no es posible una injerencia espiritual en la vida personal”, al resumir su discurso sobre los divorciados y los homosexuales.

En una entrevista de 27 páginas concedida al padre Antonio Spadaro y publicada en la revista de los jesuitas “La Civiltá Cattolica”, el Pontífice también se refiere al papel de la mujer en la Iglesia y considera “necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva” en ella.

Respecto a los divorciados y homosexuales, señala que “hay que tener siempre en cuanta a la persona” y añade: “Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición”, por lo que hay acompañarlos “con misericordia”.

“Una vez un persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta “Dime, Dios cuando mira a una persona homosexual ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?”, cuenta como anécdota.

De la entrevista también se desprende la importancia que el Pontífice da al tema de las mujeres.

En su opinión, “es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia, temo la solución del ‘machismo con faldas’ porque la mujer tiene una estructura diferente al varón, Pero los discursos que oigo sobre la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista”.

“Las mujeres -subraya- están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña. La mujer es indispensable para la Iglesia”.

Sobre la Iglesia, dice que “es la casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad”.

Y, en un tono cercano y sencillo, el Papa se define como un pecador: “Soy un pecador en quien Dios ha puesto los ojos”.

JAMÁS HE SIDO DE DERECHAS”

El Pontífice también asegura que jamás ha sido de derechas y que tuvo un momento de crisis interior en el pasado.

“No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma automática de tomar decisiones la que me creó problemas”, afirmó.

Respecto a su entrada a la Compañía de Jesús, Francisco dijo que “me impresionaron tres cosas, su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato”.

Y agrega que para él la comunidad fue esencial. “No me veía sacerdote solo: tengo necesidad de comunidad y lo deja claro el hecho de haberme quedado en Santa Marta”, su residencia en el Vaticano.

Francisco también rememora la época en la que fue superior de los jesuitas: “Tenía 36 años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista”.

Fue la forma autoritaria y rápida de tomar decisiones la que le ha “llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador”, señala.

A su juicio, la Compañía de Jesús “es una institución en tensión, siempre radicalmente en tensión. El jesuita es un descentrado, la Compañía en sí misma está descentrada: su centro es Cristo y su Iglesia”.

Advierte de que, si la Compañía se mira a sí misma demasiado, “corre peligro de sentirse segura y suficiente”.

Por otra parte, el Papa admite que tuvo “un momento de gran crisis interior” cuando estaba en Córdoba (Argentina).

También recuerda su época como arzobispo de Buenos Aires, en la que consultaba todo. “Esto me ha ayudado mucho a tomar mis decisiones”, asegura.

“Yo creo que consultar es muy importante. Los consistorios, los sínodos… Deseo consultas reales, no formales”, agrega.

Respecto al grupo creado en el Vaticano para el cambio de la curia, indica: “La consulta a los ocho cardenales, ese grupo consultivo externo, no es decisión solamente mía, sino que es fruto de los cardenales”.

————————————————————————————————————————————————————————————————————

Papa Francisco: “La Iglesia no puede seguir insistiendo sólo en cosas como el aborto y el matrimonio homosexual”

Durante tres sesiones y más de seis horas de conversación el sacerdote jesuita y director de la revista Civilta Cattolica, Antonio Spadaro, entrevistó al Papa Francisco en sus oficinas de la Casa Santa Marta, en el Vaticano. El diálogo gestionado por algunos de los directores de revistas de la Compañía de Jesús fue publicado en forma íntegra en Chile por la revista Mensaje y La Tercera lo reproduce en forma parcial.

por Antonio Spadaro, S.J./ Director de La Civiltà Cattolica – 19/09/2013 – Latercera
© Reuters

Es el lunes 19 de agosto. El papa Francisco me ha dado una cita para las diez de la mañana en Santa Marta. Las personas que me acogen me hacen esperar en una salita. La espera es breve y, tras un momento, alguien me acompaña a subir al ascensor. Salgo y veo al Papa, que me espera ya junto a la puerta. Cuando entro a su habitación, el Papa ofrece que me siente en una butaca. Sus problemas de espalda hacen que él deba ocupar una silla más alta y rígida que la mía. El ambiente es simple y austero. Sobre el escritorio, el espacio de trabajo es pequeño. Me impresiona lo esencial de los muebles y las demás cosas. Los libros son pocos, son pocos los papeles, pocos los objetos.

Empezamos a hablar de muchas cosas, pero sobre todo de su viaje a Brasil. Le pregunto si ha descansado ya. Me responde que sí, que se encuentra bien, pero, sobre todo, que la Jornada Mundial de la Juventud ha supuesto para él un “misterio”. Me dice que no estaba acostumbrado a hablar a tanta gente: “Yo suelo dirigir la vista a las personas concretas, una a una, y ponerme en contacto de forma personal con quien tengo delante. No estoy hecho a las masas”.

Antes de que pueda encender mi grabadora (…) él comienza a hablarme de sí y de su elección al pontificado. Me dice que cuando comenzó a darse cuenta de que podría llegar a ser elegido —era el miércoles 13 de marzo durante la comida— sintió que le envolvía una inexplicable y profunda paz y consolación interior, junto con una oscuridad total que dejaba en sombras el resto de las cosas. Y que estos sentimientos le acompañaron hasta su elección.

Tengo una pregunta preparada, pero decido no seguir el esquema prefijado y le  formulo otra un poco a quemarropa: ¿Quién es Jorge Mario Bergoglio? Se me queda mirando en silencio.  “No sé cuál puede ser la respuesta exacta… Yo soy un pecador. Esta es la definición más exacta. Y no se trata de un modo de hablar o un género literario. Soy un pecador”.

El Papa sigue reflexionando, concentrado, como si no se hubiese esperado esta pregunta, como si fuese necesario pensarla más.

Bueno, quizá podría decir que soy despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo. Pero la síntesis mejor, la que me sale más desde dentro y siento más verdadera es esta: Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos. (…) Y eso es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice.

Me hago cargo que esta fórmula de aceptación es para el Papa una tarjeta de identidad. Nada más que añadir. Y continúo con lo que llevaba preparado.

 ¿Qué lo movió a tomar la decisión de entrar en la Compañía de Jesús?

Quería algo más. Pero no sabía qué era. Había entrado en el seminario. Me atraían los dominicos y tenía amigos dominicos. Pero al fin elegí la Compañía, que llegué a conocer bien, al estar nuestro seminario confiado a los jesuitas. De la Compañía me impresionaron tres cosas: su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso, porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato. Pero su disciplina, su modo de ordenar el tiempo, me ha impresionado mucho.

Y, después, hay algo fundamental para mí: la comunidad. No me veía sacerdote solo: tengo necesidad de comunidad. Y lo deja claro el hecho de haberme quedado en Santa Marta. Cuando fui elegido ocupaba, por sorteo, la habitación 207. Esta en que nos encontramos ahora es una habitación de huéspedes. Decidí vivir aquí, en la habitación 201, porque, al tomar posesión del apartamento pontificio, sentí dentro de mí un ‘no’. El apartamento pontificio del Palacio Apostólico no es lujoso. Es antiguo, grande y puesto con buen gusto, no lujoso. Pero en resumidas cuentas es como un embudo al revés. Grande y espacioso, pero con una entrada de verdad muy angosta. No es posible entrar sino con cuentagotas, y yo, la verdad, sin gente no puedo vivir.

¿Qué significa para un jesuita haber sido elegido Papa? ¿Qué aspecto de la espiritualidad ignaciana le ayuda?

El discernimiento (…). Son muchos, por poner un ejemplo, los que creen que los cambios y las reformas pueden llegar en un tiempo breve. Yo soy de la opinión de que se necesita tiempo para poner las bases de un cambio verdadero y eficaz. Se trata del tiempo del discernimiento. Y a veces,  por el contrario, el discernimiento nos empuja a hacer lo que inicialmente pensábamos dejar para más adelante. Es lo que me ha sucedido a mi en estos meses. Mis decisiones, incluso las que tienen que ver con la vida normal, como usar un coche modesto, van ligadas a un discernimiento espiritual. Yo desconfío de las decisiones tomadas improvisadamente. Desconfío de mi primera decisión. Suele ser un error.

 ¿Piensa que su experiencia de gobierno en el pasado (como  superior y superior provincial de la Compañía de Jesús) puede ser útil para su situación actual, al frente del gobierno de la Iglesia?

En mi experiencia de superior en la Compañía, si soy sincero, no siempre me he comportado así, haciendo las necesarias consultas. Y eso no ha sido bueno. Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos. Corrían tiempos difíciles para la Compañía: había desaparecido una generación entera de jesuitas. Eso hizo que yo fuera provincial aún muy joven. Tenía 36 años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista. Al final la gente se cansa del autoritarismo. Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas.

Con el tiempo he aprendido muchas cosas. Sucedía que, como arzobispo de Buenos Aires, convocaba una reunión con los seis obispos auxiliares cada quince días y varias veces al año con el Consejo presbiteral. Se formulaban preguntas y se dejaba espacio para la discusión. Esto me ha ayudado mucho a optar por las decisiones mejores. Ahora, sin embargo, oigo a algunas personas que me dicen: ‘No consulte demasiado y decida’. Pero yo creo que consultar es muy importante. Los consistorios y los sínodos, por ejemplo, son lugares importantes para lograr que esta consulta llegue a ser verdadera y activa. Lo que hace falta es darles una forma menos rígida. Deseo consultas reales, no formales. La consulta a los ocho cardenales, ese grupo consultivo externo, no es decisión solamente mía, sino que es fruto de la voluntad de los cardenales, tal como se expresó en las Congregaciones Generales antes del Cónclave. Y deseo que sea una consulta real, no formal.

¿De qué tiene la Iglesia Católica mayor necesidad en este momento histórico? ¿Hacen falta reformas?

Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene alto el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas… Y hay que comenzar por lo más elemental. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes. Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse. Se necesitan pastores y no funcionarios, ‘clérigos de despacho’.

Pensando en los divorciados, en parejas homosexuales y en otras situaciones difíciles, ¿cómo se hace pastoral misionera en estos casos?

En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ‘heridos sociales’, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo. La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal. Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, cuando Dios mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. Hay que acompañar con misericordia. Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?.

No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. 

¿Qué piensa de los dicasterios romanos (los ministerios del Vaticano ndr)?.

Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Tenemos que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura.

Los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos: tienen que ayudar a las Iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda. Pero, en algunos casos, cuando no son bien entendidos, corren peligro de convertirse en organismos de censura.

El pasado 29 de junio, durante la ceremonia de bendición e imposición de los palios a los 34 arzobispos metropolitanos, definió “la vía de la sinodalidad” como el camino que lleva a la Iglesia unida “a crecer en armonía”. ¿Cómo conciliar –entonces- en armonía el primado del Papa y la solidaridad?

Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el Papa. Quizá es tiempo de cambiar la metodología del sínodo, porque la actual me parece estática. Eso podrá llegar a tener valor ecuménico, especialmente con nuestros hermanos ortodoxos. De ellos podemos aprender mucho sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre la tradición de sinodalidad.

En una entrevista afirmó que la presencia femenina en la Iglesia apenas se ha hecho notar, porque la tentación del machismo no ha dejado espacio para hacer visible el papel que le corresponde. ¿Cuál debe ser ese papel en la Iglesia? ¿Qué hacer hoy para darle una mayor visibilidad?

Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del ‘machismo con faldas’, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad. Es preciso, por tanto, profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer. Solo tras haberlo hecho podremos reflexionar mejor sobre su función dentro de la Iglesia. En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.

Me doy cuenta de que seguiría mucho tiempo este diálogo, pero sé que, como dijo el Papa una vez, no hay que “maltratar los límites”. En total hemos dialogado durante más de seis horas a lo largo de tres sesiones, el 19, el 23 y el 29 de agosto. Lo nuestro ha sido más una conversación que una entrevista. No ha habido nada de mecánico, y las respuestas nacían del diálogo y dentro de un razonamiento que he procurado reflejar aquí, de modo sintético, como he podido.

Anuncios
Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: