Osama Bin Laden fue asesinado


Bin Laden es asesinado por un comando estadounidense en Pakistán

 

Por Sajjad Tarakzai (AFP)

ABBOTABAD, Pakistán — El líder máximo de Al Qaeda y organizador de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Osama Bin Laden, fue asesinado en la noche de domingo a este lunes en una operación comando de las fuerzas especiales de Estados Unidos en una localidad de Pakistán donde tenía su fortificada guarida.

Una década después de los ataques más mortíferos en suelo continental estadounidense, el hombre más buscado del mundo murió a unos 80 kilómetros al norte de la capital pakistaní de Islamabad, en Abbottabad.

Inmediatamente después de conocerse la noticia, miles de estadounidenses tomaron las calles y abarrotaron desde Times Square en Nueva York hasta las zonas aledañas a la Casa Blanca para celebrar el mayor triunfo estadounidense en sus diez años de guerra contra el terrorismo.

“Esta noche estoy en condiciones de anunciar a los estadounidenses que Estados Unidos llevó a cabo una operación que mató a Osama Bin Laden, el dirigente de Al Qaeda, un terrorista responsable del asesinato de miles de inocentes”, declaró Obama en un discurso solemne desde la Casa Blanca.

Bin Laden, nacido en 1957, fue asesinado la residencia fortificada donde se escondía. En el operativo, que fue planificado tras meses de deliberaciones de Obama con un reducido grupo de asesores, murieron otras cuatro personas, pero ningún estadounidense fue herido.

El cuerpo de Bin Laden fue sepultado en el mar, para evitar que se creara un santuario, señaló este lunes un funcionario estadounidense.

La guarida, localizada en agosto de 2010, ocupa un terreno “ocho veces más grande que las otras mansiones del barrio”, posee medidas de seguridad “extraordinarias”, muros de más de cinco metros con alambres de púas y dos entradas reforzadas, según funcionarios estadounidenses.

“Se ha hecho justicia”, afirmó Obama, quien autorizó el viernes la operación, que se prolongó durante menos de cuarenta minutos.

Inmediatamente tras conocerse la noticia, que se propagó a velocidad vertiginosa por las diferentes redes sociales de internet como Twitter y Facebook, el Departamento de Estado pidió extrema cautela a los estadounidenses en el extranjero.

“Los terroristas casi con seguridad intentarán vengarlo, y debemos, y lo haremos, mantenernos vigilantes y resueltos”, dijo el director de la CIA, Leon Panetta.

Las autoridades de Pakistán, cuyos líderes no fueron puestos al corriente con antelación, confirmaron que la muerte de Bin Laden se produjo en un asalto dirigido “directamente” por los estadounidenses.

Las televisiones paquistaníes difundieron una foto del supuesto cadaver de Bin Laden, pero la retiraron al señalarse que no era auténtica.

La comunidad internacional recibió con júbilo la noticia. Las capitales de los países occidentales felicitaron a Washington por su “éxito”, pero advirtieron de que la muerte de Bin Laden no significa el fin de Al Qaeda.

El secretario general de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, llamó a no bajar la guardia y dijo que la OTAN debe “continuar su misión” en la región para evitar que se vuelva a convertir en “refugio para el extremismo”.

Por su lado, los talibanes paquistaníes aliados de Al Qaeda juraron vengar a Osama Bin Laden, con ataques a intereses estadounidenses y al gobierno de Islamabad.

En los foros yihadistas las primeras reacciones pasaban de la incredulidad a la cólera. “Si es verdad, es un momento de vergüenza para el pueblo paquistaní que no protegió a un héroe del islam”, escribió una persona en un foro.

Los talibanes deben romper lazos con Al Qaeda, instó este lunes la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Hasta ahora, Bin Laden se las había arreglado para eludir a las fuerzas estadounidenses, a pesar de la recompensa de 25 millones de dólares por su cabeza, y se pensaba que se escondía en un área inhóspita en la frontera entre Afganistán y Pakistán.

El hecho de haber sido hallado en Abbottabad, una localidad donde vive parte de la élite militar paquistaní, lanza nuevas interrogantes sobre el compromiso del gobierno de Islamabad con la guerra contra el terrorismo junto a Washington.

Este lunes tras el operativo, las fuerzas de seguridad paquistaníes llegaron en masa al sector. Un periodista de la AFP dijo en el lugar que el complejo que alojaba a Bin Laden parecía ser una imponente mansión de tres pisos cercada por muros.

La muerte de Bin Laden es “una victoria para Estados Unidos”, reaccionó el ex presidente George W. Bush (2001-2009), cuyo mandato quedó marcado por los atentados en Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001, que causaron la muerte a cerca de 3.000 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania.

“La noticia de la muerte de Osaba Bin Laden es un gran alivio para los pueblos del mundo. Osama Bin Laden era responsable de las peores atrocidades terroristas en el mundo”, declaró el primer ministro británico, David Cameron.

Una explosión de alegría se apoderó de las calles en Estados Unidos. “No he sentido nunca en mi vida una emoción igual”, declaró John Kelley, un estudiante de 19 años fuera de la Casa Blanca. “Es algo que hemos esperado durante tanto tiempo”, añadió.

El dólar repuntó en los mercados tras conocerse la noticia, mientras que el petróleo bajó.

La muerte de Bin Laden sirve de catarsis para la ‘Generación 11-S’

Por Michael Thurston (AFP)

LOS ÁNGELES — La muerte de Osama Bin Laden fue aclamada por la mayoría de los estadounidenses como un momento catártico en la guerra contra el terrorismo, pero quizás más aún por la ‘Generación 11-S’, jóvenes que crecieron bajo el impacto de haber visto la caída de las Torres Gemelas.

Mientras que las generaciones anteriores vivieron bajo el espectro de la amenaza nuclear y la Guerra Fría, los que todavía estaban en la escuela en septiembre de 2001 se criaron bajo la sombra del miedo sembrado por Al Qaeda.

Cuando el domingo por la noche se anunció la muerte de Bin Laden, fue notable el número de estudiantes que acudió de inmediato a la Casa Blanca, gritando “¡USA, USA!” y dando manotazos al aire en señal de alegría.

“Para los miembros de nuestra generación, el 11-S ha servido para encarnar ese momento de ‘¿Dónde estabas cuando…?'”, dijo Ryan Eshoff, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) “La muerte de Bin Laden creó un revuelo inmediato como pocas cosas que haya visto antes”, agregó el estudiante, de 20 años, que escribe para el periódico estudiantil de UCLA, The Daily Bruin.

Bin Laden, el hombre más buscado por Estados Unidos desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, que dejaron más de 3.000 muertos en Nueva York y Washington, fue asesinado el domingo a las afueras de Islamabad.

En una operación que algunos dudaron que un día se realizaría, un comando del ejército estadounidense realizó la audaz redada después de haber localizado al líder de la red terrorista Al Qaeda en una casa de Abbottabad, un lugar tranquilo de las afueras de la capital paquistaní.

Shawn Summers, un estudiante de la Universidad de Georgetown, en Washington, dijo que la muerte de Bin Laden entierra un “fantasma que ha perseguido nuestras vidas desde que tenemos uso de razón”. El 11 de septiembre “lanzó una nube sobre nosotros, sin duda… Durante unas pocas horas la noche del domingo, al menos para mí, fue como si los (agentes militares) SEAL hubiesen disparado contra todas nuestras paralizadas dudas a nivel nacional sobre su muerte”, comentó el joven a la AFP.

“Sólo por una noche, la muerte de Bin Laden fue una clara victoria, que hacía muchísima falta en una era de contrainsurgencia y guerra irregular y terrorismo y una economía que nadie sabe cómo arreglar”, agregó.

Mientras generaciones mayores pueden recordar cómo era subirse a un avión antes de los atentados de 2001, sin tener que quitarse los zapatos ni los cinturones, ni correr el riesgo de que se les confiscaran artículos de higiene personal o cortaplumas, los veinteañeros actuales apenas notan la diferencia. “La gente de mi edad y un poco más apenas puede recordar la época anterior a los códigos de colores de las advertencias de seguridad… Pero sólo eso”, escribió Summers en la página web del Frum Forum.

El cadete William Walker, quien tenía 12 años el 11 de septiembre de 2001, afirma que la muerte de Bin Laden fue un momento decisivo para la gente de su edad. “Durante diez años de mi vida y la vida de mi generación, este hombre realmente había sido el símbolo del mal para todos nosotros. Fue el responsable de planear el asesinato de civiles inocentes en suelo estadounidense”, dijo a la cadena CNN. “Yo diría que la noticia de su muerte fue un alivio, que eliminó la amenaza para Estados Unidos”, apuntó.

Hubo quienes criticaron la explosión de alegría y patriotismo que siguió a la muerte de Bin Laden, diciendo que la muerte de cualquier persona está mal y que los cantos de “USA, USA” fueron de mal gusto. Pero en el periódico estudiantil de Harvard, The Crimson, Alexandra Petri comparó a Bin Laden con el señor tenebroso de la saga de Harry Potter. “Osama es nuestro Voldemort. Es nuestro Emperador Palpatine. Él es el Rostro del Mal, un vestigio mítico de cuando éramos demasiado jóvenes para darnos cuenta de que el mal no tiene rostro”, escribió.

“Después de todo, a nuestra generación en general no se le permitió llamar a nadie malvado. Nadie es malo, nos dijeron. (…) Excepto Osama. Él era pura maldad, un objetivo aceptable”, aseguró. “Por lo tanto para la gente de mi edad, la idea de que la noticia de la muerte de Osama no fuera recibida con absoluto regocijo es ridícula”, añadió.

Sin embargo, aún cuando sigue celebrando la muerte de Bin Laden, la generación 11-S tiene pocas ilusiones de que la amenaza del terrorismo disminuya a corto plazo, de hecho ya se han elevado los niveles de alerta en medio de temores de venganza.

Aseguran que EEUU quiere interrogar a las viudas de Bin Laden

Una de las mujeres del fallecido líder terrorista, nacida en Yemen, dijo a los investigadores paquistaníes que llegó a la casa de Abbottabad en 2006 y jamás salió de ella.

por Ansa – 08/05/2011 –

Estados Unidos pedirá a Pakistán poder interrogar a las tres viudas de Osama Bin Laden que están bajo custodia de las autoridades de ese país, informaron hoy medios norteamericanos.

Tener acceso a las tres mujeres podría ayudar a determinar si algún miembro del gobierno sabía que el líder de Al Qaeda tenía su escondite en el territorio. También revelaría detalles de la vida diaria de Bin Laden y del funcionamiento de la organización terrorista.

Las autoridades paquistaníes, que también retienen a varios hijos de Bin Laden, cuyas edades no fueron dadas a conocer, no revelaron donde mantienen a los familiares del saudita.     

Según una reconstrucción del diario The New York Times, Bin Laden vivió los úlitmos cinco años de su vida en el escondite paquistaní pasando muchas horas ante el computador y dependiendo de mensajeros para tener información del mundo exterior. La casa, construida en 2004, no tenía Internet ni  líneas telefónicas.

El líder de Al Qaeda y su familia eran conocidos por los vecinos como Arshad Kahn y Tariq Khan, los apodos del mensajero de confianza y su hermano.

Los Khan habían justificado su riqueza ante los vecinos afirmando que tenían un hotel en Dubai y habían trabajado en el sector del cambio de divisas.     

El domingo pasado, en el momento en que fue muerto a manos de un comando estadounidense, Bin Laden se encontraba en su cuarto con la más joven de sus tres mujeres y algunos niños. En el complejo habían un total de nueve niños pero no está claro cuántos eran hijos de Bin Laden, cuántos eran nietos y cuántos eran del mensajero y su hermano.

Una de las viudas de Bin Laden, Amal Ahmed Adbulfatá, nacida en Yemen, dijo a los investigadores paquistaníes que llegó a la casa de Abbottabad en 2006 y jamás salió de ella.

La esposa de Bin Laden asegura que éste vivió cinco años en Abotabad

(AFP)

ISLAMABAD — La más joven de las tres esposas de Osama bin Laden, halladas en la casa donde un comando estadounidense le dio muerte, aseguró a los investigadores que el jefe de Al Qaeda había vivido allí en los últimos cinco años, dijeron responsables de la seguridad paquistaní.

Amal Ahmed Abdulfattah, yemení de 29 años, fue herida de bala en una pierna por los soldados estadounidenses que mataron luego a Bin Laden en esa casona de Abotabad, una ciudad-guarnición a dos horas de carretera de Islamabad.

Nacida el 27 de marzo de 1982 según su pasaporte yemení, del cual la AFP pudo ver una copia escaneada, Amal Ahmed Abdulfatah “asegura en árabe que Bin Laden y su familia vivían en esa propiedad desde hacía cinco años, y que él jamás había salido de esa casa”, declaró a la AFP un responsable de las fuerzas de seguridad que pidió no ser identificado.

“Pero se trata únicamente de sus declaraciones, no las hemos corroborado aún”, añadió la misma fuente. Según el mismo oficial, el comando estadounidense se llevó el cuerpo de Bin Laden y “tal vez” a uno de sus hijos, muerto o vivo.

Los militares paquistaníes que llegaron al lugar tras la partida del comando encontraron cuatro cadáveres en la casa: los de otro hijo de Bin Laden, dos guardaespaldas del jefe de Al Qaida -“dos kuwaitíes- y una mujer.

Las fuerzas paquistaníes se llevaron, y aún las mantienen en detención, a 16 personas halladas vivas en la propiedad: las tres esposas del jefe de Al Qaeda, de nacionalidades yemení y saudí, así como 13 hijos, según las mismas fuentes de los servicios de seguridad paquistaníes. La identidad de los dos “guardias kuwaitíes” de Bin Laden es investigada por los servicios de seguridad de Pakistán.

Los vecinos interrogados por la AFP hablan únicamente de “dos hermanos” pastún (etnia dominante en el noroeste de Pakistán), “Arshad y Tariq”, los únicos hombres que salían regularmente de la casa para hacer las compras.

“Arshad y Tariq”, que habían comprado el terreno y mandado a construir la residencia en 2005, explicaban a la gente del barrio de Abotabad que las mujeres que vivían en la propiedad eran sus esposas, y sólo las sacaban ocasionalmente, veladas y a bordo de una pequeña camioneta Suzuki roja.

Pakistán rechaza críticas de EEUU tras supuesta “red de apoyo” a Bin Laden

Las sospechas recayeron en la agencia de Inter Servicios de Inteligencia (ISI) de Pakistán, mientras el embajador en Estados Unidos dijo que “rodarán cabezas” cuando termine la investigación.

por Reuters – 08/05/2011 –

Pakistán rechazó las críticas de Estados Unidos sobre el conocimiento del servicio secreto de ese país del lugar donde se escondía el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, y que murió el pasado 1 de mayo en un operativo estadounidense en la localidad de Abbottabad.

Las sospechas recayeron en la agencia de Inter Servicios de Inteligencia (ISI) de Pakistán, que tiene una larga historia de contactos con grupos militantes, y algunos creen que el organismo pudo haber tenido lazos con el líder de Al Qaeda, o al menos con alguno de sus agentes.

Pakistán ha desestimado tales sugerencias y dice que ha pagado un alto precio en vidas y dinero para apoyar la guerra de Estados Unidos contra la insurgencia islámica, lanzada tras los ataques del 11 de septiembre del 2001.

El embajador de Pakistán en Estados Unidos, Husain Haqqani, dijo al programa “This Week” de ABC que su gobierno actuaría con los resultados de la investigación.

Y rodarán cabezas, una vez haya terminado la investigación. Ahora, si esas cabezas corren por su incompetencia, compartiremos esa información con ustedes. Y si, con el perdón de Dios, se descubre la complicidad de alguien, habrá tolerancia cero para eso”, indicó.

Por su parte, Estados Unidos ha decidido bajar la presión sobre Pakistán. El asesor de Seguridad Interior de Estados Unidos, Tom Donilon, dijo que aunque la residencia de Bin Laden “debe ser investigada”, no existe nada que sugiera que el gobierno o el sistema de seguridad estuviera enterado de que estaba ahí.

“Puedo decir directamente que no he visto evidencia que nos diga que la cúpula política, militar o de inteligencia tuviera conocimiento del paradero de Bin Laden”, dijo Tom Donilon al programa “Meet The Press” de la cadena NBC.

Difunden un mensaje de Bin Laden antes de su muerte, donde amenazaba a EEUU

Por Agencia EFE

El Cairo, 8 may (EFE).- El líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, fallecido hace una semana en una operación militar estadounidense, amenazó a EEUU en un mensaje elaborado antes de su muerte y hecho público hoy por una página web empleada por islamistas.

“Juro por Alá, que ha levantado el cielo sin columnas, que ni EEUU ni quienes viven en EEUU van a soñar con la seguridad antes de que lo vivamos en Palestina y antes de la salida de todos los Ejércitos infieles de los territorios de Mahoma”, dice Bin Laden en ese mensaje dirigido al presidente estadounidense, Barack Obama, según la página web Shamikh1 (orgullo).

El Gobierno de Washington mostró ayer cinco vídeos caseros de Bin Laden en su casa de Pakistán, donde murió el pasado domingo a manos de un comando estadounidense.

Las imágenes mostraban a Bin Laden en su escondite de Abbottabad, apenas a 50 kilómetros al norte de Islamabad, ensayando discursos propagandísticos con diferentes atuendos ante la cámara y revisándolos en televisión con un mando a distancia en la mano.

El viernes pasado, Al Qaeda confirmó en un comunicado colgado en internet la muerte de su líder y amenazó a Estado Unidos con vengarlo.

Bin Laden y la guerra legal

La muerte del ex líder de Al Qaeda abrió un fuerte debate sobre la legalidad del operativo efectuado en Pakistán. Mientras EE.UU. defiende sus argumentos, juristas europeos y norteamericanos critican la forma y las circunstancias de la muerte de Bin Laden. En el plano político, en cambio, lo sucedido no tiene riesgos para Obama y nadie cuestiona lo más mínimo la operación en sí.

por Alvaro Vargas Llosa, carta desde Washington

La muerte de Bin Laden a manos de comandos de elite (Navy Seals) de la Marina estadounidense en Pakistán ha disparado un intenso debate legal que va creciendo con los días, a medida que el impacto de la noticia se va diluyendo en el imaginario de los ciudadanos. Es un debate que arreció sobre todo en Europa durante parte de esta semana, pero que pronto saltó a Estados Unidos, donde, con menos intensidad y mucha mayor impopularidad, un grupo de medios y de juristas trata de cuestionar la legalidad de la muerte de quien era el terrorista más buscado del mundo. En cierta forma, este debate es la prolongación del que tiene lugar desde hace años en torno al uso de la Base Naval de Guantánamo, los métodos empleados en interrogatorios y otros aspectos de la guerra contra el terrorismo.

En Europa, la reacción fue casi instantánea. El semanario Der Spiegel, muy influyente en Alemania y otros países europeos, tituló así su principal nota: “¿Fue legal la muerte de Bin Laden?”. La BBC de Londres, por su parte, apeló al profesor Eric Freedman, de Hofstra University, en Nueva York, para sostener que se trató de un hecho no apegado a la Constitución estadounidense ni al derecho internacional, porque la premisa básica -que Estados Unidos está en guerra con Al Qaeda- no tiene validez al no ser Al Qaeda un Estado. Los juristas norteamericanos que cuestionaron la legalidad del operativo usaron medios europeos en una primera instancia.

Dentro de Estados Unidos, el primero en romper la unanimidad en los medios fue Michael Moore, el documentalista conocido por sus posiciones radicales de izquierda en este país. Moore habló de “ejecución” y atacó a quienes fueron a celebrar a Ground Zero, el lugar donde estuvieron las Torres Gemelas en Nueva York antes del ataque del 11 de septiembre de 2001, la muerte del cerebro de la masacre que gatilló la guerra contra el terrorismo. “Perdimos algo de nuestra alma en este país”, afirmó Moore, “algo que nos separa de otros países cuando decimos que todo el mundo tiene derecho a acudir ante un tribunal por malvado que sea”.

Algunos juristas entrevistados por la cadena ABC, como Kenneth Anderson, catedrático experto en derecho de guerra, sostuvieron en los días siguientes que Eric Holder, el fiscal general y secretario de Justicia, “no defendió bien la acción del gobierno, porque no explicó con claridad desde el comienzo si fue necesario usar fuerza letal, si hubo una advertencia previa a Bin Laden, o si se lo invitó a entregarse antes de matarlo”.

El gobierno de Barack Obama, como el de George W. Bush, con respecto a la guerra contra el terror en su momento, basa su argumento jurídico para justificar el abatimiento de Bin Laden en dos leyes fundamentales. Una es la “Autorización para el uso de la fuerza”, otorgada por el Congreso el 18 de septiembre de 2001, inmediatamente después de los atentados de Al Qaeda en Nueva York, Washington y Filadelfia. En ella, se autoriza al gobierno a usar “toda la fuerza apropiada y necesaria” contra quienes autorizaron, planificaron y ejecutaron los atentados. Fue esta la ley que usó Bush para lanzar el ataque contra Afganistán en respuesta a los atentados. La otra ley es la Resolución de Poderes de Guerra, aprobada en 1973 y según la cual el presidente sólo puede ir a la guerra con permiso del Congreso.

Estos dos instrumentos jurídicos, según el Departamento de Justicia, son compatibles con el Derecho Internacional, pues Naciones Unidas y los distintos tratados relativos a la guerra permiten a un Ejército matar a un combatiente enemigo. Pero el problema está, según los críticos, en si se trata propiamente de una guerra tal y como el propio derecho internacional la define. La Administración Obama dice que “hay una guerra continua contra Al Qaeda” y que se trata de un conflicto que le declaró abiertamente Bin Laden a Estados Unidos usando esa misma palabra. Por ello, el propio Presidente Obama aseveró, el día en que hizo público que los Navy Seals habían matado a Bin Laden: “Se hizo justicia”.

Los críticos, sin embargo, sostienen que Al Qaeda no es un Estado y que no hay evidencias de que Bin Laden fuese un comandante directamente en condiciones de dar órdenes para acciones militares contra Estados Unidos desde su refugio. Si lo era, probablemente caía dentro de la definición del “enemigo combatiente”, pero su rol era más bien simbólico, o si había abandonado toda participación operativa desde hacía años, ya no podía, en 2011, ser considerado un jefe militar y, por tanto, tratado como un enemigo capaz de atacar a Estados Unidos.

Se suma a este cuestionamiento una segunda línea argumental, que expuso un par de días después del operativo el Ministro de Relaciones Exteriores de Pakistán, Salman Bashir. Según el gobierno de Islamabad, Estados Unidos violó el derecho internacional, porque violentó la soberanía de ese país al no pedir un consentimiento previamente. Como es muy sabido, Estados Unidos, que desconfía de la Inter Services Intelligence, los servicios de espionaje paquistaníes, ocultó al gobierno de ese país todo lo relativo a la operación. El Presidente Zardari se enteró de lo que había sucedido a apenas 50 kilómetros de Islamabad, donde está la sede de su gobierno, después de los hechos.

Sin embargo, los congresistas estadounidenses que defienden la legalidad de este ocultamiento sostienen que la complicidad de los servicios de inteligencia de Pakistán con Al Qaeda, que Washington denuncia desde hace tiempo, introducen un elemento modificador de la premisa en que se basan quienes creen que la violación de soberanía resta legalidad a la operación. Esencialmente, argumentan lo mismo que el gobierno colombiano de Alvaro Uribe, cuando el 1 de marzo de 2008 ordenó la incursión de tropas de su país en Ecuador para atacar el campamento de Raúl Reyes, comandante de las Farc. Esa incursión fue duramente cuestionada desde el punto de vista jurídico en aquel momento (Ecuador llegó a abrir proceso penal contra Juan Manuel Santos, entonces ministro de Justicia colombiano). Pero Colombia argumentó que la persistente renuencia de Ecuador a actuar contra los campamentos de la guerrilla terrorista en la zona de frontera con Colombia habían suspendido la validez del principio de soberanía. Luego ofreció disculpas, lo que hizo todavía más compleja la argumentación legal.

La discusión jurídica sobre el disparo en la cabeza que mató a Bin Laden entronca con el debate, que lleva ya muchos años, sobre el uso de la Base Naval de Guantánamo para mantener con derechos suspendidos a los sospechosos de pertenecer o colaborar con Al Qaeda. El argumento de Bush en su día fue que los detenidos eran “enemigos combatientes” en medio de una guerra y que, por tanto, mientras no se acabara el conflicto no había ninguna violación del derecho internacional en el hecho de no someterlos a juicio. La premisa era, por tanto, la misma que ahora: Estados Unidos trata a la organización de Al Qaeda como trataría a un país enemigo.

Pero esto, precisamente, es lo que juristas como Eric Freedman consideran que es estirar demasiado los conceptos, habida cuenta de que el derecho internacional, que no es finalmente otra cosa que un conjunto de tratados y precedentes, no prevé una guerra contra una organización que no sea un Estado. Si esta interpretación es correcta, Bin Laden era un criminal, pero no un “enemigo combatiente” y, por tanto, no había autorización legal para matarlo, a menos que fuese en defensa propia.

Sobre este último punto -la defensa propia o el temor legítimo a ser atacado- hay también mucho debate. En parte, porque la versión original de la Casa Blanca -que Bin Laden se resistió y que hubo un intercambio de fuego, en el que aparentemente él o quienes estaban en la habitación con él participaron- fue luego corregida por el propio gobierno. Se supo poco después que hubo intercambio de disparos en el primer piso, no donde estaba Bin Laden, y que éste no estaba armado. Por tanto, sólo el argumento de la guerra, mas no el de la defensa propia, permite hoy a la Casa Blanca asegurar que se trató de un acto legal. Según Eric Holder, “la operación en la que Osama bin Laden fue abatido fue legal. Era la cabeza de Al Qaeda, organización que condujo los ataques del 11 de septiembre. El mismo admitió su participación”.

La ironía política de esta discusión, más allá de los aspectos legales, es que haya sido Barack Obama, el archienemigo de Guantánamo que prometió cerrar la base porque lo que allí ocurría violaba el derecho internacional, quien ahora se haya visto obligado a emplear los mismos argumentos para justificar el abatimiento de Bin Laden. La suya es una posición política más sólida, sin embargo, que la de Bush, porque tanto el Partido Demócrata como el Partido Republicano lo respaldan. Su ex rival en las elecciones presidenciales, John McCain, que tanto cuestionó las credenciales de Obama como futuro comandante en jefe, hoy lo respalda por su actuación. Sólo sectores académicos y alguna figura mediática lo cuestionan, pero tiene su flanco derecho ampliamente cubierto por quienes antes lo consideraban un peligro para la seguridad nacional. En cierta forma, la guerra contra el terrorismo ha acercado a Obama y Bush como ninguno de los dos sospechó que lo estarían. De hecho, fue a Bush, antes que a Clinton, a quien Obama llamó para darle la noticia del operativo el domingo pasado.

En términos políticos, lo sucedido no tiene el menor riesgo para Obama. Nadie en el escenario político cuestiona en lo mas mínimo la operación en sí. El fervor patriótico desatado por ella garantiza a Obama que durante los próximos meses su posición de cara a la campaña electoral para la reelección sea muy firme. Parece a estas alturas inconcebible que se cuestione, en esa campaña, la juridicidad de la operación. De hecho, las únicas críticas que sus adversarios se han atrevido a esgrimir en estos días desde el bando republicano han sido enteramente tangenciales. Por ejemplo, Sarah Palin, la ex candidata a la vicepresidencia en el ticket de McCain, ha dicho que Obama hace muy mal en no publicar las fotos del cadáver de Bin Laden. Palin se aferra a este asunto precisamente porque ninguna otra línea de cuestionamiento sería políticamente rentable. Y ello ha dado pie a otra ironía política: Obama ha respondido que hacerlo sería poner en peligro la seguridad nacional. ¿Quién hubiera pensado, en 2008, en plena campaña electoral, cuando los republicanos advertían al país el grave riesgo que para la seguridad nacional de Estados Unidos constituía el candidato Barack Obama, que algún día el acusado se volvería contra ellos y los acusaría exactamente de lo mismo?

El último capítulo de Al Qaeda

El periodista británico Robert Fisk entrevistó en tres ocasiones a Osama bin Laden e incluso mantuvo un contacto indirecto con él tras los atentados del 11/9. En este artículo recuerda esos encuentros y el fracaso de su apuesta política.

por Robert Fisk

Un fantoche de mediana edad, un fracaso político sobrepasado por la historia -por los tres millones de árabes exigiendo libertad y democracia en Medio Oriente- murió en Pakistán el domingo pasado. Y el mundo enloqueció.

Lozano, tras habernos enseñado la copia de su certificado de nacimiento, el presidente estadounidense irrumpió hace una semana en medio de la noche para mostrarnos en vivo el certificado de muerte de Osama bin Laden, asesinado en un pueblo llamado como un mayor del Ejército del antiguo imperio británico, Abbottabad. Un solo tiro en la cabeza, se nos dijo. ¿Y el vuelo secreto del cuerpo a Afganistán, junto al igualmente secreto funeral en el mar? La escalofriante y misteriosa desaparición del cadáver -santuarios no, por favor- es casi tan repulsiva como el hombre y su organización.

Los estadounidenses estaban borrachos de alegría. David Cameron lo consideró “un enorme paso adelante”. India lo describió como “un hito triunfal”. “Una victoria rotunda”, presumió el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Pero tras tres mil estadounidenses muertos el 9/11, otros más en el Medio Oriente, y el medio millón de musulmanes muertos en Irak y Afganistán tras una década tratando de encontrar a Osama bin Laden, por favor creo que no queremos más “victorias rotundas”.

¿Ataques de venganza? Es probable que vengan, de parte de grupúsculos en Occidente que no tienen contacto directo con Al Qaeda. Denlo por seguro: alguien ya está soñando con una “Brigada del mártir Osama bin Laden”. Tal vez, en Afganistán, entre los talibanes. Pero las revueltas masivas en el mundo árabe en los últimos cuatro meses demuestran que Al Qaeda ya estaba políticamente muerto. Bin Laden le dijo al mundo -de hecho, me lo dijo personalmente- que quería acabar con los regímenes pro occidentales en el mundo árabe, las dictaduras de los Mubaraks y de los Ben Alis. Quería crear un nuevo califato islámico.

Pero en los meses pasados, millones de árabes musulmanes se sublevaron y estaban listos para convertirse en mártires -pero no por el Islam, sino por la libertad, el fin de las esclavitudes y la democracia-. Bin Laden no acabó con los tiranos. La gente lo hizo. No querían un califa.

Estuve con Osama bin Laden tres veces y sólo me quedó una pregunta por hacer: ¿Qué pensaba este año mientras veía desencadenarse esas revoluciones en el mundo árabe bajo banderas distintas a las del Islam; cristianos y musulmanes juntos, la clase de gente que los propios hombres de su Al Qaeda estarían felices de masacrar?

Ante sus propios ojos, su logro era la creación de Al Qaeda, la institución que no requería carné de membresía. Como él decía, tú te levantabas por la mañana, querías estar en Al Qaeda, y estabas dentro. El era el fundador. Nunca fue un guerrero en la práctica. No había computador en su cueva, ni llamadas telefónicas para activar bombas. Los dictadores árabes gobernaron sin objeciones y con nuestro apoyo, evitando siempre condenar la política estadounidense. Sólo Bin Laden lo hizo. Los árabes nunca quisieron estrellar aviones contra altos edificios, pero admiraron a un hombre que dijo lo que quería decir. Y ahora, cada vez más, ellos pueden decir estas cosas. No necesitan a Bin Laden. Se ha convertido en un fantoche.

Hablando de cuevas, la desaparición de Bin Laden pone a Pakistán bajo un foco lúgubre. Por meses, el Presidente Ali Zardari nos ha estado diciendo que Bin Laden vivía en una cueva en Afganistán. Y ahora resulta que ha estado viviendo en una mansión en Pakistán. ¿Traicionado? Claro que sí. ¿Por el Ejército paquistaní o por los servicios de inteligencia? Muy posiblemente por ambos. Pakistán sabía dónde estaba. Abbottabad no sólo fue sede de la escuela militar del país, sino también cuartel central de la segunda división del Ejército del norte de Pakistán, la ciudad fue fundada en 1853 por el mayor del Ejército colonial británico James Abbott.

Hace apenas un año, estaba intentando entrevistar a otro “hombre más buscado” -el líder del grupo que se pensaba era responsable de las masacres en Mumbai-. Lo encontré en la ciudad paquistaní de Lahore, vigilada por policías de uniforme y ametralladoras.

Por supuesto, hay varias preguntas obvias que no han sido respondidas: ¿Podrían haber capturado a Bin Laden en lugar de matarlo? ¿No podía la CIA, el cuerpo de operaciones especiales o las fuerzas especiales, o el grupo que sea que lo mató, arrojar una red sobre el tigre? “Justicia”, llama Barack Obama a su muerte. En los viejos tiempos, “justicia” significaba debido proceso, una corte, audiencia, una defensa, un juicio. Como los hijos de Saddam, Bin Laden fue acribillado. De seguro, él no habría querido que se lo llevaran vivo (había baldes de sangre en la habitación en que murió).

Pero una corte habría preocupado a más personas, además de Bin Laden. Después de todo, podría haber hablado de sus contactos con la CIA durante la ocupación de Afganistán por los soviéticos, o sobre sus encuentros amistosos en Islamabad con el príncipe Turki, jefe de inteligencia de Arabia Saudita. Tal como Saddam Hussein, a quien se acusó por el asesinato de sólo 153 personas, y no por asfixiar a miles de kurdos, y fue colgado antes de poder hablarnos sobre los componentes del gas que venían de Estados Unidos, de su amistad con Donald Rumsfeld o del apoyo militar que recibió cuando invadió Irán en 1980.

Extrañamente, no se convirtió en el “hombre más buscado” por los crímenes contra la humanidad de septiembre 11 del 2001. Ganó su estatus de lejano oeste por los ataques previos de Al Qaeda contra las embajadas estadounidenses en Africa y el ataque a los cuarteles estadounidenses en Durban. Siempre a la espera de misiles crucero -tal como estaba yo cuando lo conocí-, había esperado su muerte antes, en las cuevas de Tora Bora en el 2001, cuando sus guardaespaldas le impidieron levantarse y luchar y lo obligaron a cruzar las montañas de Pakistán. Debe haber pasado tiempo en Karachi -estaba obsesionado con Karachi, incluso, extrañamente, me dio fotografías con grafitis pro Bin Laden en los muros de la antigua capital paquistaní y elogió a los imanes de la ciudad.

Su relación con los otros musulmanes es un misterio. En un inicio, cuando lo conocí en Afganistán, temía a los talibanes, y no me dejó viajar a Jalalabad por la noche desde su campamento. Me envió al día siguiente con lugartenientes de Al Qaeda para que cuidaran de mí durante el viaje. Sus seguidores odiaban a todos los chiitas musulmanes por herejes y a todos los dictadores por infieles -aunque él estaba preparado para cooperar con los ex baazistas iraquíes contra la ocupación estadounidense, y lo dijo en una cinta de audio que la CIA, como es típico, ignoró. Nunca elogió a Hamas y apenas fue digno de ser “guerrero santo”, tal como lo calificó ayer la organización, unos dichos que, como es usual, cayeron directamente a manos de Israel para su beneficio.

En los años siguientes al 2001, mantuve una comunicación débil e indirecta con Bin Laden. Una vez que me reuní con uno de sus socios de confianza de Al Qaeda en un lugar secreto de Pakistán, escribí una lista de 12 preguntas, la primera era obvia: ¿De qué clase de victoria habla cuando sus acciones trajeron la ocupación de dos países musulmanes por parte de Estados Unidos? Por semanas no hubo respuesta. Luego, un fin de semana, esperando para dar una conferencia en Saint Louis, en Estados Unidos, me contaron que Al Jazeera había producido una nueva cinta de audio de Bin Laden. Y respondió, una por una y sin mencionarme, las 12 preguntas. Y sí, él quería que los estadounidenses vinieran al mundo musulmán para poder destruirlos.

Cuando el reportero del periódico Wall Street Daniel Pearl fue secuestrado, escribí un extenso artículo en The Independent, intercediendo ante Bin Laden para intentar salvar su vida. Pearl y su esposa me habían cuidado cuando fui golpeado en la frontera afgana en 2001; incluso me dio los datos de su libro de contactos. Más tarde, me contaron que Bin Laden había leído mi artículo con cierta resignación. Pearl ya había sido asesinado. O al menos así dijo él.

Las obsesiones de Bin Laden arruinaron incluso a su familia. Una esposa lo dejó, otras dos aparentemente fueron asesinadas en el ataque del domingo pasado. Conocí a uno de sus hijos, Omar; estaba con el padre en 1994. Era un pequeño y hermoso chico. Le pregunté si era feliz. Dijo “sí” en inglés. Pero el año pasado publicó el libro Living Bin Laden y, recordando cómo su padre mató a sus perros en un experimentos de armas químicas, lo describió como un “hombre perverso”. En su libro recuerda también nuestro encuentro, y concluye que debería haberme dicho que no era un niño feliz.

El lunes pasado, al mediodía, tenía tres llamadas telefónicas de árabes, todos seguros de que era el doble de Bin Laden el que había sido asesinado -sé que hay muchos iraquíes que siguen creyendo que los hijos de Saddam Hussein no fueron asesinados en el 2003, ni Saddam colgado. Pero si todos estamos mal y fue un doble el que murió en Abbottabad, seremos sometidos a otro video del Bin Laden real, y el Presidente Barack Obama perderá las próximas elecciones. 

Comandos ensayaron operativo en tres réplicas de la casa de Bin Laden

Obama y sus asesores temían que se repitiera el fracaso en Somalia, el “Black Hawk Down” de 1993.

 

por Alejandro Tapia

No había certeza absoluta. Cuando en marzo pasado, Barack Obama preguntó sobre las posibilidades de que Osama bin Laden efectivamente se encontrara al interior de una mansión, en la ciudad paquistaní de Abbottabad, la CIA cifró esa opción en entre un 60% y 80%. Entonces, el presidente les pidió la opinión a sus principales asesores militares y de inteligencia, quienes le plantearon tres alternativas:  enviar helicópteros con comandos de elite para asaltar la casa y dar muerte a Bin Laden, un ataque aéreo con bombarderos B-2 o un operativo conjunto, con agentes paquistaníes. De todas estas opciones, Obama eligió la primera.
“It’s a go (adelante)”, le dijo el mandatario norteamericano a su gabinete de seguridad, la noche del viernes 29 de abril. Así, Obama dio luz verde a la más importante operación militar de su mandato: dar con el el enemigo número uno de Estados Unidos.
Según el diario The New York Times, había dos “fantasmas” que rondaron permanentemente en las reuniones en las que se discutió el operativo: no repetir la desastrosa incursión estadounidense en Somalia de 1993, que inspiró el libro y la película La caída del Halcón Negro, y la fallida misión para rescatar a los rehenes en Irán, en 1980. El jefe del Pentágono, Robert Gates, se mostró escéptico ante la idea de enviar a un equipo de comandos, ya que aquello era demasiado arriesgado. Sin embargo, la opción del bombardeo se desechó, ya que se llegó a la conclusión de que se necesitaban 32 bombas de dos mil libras para reventar el “búnker” de Bin Laden. “Habría abierto un cráter gigante y no habría habido cadáveres”, señaló un funcionario de gobierno.
De esta manera, Obama dio el visto bueno para que un equipo de los Navy Seals, “la elite de la elite” de las fuerzas especiales, preparara la incursión. Para ello, se construyeron tres réplicas de la casa de Bin Laden: dos en EE.UU. y otra en Afganistán.
Mientras los Navy Seals ultimaban los detalles de la operación, los agentes de la CIA seguían todos los movimientos de la vivienda en Abbottabad, a través de satélites espías. Debido a que la casa no contaba con conexión telefónica ni internet, se hacía más difícil interceptar las comunicaciones. Incluso, los agentes temían ser descubiertos por los guardias de Bin Laden.
La CIA había logrado localizar la mansión del líder de Al Qaeda tras un seguimiento de más de cuatro años a uno de sus mensajeros de mayor confianza, el kuwaití Abu Ahmad, quien también murió en el ataque. Tal era la seguridad del inmueble, que Bin Laden quemaba su propia basura, mientras que sus acompañantes solían comprar grandes cantidades de comida, además de gaseosas Pepsi y Coca Cola. Los niños del lugar cuentan que cuando se les caía una pelota en el patio de la casa, nunca eran devueltas. En vez de ello, algún guardia les pasaba dinero. En un comienzo, la operación fue programada para el sábado 30, pero se pospuso para el día siguiente, por mal tiempo. El domingo, la Casa Blanca suspendió todas las visitas turísticas por el Ala Oeste, para evitar que algún curioso se encontrara con personal de seguridad. A su vez, Obama siguió su rutina  y jugó golf en la Base Aérea Andrews, antes de encerrarse en el Situation Room del palacio presidencial, previa compra de gaseosas y papas fritas.
“Sólo puedo rezar”
“Ahora está en tus manos, amigo mío”, le dijo por teléfono el jefe de la CIA, Leon Panetta, al vicealmirante William McRaven, a cargo de la misión. “Te deseo todo lo mejor. Todo lo que puedo hacer es rezar mucho”, agregó. Al otro lado del mundo, en una base de la ciudad afgana de Jalalabad, McRaven y sus comandos despegaban en cuatro helicópteros rumbo a la casa de Bin Laden, sin informar a Pakistán, para no estropear el operativo.
Obama y sus asesores siguieron en tiempo real la misión. Joe Biden, el vicepresidente, se aferró a un rosario, mientras que el presidente no lograba contener su “cara de piedra”, según fuentes citadas por el Times. Hubo silencios largos.
“Los minutos pasaban como horas”, contó John Brennan, el principal asesor de antiterrorismo. Mientras, en Abbottabad, los Navy Seals se descolgaban de dos helicópteros Black Hawk. Pero cuando la operación ya estaba en curso, pasada la 1.10 de la madrugada paquistaní, una de las aeronaves chocó contra uno de los muros, poniendo en serio peligro la misión. Apenas ingresaron al recinto, los comandos abrieron fuego y abatieron al mensajero y a su hermano.
Sin embargo, pasaron largos minutos hasta que encontraron a Bin Laden, en el tercer piso. El líder de Al Qaeda estaba junto a una hija de 12 años y su esposa. No iba armado, pero ofreció resistencia, aseguró la Casa Blanca. “Tenemos contacto visual con Gerónimo (Bin Laden)”, relató Panetta. “Enemigo muerto en acción”, agregó minutos después. “Lo tenemos”, comentó Obama, más aliviado que nunca.

Aplausos, críticas y temores despierta en América Latina el fin de Bin Laden

Por Agencia EFE

Bogotá, 2 may (EFE).- La muerte de Osama bin Laden a manos de comandos estadounidenses fue recibida hoy por algunos gobiernos latinoamericanos como un triunfo frente al terrorismo, pero también hubo críticas y voces de alerta sobre la posibilidad de represalias.

“No deja de sorprender cómo se ha naturalizado el crimen y el asesinato, y cómo se celebra. Antes los gobiernos imperiales, aunque sea, guardaban la forma a la hora de la muerte de cualquier individuo, independientemente de lo que se le acuse”, dijo el vicepresidente de Venezuela, Elías Jaua, al canal estatal Venezolana de Televisión.

Según Jaua, es necesario hacer un “cuestionamiento ético” del acto de celebrar el asesinato “como un instrumento de resolución de problemas” y agregó que “para el imperio (EE.UU.) ya las salidas políticas y diplomáticas quedaron atrás”.

La opinión de Jaua, que dijo hablar “como ser humano y como revolucionario”, fue compartida por el ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Luis Almagro, quien dijo que “ninguna muerte debe ser celebrada” y que Bin Laden, líder del grupo terrorista Al Qaeda, debió “pagar por sus crímenes frente a la justicia”.

Almagro, no obstante, opinó que lo positivo de la acción llevada a cabo por comandos estadounidenses en Abottabad, en el norte de Pakistán, es que se trata de “un golpe al terrorismo internacional”.

“No podemos ser ajenos a los actos terroristas y se deben condenar” dijo.

Entre los que han respaldado sin tapujos la operación contra el terrorista mas buscado del mundo, presunto responsable de los atentados del 11 de septiembre de 2011, están los gobiernos de Colombia, Chile y México.

Es “un avance muy importante en la guerra contra el terrorismo”, dijo el canciller chileno, Alfredo Moreno.

Para el titular de Relaciones Exteriores, esta operación deja además una “enseñanza importante” para los chilenos, como es entender que “la única manera de luchar contra el terrorismo” es hacerlo en colaboración con otros países.

El Gobierno de México “reitera su profunda convicción de que el terrorismo es una actividad criminal que debe combatirse de manera decidida por parte de la comunidad internacional”, aseveró la Secretaría de Relaciones Exteriores de ese país en un comunicado.

El terrorismo “representa una seria amenaza para la paz y la estabilidad a nivel global, y provoca la pérdida de cuantiosas vidas inocentes”, agregó.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, llamó hoy a “perseverar” en la lucha mundial contra el terrorismo, al “felicitar” a su homólogo estadounidense, Barack Obama, por la operación en la que murió Bin Laden.

Para el Gobierno colombiano, la muerte del líder de Al Qaeda “es un importante y contundente golpe al terrorismo global”, y “demuestra, una vez más, que los terroristas, tarde o temprano, siempre caen”.

El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Antonio Patriota, expresó hoy su esperanza en que la muerte de Bin Laden “no desencadene más violencia” en el mundo.

Patriota expresó la condena de Brasil a “todas las formas de terrorismo” y aseguró que “en la medida en que Al Qaeda y Osaba bin Laden están detrás de estrategias políticas que privilegian las acciones terroristas”, el Gobierno brasileño “solamente puede solidarizarse con las víctimas y con quienes desean justicia”.

En varios países latinoamericanos se reforzó hoy la seguridad, en especial en torno a las embajadas y otros centros de EE.UU.

En Lima las medidas también abarcan a las embajadas de España, Francia, Reino Unido e Israel.

El ministro peruano del Interior, Miguel Hidalgo, dijo que la operación en la que fue abatido Bin Laden por fuerzas especiales de los Estados Unidos representa “un triunfo para el mundo libre y democrático frente al terrorismo”.

Por su parte, el ministro de Hacienda de Paraguay, Dionisio Borda, consideró que la muerte de Bin Laden es “un paso necesario para la seguridad del mundo”, según reseñaron los medios asuncenos.

Para el canciller de Honduras, Mario Canahuati, Estados Unidos “se ha quitado un gran peso de encima” y la muerte de Osama bin Laden también supone un poco más de “tranquilidad” para el mundo.

Aunque definió como “lamentables” los atentados del 11 de septiembre de 2001, el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, opinó hoy que la respuesta de EE.UU. ha sido “desproporcionada”.

Patiño mencionó que la cruzada antiterrorista emprendida hace diez años ha hecho que mueran “centenares de miles de personas inocentes en Irak”.

Otra voz crítica fue la del presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Chile, el opositor Eugenio Tuma, que considera que la operación llevada a cabo por EE.UU. en Pakistán “habla muy mal de la vigencia del derecho internacional a nivel global”.

Dos mensajeros, millonario búnker y basura quemada llevaron hasta Bin Laden

Por Stephen Collinson (AFP)

WASHINGTON — Años de minuciosos análisis de inteligencia de Estados Unidos fueron necesarios para hallar a Osama bin Laden en Pakistán, pero bastó una sola indicación del presidente Barack Obama -“¡Adelante!”- para lanzar el ataque en el que caería abatido el líder de Al Qaeda.

Obama le dijo el viernes a su consejero de seguridad nacional, Tom Donilon, y a otros altos asesores que iba a firmar el audaz plan de ataque, en una dramática reunión en el Salón Diplomático de la Casa Blanca.

La violenta y repentina operación que terminó con la muerte de Bin Laden tras un breve pero intenso tiroteo el domingo en la localidad paquistaní de Abbottabad, contrastó con los meses que analistas de inteligencia dedicaron a reunir las pistas que finalmente permitieron localizarlo.

Desde que Bin Laden se escapó de la montañosa región afgana de Tora Bora en 2001, después de los mortales atentados de Al Qaida del 11 de septiembre, se le había perdido el rastro y los agentes de inteligencia estadounidenses no llegaron a intervenir sus comunicaciones ni a determinar el lugar donde se escondía.

Pero en septiembre pasado se daría un gran paso al identificar a dos mensajeros de Bin Laden, que le servían de nexo con el mundo exterior desde su refugio en un complejo cercano a la capital paquistaní, dijeron funcionarios de alto rango estadounidenses.

The New York Times informó en tanto que dos agentes paquistaníes que trabajan para la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) habían logrado identificar a uno de esos mensajeros en Peshawar, lo cual les permitió llegar al complejo en Abbottabad, ubicado a unos 60 km de Islamabad.

Esa información sobre la identidad del mensajero se obtuvo varios años antes de miembros de alto nivel de Al Qaida durante los duros interrogatorios a los que los sometió la CIA, dijo el diario.

Para diciembre pasado, funcionarios de inteligencia estaban convencidos de que un “objetivo de alto valor” vivía en ese complejo. Sin embargo, nunca tuvieron 100% de certeza de que se tratara del jefe de Al Qaida hasta que fueron informados de que había muerto en la operación.

Un alto funcionario dijo que los indicios de que había algo raro en ese complejo se acumularon durante meses. “Así, pues, nos encontramos con este complejo y le prestamos mucha atención porque quedó en evidencia que cualquiera que viviese allí trataba de mantener un perfil muy bajo y desplegaba grandes medidas de seguridad operativa”, dijo el funcionario.

“Creíamos que Osama bin Laden y su familia vivían en el segundo y tercer piso del edificio principal”, agregó. Otro funcionario dijo que las sospechas surgieron ante las extraordinarias medidas de seguridad adoptadas en el complejo y el hecho de que los que vivían allí quemaran la basura en vez de sacarla para que fuera recogida.

Además, “tenían una casa de un millón de dólares sin ingresos discernibles”, señaló. Para marzo, Obama estuvo lo suficientemente seguro de la información de inteligencia sobre el complejo como para ordenar a los militares desarrollar los planes para atacarlo.

“Sabíamos que existía un complejo, conocíamos a algunas de las personas que estaban allí, sabíamos que estaban asociadas con Bin Laden, que vivían en circunstancias únicas”, dijo el funcionario.

“Si se juntan todas las pruebas, queda claro que allí hay alguien que es un terrorista de alto valor, y Bin Laden es la única persona que encaja con el perfil de ese terrorista de alto valor”.

En abril, a Obama se le presentaron tres opciones: ingresar un equipo estadounidense para capturar o matar al sospechoso, lanzar algún tipo de ataque de precisión quirúrgica, como un bombardeo, o esperar a conseguir más información de inteligencia.

Bajo intenso secreto, inusual incluso para la Casa Blanca, Obama deliberó sobre qué camino tomar con un pequeño grupo de funcionarios de alto rango. La desventaja de un bombardeo era que, si bien no habría riesgo de vida para los efectivos estadounidenses, podría causar más víctimas civiles y dejaría pocas pruebas sobre la identidad de los muertos, dijo el funcionario.

“No es que no se pudiera demostrar que era (Bin Laden), pero no se sabría a ciencia cierta” si había sido atacado, dijo el alto funcionario. La opción de enviar fuerzas especiales en un helicóptero permitiría obtener pruebas, pero pondría en riesgo a los soldados y había una mayor probabilidad de molestar a Pakistán con vuelos sobre su territorio.

Sin embargo, ésa fue la opción finalmente elegida por Obama. El pasado jueves, 28 de abril, Obama llamó a una reunión final de dos horas en el Salón de Situación de la Casa Blanca para discutir las opciones, pero dijo a sus asesores que no comunicaría su decisión hasta la mañana siguiente.

Antes de partir el viernes en su helicóptero Marine One para visitar Alabama, devastada por tornados, Obama dijo a sus asesores: “Adelante”, iniciando así el proceso que culminó en la operación de Abbottabad. 

Bin Laden, el millonario que pasó de ser aliado a enemigo número uno de EEUU

El saudita dejó su vida de multimillonario en Riyadh para impulsar la organización Al Qaeda.

 La muerte de Osama Bin Laden, a los 54 años, terminó con la leyenda del hombre inalcanzable, aquel millonario saudita que dejó los lujos de palacios para convertirse en un “guerrero santo”, como se autodefinió, y transformarse en el mayor enemigo de Estados Unidos. El hombre más buscado del planeta se convirtió por años en un mito viviente, en un “héroe” para parte del mundo musulmán y el terror de los occidentales. Larry Johnson, subdirector de contraterrorismo en el Departamento de Estado de 1988 a 1993, manifestó en una ocasión que algunos miembros del gobierno estadounidense “habían tendido a hacer de Osama Bin Laden un Supermán vestido de musulmán: tiene tres metros de alto, está en todas partes, lo sabe todo, tiene cantidades de dinero y no puede ser desafiado”. Los políticos que lo conocieron en Sudán y Pakistán lo describen como inteligente, de voz baja y cortés. Sostienen que era sumamente serio con respecto a sus ideas políticas radicales y que era capaz de matar en nombre de Dios.

Bin Laden nació en una familia acaudalada, con 52 hermanos y muy cercana a la realeza saudí. Su padre era el magnate de la construcción favorito de la familia real. Según algunos socios comerciales de Bin Laden, su parte de la fortuna familiar quedó tempranamente en manos de parientes, ya que él habría sido desheredado hace años. Aseguran que el terrorista vivió gran parte de su vida de una asignación generosa de su hermano mayor. En 1980, a los 22 años, Bin Laden abandonó Arabia Saudita y se trasladó a la frontera afgana. En Peshawar, Pakistán -trabajando junto, pero no directamente aliado con la CIA-, utilizó su dinero y sus máquinas para ayudar a los rebeldes afganos a combatir a los invasores del Ejército soviético. La guerra afgana formó a Bin Laden, según señalan aquellos que lo conocieron. “Es una persona común y corriente que es muy religiosa”, aseveró, a fines de los 90, el Presidente de Sudán, Omar Bashir, quien se reunió con él a menudo entre 1992 y 1996. “Cree en el imperio del Islam y en el establecimiento de un Estado islámico donde sea posible. El tiempo que pasó en Afganistán lo llevó a creer que esto se podría lograr a través de medios militares”.

Con una fortuna avaluada en US$ 300 millones, usó sus conocimientos de los mercados y la tecnología de punta para cambiar de raíz la forma de hacer terrorismo. Así, este ingeniero graduado en la Universidad de Riyadh creó un verdadero “holding” mundial que une, entrena y sustenta a más de 60 asociaciones terroristas, con una “empresa matriz” llamada Al Qaeda (La Base), la cual usa empresas, redes de ONG y los conceptos de privatización y administración para diseminar el terror.

Según los expertos, esta mezcla de eficiencia empresarial y radicalismo religioso convirtió a Bin Laden en el único cerebro capaz de orquestar un operativo como el de las Torres Gemelas, en 2001, y que mató a casi 3.000. Nueve atentados anteriores -entre los que se cuenta otro intento de volar esas mismas torres, en 1993- llenan su historial criminal.

En mayo de 1996, la presión ejercida por Estados Unidos y Arabia Saudita logró que el gobierno sudanés expulsara a Osama. Volvió a Afganistán. Allí, mientras las diferentes facciones musulmanas luchaban por el poder, el saudí fue recibido con los brazos abiertos.

Sus millonarias donaciones ayudaron a que los talibanes, una de las facciones en pugna, tomaran el control del país en 1996. Mientras tanto, sus hijos administraban los negocios internacionales. Instalado en una fortaleza cercana a Kandahar, Laden continuó con su guerra santa.

Descrito por quienes lo han entrevistado como un hombre educado, tímido y de hablar suave, en febrero de 1998 llamó a asesinar a civiles norteamericanos en cualquier parte del mundo. Seis meses más tarde, dos atentados simultáneos mataron a 224 personas en las embajadas de EE.UU. en Kenia y Tanzania. Pocas horas después del bombardeo de uno de sus campamentos guerrilleros en Afganistán, a través de una radio clandestina se escuchó su voz: “¡Gracias a Alá, estoy vivo!”. 

Operación pone en duda cooperación de Pakistán en lucha contra Al Qaeda

EE.UU. evitó informar operativo a Islamabad por temor a filtraciones y cree “inconcebible” que Bin Laden no tuviera red de apoyo en el país.

por Juan Paulo Iglesias

Fue aliado clave de Washington en los primeros meses tras el 11/9. Desde su territorio se comenzó a preparar la operación que llevaría a la caída del régimen talibán y la desbandada de Al Qaeda en Afganistán. Muy luego, sin embargo, Pakistán dejó de ser pieza decisiva en la solución de la guerra contra el terrorismo para convertirse en parte del problema, según analistas. Y la muerte de Osama bin Laden en Abbottabad, sede de la principal academia militar de Pakistán, volvió a despertar sospechas sobre la colaboración de ese país a la lucha contra el líder de Al Qaeda. “Es como si Bin Laden hubiera estado viviendo a metros de West Point”, dijo con ironía ayer un comentarista de la TV norteamericana.

Los propios funcionarios de Washington dejaron claras las sospechas sobre la colaboración de las autoridades de ese país. “Es inconcebible” que Bin Laden no contara con un sistema de apoyo al interior de Pakistán, dijo el asesor de seguridad de Barack Obama, John Brennan. Según la revista The Atlantic, “un alto miembro” de la administración reveló que el gobierno de EE.UU. deliberadamente había esperado hasta el fin del operativo para informarles a las autoridades paquistaníes. Además, por meses la prensa norteamericana especuló sobre malas relaciones de la CIA con la inteligencia paquistaní.

Aunque ayer, el Presidente paquistaní, Asif Ali Zardari, dijo que, a pesar de no tratarse de un operativo conjunto, “una década de cooperación y sociedad entre EE.UU. y Pakistán condujeron a la eliminación de Osama bin Laden”, el embajador de Pakistán en EE.UU., Husain Haqqani, dijo que Islamabad indagará los fallos de inteligencia en el caso. “Es evidente que Bin Laden disponía de una red de apoyo. La cuestión es saber si estaba en el seno del gobierno, del estado paquistaní o de la sociedad paquistaní”, dijo a la CNN.

Una relación compleja

Las sospechas sobre la eventual protección de algunos sectores en Pakistán a Bin Laden y Al Qaeda se explican por varias razones. No sólo fue en las madrazas (escuelas coránicas) de Peshawar donde se formaron los talibanes afganos que luego darían protección al líder de Al Qaeda en ese país, sino que hay un estrecho vínculo tribal y religioso entre las zonas del oeste paquistaní y el sudeste de Afganistán. Incluso, la zona tribal de Pakistán, donde se habría refugiado Bin Laden tras la caída del Talibán, es un área virtualmente vedada y cualquier extranjero que desee llegar allí requiere de la autorización de los líderes tribales. Sólo en los últimos años y tras presiones de Washington, las fuerzas paquistaníes decidieron ingresar para combatir a talibanes y a seguidores de Al Qaeda.

A ello se suma el largo contacto que ha mantenido el Inter-Services Intelligence (ISI)-los servicios secretos paquistaníes- con los grupos integristas, tanto en ese país como en Afganistán. Según Ahmed Rashid en su libro Talibán, el ISI jugó un rol clave en sostener y apoyar la lucha de los talibanes para tomar el poder en Kabul en 1996. Ello, entre otras cosas, le aseguraba un aliado frente a India, el histórico enemigo de Pakistán. Además, según el analista de la BBC John Ware, “las autoridades de EEUU se convencieron hace años que para el ISI sus contactos con los grupos radicales islámicos eran prioritarios y estaban guiados exclusivamente por sus intereses nacionales”. Esos grupos juegan un rol decisivo en Cachemira, principal foco de atención del ISI. Pero, como señala Joshua Foust en TheAtlantic, Washington debe manejar con cuidado su relación con Pakistán. “No sólo tiene armas nucleares, sino que, además ,si EE.UU. destruye su relación con Islamabad podría sacrificar mucha de su influencia en esa parte del mundo”. Por eso, quizá Obama fue cauto al dar a conocer la muerte de Bin Laden y recordó la cooperación mantenida entre su país e Islamabad en la lucha contra el terrorismo.

Satisfacción y cautela, presentes en las reacciones a la muerte de Bin Laden

Por Agencia EFE

Redacción Internacional, 2 may (EFE).- La satisfacción y la cautela están presentes en las reacciones de personalidades y organismos mundiales tras el anuncio, esta madrugada, de la muerte del terrorista Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda, a manos de un comando estadounidense en la ciudad paquistaní de Abbottabad.

El departamento de Estado de EEUU alertó de que puedan registrase ataques con “violencia contra objetivos estadounidenses” en todo el mundo, poco después de que centenares de estadounidenses se echaran a las calles para celebrar la muerte del artífice de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

La Interpol advirtió también a la comunidad internacional de la necesidad de estar “totalmente alerta” ante la posibilidad de que Al Qaeda tome represalias para demostrar que la organización todavía existe pese a la muerte de su líder.

Como “un gran paso adelante en la lucha del terrorismo” consideró el primer ministro británico, David Cameron, la muerte de Bin Laden.

Cameron destacó no obstante que la muerte de Bin Laden “no marca el fin de la amenaza que afrontamos del terrorismo radical y destacó la importancia de mantener la “vigilancia” ante el riesgo de represalias en los próximos días y semanas.

Para el presidente francés, Nicolas Sarkozy, la muerte de Bin Laden es una “derrota histórica de la plaga del terrorismo”, pero señaló que no supone el fin de Al Qaeda y que el combate contra esta organización “debe continuar sin descanso”.

“Francia saluda la tenacidad de Estados Unidos, que le buscaba desde hace diez años”, agregó Sarkozy, que tachó al líder de Al Qaeda de “promotor de una ideología del odio”.

El Gobierno ruso afirmó que compartía “este acontecimiento extraordinario para toda la coalición antiterrorista” que, según dijo el Ministerio en una declaración, tendrá una significación práctica duradera desde el punto de vista del descabezamiento de la organización criminal (Al Qaeda)”.

El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmó en su mensaje de felicitación a Obama que “España seguirá plenamente comprometida con la comunidad internacional en la lucha contra el terrorismo”.

El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, ha asegurado que el asesinato de Bin Laden es un “éxito significativo” para la seguridad de los aliados y de las naciones que se han sumado a ellos en su lucha contra el terrorismo y ha dejado claro que la organización seguirá defendiendo los valores de “libertad, democracia y humanidad que Osama Bin Laden quería derrotar”.

El Vaticano consideró que Bin Laden ha tenido “una gran responsabilidad en difundir divisiones y odio entre los pueblos, causando la muerte de innumerables personas, y en instrumentalizar la religión para este fin”.

El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, expresó su “satisfacción” por la muerte del terrorista que definió como un “gran resultado en la lucha contra el mal”, aunque añadió que “no hay que bajar la guardia”.

La canciller alemana, Angela Merkel, se mostró “aliviada” ante la noticia de la muerte del líder de Al Qaeda, aunque advirtió de que occidente no debe bajar la guardia en la lucha contra el terrorismo.

El presidente de Turquía, el islamista moderado Abdullah Gül, afirmó hoy que está “muy satisfecho” de que el líder de Al Qaeda haya muerto en un ataque estadounidense con apoyo de Pakistán

La Unión Europea (UE) calificó hoy la muerte de Osama Bin Laden como un “gran logro” en la lucha contra el terrorismo y aseguró que su eliminación “hace del mundo un lugar más seguro”.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente del Estado judío, Simón Peres, celebraron la muerte de Bin Laden, cerebro de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

“Es un triunfo sonoro para la justicia, la libertad y los valores compartidos por todas las naciones democráticas que luchan hombro con hombro con determinación contra el terrorismo”, según un comunicado de la Oficina del primer ministro israelí.

Ghasan al Jatib, portavoz del primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Salam Fayad, calificó hoy de “acontecimiento para la paz” la desaparición del cerebro de los ataques del 11-S.

Pakistán reivindica su protagonismo y se protege tras la muerte de Bin Laden

Por Agencia EFE

Islamabad, 3 may (EFE).- Pakistán extremó hoy las medidas de seguridad ante la posibilidad de atentados como represalia por la muerte de Osama Bin Laden, tras reivindicar su papel en la operación que acabó con la vida del líder de Al Qaeda.

Fuentes policiales de los principales núcleos urbanos de Pakistán confirmaron a Efe que las fuerzas de seguridad se han declarado en estado de “alerta” ante la posibilidad de que se conviertan en una diana para los grupos integristas islámicos.

“Se ha declarado una alerta temporal”, aseguró una fuente policial de la oriental Lahore, mientras que en la sureña Karachi, el grado de alerta es “máxima” en varios barrios, al igual que en toda Islamabad, donde el conocido como enclave diplomático cuenta con un despliegue adicional de fuerzas de seguridad.

Las extraordinarias medidas de seguridad se producen después de que en Quetta, capital de la provincia de Baluchistán, unas 800 personas se manifestaran ayer contra la muerte de Bin Laden, en lo que supuso la primera demostración de rechazo popular a la operación militar norteamericana que costó la vida al líder de Al Qaeda en la ciudad de Abbottabad, cercana a la capital paquistaní.

EEUU, por su parte, anunció en un comunicado el cierre “hasta nueva orden” de su embajada y representaciones en Pakistán, aunque el portavoz de la legación diplomática, Alberto Rodríguez, matizó a Efe que algunas oficinas consulares permanecen abiertas.

“Por ahora todo está tranquilo”, precisó Rodríguez.

Distintas fuentes de la ONU consultadas por Efe constataron que los funcionarios extranjeros han recibido órdenes para restringir sus movimientos, más o menos estrictas según las agencias de Naciones Unidas en las que desempeñen su trabajo.

Más de un día después de la operación letal contra Bin Laden, las autoridades paquistaníes empiezan a salir a la palestra para reivindicar su papel en la muerte del líder de Al Qaeda, intentando a la vez no agitar los ánimos de los grupos integristas.

La principal agencia de inteligencia paquistaní (ISI) confirmó hoy a Efe que “compartió” información con EEUU sobre Osama Bin Laden, pero negó que fuerzas paquistaníes participaran en la operación lanzada por un comando de elite norteamericano.

En declaraciones a Efe, un alto cargo del ISI sostuvo que la colaboración en materia de inteligencia fue la única participación de Pakistán en la operación especial, sin precisar si fue decisiva para lanzar el ataque o solo para conocer su paradero.

“El presidente (de EEUU, Barack) Obama aludió a ello en su declaración. Dijo que Pakistán había sido instrumental en compartir información. Hasta ahí llega nuestra cooperación” en el ataque, aseguró la fuente, que pidió guardar el anonimato.

La fuente insistió en que no hubo una “participación física” de Pakistán, tan sólo intercambio de información, pero dijo no poder dar detalles sobre si EEUU pudo actuar a partir de inteligencia proporcionada por Pakistán o a partir de su propia información, extremo este último que mantienen fuentes estadounidenses.

El ISI también contestó a las palabras del consejero para la Lucha Antiterrorista de la Casa Blanca, John Brennan, que calificó de “inconcebible” que Bin Laden no tuviera un “sistema de apoyo” en el país, en una alusión velada al aparato de seguridad paquistaní.

“Esto es totalmente falso. Es desafortunado que no conociéramos su paradero. Si lo hubiéramos sabido, lo habríamos capturado antes”, aseveró el alto cargo del ISI.

El presidente paquistaní, Asif Alí Zardari, publicó también hoy un artículo reivindicativo en el diario norteamericano ‘Washington Post’ con el significativo título de “Pakistán hizo su parte”.

“Los eventos no fueron una operación conjunta pero una década de cooperación entre EEUU y Pakistán llevó a la eliminación de Osama Bin Laden como una amenaza para el mundo civilizado”, defendió Zardari, en un intento de desmarcar a su país de la ejecución de la operación y, al tiempo, hacer valer el apoyo que ha prestado a EEUU ante la eventualidad de que se avecinen tiempos difíciles.

Expertos advierten sobre quiebres en Al Qaeda y acción de grupos afiliados

Analistas creen que la red terrorista se puede fragmentar, lo cual no necesariamente implica una pérdida de efectividad.

por Fernando Fuentes

Al Qaeda ya atravesaba momentos difíciles por su irrelevancia en las últimas revueltas en el mundo árabe. Ahora, la muerte de su líder, Osama bin Laden, representa un duro golpe para la red terrorista, aunque no el final. Si bien los analistas coinciden en que la organización como tal ya estaba muy debilitada, advierten sobre el riesgo que pueden representar los grupos inspirados por Al Qaeda, pero cuya relación con la vanguardia original hoy es meramente nominal.

“Ninguna de las rebeliones que sacudieron la región, desde la tunecina de los jazmines hasta las actuales protestas contra el régimen de Assad en Siria, ha implicado alguna actividad significativa del islamismo, dejando aisladas a las ideas violentas y extremistas promovidas por Bin Laden, Al Zawahiri y otros por el estilo”, afirmó el analista de Medio Oriente del diario británico The Guardian, Ian Black.

Aunque reconoce que la muerte de Bin Laden es “un duro golpe a la organización”, el cual les dará a las agencias de inteligencia de todo el mundo “muchas pistas y conducirá a la captura de otros líderes”, el periodista y escritor Ahmed Rashid advierte que “Al Qaeda no desaparecerá de la noche a la mañana”, ya que se ha convertido en una especie de “franquicia”.

Tendencias centrífugas

En ese sentido, Leah Farrall, uno de los principales especialistas en el terrorismo yihadista, destaca en la revista Foreign Affairs que desde que dejó Afganistán por las zonas tribales de Pakistán, “Al Qaeda ha fundado grupos regionales en la península arábiga y franquicias en Irak y el Magreb, cuenta con muchos más miembros, tiene un alcance geográfico mayor y ha conseguido una influencia y una madurez ideológica de las que carecía hace una década”.

“La muerte de Bin Laden no inmovilizará el núcleo (de Al Qaeda). De hecho, puede tratar de lanzar ataques tan pronto como sea posible, para demostrar su relevancia”, afirma Daniel Byman, investigador de la Brookings Institution y académico de la estadounidense Universidad de Georgetown.

En un artículo publicado en el portal Slate, Byman advierte que, en estos momentos, “el mayor peligro” proviene de los grupos afiliados de Al Qaeda, como los que operan en Yemen o el Magreb islámico.

“Estas organizaciones están vinculadas a la base de Al Qaeda, a veces compartiendo personal y recursos y trabajando con una meta común. Sin embargo, también tienen una estructura y una identidad independiente de Al Qaeda”, sostiene el analista.

“Con la muerte de Bin Laden, estos afiliados mantienen su capacidad operativa. Ellos seguirán tratando de socavar a los aliados de EE.UU. y algunos intentarán golpear a objetivos norteamericanos, más allá de la región en la que operan”, agrega.

Pero algunos expertos, como Jean-Pierre Filiu, profesor del Instituto de Ciencias Políticas de París, insisten en que la propia violencia de la organización supondrá su fin. “Esta muerte alentará las tendencias centrífugas en el seno de Al Qaeda”, dice Filiu, consultado por el diario Le Monde. A su juicio, el grupo terrorista puede fragmentarse aún más en un “centro” paquistaní, ajeno a la realidad árabe, una rama iraquí identificada con el sunismo más agresivo y una Al Qaeda de la península arábiga, yemenita y saudita, que se negará a alinearse con un dirigente egipcio como Ayman Al Zawahiri.

En todo caso, la organización terrorista no ha realizado ningún ataque de relevancia en Estados Unidos desde 2001, aunque sí ha golpeado a otros países de Occidente, como España (2004) y Reino Unido (2005).

Los posibles errores nublan el mensaje sobre la muerte de Bin Laden

Por Stephen Collinson (AFP)

WASHINGTON — Los posibles errores en los detalles de la operación contra Osama Bin Laden forzaron a la Casa Blanca a revisar su versión de los hechos y a enviar al mundo un mensaje confuso acerca de la muerte del líder del Al Qaeda.

Los ajustes en los hechos no parecen poner en cuestión las grandes líneas de la operación de las fuerzas especiales estadounidenses contra la casa de Abbottabad (Pakistán), donde se escondía Bin Laden y donde fue asesinado en la noche del domingo.

Sin embargo, la revisión de la historia de la incursión y la progresiva revelación de los nuevos detalles sobre los acontecimientos dejaron algunas preguntas abiertas.

El lunes, la Casa Blanca había afirmado que Bin Laden estaba armado cuando fue asesinado por un equipo de la Marina estadounidense (Navy SEAL). Pero al día siguiente, el portavoz de la Presidencia, Jay Carney, rectificó esta versión y afirmó que el jefe terrorista no estaba armado cuando recibió una bala en la cabeza.

La existencia de estos dos discursos despertó dudas acerca de la voluntad real de las autoridades estadounidenses de querer atrapar a Bin Laden vivo si era posible.

El lunes, otro suceso alimentó más las dudas acerca de lo sucedido. El principal consejero del presidente Barack Obama para la lucha contra el terrorismo, John Brennan, afirmó que la esposa de Bin Laden había muerto tras ser utilizada como escudo humano por su marido durante el ataque. Pero ese mismo día, unos responsables estadounidenses dieron marcha atrás a esta afirmación.

Luego, el martes, Carney leyó una cronología elaborada por el Pentágono en la que se afirmaba que la esposa del líder de Al Qaeda se había precipitado hacia uno de los miembros del comando -en la habitación donde también se encontraba su marido- y que había recibido una bala en una pierna. Según el portavoz, la mujer sobrevivió.

Por otro lado, la Casa Blanca anunció que otra mujer -no identificada por las autoridades- perdió la vida durante el operativo en otra parte de la casa.

Respecto a la suerte de uno de los hijos de Bin Laden, también se manejaron distintas versiones. El lunes, Brennan afirmó que uno de los hijos del jefe de Al Qaeda había muerto durante el operativo en Abbottabad. Sin embargo, el martes esta persona ya no figuraba en la cronología oficial. En ella se menciona que Bin Laden, dos mensajeros y una mujer murieron en el operativo.

Carney afirmó que estos errores se debían a la “niebla de la guerra”, es decir, a la imprecisión que nace de acontecimientos complejos y al desarrollo muy rápido de los hechos. El operativo contra Bin Laden duró 38 minutos.

Según un responsable estadounidense, que habló bajo condición de anonimato, la administración no se arrepiente de haber difundido rápidamente las informaciones pese a que luego tuvo que corregirlas.

Este responsable afirmó que los miembros del comando estaban aún en “debriefing” el lunes y martes, y que de estas sesiones se había concluido que la versión de los hechos debía ser modificada. Los medios de comunicación “pedían informaciones para este acontecimiento de considerable relevancia (…) hicimos el esfuerzo de desclasificar la operación más sensible del gobierno estadounidense para responder a estas demandas”, aseguró el responsable a la AFP. “¿Quieren informaciones? ¿O las quieren más rápidamente? Estas cosas siempre son revisadas”, afirmó y destacó la “buena fe” del gobierno.

Este argumento fue compartido por el senador John McCain -candidato republicano contra Obama en las elecciones presidenciales de 2008- quien estimó que estos cambios de versión no tendrán consecuencias en la confianza con la administración estadounidense. “No estoy preocupado por este tema, intentar desviar la atención de lo que fueron capaces de hacer, francamente, es perderse lo esencial”, añadió McCain.

Controversia sobre la inmersión en el mar del cuerpo de Bin Laden

Por Christophe de Roquefeuil (AFP)

EL CAIRO — Altas autoridades musulmanas consideraron no conforme al islam la decisión de hacer desaparecer en el mar los restos mortales de Osama Bin Laden, contradiciendo a Estados Unidos, que asegura que el rito fue respetado y que una tumba podría convertirse en lugar de peregrinación.

Unos responsables estadounidenses indicaron el lunes que el cuerpo del jefe de Al Qaeda, muerto en la noche del domingo al lunes durante un operativo en Pakistán, fue sumergido en el mar desde un portaaviones tras una ceremonia realizada conforme a la tradición musulmana.

Sus precisiones se enfrentaron a una dura aclaración de un alto responsable de la más alta autoridad del islam sunita, la institución Al-Azhar de El Cairo, que subrayó que “el islam no acepta la inmersión en el mar, sólo el entierro”.

Esta regla se impone “trátese de una persona asesinada o fallecida de muerte natural”, declaró a la AFP Mahmud Azab, consejero del gran imán Ahmad Al Tayeb para el diálogo inter-religioso. La elección del mar se limita a casos de fuerza mayor, como para las personas muertas a bordo de un barco, cuyo cuerpo presente riesgos de descomposición si no se desembarca rápidamente, subrayó.

La Gran Mezquita de París subrayó que la inmersión de los restos es “totalmente contraria a las reglas sacrosantas del islam”. Una fuente de entorno de la Gran Mezquita parisina, Dalil Boubakeur, indicó que, según la tradición musulmana, “primero hay que lavar el cuerpo de un difunto con agua jabonosa, luego sólo con agua y por último con agua mezclada con alcanfor, y después envolverlo en tres paños”. “La inhumación se hace bajo tierra, sin féretro. Los restos mortales deben colocarse en paralelo a La Meca, con la cabeza del difunto ligeramente ladeada hacia la derecha para que su cara esté orientada hacia la Kaaba, el santuario sagrado de La Meca”, añadió esta fuente.

En Estados Unidos, un importante responsable musulmán, Muzammil H. Siddiqi, se conmovió por la elección de la inmersión. “No es un procedimiento normal, no se porqué lo hicieron”, aseguró el presidente del Fiqh Council of North America, asociación que interpreta la ley islámica. Siddiqi subrayó sin embargo que esas divergencias en torno al ritual no deben ocultar el hecho, destacado por el presidente Barack Obama, de “que Osama Bin Laden no es el jefe de los musulmanes, sino de Al Qaeda, que hizo sufrir a muchos musulmanes”.

El responsable de una de las principales asociaciones musulmanas estadounidenses dijo por su parte que el asunto de la suerte reservada a los restos mortales de Osama Bin Laden es un “detalle anecdótico”. Nihad Awad, director del Consejo para las Relaciones Americano-Islámicas (CAIR), subrayó que “lo más importante es que ese terrorista haya sido eliminado”.

La administración estadounidense aseguró por su parte que no violó el ritual funerario. El Pentágono informó de que se llevó a cabo una ceremonia a bordo del portaaviones estadounidense ‘Carl-Vinson’ en el mar de Omán, respetando las tradiciones musulmanas, antes de que el cuerpo fuera lanzado al mar. Los restos fueron lavados y colocados en un lienzo blanco, a su vez introducido en una bolsa con lastre. Un oficial leyó un texto religioso que un intérprete tradujo al árabe, informó la Defensa estadounidense.

Pero Estados Unidos destacó su temor a que una sepultura terrestre se convirtiera en lugar de memoria para sus partidarios. “Queríamos evitar que (su tumba, ndlr) se convirtiera en un lugar de peregrinación”, afirmó a la AFP un funcionario en Estados Unidos.

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One Comment to “Osama Bin Laden fue asesinado”

  1. Quien quiera creerlo….perfecto.

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